Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1994/05/23 00:00

EL DUO DINAMICO

Sin tener maquinaria, y sin invertir un peso en publicidad, Antanas Mockus y Enrique Peñalosa se roban el 'show' de la campaña. ¿Cuál ha sido la fórmula?

EL DUO DINAMICO

FALTAN CINCO SEMANAS PARA LAS ELECciones presidenciales y todo indica que serán las más reñidas en mucho tiempo. Sin embargo, los personajes políticos del momento no son, como sería lógico, Andrés Pastrana y Ernesto Samper, quienes se disputan cabeza a cabeza la Presidencia de la República, sino dos atípicos dirigentes bogotanos que aspiran a la Alcaldía de la capital en las elecciones de octubre.
El màs atìpico de los dos, y el màs popular de ellos, es Antanas Mockus, un filósofo y matemático de 42 años con cara de predicador de la secta amish. Mockus, de origen lituano, hizo su carrera en matemáticas puras en la Universidad Nacional, se especializó en Francia en la misma àrea y en filosofía y se convirtió luego en profesor cuchilla de ese centro docente. De las aulas pasó al área administrativa, a ocupar la vicerrectoría, desde donde se craneó la reforma académica que puso en marcha al ser nombrado rector, en 1991. Y fue precisamente hace seis meses, mientras ocupaba ese cargo, cuando inició su vertiginosa carrera política al bajarse los pantalones ante 3.000 estudiantes en el auditorio León de Greiff. El espectáculo le costó el puesto, pero lo lanzó a la arena política, pues lo convirtió en el candidato con más opciones de llegar al Palacio Lièvano.
El otro personaje es Enrique Peñalosa Londoño, un tecnócrata serio, de 39 años, defensor del capitalismo democrático, y de la modernización de la economía y del Estado. Peñalosa, un economista e historiador graduado de la Universidad de Duke (Estados Unidos) y especializado en Administración Pública en París, inició su carrera profesional en ANIF, fue director del Departamento Administrativo de Planeación de Cundinamarca y subgerente administrativo del Acueducto. De allí pasó a la decanatura de la Facultad de Administración en la Universidad Externado de Colombia. Más tarde fue secretario económico de Virgilio Barco y representante a la Cámara. Y ahora, después de haber aspirado, sin éxito, a la Alcaldía hace dos años, Peñalosa comprendió que la mejor manera de aventajar a los demás aspirantes de su partido -el liberal- a ese cargo, era pegársele a la rueda a Antanas Mockus. Pero lo curioso es que Mockus y Peñalosa, quienes hoy encabezan las preferencias de los bogotanos a las próximas elecciones de alcalde, en vez de enfrentarse agriamente y buscarse mutuamente el quiebre como suele suceder durante las campañas electorales, se han convertido en los mejores amigos, se alaban mutuamente y confrontan sus tesis en auditorios académicos, se echan vasos de agua en la cara en medio de las risas y los aplausos del público y, en ocasiones, como sucedió el martes pasado en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional, despiertan por igual el odio de grupos extremistas. En el curso del debate en la Nacional, una treintena de agitadores pertenecientes al grupo de los Guardias Rojos no vaciló en lanzarles tomates, aguacates y naranjas, arrebatarles el micrófono, arrojarles boñiga a la cara y poner fin al debate en medio de una golpiza generalizada.

