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| 3/31/2007 12:00:00 AM

El drama de los Mor

Al ser incluidos en la Lista Clinton, Jorge Mor Nassar y su familia fueron condenados a desaparecer del sistema financiero.

Desde el mismo momento en que su nombre, el de su esposa y sus hijos aparecieron en la llamada 'Lista Clinton', sindicados por el gobierno de Estados Unidos de colaborar con una poderosa red criminal de narcotráfico, Jorge Mor Nassar comenzó a sentir las consecuencias de quedar muerto moral y civilmente: el Banco de Occidente le pidió que devolviera todas sus tarjetas de crédito, sus cuentas quedaron canceladas, su principal proveedor, Hunter Douglas, le negó los pedidos; su empresa se paralizó y de ahora en adelante no tendrá acceso al sistema financiero.

La lista fue publicada por la prensa el miércoles de la semana pasada, después de ser anunciada desde Washington, por la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (Ofac), del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Allí aparecen 45 compañías, entre las que está Mayor Comercializadora, la empresa de Jorge Mor Nassar, la mayor distribuidora en el país de persianas, pisos de madera y alfombras. También figuran 64 personas, incluida la familia del comerciante y su primo Jaime Dib Mor Saab, dueño de la reconocida empresa de alfombras Duratex, a quien el gobierno norteamericano señala de ser el gerente financiero de Fabio Enrique Ochoa Vasco, alias 'Carlos Mario', un poderoso narcotraficante de Medellín.

Mor Nassar no se recupera del golpe. Se coge la cabeza entre las manos y repite una y mil veces que es la peor pesadilla que ha sufrido en sus 65 años de vida. Recuerda cuando sus abuelos llegaron desde Líbano en el siglo XIX para dedicarse al comercio en Colombia. No se cansa de hablar de la honestidad que les ha inculcado a sus tres hijos y tiene miedo de llegar a perder lo que ha construido en los últimos 40 años de su vida comercial. Comenzó esta entrevista diciendo: "Yo no tengo nada que ocultar, ni siquiera la tristeza tan grande que siento, y rompió en llanto. Discúlpeme, estoy totalmente descontrolado. No hemos podido dormir desde que nos señalaron de pertenecer a una organización de un narcotraficante que en mi vida lo había oído mencionar. En la lista hay muchas empresas que ni siquiera conozco. La vida está siendo injusta conmigo.

SEMANA: Para quienes no lo conocen, ¿quién es Jorge Mor Nassar?
JORGE MOR: Yo soy administrador de empresas de la Universidad Javeriana. Casado con María Helena Dale. Tengo tres hijos: Jorge, médico cardiólogo; Ricardo, administrador de empresas, y Jaime Enrique, ingeniero de sistemas. Toda mi vida he sido comerciante. Hace 40 años fundé Alfofique, una distribuidora de tapetes que quebró en la crisis del gobierno Samper y hace 17 años comencé con Mayor Comercializadora, una empresa dedicada a la venta de alfombras, persianas y pisos de madera.

SEMANA: ¿Quiénes son los socios?
J.M.: Mi señora tiene un 45 por ciento. Cada uno de mis hijos tiene un 13 por ciento, y una sociedad que se llama Mor Gaviria, que es de mi primo Jaime Dib Mor Saab, tiene el 16 por ciento. Ese es el único vinculo que tenemos con mi primo.

SEMANA: ¿El es el verdadero dueño de Duratex?
J.M.: Duratex hace muchos años era de Jorge Durán, quien murió y lo heredaron sus hijos. Luego mi primo Jaime les compró todas las acciones y después se unieron otros socios. Nosotros no tenemos nada que ver con esta empresa.

SEMANA: ¿Conoce quiénes son los otros socios de su primo?
J.M.: Conozco a Marco Antonio Gil Garzón porque lo he visto en reuniones sociales. Sé que es un hombre de campo, oriundo de Boyacá, que también se dedica a la construcción y es floricultor.

SEMANA: La justicia norteamericana vincula a Gil con el narcotraficante de Medellín y dicen que su primo Jaime es el enlace entre ellos.
J.M.: Eso me parece terrible. El es mi familiar, a quien aprecio y quiero. Jamás me ha mencionado que estuviera metido en problemas como este. Él viene de China este fin de semana y dice que llega directo a la Fiscalía.

SEMANA: Usted dice que no tiene acciones en Duratex, ¿pero tiene relaciones comerciales con la empresa?
J.M.: Sí. Yo le compro y le vendo mercancía.

SEMANA: No será por eso que usted y su familia terminaron incluidos en la Lista Clinton?
J.M.: Ojalá tuviera una respuesta. Yo tengo 65 años de edad y jamás he sido demandado ni he demandado a nadie. Nunca he tenido un problema judicial. Yo simplemente soy una persona que he trabajado de sol a sol y esto me tiene muy triste. Es terrible que en este país uno no sabe si le está vendiendo algo a un mafioso.

SEMANA: ¿Usted sabía que la justicia norteamericana venía investigándolos?
J.M.: Jamás. Yo estuve en Estados Unidos hace un mes con mi mujer. Por lo menos voy dos veces al año. Yo les compro alfombras a fábricas norteamericanas como Mohawk, las importo y vendo al por mayor a los almacenes de Bogotá. Los pisos los traigo de Polonia y vienen en camino dos contenedores que no sé cómo voy a nacionalizarlos. Las persianas se las compro a Hunter Douglas, pero hoy me cortaron los pedidos.

SEMANA: ¿Así de rápida fue la reacción de los proveedores?
J.M.: No sólo ellos. Del Banco de Occidente me acaban de llamar y me dijeron que tenían mucha presión, pero fueron gentiles. A pesar de tener una historia bancaria de muchos años con ellos, perdí todo mi crédito, me cancelaron las cuentas y me pidieron las tarjetas de crédito. Ellos me manejaban mis pagos en el exterior y ahora mi empresa se va a venir a pique. Este es uno de los peores momentos de mi vida.

SEMANA: ¿Han pensado cómo van a defenderse?
J.M.: Yo quiero que me investiguen toda mi vida, la de mi esposa, mis tres hijos y mi única empresa. Ojalá que nos tengan interceptados los teléfonos, que nos sigan, que vean nuestros movimientos bancarios. Me encantaría que nos estén grabando para que vean cómo vivimos y quiénes somos.
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