Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2008/02/09 00:00

“El DIM era una narcolavadora”

Un hombre que se 'infiltró' en el equipo rojo de Medellín entre 2001 y 2004 y gracias a su cargo como revisor fiscal tuvo acceso a toda la información contable del equipo, ahora la revela en un polémico libro.

Tras casi medio siglo, el Independiente Medellín fue campeón en 2002 y 2004, lo que puso fin a los malos tiempos económicos. ¿A dónde fue a parar toda la plata? La Fiscalía tiene la palabra

Juan Bautista Ávalos era un revisor fiscal cualquiera y experto en auditorías forenses hasta 2001 cuando un grupo de accionistas minoritarios del Deportivo Independiente Medellín lo contrató para una misión casi de detective privado. Le pidieron hacer una auditoría externa del manejo que Rodrigo Tamayo -hombre clave en el equipo antioqueño por más de una década- estaba haciendo de la plata del onceno. Después lo nombraron revisor fiscal y se convirtió así en todo un 'infiltrado': durante casi cuatro años se ganó la confianza de los directivos y recogió todo tipo de información y documentos para demostrar, según él, que detrás de toda la contabilidad del equipo se manejaban grandes operaciones de lavado.

Todos los documentos reposan en una denuncia de 80 folios que interpuso Ávalos en la Fiscalía en Bogotá en 2004. A las pocas semanas fue sacado del equipo y desapareció, pues temía por su vida. Tras varios años, Ávalos Salgar, hoy identificado como Jean Segler, decidió romper su silencio. Además de escribir y poner a la venta en www.librosenred.com el libro Narcolavadora, Corporación Deportiva Independiente Medellín, habló con SEMANA de lo que descubrió en uno de los equipos más queridos de los antioqueños.

Rodrigo Tamayo, hoy pastor evangélico y según él retirado de las riendas del equipo, niega todas las acusaciones y asegura que se trata de una venganza de Ávalos por un carro que le prometieron y no le dieron (ver nota anexa).



SEMANA: ¿Qué tiene de interesante el Medellín para que unos supuestos 'narcos' se ensañen con él durante 30 años?
Juan Bautista Ávalos: La legislación que rige a los equipos es tan confusa, ridícula y generosa, que unida a la falta de controles del Estado, permite que los narcos tengan la facilidad para lavar mucho dinero.

SEMANA: ¿Cuál es la conclusión principal que expone en su libro?
J.B.A.: La auditoría forense que realicé me permite afirmar que desde 1978 el Medellín estuvo en poder de seis mafiosos, en distintos tiempos, que manejaron el equipo durante 30 años, tiempo en el que lavaron más de 150.000 millones de pesos. Todo eso sin contar los delitos penales y fiscales en que incurrieron.

SEMANA: ¿Cuáles son esos mafiosos?
J.B.A.: Pablo Correa Ramos, Héctor Mesa Gómez, Guillermo Zuluaga, Julio César Villate, Jorge Castillo y Rodrigo Tamayo, quien fue dueño entre 1988 y 1992, y después volvió a tomar el equipo en 1998 hasta 2007.

SEMANA: ¿Varios fueron reconocidos líderes deportivos de Antioquia y no tienen ningún tipo de investigación en su contra?
J.B.A.: Tan reconocidos, que varios fueron asesinados por la mafia. Durante el tiempo que fui revisor fiscal pude demostrar lo que todo el mundo decía en secreto en Antioquia: que Rodrigo Tamayo era el verdadero dueño del equipo, así no figurara en la contabilidad ni en el listado de socios, ni mucho menos en los reportes que el club le enviaba a Coldeportes y a la Supersociedades. Y que durante ese tiempo lavó activos, promovió el testaferrato, hubo enriquecimiento ilícito, se evadieron impuestos, hubo maniobras dolosas con divisas y se promovió la contabilidad fraudulenta. En ese tiempo, Rodrigo Tamayo sacó miles de millones de pesos, a pesar de que era una entidad sin ánimo de lucro y en detrimento del equipo y de los hinchas minoritarios.