EL ASCENSO DE MOCKUS
Si bien es cierto que los hechos del martes pasado fueron de un salvajismo escandaloso, esta no es la primera vez que Mockus es el protagonista de episodios insólitos. Desde el principio de su gestión como rector de la Nacional, cuando llegaba al campus en bicicleta y estableció que fueran los estudiantes quienes juzgaran la competencia de los profesores y que esa evaluación determinara los aumentos salariales, la gente de la Nacional comprendió que Mockus no era própiamente un académico tradicional.
Con todo, de ahí en adelante los acontecimientos fueron dejando en claro que no sólo no era un rector aburrido y formal, sino que además tenía una forma bastante exótica de comunicarse. La primera demostración de su particular simbología la dio durante un foro en la Universidad Nacional de Manizales, cuando, para acallar una rechifla se bajó los pantalones y mostró sus genitales ante el estudiantado. Y aunque en esa ocasión más de un académico pidió la cabeza del rector, el propio Mockus explicó su estilo como el empleo de "caminos más rápidos para llegar a resultados". La siguiente oportunidad en la que economizò palabras para transmitir su mensaje fue cuando decidió presidir una reunión de decanos en Girardot en vestido de baño, corbata y chupo. "El chupo -explicó Mockus- es para mostrar que tengo ganas de hablar, pero que me toca callarme". Fuera de algunas miradas de incredulidad, el incidente no suscitó mayores comentarios. Algo similar ocurrió cuando decidió ingresar a la Casa de Nariño armado de una espada de plástico rosada que, según él mismo, llevaba al cinto para defender al alma mater mientras cursaba en el Congreso la Ley Orgánica de la Universidad. En ese entonces volvieron a surgir las preocupaciones por la personalidad del rector, pero su excelente labor administrativa en la Nacional y su particular estilo estaban calando en el estudiantado y en la opinión. Una encuesta realizada en ese momento entre los estudiantes demostró que, aunque les parecía un tipo raro, el 70 por ciento de ellos apoyaba su gestión.
A ojos de muchos las excentricidades de Mockus pasaron de castaño a oscuro al poco tiempo cuando, durante un foro en la Facultad de Arte, mostró su trasero ante la concurrencia. El episodio, similar al ocurrido en Manizales, fue transmitido por los noticieros -no sin previo camuflaje y censura de las partes privadas-. En esa ocasión, la originalidad y la simbología del rector no fueron interpretadas tan inocentemente, y la bajada de pantalones le costó su puesto al frente de la Nacional
Paradójicamente, mientras la exhibición del trasero de este hombre despertaba más opiniones de amas de casa escandalizadas, más crecía su popularidad a nivel nacional. Tanto que apenas comenzaron a barajarse los nombres de los candidatos a la Alcaldía de Bogotá. Gustavo Petro, integrante de la AD M-19, soltó el nombre de Antanas Mockus, y a la gente le gustó. Y aunque en cualquier otro momento de la historia de Bogotá, las locuras de Mockus habrían sido las peores credenciales para aspirar al cargo, la crisis de la ciudad y la fatiga de los bogotanos con los líderes tradicionales son tan hondas que este atrevido personaje se ha constituido en la esperanza para la capital.
Días después, una encuesta realizada por el Centro Nacional de Consultoría para el noticiero CM& reveló que el fenómeno Mockus no era simplemente una respuesta emocional a la irreverencia del rector, sino que sus posibilidades políticas eran evidentes. En el sondeo, Mockus encabezaba los favoritismos para la Alcaldía con el 36 por ciento, desbancando por mucho al que hasta entonces había sido el candidato puntero, Antonio Galán Sarmiento. Hoy por hoy, las encuestas no solamente lo confirman sino que lo señalan como el más probable alcalde de Bogotá para el próximo período.
Y es que parece ser que los bogotanos sienten que ya no hay fórmula válida para la capital. La del gerente honesto y eficiente del sector privado que encarnó Juan Martín Caicedo fracasó en medio del peor escándalo de corrupción que haya visto el Distrito. Y aunque el tiempo se encargó de demostrar que era mucha la tela que cortar tras el carcelazo colectivo al Concejo y al alcalde por cuenta de los auxilios distritales, la imagen que le quedó a la opinión es que el esquema de la figura gerencial no había dado frutos. La otra opción, la del político avezado y del experimentado jurista y administrador público que representa Jaime Castro, ha pasado las duras y las maduras. Por eso la candidatura de Mockus puede ser, como lo afirmó en su columna Roberto Pombo "la fórmula mágica que necesita Bogotá, que es la de elegir a un antialcalde para que solucione los problemas de una anticiudad".


