Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1986/02/10 00:00

EL EXTERMINADOR

Javier Delgado es definido como un demente, un hampón, un provocador y un revolucionario profesional

EL EXTERMINADOR

José Fedor Rey, más conocido como Javier Delgado, es un personaje particularmente misterioso dentro del mundillo de la guerrilla colombiana, tan lleno de personajes misteriosos. Y no porque rehúya la publicidad, a la manera de otros jefes de grupos guerrilleros legendarios por su crueldad, como el suyo: Pol Pot, por ejemplo, el dirigente máximo de los sanguinarios Khmer Rojos de Camboya, o Abimael Guzmán, el "camarada Gonzalo", jefe del Sendero Luminoso que ha ensangrentado las sierras peruanas. Por el contrario, Javier Delgado se queja de que no sale en la prensa tanto como quisiera: "Hemos sido malos para manejar la publicidad", dice a SEMANA. Y es precisamente para suplir esa carencia que su grupo, el Frente Ricardo Franco, convoca a los periodistas cuando tiene para ellos alguna "chiva" espectacular o monstruosa: la toma del cuartel de Policía de Miranda hace cuatro meses, o la ejecución de seis "infiltrados" la semana pasada.
Delgado se ríe cuando le preguntan quién es. "Un profesional de la revolución", se define. "Uno debe tratar de ser como sea mejor para la revolución". Otros no están de acuerdo con su autodefinición. Para el Partido Comunista, que lo conoció muy bien en otras épocas, Javier Delgado es todo lo contrario de un revolucionario: un infiltrado. "Un títere de los enemigos de la revolución y la justicia social", lo llama el semanario Voz.
Hernando Hurtado, miembro del comité central del PC y víctima hace unos meses de un atentado del Ricardo Franco, dice a SEMANA: "Es un lumpen, un hampón. Desde que se lo conoció, se caracterizó como un hombre profundamente antipartido y anticomunista. Yo estoy seguro de que es un contrarrevolucionario al servicio de la contrarrevolución".
Para antiguos compañeros suyos del Ricardo Franco, que anuncian que le harán un "juicio revolucionario" por las matanzas de Tacueyó, Delgado es un hombre que "ha perdido el juicio". "Un hombre de ideas fijas, una siquis perturbada", dicen otros. "Un hombre demencial, pero en fin de cuentas un hijo de las FARC. Hay que tener muy claro que sus métodos, el secuestro, el ajusticiamiento de "sapos", la crueldad, son cosas que aprendió de las FARC", dice un analista del fenómeno guerrillero. Militantes de la Unión Patriótica, antiguos guerrilleros de las FARC, niegan con indignación ese análisis: "Siempre fue un infiltrado del Ejército", aseguran. "Es un mercenario".
Y tampoco están de acuerdo sobre otros aspectos los distintos testimonios recogidos por SEMANA. "Es un berraco militar", dice su segundo al mando, Hernando Pizarro Leongómez. "Un cobarde", rectifican los de las FARC, que citan un testimonio de "Joselo", el comandante del Frente de las FARC en el Caquetá, en el que Delgado hizo sus primeras armas de guerrillero: "Se asustó tanto en la toma de Puerto Rico-dice "Joselo"que hizo sus necesidades fisiológicas tres veces en los pantalones, hasta que el compañero encargado de la intendencia le dijo: "Siga cagándose que ya no le voy a dar más pantaloncillos".
Un periodista que asistió a la toma de Miranda por el Ricardo Franco cuenta que allí Delgado se volvió como loco, disparo sobre los periodistas y fue el primero en huir cuando llegó el Ejército.
Y, efectivamente, Javier Delgado tiene un largo historial de escapatorias. El periódico comunista Voz señala que "extrañamente, se les vuela siempre" a los militares cada vez que lo detienen, lo cual es prueba de que se trata de un agente suyo, según el PC. Las acciones urbanas que organizó en otro tiempo se caracterizaron siempre por ser de un alto costo para sus propios militantes, que la mayoría de las veces caían presos o muertos mientras él salía indemne. Un antiguo "franco" contó a SEMANA que una vez Delgado cayó en una redada en los alrededores del hospital de La Hortúa, en Bogotá: "Nadie supo cómo ni a qué horas, pero Delgado se le escabulló a la Policia, se trepó al tejado del hospital y desde ahí miró todo". "Un agente provocador", insiste el PC. "Tiene un sentido felino de defensa en la ciudad", afirman los allegados de Delgado.
