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| 2/5/2015 10:05:00 AM

El dudoso pasado del helicóptero de la Gobernación

La aeronave, adscrita a la Gobernación de Antioquia, ha estado inmersa en polémicas desde hace más de 20 años. El aparato vuelve a ser noticia por cuenta de la masacre de El Aro.

En las sillas del viejo helicóptero Bell 412 de la Gobernación de Antioquia se sentó alguna vez Pablo Escobar. Iba rumbo a la cárcel La Catedral, de Envigado, aquella tarde del 19 de junio de 1991 cuando se entregó a la Policía y lo recogió como garante el sacerdote eudista Rafael García Herreros.
 
Fue un vuelo muy breve y a tan baja altura -escribió García Márquez en Noticia de un secuestro- que las instrucciones con las que se guiaba el piloto parecían para un automóvil: “tomen la octava, sigan por ahí, ahora a la derecha, más, más, hasta el parque, eso es”.
 
Cualquiera que se haya subido a este helicóptero utilitario para catorce pasajeros, en el que suele transportarse el gobernador de turno, habrá experimentado el vértigo que genera la vibración de sus latas en pleno vuelo, como si se tratara de una antigua lavadora fuera de control.
 
Es difícil también dejar de pensar en las historias judiciales que rodean al aparato. En noviembre del año 2008, un paramilitar llamado Francisco Villalba Hernández dijo haber visto el helicóptero amarillo volar sobre el corregimiento de El Aro, en Ituango, en el momento en el que hombres de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) —conocidos con el elocuente apodo de los 'mochacabezas'—  cometían una de las masacres más cruentas e intensas que haya registrado el conflicto en Colombia: 15 campesinos fueron asesinados, en medio de combates con la guerrilla que se prolongaron durante cuatro días. Del Aro quedaron las cenizas. Y una calle de casas con paredes desfloradas.
 
Pero el mismo día que Villalba salió de la cárcel lo mataron. A la tumba se llevó su verdad —o su mentira, nadie lo sabe—, pero alcanzó a dejar sembradas las dudas sobre el entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez.
 
Desde Estados Unidos, el excomandante paramilitar Salvatore Mancuso no solo habló del helicóptero, sino que aseguró que el entonces secretario de Gobierno de Uribe, Pedro Juan Moreno, sabía con anterioridad que se cometería la masacre. Según Mancuso, Pedro Juan se había reunido con Castaño en una finca. Pero Moreno, muerto en un accidente aéreo también repleto de controversias, tampoco está hoy para negarlo.
 
La tercera persona que hizo mención del helicóptero en El Aro no fue precisamente uno de los paramilitares que quemaron el pueblo, se robaron el ganado, torturaron y mataron a los 15 campesinos. Fue Rosa María Posada George, una de las víctimas. Así lo relató esta semana la magistrada de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín, Consuelo Rincón, al momento de leer un fallo de 2.500 folios con el que condenan, por la misma masacre, a Ramiro Vanoy Murillo, alias “Cuco Vanoy”, excomandante del Bloque Mineros de las Auc.
 
Rincón ordenó compulsar copias para que el expresidente Uribe fuera investigado por los hechos, a los que consideró inéditos hasta el momento en el expediente. Rosa María también mencionó la presencia del helicóptero para los días en que los paramilitares mataron a su esposo, Marco Aurelio Areiza, uno de los fundadores del Aro y dueño de dos tiendas de abarrotes.
 
Uribe ha dicho que se trata de una infamia que le hace daño a su nombre y a la transparencia de la Gobernación. Para reforzar su defensa publicó un documento en el que se relacionan los vuelos del HK 3578G, entre el 20 y el 31 de octubre de 1997. El documento, firmado por Clemencia Gallego Arango, profesional del programa Aéreo de Salud, dice que la aeronave fue hasta Yarumal solo hasta el 26 de octubre, supuestamente un día después de la masacre. Los pilotos Juan David Ángel, Hernán Salazar e Iván Jiménez dijeron en el año 2007 que el helicóptero estuvo en la zona antes de la masacre para entregar ayudas a desplazados, y después de ella, para valorar la dimensión de la tragedia.
 
Casi todos los datos históricos concuerdan con que el ataque a el Aro se acabó el 25. Sin embargo, a Marco Aurelio lo mataron el domingo 26, a una cuadra de la plaza.
 
Pero como si no fuera suficiente la polémica alrededor del Bell 412, en el año 2003 salieron a flote más versiones encontradas sobre sus vuelos. Diez días después del asesinato en cautiverio del gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria Correa, se supo que el helicóptero había llevado secretamente drogas y víveres para los secuestrados, en dos ocasiones. Yolanda Pinto, esposa de Gaviria, y Eugenio Prieto Soto, el gobernador encargado, dijeron que el presidente Uribe estaba enterado.
 
Pero Uribe lo negó públicamente. El único sobreviviente de la masacre, el sargento Pedro José Guarnizo, le agregó más misterio a la historia al decir que días antes del asesinato a mansalva de Gaviria y de Gilberto Echeverri, a manos de las FARC, un helicóptero civil había recogido a once guerrilleros en la zona. De inmediato, Prieto negó que se tratase de la aeronave oficial, y recordó que Guarnizo había hablado de un helicóptero 'pechiblanco', cuando el de la gobernación era amarillo.
 
Por su parte, el cabo Agenor Viellar dijo que ellos habían escuchado que la "esposa del gobernador fue la que lo mandó", en referencia al helicóptero. El escándalo explotó porque la gente empezó a preguntarse cómo era posible que la esposa del gobernador asesinado supiera con exactitud el sitio donde estaba su marido al punto de enviar un helicóptero.
 
Ella se defendió y aclaró que se trató sólo de gestiones humanitarias, tal como lo sabían tanto el gobernador encargado, Eugenio Prieto, como el presidente de la República, Álvaro Uribe, a quien "personalmente le informé en agosto de 2002 sobre los acercamientos humanitarios con las FARC", según le dijo a SEMANA en aquella época.
 
Lo que sí aceptó el gobernador encargado es que el helicóptero sí llevó en dos oportunidades a la zona de Urrao drogas y víveres, con destino a Gaviria y su asesor de Paz Gilberto Echeverri, y que obtuvo pruebas de supervivencia.
 
El Bell 412, de armazón amarilla, hoy sigue estacionado en el hangar No. 71 del Servicio Aéreo de Salud, prestando sus servicios en medio de vuelos sacudidos por el zumbido de un motor ensordecedor. Algún día seguramente será una pieza de museo. O, ante tanta historia dudosa, tal vez se convierta en la más codiciada prueba sumarial.
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