El cansancio con la dirigencia polìtica tradicional no es exclusivo de Bogotà. Este sìntoma de desprestigio ya se habìa manifestado con la elecciòn de Bernardo Hoyos como alcalde de Barranquilla. Contra todos los pronòsticos, el estilo tropical y frentero del sacerdote ha dado buenos resultados. Detrás del criticado cura bailarín de salsa apareció un dirigente audaz que logró poner a funcionar la ciudad y que cambió a 'La arenosa'. Ahora su imagen no puede ser mejor, no tanto por él sino también por el hecho de que no ha robado, ha golpeado a los políticos tradicionales corruptos y ha movilizado a los ciudadanos, quienes, por iniciativa propia, están dedicados a privatizar las empresas públicas de la ciudad.
Mockus se parece al cura en cuanto a su atipicidad y a su excentricidad, pero tiene sobre Hoyos la ventaja de ser un administrador experimentado, toreado en una de las plazas más difíciles del país: la Universidad Nacional. Gracias a su gestión, y a que no le tembló el pulso para sabir las matrículas, la Nacional volvió a tener solidez económica y el presupuesto para el año 1994 es el más alto en dos décadas. Por iniciativa suya, el pénsum académico fue totalmente revisado y corregido, y la investigación volvió a ocupar un lugar preponderante en el programa academico. Igualmente importante para la Universidad fue el hecho de que, como dijo a SEMANA un funcionario del Ministerio de Hacienda, "su paso por allí acabó con la vagabundería del mal llamado Bienestar Universitario".
A pesar de ello, hay quienes aún se preguntan si las vistosas apariciones de Mockus no son más que populismo electorero. Pero muestra de la seriedad de su candidatura son sus posturas ante temas como el autoavalúo y el problema fiscal de Bogotá. En medio de las protestas y de la impopularidad del autoavalúo, Mockus se arriesgó a perder votos al salir en defensa de una medida que, como pocas en el pasado reciente, reunió a 35.000 personas que marcharon en señal de protesta en la Plaza de Bolívar. Esta posición, como lo afirmó Enrique Santos Calderón en su columna 'Contraescape', "revela seriedad y honestidad intelectual" del original candidato. Asimismo, y a riesgo de echarse encima a sus electores, el ex rector no ha cesado en afirmar que si los bogotanos quieren vivir mejor, tienen que pagar más impuestos. Esta no es, bajo ningún punto de vista, una frase que consiga muchos adeptos, sobre todo en una ciudad en la cual pagar impuestos sobre el valor real de los bienes y no sobre valores irrisorios de hace 20 años amenazó con volverse un problema de orden público. A pesar de ello, y contra todos los pronósticos, Mockus acapara el 69 por ciento de las preferencias para la elección de alcalde.