SEMANA: ¿Y cómo, según usted, se lava plata en los equipos?
J.B.A.: De muchas maneras. Pero sólo voy a hablar de lo que vi en el Medellín. Tamayo compró derechos deportivos e hizo préstamos al DIM por cinco millones de dólares cuando compró el equipo en 1998. Durante estos nueve años ocultó el origen del dinero a través de testaferros. Otra forma es a través de la transferencia de jugadores. Dicen que venden un jugador por 800 y le entran al equipo sólo 100. Tercero: venden a un jugador como John Javier 'Choronta' Restrepo por 1.080.000 dólares, pero 400.000 dólares fueron entregados a Rodrigo Tamayo o a su representante en México o consignados a una cuenta suya en el exterior, pero lo cierto es que todo el dinero no llegó y lo que le entró al club se pagó en comisiones y premios. Buena parte de la plata, que viene de taquillas, patrocinios, derechos deportivos y de televisión, que por ley es del equipo, va a las manos de los que mandan en los clubes.

SEMANA: ¿Con tanta plata por qué se quiebran?
J.B.A.: La mayoría de equipos se quiebran para adentro. A pesar de todo lo que sacaron del Medellín, entre 2001 y 2004 tuvo utilidades por 10.000 millones de pesos. Claro que esa platica también la sacaron después.

SEMANA: ¿Qué pruebas tiene para decir que Rodrigo Tamayo lavó plata con el equipo, si nunca ha sido procesado ni condenado por ese delito?
J.B.A.: Durante mi trabajo recabé mucha información. Hablé con ex empleados, empleados, amigos de Rodrigo Tamayo, del mundo de la mafia... Lo más importante está consignado en la denuncia que interpuse en la Fiscalía en 2004. Por ejemplo, yo tenía una carta de Pablo Escobar cobrándole 400.000 dólares a Tamayo. Esa me la robaron junto con mucha información cuando me sacaron del equipo, pero yo sé quién.

SEMANA: ¿A quién le compró Tamayo el equipo?
J.B.A.: En 1997 se lo compró a Jorge Castillo, pero le pidió que se quedara unos meses al frente, hasta que se dio cuenta de que Castillo se había sacado más de 2.000 millones. A Castillo le tocó irse del país y en Costa Rica estuvo preso bajo la sospecha de mandar a asesinar a un periodista, pero lo acaban de liberar por falta de pruebas. Lo curioso es que anunció que viene a reclamar el 40 por ciento del Medellín porque, según él, es de su propiedad.

SEMANA: ¿Y por qué sabe de esa venta si usted no estaba en el DIM?
J.B.A.: Me encontré una auditoría que había contratado Tamayo al comprar el equipo y allí aparecía una chorrera de cheques en un tiempo muy breve. Castillo se gastó la plata del patrocinio de Leona.

SEMANA: ¿Cómo fue la compra del equipo?
J.B.A.: Las personas con las que hablé y los documentos que vi dicen que la operación se hizo por 2.500 millones de pesos, pero yo creo que fueron unos 5.000 millones. Tengo un documento en el que se muestra cómo los testaferros de Castillo les cedieron las acciones a Tamayo, su esposa, familiares y amigos, quienes actuaron en la operación como testaferros. Pero cuando los abogados se dieron cuenta de que Tamayo y su esposa no tenían cómo justificar su parte, terminaron poniendo todos los derechos en manos de terceros. La mujer conservó unos pocos.

SEMANA: ¿Qué otras evidencias tiene para soportar esta afirmación?
J.B.A.: Los hechos publicados en El Colombiano y en otros diarios el año pasado, cuando le vendió el equipo a Sueños del Balón, una empresa de hombres del fútbol como Francisco Maturana, Víctor Luna y Juan José Peláez. Cómo así que Rodrigo Tamayo, que no era accionista, que nunca apareció en los reportes oficiales, que sólo en julio de 2004 fue nombrado mánager del equipo con un salario de 25 millones de pesos mensuales, admite que desde hace 17 años maneja el equipo y que el 82 por ciento de los derechos deportivos son de él, de su familia y un grupo de amigos. Ese día se autoincriminó e incriminó a sus amigos, pues admitió que en el equipo hubo testaferrato y lavado de activos.

