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| 2/23/1987 12:00:00 AM

EL DOSSIER DE MEDELLIN

Con base en las investigaciones del Gobierno, SEMANA, revela hasta dónde van los nexos de la mafia y la Policía de Antioquia

A Guillermo Cano, el director del diario El Espectador, lo mataron hacia las 7 y 15 de la noche del miércoles 17 de diciembre del año pasado. Cuatro horas después, el alto gobierno reunido en el Palacio de Nariño con el presidente Virgilio Barco, ordenó una serie de allanamientos en las principales capitales del país, particularmente en Medellín y Cali. El general Manuel Jaime Guerrero Paz, comandante de las Fuerzas Militares, se comunicó varias veces esa noche con el general Rafael Vergara Padilla, comandante de la Cuarta Brigada, para informarse de la forma en que se desarrollaban los operativos en la capital antioqueña. En vista de que hasta las primeras horas de la madrugada no se había hecho ningún allanamiento, Guerrero Paz exigió explicaciones al general Vergara, quien finalmente le contó lo que estaba sucediendo.
Padilla había tenido un serio enfrentamiento con el coronel Flavio Acosta, comandante de la Policía Metropolitana de Medellín, porque este se había negado a cumplir las órdenes venidas de Bogotá hasta cuando estas no le fueran comunicadas por escrito. Los generales Padilla y Guerrero interpretaron esto como un caso de desacato de las órdenes de un oficial de rango superior y por esa razón decidieron que Acosta debía irse.
Pero esta historia no comenzó esa noche. En realidad se había iniciado por lo menos tres meses atrás cuando las autoridades civiles de Medellín llegaron a la conclusión de que el coronel Acosta no solo era negligente en el cumplimiento del deber, sino francamente hostil con aquellos que le impartieran alguna orden, en particular si esta tenía que ver con la lucha contra el narcotráfico.
Para muchos observadores, detrás de esta situación se ocultaba la verdadera razón de los incidentes entre la Policía y el alcalde de Medellín, Willism Jaramillo Gómez, que habían tenido características de escándalo en octubre, cuando al amanecer de un sábado un retén policial detuvo el automóvil del alcalde y a sus escoltas a la salida de una fiesta. En esa situación buscaban los paisas también la explicación de aquello que a finales del año, después del asesinato de Cano, alarmaba a la opinión pública antioqueña y nacional: que en Medellín, capital de la droga, no se hubieran producido más que dos docenas de capturas insignificantes.
LA HEORINA DE LOS TENIENTES
La actitud del coronel Acosta no era lo único preocupante. Como lo fueron demostrando las denuncias que se destaparon a raíz del asesinato del director de El Espectador, los nexos entre la Policía y la mafia en Medellín podían ir mucho allá de lo que incluso el más perspicaz observador había podido imaginar.
El caso más publicitado, más no el único, era el de los tenientes del F-2 de la Policía Alex López Durán y Edgardo Alzate Ospina, que se destapó con nombres, fechas y lugares cambiados, en una crónica del diario El Tiempo del domingo 18 de enero, titulada "La heroína de Copacabana". En esta y en las demás crónicas, lo que más sorprendió a los lectores fue la aparición por primera vez de la palabra heroína, que muchos colombianos sólo habían asociado con los nombres de Policarpa Salavarrieta y Manuela Beltrán, y que otros si conocían como una de las drogas más terribles que se venden en los macados ilegales del mundo.
Los tenientes López y Alzate habían llegado a Medellín precedidos de un aura de eficiencia y heroísmo en el combate contra la delincuencia común en Bogotá. La misión que se les encomendó fue la vigilancia de las grandes cabezas de la droga y, por esa razón, a sus superiores y compañeros no les extrañó comenzar a verlos en lugares públicos con algunos de los allegados al llamado "cartel de Medellín". Frecuentaban bares de sicarios, pero también lujosas discotecas; se les vio con pistoleros a sueldo y con ellos muchachas de reconocida vinculación al medio, y muchos llegaron a pensar que se estaban dando los pasos para un golpe trascendental contra el narcotráfico.
Pero las verdaderas intenciones de los tenientes sólo se conocieron meses después. Un rompecabezas, del cual hace falta buena parte de las piezas, se ha ido armando gracias a una serie de investigaciones. Se sabe, por ejemplo, que los tenientes sustrajeron el 21 de julio pasado de los patios del F-2, un juego de placas de un carro que había sido robado y recuperado por las autoridades. Este no es más que uno de los lados de la historia que parece vincular a los tenientes a la industria de robo de carros y al comercio ilegal de placas.
