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| 2/21/2000 12:00:00 AM

El ‘embarazo’ de los hombres

Contra lo que se pensaba, los hombres también sufren cambios hormonales durante su preparación para la paternidad.

Para todo el mundo está claro que una mujer embarazada está a merced de cambios hormonales bruscos. Después de todo está albergando otro ser en el interior de su cuerpo, el cual necesariamente tiene que reaccionar ante las necesidades metabólicas del huésped. Sin embargo es menos común la idea de que los futuros padres estén sometidos a síntomas como la ansiedad, la fatiga y un apetito arrasador durante los embarazos de los cuales son responsables. No obstante, ¡las tres cuartas partes de los hombres en ‘estado de paternidad’ experimentan dichos síntomas!

Hasta hace poco nadie se había molestado en mirar qué ocurre con las hormonas de los hombres ‘embarazados’. Pero luego de estudiar la literatura existente acerca de los machos embarazados de otras especies, Anne Storey, sicóloga de la Memorial University de Terranova en St Johns decidió que ya era hora de estudiar este aspecto de la vida de las personas. Sus resultados están próximos a ser publicados en el libro Evolución y comportamiento humano.

Los cambios hormonales en una mujer embarazada no están relacionados únicamente con el bienestar inmediato del feto. También constituyen un proceso de preparación para su papel de madre. En la mayoría de las especies animales, sin embargo, el papel del padre está limitado a la inseminación de modo que no habría por qué esperar ningún cambio hormonal relacionado con la inminencia de la paternidad. Sin embargo, hay excepciones. Más del 90 por ciento de las especies de aves, por ejemplo, son ‘biparentales’. Eso significa que sus relaciones son esencialmente monógamas (con una pizca de adulterio de vez en cuando) y que ambos padres participan en el cuidado y la crianza de los pequeños. Los pájaros macho que aportan en la crianza tienden a experimentar cambios hormonales importantes antes del nacimiento de sus crías. Otro tanto ocurre con la proporción, mucho menor, pues es inferior al 10 por ciento de mamíferos que son biparentales.

Cuando una mujer queda embarazada aumentan los niveles de varias de sus hormonas. Dichas hormonas incluyen el cortisol (relacionada con el estrés), el estradiol (la principal hormona sexual femenina) y la prolactina (que, como su nombre lo indica, promueve la producción de leche en sus tejidos mamarios). Se sabe también que en las hembras de por lo menos ciertas especies los niveles de estas hormonas están correlacionados con subsiguientes comportamientos maternos como el apego hacia los recién nacidos.

La primera tarea de la doctora Storey fue observar las tendencias de cambio en las hormonas de los hombres. Para tal fin contrató 34 parejas provenientes de una serie de clases prenatales y les tomó muestras de sangre. Los hombres pertenecientes a dichas parejas mostraron variaciones significativas en sus niveles de cortisol, testosterona (la principal hormona sexual masculina y, por consiguiente, el equivalente masculino del estradiol) y de prolactina en el transcurso del embarazo de sus compañeras. En cada caso, el nivel de la hormona en cuestión cambió en una forma que correspondió muy bien con el patrón observado en las mujeres embarazadas. Esa es, presumiblemente, la razón por la cual los hombres experimentan en las etapas previas al parto muchos síntomas idénticos a los de sus mujeres. La hipótesis de la doctora Storey, que está apoyada por evidencia proveniente de otras especies biparentales, es que los niveles incrementales de hormonas predisponen a los hombres a portarse paternalmente al nacer su hijo.

Además de efectuar un seguimiento de los cambios a largo plazo, la doctora Storey también se interesó en las respuestas de corto plazo del padre embarazado ante cosas relacionadas con el mundo infantil. Para estudiarlas, ella y sus colegas tomaron muestras de sangre antes y después de un procedimiento de media hora en el cual la pareja miraba junta un video de una madre dándole pecho a un niño, escuchaba el llanto de un recién nacido y alzaba una muñeca vestida con pañales y cubierta con una cobija que acababan de ser utilizados por un bebé real. Los futuros padres quedaban así expuestos a estímulos visuales, auditivos, táctiles y olfativos asociados con la presencia material de un bebé.

Los investigadores hallaron que, al igual que las mujeres, los señores mostraron un descenso significativo en los niveles de cortisol durante el proceso. Entre más cercano se encontraba el padre al momento del alumbramiento, más pronunciada era la caída experimentada en el nivel hormonal. Adicionalmente, los hombres que alzaron la muñeca durante los 30 minutos que duraba el proceso de percepción de presencia de un bebé, mostraron descensos mucho mayores en sus niveles de testosterona que aquellos que alzaron el muñeco durante menos tiempo.

Todo lo anterior sugiere que los futuros padres registran cambios vitales prácticamente tan significativos como los de sus compañeras, probablemente como resultado de las señales de comportamiento y químicas que éstas les envían. Muchas mujeres, sin embargo, dudan que los cambios mencionados logren alterar los circuitos cerebrales de sus compañeros hasta el punto de cambiar el reflejo de “vamos a tomar unos tragos con los amigos” por el de “vamos a limpiar esta colita”.
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