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| 2/21/2009 12:00:00 AM

El expediente inédito de DMG

SEMANA tuvo acceso al 'dossier' contra David Murcia Guzmán. Su intención de comprar un banco, de construir un puerto, el papel clave de su astróloga, su naciente campaña política y el seguimiento de los gringos a su caso son algunos de los nuevos capítulos.

Si hasta ahora se han conocido unas pocas grabaciones sobre los movimientos de David Murcia Guzmán y el país no deja de sorprenderse, al revisar las audiencias, leer apartes de las más de 200.000 páginas de su expediente y miles de grabaciones, se descubre un universo casi de ficción.

El hombre que esta semana comenzará a rendir su versión ante la justicia estaba convencido de que, con un puñado de ayudantes, iba a cambiar el mundo y que éste iba a girar a su alrededor. Tenía razones para creerlo, pues en menos de tres años, el joven bien intencionado que en 2005 en La Hormiga, Putumayo, apenas sobrevivía mientras compartía con los pobres, en 2008 se había transformado en un magnate ávido de poder, que movía miles de millones de pesos en efectivo, estaba comprando un banco y había tejido una red de contactos con el poder.

Pero esa era la parte rosa de la historia. Estaba rodeado de personajes oscuros que se hacían poderosos a su sombra, movía dinero de dudoso origen en el exterior y se ingeniaba todo tipo de estrategias para tapar las grietas de su negocio que amenazaban con desplomar su sueño de un momento a otro.

Mientras recogía a manos llenas plata de sus ahorradores, las conversaciones de él y de su gente dan cuenta de cómo penetró el mundo de la política, tanto que en secreto ya había comenzado a diseñar su propia campaña. "No es bueno que los políticos te vean como contrincante, porque entrarías con mucha fuerza y se asustan", le aconsejaba su asesor Daniel Ángel en julio pasado.

En el abundante trabajo de inteligencia realizado en casi dos años por un cuerpo elite de la Policía Nacional, aparecen miles de interceptaciones como la anterior, y reuniones y contactos con decenas de políticos que hoy niegan sus vínculos con su firma DMG.

A la contundente grabación en la que Murcia celebra con William Suárez su triunfo en 10 gobernaciones y alcaldías en 2007, diciendo que "es mejor que abrir mil empresas", se suman otras charlas en las que le ponen nombre a estos respaldos y dan a entender que van detrás de jugosos contratos. El 9 de enero de 2008, Suárez menciona en una llamada desde el departamento del Magdalena que "hay harto trabajo para estos cuatro años", pues "cogimos la gobernación, los hospitales y la parte de seguridad por acá, y también la de La Guajira y la del Putumayo (...) entonces a implantar puestos, oficinas". En otro aparte, Murcia orienta para que lo nombren consejero económico de las administraciones donde DMG tendría injerencia.

Otra sorprendente charla, de marzo de 2008, da cuenta de la negociación de terrenos costeros por 5.000 millones de pesos para construir un puerto. Allí queda claro que ya tienen comprados dos lotes: "Esas dos tierras las vendieron dos familias de Buenaventura que han sido raizales y por eso estaban muy bajitas en los avalúos catastrales". En la conversación busca una fórmula para que la operación no llame la atención de las autoridades.

Sus intereses pronto desbordaron la política regional y ampliaron sus tentáculos al Congreso. Una de sus fichas claves en este proceso fue el representante del Putumayo Orlando Guerra, quien por la radio defendió a DMG. Según las evidencias, en mayo del año pasado Guerra se reunió con Margarita Pabón, y en julio, con Daniel Ángel. En un informe de este último a Murcia le dice: "... estoy almorzando con el del Putu... el Guerrero me sentó con el pre del Senado y pa' las que sea. Me va a sentar con el Súper". Hernán Andrade, ya en esa época presidente del Senado, dijo a SEMANA que nunca se reunió con gente de DMG, que como copartidario de Guerra y amigo del Supersociedades, alguien armó un hilo conductor de algo que no sucedió, y resalta el papel del Súper en el desmonte de la holding de Murcia. Hay referencias de reuniones similares, por ejemplo con Samuel Moreno, entonces candidato a alcalde de Bogotá, quien también lo niega. De todos modos, así se hubieran dado esas reuniones, en sí mismas no significarían nada diferente a dejar en evidencia cómo DMG buscaba acceder a todas las instancias del poder.