El hecho es que gracias a estas placas que los tenientes colocaron en un vehículo particular que fue visto en el barrio Manrique, uno de los centros de operaciones de las bandas de sicarios, fueron detenidos por sus propios compañeros el 6 de agosto en horas de la noche. Al dar explicaciones al capitán de la patrulla que los detuvo, los tenientes lograron continuar su viaje amparados en el cuento de que estaban en una misión secreta. Sin embargo, las sospechas ya se habían despertado entre algunos miembros de la Policía y dos días después -el 8 de agosto- los dos tenientes fueron nuevamente detenidos no en Copacabana, como se ha dicho, sino en la autopista sur, cerca a Itaguí, según averiguó SEMANA. Fue allí donde, al parecer, no valieron las disculpas ni las explicaciones y, al abrir el baúl del carro, las autoridades se encontraron con la sorpresa de 350 kilos de heroína.
Pero todo indica que el de la heroína no es el único episodio al que podrían estar vinculados López y Alzate. Según pudo establecer SEMANA con autoridades militares en Bogotá, se está investigando la participación de los dos tenientes en una red destinada a robar juegos de placas utilizados en los vehículos de los sicarios que han cometido algunos asesinatos. Concretamente se sabe que una de las placas robadas el año pasado de las dependencias del departamento de tránsito de Antioquia, fue utilizada en el vehículo en el que se movilizaban los sicarios que acribillaron al magistrado del Tribunal Superior, Gustavo Zuluaga Serna, en el sector de Bulerias. La investigación tiene que ver también con el asesinato del asesor jurídico del departamento de tránsito, Mauro Alfredo Benjumea, quien había detectado el robo de placas y su relación con el asesinato del magistrado. En dos palabras, esto conduce a los investigadores a pensar que la corrupción en el F-2 de Medellín podría ir más allá que la simple protección a los "capos".
CUENTAS MILLONARIAS
Por lo pronto es mucha el agua sucia que le está cayendo a los tenientes, que se encuentran a órdenes de un juzgado de instrucción criminal. Tanta que algunos temen que otros culpables logren salir limpios atribuyéndole todo a los tenientes. "Esto no puede suceder -dijo a SEMANA una autoridad de la capital antioqueña. Y no puede suceder porque es evidente que los tenientes son sólo la punta de iceberg".
Prueba de esto último es que, según dijeron a SEMANA los investigadores, los 350 kilos de heroína decomisados a los tenientes, ya se perdieron. Fueron remplazados por maizena y otros polvos inofensivos. Quien la sustrajo y qué se hizo son preguntas que aún no han sido contestadas, pero las autoridades tienen la convicción de que una maniobra como esta tiene que haberse realizado con la complicidad de buen número de miembros de la Policía de Medellín.
Hay, además, otros indicios de que los tenientes López y Alzate no son únicos. SEMANA ha podido establecer que al interior de la Policía y en colaboración con otros cuerpos de seguridad, se están investigando millonarias consignaciones de suboficiales en sus cuentas corriéntes personales. "Sólo la corrupción puede explicar que un cabo segundo con un sueldo de 35 mil pesos mensuales consigne un millón de pesos un día en su cuenta o viva en un apartamento de 18 millones de pesos", dijo a SEMANA un alto funcionario que ha tenido acceso a las investigaciones.
Esta revista ha podido confirmar con fuentes del gabinete ministerial que se ha iniciado, con la colaboración de la Superintendencia Bancaria y de la Administración de Impuestos, una investigación que pretende detectar este inexplicable enriquecimiento. Este sistema de averiguación ya ha sido utilizado con bastante éxito en Italia, Francia y Estados Unidos.
Las pesquisas sobre el rápido enriquecimiento de personal de la Policía, puede extenderse en los próximos días a la Policía Vial, que ha colaborado en algunas ocasiones en el montaje de retenes móviles en las carreteras. Según le contó a SEMANA un funcionario en Medellín, se han dado casos de agentes de la Polivial que llegan a cumplir su turno en algún retén de una carretera, conduciendo sus propios Renault-18, cuya cuota mensual en caso de compra financiada bien puede ser el doble de sus salarios.

