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| 2/26/2011 12:00:00 AM

El discurso del 'Rey'

¿A qué horas aprendió a hablar tan bien el presidente Santos si hasta hace poco tiempo hablaba tan atropellado?

Por estos días, cada vez que el presidente Santos termina una intervención el comentario general es "cómo habla de bien". Sin mirar ningún papel, como si estuviera improvisando, dirige su mirada de un lado al otro hacia el público, dejando la impresión de estar explicando los retos del país en forma clara y espontánea a un grupo de amigos.

Esto es algo que tiene sorprendidos a quienes lo conocieron en su adolescencia. Cuentan sus amigos que no solo tenía problemas de dicción, sino incluso un leve tartamudeo. Su familia asegura que algo de herencia había en esto. Su abuelo Calibán y su padre, Enrique Santos Castillo, eran reconocidos por hablar en forma atropellada y poco comprensible. Enrique, su hermano mayor, parecía ser el único de la dinastía que hablaba en forma fluida.

En todo caso, desde muy joven Juan Manuel Santos ya era consciente de que la comunicación era una de las claves del éxito en el mundo de la política. Su nombramiento en Londres, a los 23 años, como delegado del país ante la Organización Internacional del Café le dio la mejor oportunidad para entrenarse en este arte. Ese era un cargo de gran responsabilidad, que requería prácticamente todas las semanas representar a Colombia hablando frente a un micrófono fijo, con traductores simultáneos, ante una audiencia internacional de alto nivel.

Santos, que siempre fue madurado biche, desde esa época hablaba con aplomo y seguridad. Pero para mejorar su comunicación tomó clases de oratoria con un profesor inglés. En el Reino Unido saber dirigirse a un auditorio es casi un requisito y en esa cultura entrenarse en esa ciencia es común. Se le da la misma importancia tanto al contenido como a la dicción. Para lo primero Santos ha adoptado trucos tradicionales de los ingleses como nunca extenderse demasiado en sus intervenciones y romper el hielo al inicio con un chiste o una anécdota personal. En cuanto a la dicción se utilizan prácticas como la de meterse canicas en la boca, técnica inventada por Demóstenes, que ha sido conocida mundialmente por películas como My fair Lady, y ahora por El discurso del rey. Esta favorita para ganarse el Óscar relata la heroica historia de superación del rey Jorge VI de Inglaterra para vencer su tartamudeo e inspirar a pueblo británico en su cruzada contra la amenaza nazi.

La combinación de estudio y práctica que tuvo en sus años de diplomático en Inglaterra hizo que al llegar a Colombia tuviera una amplia experiencia como expositor, aunque no como orador político. Y la verdad es que como nunca tuvo que someterse a una elección por voto popular antes de la que lo llevó a la Presidencia, no le tocaron ni mucha plaza pública ni discursos veintejulieros. Por otra parte, como Santos es un político moderno sabe que la plaza pública y ese tipo de oratoria están mandados a recoger. Lo del mundo contemporáneo, y definitivamente lo de él, es la televisión. En otras palabras, en el siglo XXI la clave está en la comunicación y no en la oratoria. Y en eso es en lo que se ha concentrado el actual ocupante de la Casa de Nariño.

Desde que fue nombrado ministro de Comercio Exterior en 2000, se propuso dominar el manejo del teleprompter. Este es el instrumento que permite leer un discurso dando la impresión de que se está improvisando o de que se lo sabe de memoria. Consiste en dos paneles transparentes que se ubican a la izquierda y a la derecha del expositor, en los cuales se transmite, en forma lenta y con letra muy grande, el texto del discurso. Este lo puede ver solo quien habla, pero el público lo único que ve, y casi nunca registra, son dos delgados soportes metálicos que sostienen dos láminas de vidrio. Los dos paneles permiten que el expositor mueva la cabeza de un lado al otro, cubriendo así la totalidad del auditorio sin perder el hilo del texto leído.

Con la disciplina y minuciosidad que siempre lo han caracterizado, Juan Manuel Santos está pendiente de hasta el más mínimo detalle de su imagen y sus intervenciones. Tiene un equipo en Palacio, liderado por el abogado y economista Juan Carlos Torres, dedicado a elaborar los discursos que él utiliza en los eventos a los que asiste todos los días, que son dos o tres en promedio. Torres fue el autor del libro Operación Jaque, la verdadera historia, el cual era tan importante para Santos que le hizo el prólogo. Ese nexo estrechó la relación con Torres y hoy su condición de 'ghost writer' supremo lo ha convertido en uno de los poderes detrás del trono.

Torres recibe la agenda del presidente con dos semanas de anticipación y, con base en ella, empieza a investigar sobre cada tema que tocará el presidente en sus discursos. Santos es quien decide la línea de cada intervención y, a partir de allí, el equipo de comunicaciones le da la forma. Torres les pide a los ministros que le den insumos, que le echen cuentos y que le den los datos básicos para poder hacer un texto apropiado. También busca citas históricas de grandes líderes que toquen el tema.

El presidente utiliza dos tipos de intervenciones. Las formales, que lee desde un teleprompter, y las espontáneas, para las que sus asesores le preparan fichas de datos, cifras, anécdotas y toques personales que sean adecuados para cada ocasión. Es así como opera en los Acuerdos para la Prosperidad, en los que combina un resumen de los eventos más importantes de la semana, el tema a discutir -como empleo, construcción o infancia- y uno que otro chiste.

Otro truco que aprendió en Inglaterra es que lo bueno si breve, dos veces bueno. Por eso, la mayoría de sus intervenciones no sobrepasan los veinte minutos. Los textos se elaboran con párrafos cortos, para que se parezcan a su forma de hablar. El estilo de los discursos también es fiel al estilo de Santos: al grano y con poca carreta. El presidente no deja nada al azar. Él mismo revisa los discursos, les hace tachones y comentarios antes de la versión final. Muchas veces se los lleva el fin de semana y los revisa hasta el cansancio. Es un lector empedernido, entonces siempre tiene una nueva idea o una cita que complementa el texto. Todo este trabajo colectivo se ha traducido en que la mayoría de sus intervenciones presidenciales han logrado hasta ahora transmitir un mensaje y mantener la concentración de la audiencia, la cual, por lo general, queda gratamente sorprendida o por lo menos no aburrida.

Además de su equipo de discursos, Santos utiliza también asesoría externa. Su despacho permanece en contacto con Adyel Quintero, un cubano con un doctorado en técnicas de comunicación y de actuación tanto verbales como corporales. Sus clases les ayudan a sus pupilos a mejorar su relación con el auditorio, el lenguaje de su cuerpo, su postura y presencia física. Quintero trabaja en llave con la fonoaudióloga Ivette Hernández, quien se encarga de trabajar la voz y la entonación. Por esa escuela han pasado personajes como Gina Parody y Frank Pearl. Santos y Quintero han trabajado cara a cara en el pasado, pero en la actualidad, dada la apretada agenda del mandatario, su asesoría consiste en que todas las semanas le mandan un video con los discursos del presidente y él los devuelve con sus comentarios.

De todo lo anterior se puede deducir que el muy bien recibido discurso de 'el Rey', en este caso el del presidente, no es tanto un don como un proceso. Este refinamiento en la comunicación presidencial definitivamente produce resultados. Por lo tanto, es previsible que será copiado por sus sucesores. Aunque es poco lo que tienen en común el tímido e inseguro rey de Inglaterra Jorge VI y el actual presidente de Colombia, una experiencia similar los une: confirmar que detrás de cada gran discurso hay muchas horas de trabajo silencioso.
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