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| 4/29/2006 12:00:00 AM

El dilema de José Obdulio

El ideólogo del gobierno pasa un mal rato al revelarse que dos de sus hermanos tuvieron líos por el narcotráfico en los años 80.

José Obdulio es un hombre que ha tenido que luchar contra su apellido. Desde hace 20 años le ha tocado capotear y superar las circunstancias de ser el primo de Pablo Escobar Gaviria. Ahora, se revela que dos de sus hermanos y un ex cuñado tuvieron problemas con la justicia norteamericana por narcotráfico.

Según publicó El Tiempo la semana pasada, Luis Mario Gaviria y Jorge Fernando Gaviria estuvieron detenidos en Estados Unidos por su presunta participación en el tráfico de drogas en 1983. SEMANA también conoció que su ex cuñado y ex procurador departamental de Antioquia, Carlos Alfonso Cock, tuvo problemas de la misma índole. Jorge Gaviria es hoy contratista de la oficina de paz y convivencia de la Alcaldía de Medellín y Luis Mario es asesor de acción social en el Urabá antioqueño.

Para muchos colombianos el nombre de José Obdulio Gaviria le puede ser desconocido, pero desde hace más de 10 años es uno de los asesores más cercanos al presidente Álvaro Uribe. Este abogado, profesor universitario y ex militante del movimiento izquierdista Firmes de Gerardo Molina, es hoy considerado el ideólogo del gobierno. Por eso, las noticias que aluden a los problemas judiciales de sus hermanos cayeron como un balde de agua fría en la Casa de Nariño.

¿Debería renunciar un funcionario tan cercano al Presidente con un entorno familiar cuyos antecedentes son tan cuestionables? La respuesta no es fácil. De entrada, no parece apropiado ni incluso lógico juzgar a alguien por los errores de sus parientes, especialmente cuando esos hechos ocurrieron hace más de 20 años. Ser el primo de Pablo Escobar o tener hermanos díscolos puede ser un lastre, pero no es un delito ni genera ninguna incompatibilidad o inhabilidad legal. Durante todo este tiempo, José Obdulio ha hecho hasta lo imposible por desvincularse de esa sombra del narcotráfico.

Obtener la confianza de Álvaro Uribe no parece tarea fácil. No obstante, José Obdulio se ha ganado un espacio en el cenit del poder. Podría ser un contrasentido -e injusto- que ahora que ha llegado a la cima por su trabajo, trayectoria y dedicación, se vea en la obligación de dimitir porque se conocieron hechos en los cuales su única responsabilidad es tener la misma sangre.

Otra es la lectura política de las conductas irregulares de miembros de la familia de José Obdulio Gaviria. Más allá de los fallos que finalmente dictamine la justicia, y de la diferencia que se debe establecer entre los actos del funcionario y los de sus allegados, es innegable que las percepciones sobre uno de los colaboradores más cercanos del Presidente de la República contaminan desde el punto de vista político a su jefe inmediato. Una realidad aplicable para cualquier tiempo y lugar, pero aun más importante en un país donde la realidad impregnada de narcos y paras genera sensibilidades todavía mayores.

El presidente Uribe, además, es un mandatario con características muy especiales, pues busca la reelección y muy probablemente la logrará sobre la base de una imagen de pulcritud. La continuidad del actual mandato se asocia con la necesidad de seguir golpeando con toda la contundencia que permiten las leyes todos los fenómenos delincuenciales que han azotado al país durante años.

Al llegar a la Presidencia, Uribe recibió un mandato enérgico de cerrar las grietas que le habían abierto estos descomunales fenómenos de los paramilitares, la guerrilla y el narcotráfico a valiosas tradiciones como la estabilidad institucional y el apego al derecho. Una defensa del país de leyes frente al embate de la cultura mafiosa. Esto implica que no se pueden hacer concesiones. Y que el momento exige tener muy presente aquello de que la mujer del César no sólo debe ser virtuosa, sino parecerlo.

Esto es aun más relevante si se tiene en cuenta que el presidente Uribe está en la mira de las ONG, de mucha prensa extranjera y de enemigos ideológicos que quieren aprovechar cualquier fisura moral o 'papayazo' para caerle. Uribe tiene que cuidarse más que otros, después de que ha tenido incidentes con la prensa internacional y ha sido víctima de todo tipo de campañas en su contra durante sus giras por Europa.

¿Ha cometido algún pecado José Obdulio? ¿Debería renunciar? Con excepción de las poco creíbles denuncias del 'Osito', el hermano de Pablo Escobar, su única falta es no haber informado que existían estas manchas entre personas cercanas. ¿Lo sabía el Presidente, o lo ignoraba tanto como la opinión pública? Esa falla se podría corregir con mejor información. Ocultar este tipo de historias convierte en denuncia lo que no pasaría de ser revelaciones incómodas.
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