LA DETENCION DE ESCOBAR
Pero, ¿qué clase de favores compran los "pesados"? Los servicios que un agente corrupto puede ofrecer son variados. El más útil de todos es, sin duda, el de mantenerlos informados de cuándo y dónde se va a producir un allanamiento, y de cuándo y dónde se va a montar un retén. Pero el más usual de los servicios es el de "hacerse los de la vista gorda" en sitios claves como el aeropuerto Olaya Herrera, las lomas de Envigado, las heladerías de Itagui y las mansiones de El Poblado, por donde la "pesada" y sus divisiones inferiores se pasean como Pedro por su casa.
Lo anterior explica la propagación permanente de rumores según los cuales tal o cual "capo" fue visto en compañía de tal o cual otro en tal sitio. El más difundido de estos rumores corrió a finales del año pasado, cuando se dijo que estaban concurriendo a las corridas de toros que se cumplían en el municipio de El Retiro. Pero el más comprobado de todos esos rumores, según fuentes allegadas a las investigaciones que se desarrollan, indica que el "cartel de Medellín" en pleno estuvo en una fiesta el 20 de diciembre en la finca La Torre, en la zona de Llanogrande, en Rionegro. Tamaño festejo se presentó solamente 72 horas después del asesinato de Guillermo Cano, en momentos en que se suponía que la guerra contra la mafia era total.
Una muestra adicional de esta manía de miembros de la Policía de hacerse los de la vista gorda, se dio tras el reciente golpe que el Ejérclto dio en el viejo aeropuerto Olaya Herrera, donde se detectaron modernos aparatos de comunicación, lujosos aviones, canecas y diferentes sistemas para camuflar la droga que era embarcada desde allí. Todo esto funcionaba desde hace meses, a pesar de que a pocos metros y dentro del mismo aeropuerto, monta permanente guardia un comando de doce hombres de la Policía, que nunca informó sobre lo que estaba sucediendo.
Pero sin duda, uno de los casos más graves de cortupción que están investigando las autoridades tiene que ver con la detención de Pablo Escobar Gaviria en un retén que la Policía y el F-2 montaron en cercanías del Gran Pandequeso, en la autopista sur, en el pasado mes de noviembre. Aunque al principio se creyó que este no era más que uno de los muchos chismes similares que han circulado desde hace tiempo, lo cierto es que los datos que las autoridades han recolectado indican que esa historia es esencialmente cierta. Según lo que se ha podido establecer, el retén detuvo por un mero accidente a Pablo Escobar, a su esposa y a un socio. Escobar y su colega habrían sido inmediatamehte dejados en libertad mientras la esposa de Escobar permanecía durante 48 horas en calidad de garante de lo que se había pactado: el pago de una suma que las autoridades calculan entre 50 y 80 millones de pesos. Uno de los aspectos más sorprendentes de lo anterior es que sólo a raíz de los cambios que se produjeron a fines de año y de las investigaciones que se iniciaron entonces, las autoridades civiles de la capital antioqueña se enteraron del caso.
LO QUE VIENE
A pesar de lo desalentador de la comprobación de que en esta oportunidad la sal se corrompió, algo si resulta positivo de lo que está pasando en Medellín. Y es que en esta ciudad, que no es la única donde, según se ha podido establecer, se está dando este tipo de problemas, por lo menos la olla podrida se está empezando a destapar. Sectores de la dirigencia empresarial y política que consideran que en Antioquia es mucho lo que hay que defender, parecen dispuestos a dar una batalla a sabiendas de que puede ser larga y costosa, y de que sus resultados son aún una incógnita.
En esa batalla no sólo parecen comprometidos núcleos de la dirigencia que no hacen concesiones al narcotráfico, sino ciudadanos anónimos que han constituído un grupo en Envigado para pronunciarse contra la negligencia de la Policía en la lucha contra la droga. El viernes pasado, en el periódico El Colombiano, un pequeño aviso pedía que se publique visiblemente la dirección del procurador Carlos Mauro Hoyos para denunciar los lugares en donde viven las cabezas del narcotráfico: "En Envigado salen como si nada fuera y la Policía nada hace. Estamos cansados de informarles pero no hacen caso. Creemos que nuestra colaboración se la enviamos al señor procurador a un apartado aéreo o a su dirección y podrá tener eficacia. Los ciudadanos honrados estamos cansados de tanta cosa y queremos colaborar".
Esta batalla se libra en un clima lleno de amenazas y de terror. Todos los días, por escrito o en llamadas telefónicas, a las oficinas de la Alcaldía de Medellín llegan amenazas de muerte contra funcionarios o sus familiares. También se está dando el caso de que estos funcionarios o sus familiares son hostigados e insultados desde patrullas de la Policía Metropolitana, que llegan incluso a cerrarles el camino en una carretera o en una calle de Medellín .