SEMANA: Si Tamayo no aparecía ¿cómo manejaba la plata?
J.B.A.: Llevaba o mandaba bolsas y tulas con dinero para el equipo, pero también es evidente que sacó la plata, con muchos dividendos a través de cheques a nombre de su esposa, familiares, amigos, guardaespaldas y hasta personas que se inventaban o sacaban del directorio telefónico. En mi libro hay pruebas de cómo lo hacían. ¿Quién esconde miles de millones de pesos a nombre de testaferros? ¿Quién anda con plata en bolsas? Pues alguien que tiene rabo de paja.

SEMANA: ¿Cómo pudo hacer eso sin que nadie se diera cuenta?
J.B.A.: Claudia Patricia Toro Tamayo, directora financiera, es la sobrina de Tamayo. Ella, junto a la tesorera, Soraya Patricia del Pino, hacía y encubría todo lo que le ordenaba Tamayo. Lo más increíble es que todo se hacía con el visto bueno de los presidentes que tuvo el Medellín, como Mario de J. Valderrama y Javier Velásquez González. Que ahora no vengan a decir que fue a sus espaldas. Tamayo sacó miles de millones de pesos, robó a los accionistas minoritarios y violó la ley gracias a que todos se hicieron los locos. Claro que también recibían sus pagos millonarios.

SEMANA: ¿Con qué otros equipos tenía relación Rodrigo Tamayo?
J.B.A.: Tenía una muy íntima con el Envigado F. C. por una poderosa razón: Gustavo Upegui López era su gemelo, su clon. Ambos se formaron en la misma escuela de Pablo Escobar, ambos tuvieron los mismos gustos por el lavado de activos, tuvieron propiedad de muchos jugadores, como Juan David Montoya y Jorge Horacio Serna. Lo increíble es que Upegui fue asesinado, se le señaló de manejar la oficina de Envigado, de ser accionista mayoritario del Envigado y, a pesar de eso, el Envigado no ha sido intervenido. Eso demuestra el interés del Estado en controlar el fútbol.

SEMANA: En su libro, usted insiste en que se le pagaron 10 millones de pesos a un árbitro que pitó la final de 2004.
J.B.A.: Un día vi una cuenta de cobro de 10 millones de pesos a nombre de Lisbeth Johana Ramírez por compra de rollos de papel, aleluyas y bombas para el partido contra el Nacional. Al preguntarle a la sobrina de Tamayo, me dijo que Javier Velásquez, presidente del equipo, le había prometido 10 millones de pesos al árbitro si pitaba bien. Yo guardé copia de todo.

SEMANA: En esas dos fechas los árbitros fueron Alberto Duque y Jorge Hernán Hoyos, ¿cuál de los dos fue?
J.B.A.: No sé, pero fue uno de los dos. La plata se consignó en efectivo en una cuenta en Davivienda.

SEMANA: Cuando el año pasado Tamayo entregó el 82 por ciento de los derechos deportivos a una fiducia del Banco de Occidente dijo que lo hacía porque su paso por el equipo lo había dejado quebrado...
J.B.A.: Que no venga a salir con lágrimas de cocodrilo, porque además de sacar miles de millones de pesos del equipo, con sus actividades, tiene empresas de transporte, de salud, artes graficas, inversiones y mucha propiedad raíz.

SEMANA: Pero quienes están comprando el equipo son hombres del fútbol, con trayectoria y prestigio, como Francisco Maturana, 'Bolillo' Gómez, Víctor Luna, Juan José Peláez...
J.B.A.: Durante 17 años Tamayo manejó el equipo tras bambalinas y hoy día lo sigue haciendo. Tamayo sabe que la Fiscalía lo está investigando y para quitarse de encima esa papa caliente se lo entregó a una empresa de papel. ¿Cómo explicar que a una sociedad constituida con 76 millones de pesos le van a vender unos derechos que valen 7.660 millones de pesos?

SEMANA: ¿Entonces para usted esa venta es una simulación?
J.B.A.: Sí, por varias razones. Primer error: constituyeron una sociedad con una dirección en la que funciona desde hace tres años Master Sonido. Segundo: meses antes de esta venta, Rodrigo Tamayo había adelantado una negociación con la firma D&P para venderle el equipo por 20.000 millones de pesos, no se explica entonces por qué después lo vende a Sueños del Balón por mucho menos, 7.600 millones, según dijo a la prensa, de los cuales 4.000 son deudas que asume el comprador y 3.600 que le pagarán a la familia Tamayo y accionistas, plata que la van a pagar con lo que produzca el mismo equipo.