En otros casos, las referencias son más comprometedoras. Ángel menciona cómo está patinando en el Congreso la aprobación de un artículo beneficioso para ellos en la reforma financiera, algo que el gobierno siempre ha negado. También hay llamadas de Suárez en las que se refiere a la entrega de un dinero a un senador y concluye con una en la que le dictan la dirección para entregar el monto, que al parecer es la residencia del hoy personero de Bogotá y ex senador: "Francisco Rojas Birry, dirección transversal 59B N.° 127D-06 conjunto Campaña, casa 1, frente al Bulevar Niza por la avenida Córdoba", se oye en la llamada que recibe Suárez el 16 de enero de 2008, a las 3:15 de la tarde. Esta revista no obtuvo respuesta de las llamadas que le hizo a este funcionario durante dos días para conocer su versión.

Aparecen también múltiples menciones a Herman Arias, ex personero de Bogotá, como un posible enlace para llegar a un ex presidente de la República a quien le atribuyen mucho poder en el Congreso. (Arias ha dicho que él asesoró en temas de seguridad a una empresa que no sabía que era de DMG). Y también mensajes en clave de alguien que dice ser de una entidad pública que adelanta negociaciones millonarias sobre un asunto relacionado con el Tren del Pacífico. No han pasado inadvertidos entre los investigadores algunos documentos que le encontraron a Murcia cuando lo detuvieron, como las tarjetas de presentación del representante Guerra y del entonces viceministro de Justicia, Guillermo Reyes, a quien esta revista no logró contactar, y otros escritos hallados en los allanamientos que se hicieron por esos días (ver recuadro Los papeles de Murcia).

Esta ofensiva de DMG para penetrar la clase política no necesariamente implica actuaciones irregulares de las personas mencionadas. El hecho de reunirse con alguien puede ser una indelicadeza, pero no es un delito. Menos teniendo en cuenta de que para entonces DMG era un negocio que funcionaba a los ojos de todos.

Cómo hacía negocios

A la par que Murcia y su gente expandían sus redes políticas, incluso al financiar campañas en Panamá como lo ha revelado la prensa de ese país, su negocio en Colombia empezaba a resquebrajarse. En algunas llamadas eran evidentes los afanes por la falta de dinero en efectivo en los locales y se veían a gatas para cumplir lo prometido a sus tarjetahabientes. En septiembre de 2008 una de las administradoras en Putumayo habló con sus superiores en DMG, angustiada porque ya llevaba tres meses sin pagar a proveedores, y contaba cómo había locales a los que les habían cortado la luz y el agua. Algo similar en otro momento sucedió con las oficinas en Pasto, que demandaban más recursos de los que les entraban.

Era tal el flujo de dinero que en la sede de la Avenida Chile, en Bogotá, estaban devolviendo a sus clientes un promedio de 2.000 millones de pesos diarios. La situación se hacía tan crítica que en las conversaciones telefónicas se escuchaba a los encargados decir "hagan promociones" o autorizar "subir el pago de puntos", por ejemplo a 300, que traducido del lenguaje de DMG significa pagar el 300 por ciento de interés en seis meses, pero con la condición de no retirar mercancía.

Paradójicamente mientras esto sucedía, había clientes especiales a los que les garantizaban rendimientos fijos, y quienes por sus volúmenes de dinero en Colombia y en el extranjero se convirtieron en aliados estratégicos de Murcia. (Ver Los socios ocultos).

Hasta ahora se ha sabido de un nutrido grupo de asesores contables, jurídicos y en comunicaciones, muy conocidos en la sociedad bogotana, que tras cuantiosos pagos, en unas oportunidades trabajaban por ordenar la casa de DMG, y en otras buscaban encubrir las actividades non sanctas del grupo, como reconocieron ante la justicia tres de los más cercanos a Murcia: Suárez, Margarita Pabón y Ángel.

Pero en las decisiones más sensibles de la compañía David Murcia hacía a un lado los diplomas de sus consejeros, y se entregaba a la astrología. Por sus oficinas pasaron, entre otros, la reconocida astróloga Anaís Peña, célebre por prestar sus servicios a líderes latinoamericanos. Las interceptaciones telefónicas indican que decisiones estratégicas del emporio que manejaba cientos de miles de millones de pesos, se tomaban con la carta astral.

Hay un episodio el año pasado en el que el grupo entra en conmoción porque Murcia, atendiendo a los astros, decidió por varios días no firmar documentos. También queda registrado en las interceptaciones cómo la hoja de vida de cada uno de sus más cercanos consejeros era evaluada con estás prácticas, lo mismo que los informes financieros y algunos expedientes jurídicos.

Las consultas de Murcia a la carta astral le marcaron el norte a seguir. En otra de las conversaciones queda registrado cómo súbitamente todos se dieron a la tarea de buscar un banco fuera de Colombia para comprarlo, preferiblemente en Estados Unidos, porque en una de sus sesiones le dijeron a Murcia que sería recordado como gran banquero. Al poco tiempo, dos de sus asesores hablan optimistas del avance en una de estas negociaciones, pero no es claro qué fin tuvieron.