Sobre este ambiente, el alcalde William Jaramillo Gómez le dijo a SEMANA que "es tan grave la situación del país, que cumplir con el deber se ha convertido en algo excepcional". El alcalde y sus colaboradores parecen contar ahora, además de algunos sectores de la clase dirigente y de núcleos de ciudadanos, con la confianza que inspira el nuevo comandante de la Policía Metropolitana, coronel Gregorio Sepúlveda. Este oficial, de brillante trayectoria, tiene, además, una prueba de fuego: de su acción en Medellín dependerá su futuro dentro de la institución, ya que de irle bien, estará alcanzando el próximo año su primer sol de general de ese cuerpo armado.
Sepúlveda, sin embargo, cuenta con una desventaja contundente: según se enteró SEMANA, altos círculos militares en Bogotá han conocido investigaciones segun las cuales el 80 por ciento del pie de fuerza policial en la capital de Antioquia es considerado sospechoso. De ahí que dentro de lo que viene en esta lucha, esté un saneamiento de la fuerza policial, con destituciones y relevos que han comenzado a darse.
SEMANA supo, en esferas del gabinete, que la preocupación no es sólo por lo que se ha destapado, sino porque la realidad evidencia lo difícil que es la lucha contra el narcotráfico con las actuales estructuras de la Policía.
Por eso, en esos círculos da vuelta la idea de que la manera de encarar con posibilidades de éxito esa batalla, es con la creación de una fuerza especial que actúe en condiciones salariales ventajosas, con armas competitivas, con entrenamiento en operaciones de comando y con el respaldo de tribunales especiales, como ha sucedido en Italia.
El gobierno piensa también que las investigaciones sobre la corrupción en la Policía deben llevarse a cabo en forma lenta pero segura, para evitar que los miembros de este cuerpo de seguridad lleguen a sentirse víctimas de una persecución indiscriminada por culpa de algunos de sus elementos y respondan con una actitud de esprit de Corps.
En todo caso el reto es muy grande y lamentablemente puede que superarlo no esté tanto en manos de las autoridades antioqueñas y nacionales, como de las norteamericanas, que exigen una lucha implacable contra la producción pero mantienen una actitud demasiado tímida frente a un consumo de 170 mil millones de dólares al año.
OTRAS INVESTIGACIONES
La mafia en Medellín no sólo se ha infiltrado en instituciones como la Policía, cuya olla podrida ha comenzado a destaparse, sino que lo ha hecho en el propio corazón de la economía, de las comunicaciones y de la sociedad en general.
Esa penetración es tan vigorosa que resulta visible. El mercado de compraventa de carros en Medellín tiene dimensiones astronómicas, con marcas, modelos y precios que difícilmente se dan en ciudades del mundo desarrollado. En materia de construcciones, los grandes edificios de las lomas de El Poblado y de Envigado dan una idea de ese poder y las inversiones excéntricas dan idea de cuál es su procedencia.
Todo esto era escandaloso, pero claro. Sin embargo, lo que parecía lejano era que esa penetración llegara hasta el propio directorio telefónico de la ciudad, donde aparecen avisos pagos de discotecas y criaderos de caballos, cuyos propietarios son asociados desde hace años al llamado "cártel de Medellín". La aparición de estos avisos en "la biblia de la ciudad" ha desatado una tormenta al interior de las Empresas Públicas de Medellín, entidad qué no tiene participación directa en la consecución de esos avisos a todo color, pero, como dijera un dirigente de la ciudad, "lo que sí tiene es la responsabilidad de controlar el derecho de admisión".
Un nuevo síntoma de esa infiltración tiene que ver con TeleAntioquia, el canal regional de televisión, donde, según alarma que ha cundido en el alto gobierno en Bogotá, estarían ingresando algunas programadoras cuyos respaldos económicos y de equipos técnicos no son claros. Ultimamente se han hecho costosas transmisiones sin claro respaldo publicitario, que envidiarían las propias programadoras de los canales comerciales, y esto ha levantado la sospecha de que también en este medio de comunicación administrado por el gobierno, sería necesario averiguar de dónde viene ese dinero. Un funcionario cercano a la Casa de Nariño dijo a SEMANA que se está haciendo una investigación al respecto, para determinar si son ciertas las sospechas y los rumores que corren en este sentido.
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