Viernes, 20 de enero de 2017

| 2008/10/25 00:00

El escándalo del ‘Water-Polo’

El 'Watergate' criollo, que puso al DAS a espiar a Gustavo Petro y al Polo Democrático, deja sospechas sobre quién dio la orden y seguramente no terminará con la caída de la directora de esa entidad.

El escándalo del ‘Water-Polo’

El martes pasado, la directora del DAS, María del Pilar Hurtado, estaba en una reunión administrativa con funcionarios de la cúpula de ese organismo de inteligencia, cuando recibió una llamada urgente de uno de sus asesores. "En este momento el senador Gustavo Petro está mostrando en directo por televisión un memorando del DAS que ordena hacerle seguimientos", le dijo.

Desconcertada por lo que su funcionario le decía, lo primero que atinó a responder era que eso no era posible y que se podía tratar de una denuncia falsa, pues ella no había dado esa orden. Colgó y continuó despreocupada con su reunión. Minutos más tarde recibió una nueva llamada en la que le informaron que Petro ahora mostraba un segundo memorando y leía el contenido de unos documentos en los que se daban órdenes de seguirlo a él y buscar información sobre miembros de su partido, el Polo Democrático Alternativo.

Hurtado empezó a angustiarse. El asunto parecía muy delicado. Ordenó entonces a sus subalternos verificar de inmediato la denuncia de Petro. No pasó mucho tiempo hasta cuando tuvo en sus manos los memorandos que el senador había mostrado en televisión. Cuando los leyó, supo que sus horas como directora del DAS estaban contadas.

Las órdenes mostradas por Petro no eran apócrifas y habían sido emitidas por el DAS. Hurtado salió a los medios y públicamente dijo que "ni ella, ni el Presidente habían dado la orden y que abriría una investigación". Los dos memorandos internos que ordenaban recopilar información que probara vínculos del senador y del Polo Democrático con grupos ilegales y con testigos contra el gobierno, fueron ordenados por el coordinador de inteligencia política y social, Jaime Fernando Ovalle. Un mando medio muy respetado y funcionario de carrera con 14 años en la institución.

Según las directivas del DAS, todo se originó en un funcionario con exceso de iniciativa -Ovalle- y, sin que nadie se lo ordenara, firmó las dos solicitudes a las 27 seccionales del DAS. La primera, que indagaba sólo por los movimientos y contactos de Gustavo Petro, fue emitida el 29 de agosto. Y la segunda, en la que ampliaba el horizonte a todo el Polo Democrático, tiene fecha del 16 de septiembre. En ambas circulares se dio un "plazo perentorio" para ser cumplidas.

Si bien tanto el DAS como el alto gobierno trataron de minimizar el escándalo diciendo que se trató de una metida de pata de un funcionario de tercer nivel, para muchos es difícil creer que Ovalle haya actuado motu proprio. ¿Por qué un hombre tan curtido en asuntos de inteligencia arriesgaría su futuro y su carrera al tomar solo una decisión tan sensible? ¿Acaso Ovalle, quien manejaba el área política en el DAS, no había calibrado las consecuencias de sus actos si se tienen en cuenta las anteriores denuncias de la Corte Suprema y de la oposición, que en repetidas oportunidades han dicho que están siendo vigilados por el DAS? ¿Sería que Ovalle no había asistido a reuniones en las cuales la misma directora había instruido a sus subalternos expresamente de abstenerse de vigilar a magistrados o a miembros de la oposición política? ¿Por qué Ovalle violó la directriz interna del DAS que desde hace dos años señala expresamente que la cúpula de la institución es la única que puede dar órdenes a los funcionarios en el nivel nacional?

Hasta ahora, Ovalle no ha querido responder estos interrogantes, lo que puede despertar sospechas de que fue solamente utilizado como chivo expiatorio. El propio Petro ha dicho que no cree que el presidente Álvaro Uribe haya dado la orden, pero dice que cree que "hay otras fuerzas más poderosas detrás de esa instrucción". No es difícil deducir que el senador está pensando en altos funcionarios del gobierno. De hecho, sugiere que el memorando está íntimamente ligado a las declaraciones que dio el Presidente el 12 de agosto en una larga rueda de prensa, en las que lo señaló de estar, junto a la senadora Piedad Córdoba, montando testigos falsos contra el gobierno.

La presunción de Petro podría ser interpretada como una simple declaración de un opositor político ensañado contra el gobierno, de no ser porque coincide con acontecimientos recientes que involucran en el mismo sentido a funcionarios de la Casa de Nariño. El DAS es un organismo de seguridad e inteligencia que recibe órdenes directas de la Presidencia, y no sería la primera vez que sus funcionarios intentan echar mano del DAS para adelantar labores poco santas.

El más reciente capítulo fue el bochornoso episodio de alias 'Job', revelado por SEMANA, cuando algunos enviados del ex jefe paramilitar 'Don Berna' fueron recibidos en la Casa de Nariño porque ofrecieron a altos funcionarios entregar información que presuntamente comprometería a miembros de la Corte Suprema.

