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| 1/15/2011 12:00:00 AM

El dilema de Peñalosa

Por momentos parece que al ex alcalde lo quieren más por fuera de su Partido Verde, pero abandonarlo no es una opción viable ni conveniente.

El lento comienzo de 2011, con la semana a media marcha del festivo de los Reyes Magos, ha servido como escenario para un rápido arranque del año electoral. Todavía miles de colombianos estaban regresando a sus hogares y ya se conocían los primeros movimientos estratégicos de algunas campañas. Y tal vez la más acelerada ha sido la de Bogotá, la joya de la Corona, que al fin y al cabo es la que tiene una mayor votación en juego y donde el Polo Democrático ha mantenido un bastión de ocho años que está gravemente amenazado.

La semana pasada se sintieron los primeros pasos. Por una parte, circularon versiones sobre la posibilidad de que el ex alcalde Enrique Peñalosa, del Partido Verde, hiciera una pirueta transfuguista y se deslizara hacia La U. Esa hipótesis fue alimentada por declaraciones recientes de Peñalosa en el sentido de que "me gustaría contar con el apoyo de Uribe" y otras de Juan Lozano, el presidente del partido, en las que dijo que "no creo que Uribe vaya a ser candidato".

Por otra parte, se conocieron los contactos hechos por Gustavo Petro, recientemente retirado del Polo, con varias fuerzas políticas -incluidos los verdes- para conformar una alianza que el ex senador denomina Corriente Democrática. Todo esto ocurrió después de que, en los últimos días de 2010, el Partido Liberal definió que David Luna será su abanderado oficial y de que la ex senadora Gina Parody regresara al país y comenzara a conformar un equipo para acompañar su candidatura.

Algunos analistas interpretaron esta fotografía de la línea de largada como una definición de las tendencias que marcarán la carrera a mediano plazo. Peñalosa, derrotado hace cuatro años por Samuel Moreno, podría buscar su desquite sobre los hombros de La U, el partido de mayor capacidad electoral en las campañas del año pasado para el Congreso y la Presidencia, en vez de depender de la estructura impredecible y débil de los verdes, que el viernes pasado volvieron a dejar salir a flote profundas diferencias de criterio entre Antanas Mockus y Sergio Fajardo.

El ex alcalde Peñalosa nunca ha sido un crítico de Álvaro Uribe -con la única excepción de su cuestionamiento a la tercera candidatura presidencial-, fue aliado de la fallida aspiración del actual presidente de La U, Juan Lozano, cuando fue derrotado por Lucho Garzón a la Alcaldía, y así como ha tenido lazos sólidos con quienes hoy lideran La U, ha reconocido en forma pública su indisposición a trabajar con Gustavo Petro.

Por los lados de La U consideran que el escenario para la próxima campaña a la apetecida Alcaldía de Bogotá les es muy favorable, pero saben que, paradójicamente, no tienen un candidato fuerte. Conquistar a Peñalosa sería una gran jugada para ellos, y por eso algunos miembros del partido han hecho contactos con el ex alcalde.

La coyuntura política en la capital de la República genera un dilema estratégico para Enrique Peñalosa: si se mantiene en el Partido Verde o se pasa a La U. La disyuntiva surge justo en momentos en que su candidatura cuenta con las mejores cartas. Según las encuestas, el electorado bogotano está en busca de un cambio porque la imagen del alcalde Samuel Moreno está por el piso, golpeado por escándalos sobre la contratación y porque se han salido de madre problemas en temas muy sensibles como la movilidad y la seguridad. Peñalosa, quien al fin y al cabo fue la alternativa a Moreno hace cuatro años, tiene credibilidad para encarnar un discurso legítimo de cambio y para proponer un giro administrativo y político. Y si en elecciones pasadas poco contaron sus credenciales de experto mundial en temas urbanos, ahora sí podrían jugar a su favor, cuando existe la percepción de que Bogotá está sumida en el caos. En las encuestas, si no se incluye el nombre de Álvaro Uribe, Peñalosa figura en el primer lugar.