¿A QUE JUEGA PEÑALOSA?
Con las cifras de las encuestas en la mano, es fácil entender a qué está jugando Antanas Mockus pero no es tan claro qué papel cumple en este momento Enrique Peñalosa. No obstante, todo indica que él, quien perdió una elección de alcalde en 1991, comprendió que a la campaña para suceder a Jaime Castro nadie le iba a parar bolas, y aún menos en abril, cuando todavía faltan seis meses para las elecciones. También entendió que si se sentaba en la mesa de debate con uno de los candidatos que iban perdiendo en las encuestas, a duras penas lograría llenar las dos primeras filas de un auditorio. Por eso cuando se fue a repartir volantes a la Universidad Javeriana, dijo a los estudiantes que le gustaría una confrontación con el más carismático y popular de sus contrincantes: Antanas Mockus. Los alumnos le cogieron la caña, Mockus aceptó, el debate se armó y fue todo un éxito. Las puertas del recinto tuvieron que ser bloqueadas por la Policía para impedir que entrara más gente a presenciar la confrontación de tesis. Y allí, en plena controversia, Mockus le lanzó un vaso de agua a la cara de Peñalosa, y éste, después de reaccionar con humor, se lo devolvió más tarde. El suceso, claro, fue la comidilla de todos los noticieros y periódicos del país.
De ahí en adelante, la simpatía mutua y la buena acogida de los debates los llevaron a programar otros encuentros en distintos centros universitarios. Y lo cierto es que chuparle rueda a Mockus le ha arrojado buenos resultados a Enrique Peñalosa. Le ha dado una notoriedad y un reconocimiento como conocedor de los problemas de Bogotá que jamás hubiera obtenido si seguía su campaña como antes. "Aunque nada de esto estaba en el libreto, no puedo negar que sin la presencia de Mockus, sin los debates y sin agua, yo no habrìa logrado darme a conocer como lo he hecho en estos días", reconoció Peñalosa.
Adicionalmente, toda esta estrategia, en la que Mockus sólo ha gastado 3.000 pcsos en juguetes del Tía y Peñalosa una pequeña suma imprimiendo volantes, les ha servido para sacar del ring a los otros candidatos a la Alcaldía. Uno de ellos, Saulo Arboleda, quien se había dedicado a estudiar a fondo el tema de la crisis de Bogotá y había elaborado un sesudo programa de más de 100 páginas, se retiró de la contienda ante el apabullante 69 por ciento que obtuvo Antanas Mockus en la última encuesta del Centro Nacional de Consultoría publicada por El Tiempo.
Ante estas cifras, son pocas las dudas que quedan en torno de quién sería el próximo alcalde de Bogotá. Por esa razón ya se están comenzando a elaborar algunas explicaciones sobre la fórmula Peñalosa-Mockus. La combinación de los dos candidatos, que mezcla el carisma de uno con las capacidades administrativas del otro, sumada a la posibilidad de que encuentren un esquema para trabajar juntos por la ciudad, ha tenido mucho eco. Santos Calderón, en su columna de la semana pasada, reconoció las bondades de la combinación: "Lo ideal, a mi modo de ver, sería un binomio Mockus-Peñalosa. Alguna llave que combinara la ascendencia y el respaldo ciudadano de Antanas con el conocimiento y la formación técnica de Peñalosa, de manera que se pudiera garantizar una fórmula para salvar a Bogotá".
Y aunque el propio Peñalosa dice que la llave podría ser que él ocupara la Alcaldía y Mockus encabezara una lista para el Concejo, la verdad es que el que va ganando para alcalde es Mockus, y el esquema suena poco probable. Peñalosa sabe que no va a ganar. ¿Entonces a qué aspira?
Para algunos, le puede estar apostando a que, por ser la de Mockus una candidatura totalmente emotiva, exista la posibilidad de que el entusiasmo ceda sorpresivamente y el ex rector de la Nacional pierda puntos en las encuestas. En ese caso, podría captar al electorado que el otro logró despertar. También puede estar jugando a que la alta recordación que le han dado sus apariciones al lado de Antanas lo conviertan en un peso pesado ante la opinión y en el número uno del liberalismo en Bogotá. Pero esa probabilidad es más remota después de que el fallo del Consejo Nacional Electoral determinó que no habrá consulta popular para elegir el candidato liberal a la Alcaldía. En esas condiciones, y en vista de lo que ha sucedido en los últimos 20 años, todo conduce a que el Partido Liberal llegará dividido, y a que Peñalosa tiene altas posibilidades de quedar no con la primera, pero sí con la segunda votación liberal más importante en la capital, después de Antonio Galán e inclusive por encima de Julio César Sánchez y del mismo Carlos Lleras de la Fuente.

ESCAPADOS DEL LOTE
Con este panorama, está más o menos claro para qué le sirve a Mockus su tándem con Peñalosa y para dónde va este último. Como el propio Mockus lo definió sentado al lado de su oponente y citando a Jorge Luis Borges, "no nos une el amor, sino el espanto". Pero la pregunta que se formula la gente es cuánto puede durar este matrimonio por conveniencia.
Porque lo que han hecho hasta ahora estos candidatos a inquilino del Palacio Liévano se parece a lo que dos ciclistas rivales cuando se escapan del lote faltando muchos kilómetros para la meta: al principio trabajan en equipo para terminar el recorrido; pero a poca distancia de la llegada no tienen más romedio que enfrentarse en el sprint definitivo. Así las cosas, pase lo que pase en el último tramo de esta campaña, lo cierto es que, tal como han actuado hasta ahora, Antanas Mockus y Enrique Peñalosa han protagonizado una verdadera innovación en la forma de hacer política en Colombia.


'NOMBRAMIENTOS POR CONCURSO'

SEMANA: ¿Cómo enfrentaría la inseguridad en Bogotá?

ANTANAS MOCKUS: Creando más solidaridad entre ciudadanos y policías, y entre los mismos ciudadanos. La gente debe ponerse en el papel del agente policial y viceversa. Es más: me gustaría que los policías fueran a dictar conferencias a los colegios y a las universidades. Por otra parte, si uno conoce al vecino y le mira la casa con ojos de ladrón, puede advertirle las fallas que tenga en cuanto a seguridad. Pero hay otras cosas básicas, como tener capacidad de monitorear a la delincuencia por computador. Así se podría saber cuál es el delito más cometido, el sector más perjudicado, etc., de modo que se puede prevenir el crimen. Yo soy de los que creen que los guaches no nacen guaches: se contagian de la guacherna.