En esa oportunidad, funcionarios de Palacio llamaron a la directora del DAS para que realizara unas interceptaciones ilegales a magistrados de la Corte Suprema, ante lo cual Hurtado se negó rotundamente. Desde ese momento la directora fue vista por el círculo más cercano al Presidente como una persona poco colaboradora. Y, a juzgar por su salida la semana pasada, desde entonces empezó a caer en desgracia. Algo similar a lo que varias fuentes aseguran que le ocurrió al anterior director del DAS, Andrés Peñate, quien después de una exitosa gestión de reforma estructural -y sin escándalos-, resintió que algunos altos funcionarios de Palacio vieran al DAS más como una policía política del gobierno que como una central de inteligencia que necesita un Estado para defenderse de poderosas amenazas.

El Presidente ni siquiera quiso recibir a la directora del DAS cuando llevó su carta de renuncia la noche del miércoles pasado. Que en seis años del gobierno Uribe ya hayan pasado tres jefes de DAS revela las dificultades que ha tenido esta administración para manejar una entidad tan estratégica para la seguridad democrática.

Y más paradójico resulta el hecho de que mientras Peñate y Hurtado, quienes se esforzaron por reformar la entidad, darle un norte estratégico, conseguirle respeto internacional y ponerles límites claros a las funciones de inteligencia, hayan salido bajo la mirada indiferente del primer mandatario, el Presidente, en cambio, haya defendido a capa y espada la gestión del ex director del DAS Jorge Noguera, hoy investigado por la Fiscalía por presuntamente haber puesto la institución al servicio de los paramilitares.

Frente a este nuevo escándalo en el DAS, que podría terminar por salpicar nuevamente a la Casa de Nariño, el Presidente decidió poner distancia. "Me da mucha tristeza la salida de la directora del DAS", dijo el mandatario el viernes pasado, y luego afirmó que no descartaba que el caso de los memorandos contra Petro se tratara de una estratagema para enlodar al gobierno. "Yo pienso que allí hubo una trampa. A quién se le ocurre que un agente con experiencia en inteligencia iba a mandar una circular para investigar a un partido político. ¿Qué hay detrás de eso? Ánimos de hacerle daño al gobierno. Esta mañana hablé con un compañero de la Presidencia y le dije: 'mire, ahí con toda la perversión están haciendo circular el infundio de que usted dio esa orden en el DAS'. Él se indignó mucho", dijo el Presidente, en una clara alusión a una versión no confirmada, según la cual el funcionario del DAS que ordenó vigilar y buscar información contra Petro y el Polo Democrático habría recibido instrucciones del asesor presidencial José Obdulio Gaviria.

Pocas horas antes de la declaración de primer mandatario, Gaviria se anticipó a esos rumores que lo relacionaban con el escándalo. En declaraciones a la emisora La W afirmó que "miente Petro y mienten quienes digan que yo tengo algo que ver con el DAS, incluso en el aspecto personal, ni profesional, no conozco al personaje aquel que hizo la circular que yo llamaría bobada".

El Presidente y José Obdulio claramente buscan evitar que el escándalo del seguimiento a Petro llegue a la Casa de Nariño. Y, en realidad, hasta ahora no hay pruebas que permitan afirmarlo. Pero con los antecedentes recientes queda un mal sabor y se despiertan muchas sospechas. Por ahora, la Procuraduría General ya anunció la apertura de una investigación para establecer quién dio la orden de realizar labores de inteligencia contra Petro y el Polo Democrático, y no es descartable que la Fiscalía haga lo mismo.

Tiempos de cambio

Mientras se conocen los resultados de esas pesquisas, el DAS ha quedado una vez más en entredicho, lo que vuelve a abrir el debate acerca de cuáles deben ser las funciones de esa entidad en un Estado democrático. Es un reversazo frente a lo que estaban logrando las últimas administraciones de la institución.

Pero es necesario reconocer que aún faltan cambios de fondo en el DAS. Ni Peñate ni Hurtado contaron con el apoyo decidido del Ejecutivo para impedir que siguiera siendo la entidad de bolsillo de la Presidencia. Conocedores del tema dijeron a SEMANA que, irónicamente, el menos interesado en que el departamento evolucione parece ser el propio gobierno. "A nadie realmente le interesa que haya reformas serias, ya que estas impedirían que, como pasa ahora, cualquier funcionario de Palacio llame a dar órdenes a cualquiera en el DAS, para hacer lo que a ellos les parezca", afirma un ex jefe de inteligencia de esa entidad.

El escándalo es, sin duda, oportuno para hacer un debate serio sobre esa dependencia. Pero antes de eso es necesario que el país conozca quién o quiénes estuvieron detrás de este episodio de espionaje contra el senador Petro y el Polo Democrático. Por ahora, ni la teoría del funcionario con exceso de iniciativa, ni la de la conspiración para enlodar al gobierno son muy creíbles.

En cualquier parte del planeta, ser pillado espiando a la oposición política evoca el recuerdo de Watergate, aquel escándalo de los años 70 en Estados Unidos que, por intentar encubrirlo, el presidente Richard Nixon terminó obligado a renunciar.

En este caso, todo se reduce a una pregunta: ¿quién dio la orden?
 

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.