Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2000/09/04 00:00

El espaldarazo

Con su viaje a Cartagena el Presidente de Estados Unidos inaugurará el Plan Colombia. ¿Qué hay detrás de su visita?

El espaldarazo

La próxima visita del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, a Colombia, sería más noticiosa para los colombianos si fuera a Cartagena del Chairá y no a Cartagena de Indias, como en efecto va a ser. Pero ante los ojos de los ciudadanos del país del norte, no deja de ser una notable muestra de coraje de su presidente pasar unas horas en uno de los países más peligrosos del mundo. “Es como ir al frente de batalla, dice un analista experto en política estadounidense, en una de las guerras centrales de Estados Unidos en este siglo, la guerra contra el narcotráfico”.

Y esa es la primera razón por la cual Clinton visitará a Colombia el próximo 30 de agosto: enviar un mensaje claro y contundente a sus coterráneos de que su gobierno sí es duro contra el narcotráfico. Porque como dijo alguna vez el legendario líder de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes estadounidense, Tip O’Neil: “Toda política es hacia adentro”. Y estando en plena contienda electoral en su país y con el vicepresidente y candidato demócrata Albert Gore perdiendo en las encuestas, el mensaje le da una mano entre los electores en casa.

La calculada audacia del presidente Clinton, está además, muy a tono con lo que ha venido haciendo en los últimos importantes actos de cierre de su mandato: gestionar la paz del Medio Oriente, impulsarla en Irlanda, y ahora “a subrayar personalmente el apoyo de Estados Unidos a los esfuerzos de Colombia de buscar la paz, luchar contra las drogas ilícitas, construir la economía y profundizar la democracia”, según dijo el comunicado oficial de la Casa Blanca.

Con estos actos, entre los cuales la visita a Colombia es de menor calado pero aún así significativa, el saliente presidente se posiciona ante la historia como un líder, al frente de los grandes desafíos del mundo: la paz, la lucha contra el narcotráfico y la defensa de la democracia.

Con unas horas en La Heroica, Clinton dejará oficialmente inaugurado el Plan Colombia, en gran parte suyo pues su gobierno ayudó a gestarlo, lo defendió y le consiguió respaldo financiero en el Congreso con apoyo de ambos partidos. Por eso viene acompañado de Dennis Hastert, representante republicano y Presidente de la Cámara. Hastert había sido un crítico de la política de drogas demócrata, pero en la discusión de la ayuda estadounidense a Colombia en el Congreso este año, la defendió. “Muchos de nosotros en el Congreso creemos que debemos proveer asistencia (a Colombia) ante este peligro inminente, dijo el 11 de enero pasado. Espero que el Congreso y la administración Clinton puedan desarrollar una estrategia de largo plazo para enfrentar esta crisis en Colombia, la democracia más antigua del continente”. También estará con Clinton el senador demócrata Joseph Biden, una de las autoridades en materia de legislación contra las drogas en Estados Unidos. Fue Biden quien creó la oficina del Zar Antidrogas y es codirector del Comité del Senado sobre el Control Internacional de Narcóticos.

En las discusiones del Plan Colombia, Biden fue un fuerte aliado de la ayuda. “Creo que Estados Unidos debe responder el llamado de ayuda de Colombia, declaró en la sesión del 3 de mayo. Pastrana ha demostrado gran coraje al luchar contra las drogas en su país. Nosotros debemos ahora poner de nuestra parte para ayudar”.

Lograr que semejantes pesos pesados visiten este país, cuando hace apenas dos años el presidente colombiano no tenía ni visa, es sin duda otro logro de la exitosa política internacional de Pastrana. El espaldarazo al gobierno colombiano, a su Plan Colombia, e inclusive, a su política de paz, es indudable. (Es muy significativo que en la declaración oficial de la visita de Clinton, primero se menciona a la paz, y, en segundo lugar, la lucha contra las drogas). La presencia física de Clinton no sólo da por comenzado el Plan Colombia, sino que además profundiza el compromiso de su gobierno —gane quien gane en noviembre próximo— con los postulados y la filosofía de la ayuda norteamericana que sancionó en junio pasado.

