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| 2/18/2012 12:00:00 AM

El doctor ternura locura

El llamado a la rebeldía de Luis Carlos Restrepo contra el régimen de Santos ha generado indignación y risas. Pero el excomisionado sabe lo que está haciendo.

El tono del comunicado evocaba los que envían las Farc desde las "montañas de Colombia". La única diferencia es que en este caso era desde la "clandestinidad". Y el contenido era un miniprograma de gobierno de un movimiento que aspira "retomar" el poder. Los elementos claves de ese proyecto son: 1) atajar la reelección del "gobierno de la mentira" de Juan Manuel Santos, 2) lanzar candidatos propios a todos los niveles para esa restauración, 3) convocar una Asamblea Constituyente para refundar una nueva patria que garantice la imparcialidad de la Justicia.

Cuando se hizo público este llamado a la rebeldía de Luis Carlos Restrepo, a través del Twitter de José Obdulio Gaviria, las reacciones oscilaron entre la estupefacción, la indignación, la burla y la lástima. Algunos sectores consideraban que a la Fiscalía se le había ido la mano en parte de los cargos que le habían imputado al excomisionado de Paz. Su prontuario incluía peculado a favor de terceros, tráfico de armas, fraude procesal y prevaricato. De ser encontrado culpable, Restrepo podría ser condenado mínimo a diez años de cárcel. Los cargos más graves solo son justificables si hubiera pruebas contundentes de que Restrepo se inventó el montaje, lo ejecutó y traficó las armas para los falsos desmovilizados. Otros solo se sostendrán si se prueba, como creen muchos, que se hizo el de la vista gorda. Parte de las dudas provienen del hecho de que los testimonios que lo involucran son contradictorios. De los dos protagonistas del montaje, Biófilo y Olivo Saldaña, el uno lo acusa y el otro lo exonera. La desmovilización del frente Cacica La Gaitana fue un montaje vergonzoso.Se discute si en su origen tenía algo de real. Algunos sostienen que unos pocos guerrilleros querían entregar las armas y el gobierno quería aprovechar esto para mandarle el mensaje a la subversión de que había alternativas diferentes al monte. Según esta versión, para mejorar la presentación y aumentar el número de desmovilizados, el supuesto frente fue inflado y en el camino se cometieron toda clase de delitos.Horacio Serpa, quien ha participado en varios procesos de esa naturaleza, escribió en su columna de El Nuevo Siglo que "es imposible que el encargado de la paz sepa a ciencia cierta quién es cada uno de los desmovilizados. En ello, lo sé por experiencia propia y debo decirlo, hay que atenerse en mucho a los listados que pasa la guerrilla y confiar en los exámenes que hagan lasfuerzas de seguridad y los funcionarios gubernamentales encargados de tal oficio". Ese es el argumento de Restrepo para defenderse.Sin embargo, hay otra versión: la de que todo fue desde el comienzo un montaje, además financiado por narcotraficantes que querían pasar por guerrilleros. El montaje era tan burdo que era difícil no registrarlo. Apenas sucedió, esta revista lo denunció en carátula con el título '¡Qué oso!' y nadie, empezando por Restrepo, la rectificó ni, que se sepa, el gobierno inició una investigación.

La pregunta que tiene que resolver la Justicia es si Restrepo se inventó la tramoya, si se enteró pero se quedó callado, o si tuvo lugar sin su conocimiento. Otra posibilidad es que él fuera efectivamente víctima de un montaje hecho por los militares pero que, al darse cuenta de las barbaridades que se habían cometido, se asustó y prefirió encubrirlas antes que denunciarlas.

Más allá de la responsabilidad penal de Restrepo en este episodio, sorprende que la Justicia haya resuelto ahora investigarlo por unos cuantos desmovilizados falsos y no por los 12.000 o 15.000 que los paramilitares colaron en sus listas. Cuando Álvaro Uribe llegó al poder, se estimaba que en Colombia había 20.000 paramilitares. Durante su mandato se desmovilizaron 35.000. Con la guerrilla sucedió algo parecido. En 2002 se calculaban 20.000 guerrilleros. Ocho años después, 16.000 habían sido desmovilizados y se reconocía que 8.000 seguían en el monte.

Siempre que en el país se presenta un proceso que incluye una indemnización o subsidio económico por parte del Estado, se logra colar un importante porcentaje de avivatos. Eso se vio en la tragedia de Armero, donde un pueblo que tenía 20.000 habitantes, de los cuales el 90 por ciento habría muerto, tuvo 30.000 damnificados que reclamaron. Esto para no mencionar la masacre de Mapiripán, en la cual se ha demostrado que el Estado fue engañado por falsas víctimas.

Más allá de todas estas consideraciones, el hecho es que el excomisionado sintió que no tenía garantías de la Justicia y decidió volarse. Hasta ahí la cosa era escandalosa, pero con su comunicado desde la clandestinidad se volvió ridícula. Era como si el comisionado de Paz de Andrés Pastrana, Camilo Gómez, decidiera liderar un movimiento desde el exilio para tumbar a Álvaro Uribe.

El 'oso' de Restrepo tiene que ver más con estrategia que con ingenuidad. No es muy presentable pedir asilo cuando el que lo solicita es simplemente un delincuente común. Para legitimar esa pretensión, se requiere estar en la categoría de perseguido político del régimen. Esa es la razón por la cual Restrepo habría pasado de ser el psiquiatra conocido como el Doctor Ternura a caudillo revolucionario desde la clandestinidad. El propio excomisionado reconoció que efectivamente buscaba "la protección" de otro país y tildó a la Fiscalía colombiana de "empresa criminal" cuando esta lo catalogó de "peligro para la sociedad".

La estrategia de solicitar asilo, que Restrepo ha anunciado, probablemente estará fundamentada en tres elementos. El primero, que es incontrovertible, es que durante el gobierno de Uribe hubo una guerra a muerte entre este y la Rama Judicial. El segundo, que puede haber sido prefabricado por él, es que desde que denunció a Carlos Alonso Lucio, el esposo de la fiscal, este organismo no puede ser imparcial frente a él. Y el tercero, que el prontuario que se le imputa es evidentemente desproporcionado. Con estas cartas bajo la manga, el excomisionado decidió volarse del país.

Para el uribismo la situación no es fácil. Solidarizarse con esa cruzada entraña no solo falta de seriedad, sino casarle una pelea al gobierno de Juan Manuel Santos, quien fue elegido por el Partido de la U. Y no respaldar al excomisionado es un acto de ingratitud con uno de sus miembros que se entregó en cuerpo y alma a la causa y que está ad portas de ir a la cárcel. Esto se ha traducido en que, fuera de José Obdulio Gaviria, nadie avala abiertamente el llamado a la rebelión. El propio expresidente Uribe apoya la solicitud de asilo con el argumento de la falta de garantías, pero no menciona el proyecto político del excomisionado. El gobierno, por su parte, consciente de cuál es el juego de Restrepo, se abstiene de contestarle la declaración de guerra y se limita a reiterar la imparcialidad de la Justicia y la existencia de garantías. El presidente Santos, quien siempre cae parado, es el mayor beneficiado de este 'Circo del Sol' a la colombiana, ya que muchos escépticos o neutrales frente a su reelección comienzan a pensar que esta es menos absurda que la locura de la nueva patria neouribista que propone Restrepo.
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