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| 11/4/1996 12:00:00 AM

El Espadachin del regimen

El Presidente mas atacado por los medios en muchos años tiene en Roberto Posada, D'Artagnan, a su mas firme defensor.

Posiciones controvertidas
D'Artagnan no desconoce la narcofinanciación de la campaña. Considera que la doble vuelta electoral crea presiones económicas que conducen a estas situaciones. Cree sin embargo que, con posterioridad a este hecho, el proceso 8.000 ha adquirido una dinámica irracional donde la verdad ha dejado de existir. Para él, por cuenta de un episodio político electoral se ha montado una novela según la cual una banda de hampones, encabezada por Ernesto Samper, se tomaron el poder en Colombia. Muchas de las personas que atizan este escándalo, según D'Artagnan, carecen de toda autoridad moral para hacerlo. Finalmente, cree que la misión de sus columnas es demostrar que si bien en la campaña pasaron cosas que no debieron suceder, ni los 'buenos' son tan buenos ni los 'malos' son tan malos como se pretende en la actualidad. Demostrar lo anterior lo ha llevado a tomar posiciones que, si bien pueden ser legítimas, no dejan de ser controvertidas. La primera es la de señalar que una cosa es recibir financiación del cartel de Medellín, que es narcoterrorista, y otra es recibirla del cartel de Cali. Puede haber algo de verdad en esa afirmación pero son pocos los colombianos que se atreven a ponerle su firma. Otra tesis que pareció temeraria a sus enemigos apareció en una columna suya sobre el homenaje a Hernán Echavarría Olózaga. En medio del reconocimiento nacional al patriarca antioqueño, D'Artagnan dejó entrever que le parecían más representativos del país el político antioqueño Bernardo Guerra Serna y el sindicalista Jaime Dussán. Guerra y Dussán, que llevan años recibiendo palo en los medios de comunicación, nunca habían tenido una distinción de ese calibre en la página editorial de El Tiempo. Este papel de defensor a ultranza del gobierno lo ha llevado a asumir como propios todos los enemigos de Ernesto Samper. Odia a cualquiera que considere que se le ha atravesado en el camino a su amigo. Esto incluye a ex presidentes como Misael Pastrana y César Gaviria, a columnistas como Antonio Caballero y Plinio Apuleyo Mendoza, a precandidatos como Noemí Sanín y Humberto de la Calle y a dirigentes gremiales como Sabas Pretelt y Luis Carlos Villegas. Estos y muchos otros para él son simples 'conspiretas' que quieren tumbar a Ernesto Samper. En lo personal esta lealtad es sin duda respetable. Pero en lo profesional ha ido más allá de los cánones tradicionales del periodismo de opinión en Colombia. Los ataques de D'Artagnan han incurrido en excesos tanto en la forma como en el contenido. La semana antepasada comparó al ex presidente Gaviria con Carlos Salinas de Gortari. Esto es un despropósito si se tiene en cuenta que el ex presidente mexicano está acusado no sólo de arruinar a su país, sino de una posible vinculación indirecta con el asesinato de Donaldo Colosio. Si en este episodio se le fue la mano, más grave aún fue su columna siguiente. Se trataba de una andanada contra el papel del ex presidente Misael Pastrana en la convención conservadora. Esta hubiera podido tener la validez de una opinión de no haber sido porque a sus argumentos ideológicos les agregó una referencia muy poco elegante sobre la salud del ex presidente. Ya con anterioridad había tenido una salida de tono comparable cuando, siendo Fernando Botero aún ministro de Defensa, se refirió a él como una 'rata' por las declaraciones que dio en la famosa rueda de prensa con el ministro Horacio Serpa. El propio Ernesto Samper le llamó la atención sobre este comentario, del cual se retractó en una columna posterior. Paradójicamente, hoy Roberto Posada se arrepiente más de la retractación que de la acusación original. Amigos y enemigos Algunos han llegado a criticarle a D'Artagnan no solo sus excesos como sus motivaciones. Este comentario obedece a que se le ha acusado de ser el beneficiario de un contrato de televisión en la cadena 3 por un valor de 117 millones de pesos mensuales. Después de ocho meses de vigencia ese contrato acaba de ser renovado por 90 millones de pesos al mes. Para sus malquerientes, con incentivos económicos de esta dimensión el gobiernismo a ultranza del mosquetero no es tan heroico. Para D'Artagnan esta acusación es ridícula, teniendo en cuenta que su samperismo data desde que tenía 12 años. En cuanto al contrato no ve porqué, si en Colombia ha existido la tradición de que los amigos del gobierno tengan noticieros, él tenga que ser la excepción. Al respecto afirma: "Me parece mucho más transparente mi contrato que es poniendo mi nombre, mi firma y mi cédula que la actitud de Andrés Pastrana que le vendió sus acciones en el noticiero TV Hoy a su mamá para poder ser candidato y no quedar inhabilitado". Y hablando de noticieros, notifica que piensa presentar su nombre como aspirante a un informativo en tiempo triple A en una de las dos cadenas de Inravisión tan pronto se defina si habrá una nueva licitación como consecuencia de la reforma de la ley de televisión. Aclara que esta decisión está sujeta a que el periódico El Tiempo, del cual es socio, no licite. Todo esto no es un consuelo para los numerosos enemigos del mosquetero, quienes no contentos con tenerlo que leer se exponen a tener que verlo en televisión todas las noches. Roberto Posada, por su parte, no se arrepiente de la lucha que ha librado y manifiesta que piensa continuarla. Lo único que le duele del proceso 8.000 es que lo ha llevado a distanciarse de personas que fueron amigas suyas toda la vida. Encabezan esta lista la columnista María Isabel Rueda y el caricaturista Héctor Osuna, quienes eran sus compañeros de lucha en otras épocas. Esto le da tristeza y algo de nostalgia pero confía que con el transcurso del tiempo el papel que le ha correspondido desempeñar durante esta crisis va a ser considerado positivo. Sus admiradores le dicen una y otra vez que él es el Horacio Serpa del periodismo. Tienen algo de razón. Pero les falta aclarar que el Ministro del Interior es el ídolo de su gente: la clase política. Definitivamente esta no es la opinión que tienen de D'Artagnan la mayoría de sus colegas periodistas.
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