Es a la vez darle fuerza y amarrar el Plan Colombia ante Colombia, pero también ante toda la región. Una demostración de respaldo tan categórica envía la señal a los países andinos de que el Plan sigue adelante y deben apoyarlo. Clinton anunció, además de su viaje, una directiva presidencial que “ordena, como un asunto de prioridad nacional, un esfuerzo intensificado para ayudarle al gobierno colombiano a implementar al Plan Colombia”.

Y al parecer, no es retórica. Un grupo de técnicos estadounidenses están ya trabajando en llave con sus homólogos en Colombia, y bajo la orientación del consejero presidencial Jaime Ruiz, están desarrollando políticas concretas para manejar tanto el componente social del Plan Colombia, como la estrategia para erradicar cultivos. (Ver recuadro). Por último, que Clinton venga a Colombia, el primer presidente demócrata que pisa la tierra de Macondo desde el carismático John F. Kennedy, es la primera piedra de una etapa totalmente distinta en la que, para bien o para mal, han entrado las relaciones entre Estados Unidos y Colombia.



Relaciones deliciosas

La visita de Clinton tiene una dimensión política adicional. Nunca como ahora la realidad colombiana había estado tan determinada por los intereses de Estados Unidos. Desde Washington se maneja gran parte de los hilos del poder que afectan la vida económica, militar y política del país. Y por esta misma razón los gringos están preocupados por la fragilidad institucional de Colombia para enfrentar el escalamiento de la guerra que alimenta el narcotráfico. Esto no quiere decir que el Departamento de Estado piense que la guerrilla se vaya a tomar el poder ni que ‘Tirofijo’ vaya a izar algún día una bandera roja en Palacio y proclamar la ‘República Popular de Colombia’. Lo que sí ven con creciente temor es la capacidad perturbadora del narcotráfico sobre la vida nacional. Y sobre todo en tres flancos: la estabilidad económica, la agudización del conflicto armado y el crecimiento de los cultivos ilícitos. No en vano en algunos círculos de Washington —como en el Pentágono— Colombia es vista como el ‘país problema’ cuyos flagelos internos pueden tener un coletazo desestabilizador sobre los países vecinos (por ejemplo, vía el desplazamiento de campesinos o el traslado de narcocultivos). “El problema de la inseguridad regional es una fuente de preocupación que aún no está moviendo la política. Esto sí lo hace el problema de las drogas al punto que, si no existiera, no habría Plan Colombia”, dice Arlene Tickner, directora del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de los Andes.

Esa creciente inquietud de los estadounidenses sobre la situación de Colombia no quiere decir que tengan clara la problemática del país. Y en ese sentido la visita de Clinton puede ser bastante útil. La gran mayoría de los policy makers gringos interpretan los acontecimientos del país con un maniqueísmo simplista —y hasta peligroso—, como quien trata de entender la estrategia de una batalla desde la cima de una colina. Por un lado, se encuentran los congresistas —republicanos o demócratas— que creen que con el paquete de ayuda se van a resolver los problemas de la droga. Por el otro, se hallan los críticos de las ONG listos a torpedear la ayuda porque la consideran la reencarnación de Satán. Y también están los altos funcionarios del Departamento de Estado y la Casa Blanca —éstos con una visión más realista—, quienes todavía tienden a ver el conflicto colombiano con el espejo de las guerras centroamericana pues varios de ellos fueron diplomáticos en Nicaragua y El Salvador.