SEMANA: ¿De qué forma resolvería el caos del transporte?

A.M.: En primer lugar, sentaría en una mesa a representantes de los automovilistas, los transportadores y hasta los peatones para hallar una solución concertada. De este modo terminarían por fijar un mecanismo en el que, como en el juego de la pirinola, todos ponen y todos reciben. Experimentaría hasta encontrar lo más indicado. Además, implementaría un sistema de monedas especiales para financiar programas diversos, como el que se implantó en Cali. En cuanto al metro, pienso que lo haría si Bogotá paga un alto porcentaje y la Nación el resto. Lo contrario me parece no realista e incluso inmoral.

SEMANA:¿Cuál es su fórmula para optimizar la administración de la ciudad?

A.M.: Modernizarla. Lo cual significa varias cosas. En primer término, que los funcionarios sean nombrados después de haber ganado un concurso de méritos, de manera que sean muy calificados y que entiendan, eso si, que uno nunca acaba de aprender. En segundo lugar, es importante que haya más planeación para que exista más continuidad en los programas por realizar. El tercer punto tiene que ver con que se establezca un proceso de descentralización tan ambicioso que en 10 ó 15 años la ciudad debe no tener alcalde mayor, sino gobernarse por parte de los alcaldes menores. Por último, tengo que dejar algo en claro: mi administración garantizaría el uso eficiente de los recursos. No habría corrupción por ningún lado, y se le diría a la gente con anticipación cuál será el valor de las obras.

SEMANA: ¿Como cuál ciudad del mundo le gustaría que fuera Bogotá?

A.M.: YO quiero tanto a esta ciudad que deseo verla mejor, y no como ninguna otra.

SEMANA: De 1 a 10, ¿cómo califica la gestión del alcalde Jaime Castro?

A.M.: De 7 a 8 en lo importante, pero de 2 a 3 en lo urgente.

SEMANA. Si fuera alcalde, ¿en qué cargo nombraría a Enrique Peñalosa?

A.M.: Eso tendría que decidirlo luego de que él gane, como estoy seguro de que lo haría, un concurso de méritos. Sé que a él le gustará, porque, definitivamente, para un buen académico llegar a un cargo importante por concurso resulta muy placentero.

'LA NACION TIENE QUE AYUDAR'

SEMANA: ¿Cómo enfrentaría la inseguridad en Bogotá?

ENRIQUE PEÑALOSA: Aquí hay cuatro puntos fundamentales. En primer lugar, creo que Bogotá requiere más recursos de la Nación para resolver este problema. El Presidente de la República y el Ministro de Defensa deben asumirlo así, y no como ha ocurrido por muchos años, durante los cuales si al Ministro le preguntan por las fallas de la seguridad en la capital, responde como si le estuvieran hablando de Zimbabwe. En segundo término, pienso que debe conseguirse la asesoría de un cuerpo policial famoso en el mundo, como, por ejemplo, el francés. En tercer lugar, considero indispensable erradicar la corrupción de la Policía para que los ciudadanos confíen en ese organismo y le colaboren. Y, finalmente, creo básico lograr la seguridad en los barrios haciendo que los vecinos se conozcan mejor y se ayuden. Para mí, este problema de la criminalidad es apenas la punta del iseberg de algo que se ha puesto de moda en el país: la cultura del avivatazgo.

SEMANA: ¿De qué forma resolverìa el caos del transporte?

E.P.: Hay que atacar por varios flancos. Para empezar, es vital hacer cumplir las normas y sancionar a los infractores. De otro lado, hay que mejorar el transporte público no sólo restringiendo el estacionamiento en las calles, sino eliminando el hecho de que los ingresos del conductor de bus dependa de los pasajes que venda. ¿Cómo? Con el sistema de tiquetes, de manera que el chofer reciba un buen salario de su empresa. También se hace necesario construir una gran vía por el occidente de la ciudad, perfeccionar la Circunvalar aunque se cobren peajes urbanos y edificar una avenida por el centro de la ciudad, de norte a sur. En cuanto al metro, considero que la Nación debe ayudar, por lo cual estoy en desacuerdo con la propuesta de Ernesto Samper. Y para quien no crea que la Nación debe colaborar, les doy este dato: un kilómetro de metro superficial, que es el más barato, cuesta 30 millones de dólares, mientras el recaudo de predial en un año apenas supera los 55 millones. Por último, estimo importantísimo para hacer todas las vías que he mencionado, cobrar la sobretasa a la gasolina, como en otras ciudades del país.

