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| 3/20/2013 12:00:00 AM

El duro golpe a la Oficina de Envigado

Tras el repunte de la violencia en Medellín, la captura de ‘Pesebre’ fue un alivio para la Policía.

La llegada a Medellín del director de la Policía, general José Roberto León Riaño, fue triunfal. Hacía apenas un día había trasladado su despacho a esta ciudad y su sola presencia bastó para que cayera uno de los más temidos y buscados criminales de la ciudad. En la madrugada del martes, un grupo de 30 policías llegó al hotel Río Manso, donde se encontraba alias ‘Carlos Pesebre’ con nueve de sus más cercanos colaboradores.

A ‘Pesebre’ lo señalan de ser el jefe de la banda criminal de Robledo, que extorsionaba en las comunas 5, 6, 7 y 13 de Medellín. El delincuente llevaba más de 20 años en la vida criminal, vinculado a grupos narcotraficantes en la capital de la montaña. A finales de 2012, se conocieron sus diferencias con el entonces jefe de la ‘Oficina de Envigado’, alias 'Sebastián', quien habría pedido ayuda al ‘Loco Barrera’ para matar a ‘Pesebre’. Al parecer, este era partidario de hacer alianzas con la banda de los 'Urabeños’, que pretenden quedarse con las rentas ilegales en Medellín, pero el resto de la oficina se oponía a ceder.

‘Pesebre’ no era un personaje menor dentro de la organización. Incluso, en las pasadas elecciones tuvo el poder de ordenar a cientos de habitantes de la comuna 13, una de las más conflictivas de la ciudad, que apoyaran electoralmente a candidatos. Tras su captura, en la noche del martes, se escucharon estallidos en esa comuna.

El duro golpe a esta organización estuvo precedido por un valiente y sincero comunicado del arzobispo de Medellín, Ricardo Tobón Restrepo. En medio del festejo después de que Medellín fue premiada como la ciudad más innovadora del mundo, el religioso invitó a reflexionar sobre 15 inquietudes, todas relacionadas con la violencia, la desigualdad y la pobreza en la ciudad.

Pero la Iglesia no había sido la única en llamar la atención sobre la grave situación de Medellín. Varias organizaciones de derechos humanos, como la ONG Corpades y la Mesa de Derechos Humanos del Valle de Aburrá, venían alertando desde hacía varios meses sobre los incrementos en extorsiones, enfrentamientos incluso con fusilería, explotación sexual forzada, tráfico de drogas y muchas otras actividades de los grupos armados en Medellín.

Al mismo tiempo, la Defensoría del Pueblo emitió un informe de riesgo el 6 de marzo, donde llamó la atención porque “en las comunas 8 y 13, y en el corregimiento San Antonio de Prado y el corregimiento Altavista, el riesgo para la población se deriva del accionar de los grupos armados ilegales autodenominados los 'Urabeños’, la ‘Oficina de Envigado’ y algunos combos que se resisten a la cooptación por parte de los 'Urabeños' y por la probabilidad de que la población civil quede interpuesta en acciones violentas de estos grupos contra los miembros de la fuerza pública”.

Las alertas fueron premonitorias. El fin de semana del 8 al 10 de marzo, solamente en Medellín, se presentaron 24 homicidios. La reacción inmediata del presidente Juan Manuel Santos fue enviar al director general de la Policía, José Roberto León Riaño, a despachar a Medellín hasta cuando se revierta la tendencia criminal. Con la captura de 'Pesebre' se dio el primer golpe duro del año a la ‘Oficina de Envigado’. Y faltan todavía más, si el general quiere dar por cumplida la orden presidencial.
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