Pero quien verdaderamente desconoce lo que sucede en Colombia es el grueso de la opinión pública norteamericana, para la cual el país se resume en dos palabras: coca y café. Y quizá ahí, en llamar la atención sobre lo que ocurre en este lado del hemisferio, es que la visita de Clinton es más relevante. “Hace mucha falta una comprensión más alta sobre la problemática colombiana. Hay un desfase entre el nivel de cooperación y la comprensión del público norteamericano sobre la realidad colombiana. Y no hay nada mejor para obligar una atención sostenida sobre un país que la visita del presidente Clinton”, dice Michael Shifter, analista del Diálogo Interamericano y quien ha sido invitado al Congreso de Estados Unidos a hablar sobre la situación colombiana. Igualmente, Tickner le dijo a SEMANA que “Estados Unidos tiene un entendimiento inadecuado y parcial de las complejidades de la situación nacional. Al Congreso hay que darle información muy simplificada: en blanco y negro. Y en Colombia es una tonalidad de grises”.

Pero paralelamente a las razones geopolíticas, la llegada de Clinton es el sellamiento protocolario del compromiso del gobierno de Estados Unidos con Colombia. Este respaldo estratégico va mucho más allá del coup de foudre entre Clinton y Pastrana —o de la ‘química’ que mencionara el embajador Luis Alberto Moreno— e involucra los intereses de seguridad nacional de ese país. Hoy por hoy, el 90 por ciento de la cocaína y el 60 por ciento de la heroína que entra a Estados Unidos es producida o pasa por el país. En este sentido, “Colombia se ha convertido en el foco central de los esfuerzos de Estados Unidos para combatir el tráfico de droga”, según dice la directiva presidencial de la Casa Blanca.

De otro lado, Arturo Valenzuela, director de la oficina de Asuntos Interamericanos del Consejo Nacional de Seguridad, le dijo a SEMANA que “la visita de Clinton es un indicio de la prioridad del tema de Colombia para la política internacional del presidente Clinton y para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Una política exterior cuyo progresivo involucramiento en los asuntos internos es casi inversamente proporcional al debilitamiento del gobierno de Colombia y la balcanización de su clase dirigente.



Bipartidismo ‘play’

Sin embargo, no hay que olvidar que el visitante ilustre es un presidente saliente y que el espectáculo de su visita es más una despedida que una bienvenida. ¿Qué va a pasar cuando salga Clinton? Si bien algunos analistas han dicho que la política exterior frente a Colombia podría variar, sobre todo si sube al poder el candidato republicano George W. Bush, quien es considerado más duro frente al tema de las drogas, la posición frente a Colombia parece más producto de una política de gobierno que una política de Clinton. El Plan Colombia, por ejemplo, que tanto pedalearon el embajador Moreno y los asesores de la Casa Blanca, tiene un gran respaldo político en la medida en que fue aprobado en forma mayoritaria por el Congreso. Por eso una de las intenciones del presidente Clinton durante su viaje a Cartagena es la de mostrar que el apoyo a Colombia es bipartidista y por esa razón irá acompañado del presidente de la Cámara, el republicano Dennis Hastert. “Clinton quiere dejar una continuidad en la política con Colombia y ese es uno de los principales motivos de su visita, dijo el embajador Moreno. Lo que hay detrás de esto es un esfuerzo bipartidista y un reconocimiento de que los problemas con Colombia se resuelven con un proceso político”.

La visita de Clinton cierra un capítulo en la historia de las relaciones con Estados Unidos cuya mayor virtud fue la de recuperar la política entre los gobiernos y restablecer la confianza entre los mandatarios luego de los tiempos oscuros del ostracismo samperista. ¿Qué le espera al país al pasar la siguiente página? ¿Se encauzará por el espinoso sendero de la ‘vietnamización’, como lo pronostican los más pesimistas? ¿Ayudará el Plan Colombia a resolver el conflicto interno, como lo creen los más optimistas? En cualquier caso, lo cierto es que la visita de Clinton es muy importante para Pastrana pero es probable que lo sea más para la campaña del vicepresidente Al Gore.

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