SEMANA: ¿Cuál es la fórmula para optimizar la administración municipal?

E.P.: Eliminando de tajo la corrupción y dándole mucha participación a la gente, de modo que haya más eficiencia. Con un cambio de mentalidad de esa magnitud todo cambiaría.

SEMANA: ¿Como cuál ciudad del mundo le gustaría que fuera Bogotá?

E.P.: Para hablar en términos realistas, me parece que el ejemplo de Curitiva, en Brasil, es muy interesante.

SEMANA: De 1 a 10, ¿cómo califica la gestión de Jaime Castro?

E.P.: Con 5 puntos.

SEMANA: Si fuera alcalde, ¿en qué cargo nombraría a Antanas Mackus?

E.P.: Dado que le concedo la máxima importancia a la participación de la gente, creo que lo encargaría del Programa de Organización Comunitaria.


¿QUIENES SON LOS GUARDIAS ROJOS?
EN LA parte alta de un muro de la plaza Che Guevara, de la Universidad Nacional, y pintada en tinta roja, hay una leyenda que dice: "Viva el presidente Gonzalo". Cerca de allí, en una pared del auditorio León de Greiff, se observa otra consigna: "Defender la vida del presidente Gonzalo". Debajo aparece la efigie de Abimael Guzmán, el líder de la agrupación Sendero Luminoso, capturado el año pasado. A primera vista, estas inscripciones, que podrían parecer frases de solidaridad con el grupo guerrillero peruano, reflejan sólo una simpatía ideológica o política. Pero no. Un estudiante de la misma universidad tiene la respuesta: "Es la manera como los Guardias Rojos -un grupo extremista de corte maoísta- nos hace sentir su presencia. Esas 'pintas' son intocables. Nadie las puede borrar, porque puede ganarse una trompada en la cara o un tiro en la cabeza".
Hasta antes del incidente de Mockus y Peñalosa, los Guardias Rojos habían pasado prácticamente inadvertidos. Sin embargo, para la comunidad estudiantil de la Nacional ya tenían una historia. Aparecieron hace tres años y se autoproclamaron Guardias Rojos en homenaje a los escoltas personales de Mao, que durante la Revolución Cultural china -al estilo de los Camisas Negras de la Italia fascista- arrasaron y quemaron todo lo que pensaban era literatura burguesa, reaccionaria o decadente. Es tal su fanatismo, que en la Nacional, donde nadie se sorprende con este tipo de cosas, se les cataloga desde entonces como "ultrafascistas de izquierda".
Los Guardias son también conocidos por los rituales que suelen hacer cada ocho días para "propagar y hacer respetar las ideas de Mao Tse Tung". Con una disciplina férrea, casi militar, en absoluto silencio y encapuchados, se paran frente a los estudiantes y levantan una gigantesca bandera roja que veneran. Gritan sus consignas y en cuestión de dos o tres minutos desaparecen. "Si la ocasión es muy importante, como un aniversario de la Revolución China o un cumpleaños de Abimael, se demoran más y alguno de ellos toma la vocería para un discurso de corte totalitario, dogmático e insuestionable, cuyo único fin es realzar la fgura de Mao", dijo otro estudiante a SEMANA.
Aunque directivas y estudiantes reconocen que estos Guardias no son más de 30, el peligro radica en que sus apariciones son precedidas de actos extremistas y vandálicos cada vez de mayor envergadura. Hace poco, por ejemplo, incendiaron el automóvil de un decano. Cobran vacuna a las cafeterías de la Universidad; mantienen nexos con los expendedores de droga, y la Policía tiene indicios de que podrían estar vinculados a grupos guerrilleros. Por todo esto numerosos profesores y alumnos de ese centro educativo esperan que las autoridades, apoyadas en los cuerpos de inteligencia, controlen a los Guardias Rojos, el reducto extremista más beligerante de la Nacional.

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