Lo anterior no significa que no haya dificultades, y el ex alcalde no puede olvidar las lecciones que dejó la dura competencia de hace cuatro años contra Samuel Moreno, en la que también arrancó con un favoritismo indiscutido y al final fue derrotado. De Enrique Peñalosa se dice que es mejor alcalde que candidato y que tiene mucho más el poder de ejecución de un buen gobernante que el poder de seducción del candidato. Las elecciones en las que hay electorados mayoritarios con deseos de cambio suelen además ser un terreno fértil para que broten figuras nuevas y desconocidas, y en el ramillete de precandidatos a la Alcaldía de Bogotá hay un grupo notable de aspirantes de una generación nueva: David Luna, Carlos Fernando Galán y Gina Parody. Los tres le han dedicado tiempo y esfuerzos a conocer a fondo los problemas de la ciudad.

Luna y Galán, respectivamente del Partido Liberal y de Cambio Radical, podrían además terminar unificando sus aspiraciones a través de una elección interpartidista. En ambas colectividades hay ánimo de unidad y no hay que olvidar que ambas surgieron del liberalismo tradicional. Los intereses de los dos también convergen: si se consolida la fusión, se convertirían en una fuerza electoral competitiva frente a La U. Y todo indica que la plaza de Bogotá podría ser la prueba de fuego para el lanzamiento del proyecto y para determinar si esa alianza es viable hacia el futuro.

De ahí que la manera como Enrique Peñalosa decida presentar su candidatura -desde los verdes, en La U o como una alianza de varias fuerzas- será determinante. Desde Londres, donde se encontraba la semana pasada invitado por la Universidad de Oxford para dictar una conferencia, el ex alcalde dijo que no ha contemplado ni contemplaría su retiro del Partido Verde. "Estoy absolutamente comprometido con el Partido Verde, del cual espero hacer parte en lo que me quede de vida política", dijo. El ex alcalde afirmó incluso que está listo para participar en una consulta interna y disputar la candidatura de los verdes con Antanas Mockus. El año pasado, la competencia entre Mockus, Peñalosa y Lucho Garzón por la candidatura presidencial fue novedosa y enriquecedora y al final fue la base para la ola verde, que se creció después en la campaña presidencial.

En consecuencia, el mejor escenario para Peñalosa frente a la disyuntiva U vs. verdes sería asegurar la candidatura de su partido y abrir las puertas para que lo respalden otras fuerzas. Según dice, "así como en el Partido Verde hemos contemplado la posibilidad de apoyar buenos candidatos de otros partidos, también podríamos aceptar, agradecidos, el apoyo de partidos interesados en sacar adelante la ciudad". Alfonso Prada, representante a la Cámara por el Partido Verde, dice que "es muy probable que, ya que La U no tiene candidato fuerte a la Alcaldía, apoye a Enrique Peñalosa".

Prada puede estar pensando con el deseo. Lo cierto es que si hay algún lugar en el que todo es posible en política es Bogotá. El electorado de la capital es impredecible y rebelde y actúa con una gran independencia. La filiación partidista no es definitiva porque los bogotanos son volátiles: en las últimas dos elecciones votaron por el Polo Democrático en elecciones para la Alcaldía, al mismo tiempo que optaban en forma mayoritaria por Álvaro Uribe en las presidenciales de 2002 y 2006.

Y hay que tener en cuenta que aún faltan piezas en el complejo rompecabezas. No está claro qué hará, por ejemplo, el Partido Conservador: si irá con candidato propio o buscará una alianza. En cuanto al Polo Democrático, el alcalde Samuel Moreno estuvo en retiros espirituales con todo su equipo durante el puente de Reyes Magos definiendo una estrategia de comunicaciones para la recta final del último año de gobierno. La esperanza del Polo es que con la inauguración de obras públicas y una mejor estrategia se pueda resucitar la imagen de la actual administración. Una tarea que tampoco se ve fácil, pero en la que se van a empeñar a fondo el Alcalde y su equipo.

Por ahora, en síntesis, lo único que se puede decir es que a nueve meses de las elecciones para la Alcaldía de Bogotá nada está definido. Y eso le da tiempo a Enrique Peñalosa para evaluar cuál es la mejor solución a su dilema.
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