En las llamadas aparece registrada una reunión en Las Vegas (Estados Unidos) con unos empresarios con los que negociaban un canal de noticias, y la prensa panameña cuenta cómo con dinero de DMG se compró un avión en ese país.

Estados Unidos también fue la sede de una de las sociedades inmobiliarias fachada que Ángel y Pabón crearon para ocultar la fortuna de DMG. Esta fue una de las compañías que la Fiscalía aceptó a cambio de una rebaja de penas. También era una de las sociedades a las que el gobierno gringo le había puesto la mirada.

Con los gringos

Pocos días antes de ser capturados, Margarita le pide a Daniel que se reúnan urgentemente, porque la habían citado en la Embajada norteamericana para que explicara el origen de los fondos que manejaba allá. Acuerdan que diga que son recursos propios y familiares, pero dos horas después llama Daniel angustiado a decir que "Espinosa (uno de los socios ocultos de Murcia) ya cantó todo ante los gringos".

Para los investigadores en Colombia, los beneficios que DMG ofrecía se explican sobre todo en un modelo de pirámide a la que podía llegar dinero de cualquier lado. Las transacciones internacionales son el mayor misterio. Decenas de millones de dólares empezaron a circular por varios países por cuenta de DMG, y no se sabe aún de dónde salieron. Ángel se especializó en mover el dinero de Murcia en el sector inmobiliario. A veces sólo pedía comisión de las transacciones que hacía, como el caso de varias propiedades en Bogotá que Murcia compró por 10.000 millones de pesos, y varias que negoció con su primo Santiago Baranchuck en México. Por su lado, Pabón se especializó en mover dineros a destinos como Suiza y en crear empresas. En Colombia, por ejemplo, tenía la orden de crear cientos de empresas para después 'quemarlas' en palabras de ellos. La idea era meter los recursos en el sector financiero y al cerrar las empresas lograban que la banca les diera cheques de gerencia, con lo que podían apalancar nuevas sociedades cada vez más limpias sobre sus recursos.

De esta forma también podían justificar sus recursos en lugares tan exóticos como China, adonde ya habían encargado un container con motos con la marca DMG, a Tailandia, Indonesia e India, en donde ya habían establecido contactos, en algunos casos con sus representaciones diplomáticas, para abrir oficinas en dichos países. E intoxicados por la danza de los millones en la que vivían por cuenta de los incautos tarjetahabientes, hablaban entre sí de los millones de dólares que consideraban valía DMG, que pese a la sofisticación y las arandelas nunca dejó de ser la captadora ilegal de La Hormiga. .

En los mensajes de Murcia se evidencia cómo quería encontrar pronto un producto que no le generara tantos gastos como la comercializadora que tenía montada. En un chat con Ángel, Murcia sentía que ya lo había encontrado. Se trataba de un intangible que podían comercializar en cualquier parte, el canal Body Channel. La meta era hacer el mismo carrusel de dinero pero esta vez sin vender electrodomésticos, sino suscripciones a su canal. "Compra un pin que vale 50 dólares y te pagamos 110 dólares por publicidad" decía Murcia, que calculaba vincular en un año a tres millones de personas. "Vender y con nuestra plata hacemos lo que queramos que ahorros de la gente ni qué carajos"(sic), dice en otro de los apartes. Esto sucedió en agosto, cuatro meses antes de que el gobierno interviniera las transacciones del grupo.

Todavía quedan muchos cabos sueltos. Aunque Murcia ha negado que exista una fortuna escondida, hay tal volumen de manejos de dineros que hace poco probable que ello sea así. Pero no hay duda de que luego de estos vertiginosos años, el Murcia de ahora contempla entre sus mayores activos el capital político que resiste a soltar.

Para la audiencia que se realiza esta semana ya se han trasladado desde el sur del país cientos de personas que desde la semana pasada vienen haciendo protestas. Busca capitalizar un fallo en su contra con el que se presentaría como una suerte de perseguido político. Más cuando es muy probable que la Fiscalía en Colombia no haga acusaciones por relaciones con el narcotráfico. Ya se siente confiada con las acusaciones por la captación ilegal de dinero y el lavado fruto de esta actividad, este último un delito que incluso da más pena que el narcotráfico. No se puede decir lo mismo de lo que suceda con la justicia de otros países, como la panameña, donde ya enfrenta acusaciones de lavado por estupefacientes.

Sin duda, aparecerán nuevos capítulos de esta novela que ya ha demostrado que cada nueva entrega puede ser más sorprendente que la anterior.
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