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| 9/12/2014 12:00:00 AM

El esmeraldero que cayó en un cafetal

Luis Eduardo Murcia, alias “Pequinés”, recibió siete impactos de bala.

Luis Eduardo Murcia, alias “Pequinés”, recibió siete impactos de bala, murió solo, tendido en un cafetal, y a esta hora nadie sabe qué se hicieron sus escoltas, un poderoso ejército privado que llegaba haciendo ruido en cada uno de sus desplazamientos aunque se esfumó en el momento más crucial.

Con su muerte, las autoridades temen el renacer de la guerra de las esmeraldas, una de las piedras preciosas más míticas que produce Colombia. Son tan espléndidas en su belleza como sangrienta la larga historia por poseerlas.

La Policía Nacional reportó el asesinato del comerciante de piedras preciosas, que en su momento promovió un proceso de paz para detener los centenares de muertos en las zonas de esmeraldas del país.

Aunque el comandante de la región 1 de la Policía en Cundinamarca, coronel Pedro Carpio, le dijo a la Agencia AP que “Pequinés”, “estaba comprando unos gallos y, de un momento a otro, irrumpieron dos personas que estaban armadas y abrieron fuego”, otras fuentes sostienen que en realidad su muerte se produjo en un paraje solitario y sin la presencia de testigos.

Murcia fue asesinado la noche del jueves en zona rural del municipio de Arbeláez, en el departamento de Cundinamarca y a escasos 50 kilómetros de Bogotá.

En la versión de la Policía, las dos personas que acompañaban al esmeraldero resultaron ilesas, informó Carpio. Agregó que aún no se tiene información sobre los eventuales autores intelectuales y materiales del crimen en contra de “el Pequinés”, quien aparentemente trató de huir de sus atacantes y por eso corrió hasta un cafetal, donde las autoridades encontraron su cadáver.

Murcia era socio del más famoso y temido esmeraldero del país, Víctor Manuel Carranza, quien falleció de muerte natural en Bogotá en abril de 2013. Ambos, junto a la Iglesia Católica lideraron un proceso de paz en la zona de las esmeraldas del departamento de Boyacá a finales de la década de los 80.

En el libro “Víctor Carranza, alias El Patrón” (2012) del sacerdote jesuita Javier Giraldo y el legislador izquierdista Iván Cepeda, se dice que entre 1965 y 1990 se libraron tres guerras por el dominio de las esmeraldas. En la primera murieron unas 1.200 personas, en la segunda los muertos se contaron por decenas y en la tercera se calcula que sumaron unos 3.500.

El actual obispo de Engativá, monseñor Héctor Gutiérrez Pabón, quien fue uno de los impulsores del mencionado proceso de paz, calificó de muy grave el asesinato Murcia, pero confió en que la llamada “guerra verde” no volverá al país, especialmente a Boyacá.

“En principio es muy difícil saber quién está detrás de la muerte de Luis Eduardo, quién está detrás de este acontecimiento luctuoso”, indicó vía telefónica a la AP el alto prelado.

“A pesar de la gravedad” del hecho, enfatizó el religioso, “la guerra no se vuelve a desatar porque son dificultades que van en otro orden”.

En su concepto, “una cosa es el proceso de paz (entre esmeralderos) y otra cosa las dificultades que se presentan entre las familias, entre los líderes. Eso son dos cosas distintas”.

Para Gutiérrez Pabón, “el proceso de paz no se ha tocado hasta el momento y ojalá no se toque, pero lo demás sí es delicado porque al parecer hay problemas a nivel de familias esmeraldíferas)”.

Por ejemplo, en noviembre de 2013, Pedro Nel Rincón, alias “Pedro Orejas”, sobrevivió a un atentado con granadas en un poblado de Boyacá. En el ataque, sin embargo, murieron cuatro personas, entre ellas un bebé de cuatro meses. Dos meses después falleció en una clínica de la capital uno de sus hijos, Pedro Simón, quien resultó gravemente herido en el ataque.

Pedro Orejas, que fue detenido 11 días después por los delitos de tráfico de armas y concierto para delinquir, señaló de inmediato a Murcia como el responsable del atentado.

Pero en una entrevista con el canal de televisión RCN, también en noviembre de 2013, Murcia desmintió a Pedro Orejas y, por el contrario, sostuvo que era una sindicación “irresponsable”. Ese día hizo hincapié en una advertencia: “si el gobierno no nos ayuda, se puede desatar una guerra” entre esmeralderos.

Finalmente dijo que “yo lo puedo decir aquí ante el público y ante la nación: si algo me pasa es la familia Rincón”.
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