SEMANA: Pero es un hecho que Sueños del Balón es la que está manejando al Medellín...
J.B.A.: Si Sueños del Balón es una empresa de gente del fútbol, por qué aparece entre los accionistas Fernando Jiménez Vásquez, socio, amigo y compinche de travesuras de toda la vida de Tamayo, quien constantemente recibió dinero del Medellín. Él es el cordón umbilical entre Sueños del Balón y Tamayo, es el garante de que Tamayo siga teniendo el control.

SEMANA: Si lo que usted dice es verdad, Maturana y su equipo se están jugando un partido muy difícil...
J.B.A.: O no saben lo que están haciendo o están siendo parte de una operación de lavado de activos.

SEMANA: ¿Y por qué hasta ahora sale a hacer estas denuncias y publica un libro?
J.B.A.: Porque estaba escondido. En estos tres años cambié de nombre, ocho veces de domicilio, se me acabó mi matrimonio, perdí todo lo que tenía. No he hecho sino vivir con miedo. Quiero dejar de ocultarme, trabajar, volver a ser el auditor, revisor fiscal e investigador forense que siempre he sido.

SEMANA: ¿A usted lo amenazaron?
J.B.A.: La verdad es que se me olvidó mi misión inicial y empecé a actuar como verdadero revisor fiscal. A comienzos de 2001 Javier Velásquez, el más zorro y peligroso ejecutivo que haya conocido, me llevó un documento adulterado para que lo firmara y yo me negué. Al rato, la secretaria me dijo que él me necesitaba al teléfono: "Estoy aquí, en la casa de don José Rodrigo. Espere se lo paso que lo quiere saludar", me dijo. "Buenos días, habla Rodrigo Tamayo. ¿Sabe una cosa, coopere con eso, no se meta conmigo, que creo que trabajo con amigos", me dijo antes de colgarme el teléfono. Yo sabía quién era. Me dio daño de estómago. En adelante, todos los empleados empezaron a usar frases como: "si no va a firmar esos papeles, preguntémosle a Rodrigo", o cosas así.

SEMANA: ¿Pero eso no son amenazas?
J.B.A.: Un día Javier Velásquez me dijo que por fortuna ellos andaban en una tónica muy humana, y que por eso hablaban conmigo. Me dijo que si estuvieran en otro momento, las cosas las habrían arreglado con la 'oficina de Envigado'. Como yo era tan ingenuo, pensé que era con el equipo, hasta que a los meses leía que la 'oficina de Envigado' era de sicarios.

SEMANA: ¿No será que usted es paranoico?
J.B.A.: Pregúntele a la gente que sabe quién es Rodrigo Tamayo. No importa que se haya vuelto pastor. Aquí la gente dice que anda con la Biblia rezando en una mano y con el mazo dando. Sí, me da miedo, pero quiero quitarme este peso de encima. Estoy buscando editor para publicar el libro en papel.

SEMANA: Pero usted fue cómplice de muchos de los delitos que habla en su libro...
J.B.A.: Sí, por dos razones. Me hice una persona confiable mientras para recoger la información y firmé de todo por miedo. Me constriñeron y eso también está denunciado en la Fiscalía.

SEMANA: Si sus denuncias son tan contundentes, ¿por qué el proceso no ha avanzado en la Fiscalía?
J.B.A.: Porque nadie quiere parar el circo del fútbol, porque hay mucho dinero de por medio y porque hay personas influyentes en el alto gobierno, como Mario de J. Valderrama. Este hombre, además de haber sido presidente del equipo, trabajó la campaña de Uribe en Antioquia y hoy asesora al gobierno en temas laborales.

SEMANA: ¿Por qué decidió denunciar todo?
J.B.A.: Como yo ya estaba en la mira y 'boletiado', acordamos con los socios minoritarios que yo ponía la denuncia a mi nombre. Así lo hice en Bogotá y al regresar dejé de ir unos días a la oficina. Cuando volví, me habían sacado todos los papeles, y mis cosas personales estaban en una bolsa en la recepción. Me perdí de todo el mundo, incluso de los socios, pero sé que dos de ellos tuvieron que irse a vivir al exterior y nunca pudieron hacer la asamblea extraordinaria en la que querían ventilar y sacar todas las cosas que encontré.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.