Todos están de acuerdo con que es un hombre cruel, que ha participado personalmente en el "ajusticiamiento" de varios de los "infiltrados" de su grupo. El mismo cuenta: "Cuando el primero de ellos me dijo que había cincuenta más, me dio tanta rabia que lo encendí a patadas hasta que lo dejé medio muerto". "Tiene momentos de locura en los cuales nadie puede razonar con él", dicen a SEMANA antiguos compañeros suyos. Ideológicamente es bastante rudimentario y se expresa con vulgaridad y crudeza, usando a veces, aunque es caleño, acento paisa. Es muy inculto, dicen los que lo conocen, pues sólo hizo bachillerato hasta quinto año. Actualmente es un hombre de treinta y cuatro años, alto, semilampiño, de tez amarillenta y con curiosas arrugas verticales bajo los ojos levemente mongólicos. Viste siempre de negro -"eso le da caché", dicen sus hombres-y usa una gorrita de paño de modelo chino. Gesticula al hablar e imparte sin cesar órdenes a su gente.
Ya no es flaco, como cuando en las FARC le pusieron el apellido de "Delgado" por serlo, sino gordo, o más bien hinchado, y algo fofo-como consecuencia, según algunos, de una enfermedad del hígado. Bebía mucho, sobre todo ginebra, pero al parecer ha dejado ese hábito. Fuma poco, y únicamente cigarrillos Marlboro. Tiene cierta fama de mujeriego, y se le conocen al menos dos mujeres.
Con una tercera, a quien llaman "la Mona", que según ciertas fuentes es quien maneja directamente las finanzas del grupo, Delgado tiene dos hijos: un niño de tres años y una niña nacida en noviembre del año pasado.
Tiene cuatro hermanos "fuera del país", y uno más, Julio Roberto, fue "asesinado por los servicios de inteligencia" durante la toma de Santander de Quilichao, según cuenta Delgado. En cuanto a sus padres, hace muchos meses que no sabe de ellos: "Andan ahí muy asustaditos, corriendo porque los quieren matar", explica. No le gusta la música, salvo "la de la revolución", y lee "todo lo que tenga que ver con las ciencias sociales". Admira a Jaime Bateman y sobre todo a Fidel Castro: "Fidel es el hombre más grande para mí", asegura, aunque agrega que "hay muchos próceres de la Revolución".
Nació en Cali, y tuvo una niñez de clase media sin sobresaltos. "Jugaba bolas, trompo, fútbol. Como todos", dice. Estudió en el colegio caleño de Santa Librada-"Santa Pedrada" lo llamaban entonces por los continuos enfrentamientos de sus alumnos con la Policía. Es la época que describen los cuentos y novelas de Andrés Caicedo, y si José Fedor Rey no hubiera escogido el camino de la lucha armada y finahnente el genocidio, hubiera podido ser simplemente uno de esos adolescentes retardados y desadaptados, perdidos en la droga y la siolencia gratuita, un "atravesado" como el del cuento que lleva ese titulo. Pero, explica Delgado, "muy joven ingresé a la revolución. Por ahí a los quince años entré a la Juventud Comunista ".
Se hizo lider estudiantil de su colegio por su dureza, la radicalidad de sus posiciones y sus acciones violentas, y militó en la JUCO durante varios años, hasta el 73, alcanzando posiciones de dirección en la regional del Valle (cosa que el Partido Comunista niega enfáticamente). En 1973, terminado quinto de bachillerato, dejó el colegio y se fue a Bogotá, donde al poco tiempo formaba parte de un grupo urbano auxiliar de las FARC.
Trabajaba como estafeta, llevando recados y encomiendas de la ciudad a los frentes del campo, y fue entonces cuando tomó el nombre de Javier Delgado. En 1979 entró como guerrillero al Frente que comandaba "Joselo" en el Caquetá. Se integró mal-cuentan sus compañeros de entonces-. Era huraño, prepotente y sobrado. Era pésimo en el monte. Se quedaba dormído olvidaba el fusil se desesperaba con los mosquitos .
Finalmente, Delgado alegó una enfermedad cardíaca -que según las FARC era ficticia-para hacerse enviar de nuevo a la ciudad.
Otra vez en Bogotá, y al mando de un grupo urbano, Delgado empezó a criticar a la dirección de las FARC y especialmente a Jacobo Arenas, según cuentan a SEMANA fuentes del Partido Comunista. (Otras fuentes sostienen que por entonces Delgado era la "mano derecha" de Arenas, y le servía de puente entre los frentes campesinos y el comite central). En la VII Conferencia de las FARC, celebrada en 1981, Delgado y su grupo fueron acusados de hacer divisionismo por propugnar la formación de un frente urbano. (Algo muy parecido habia sucedido años antes con Jaime Bateman, que a raíz de la ruptura con las FARC fundaria el M-19).
El Pleno ampliado de la Conferencia sindicó a Delgado de hacer fraccionalismo y lo expulsó de la organización.
Se fue de ella llevándose el dinero que manejaba en su calidad de responsable del grupo, y que era mucho: se habla de seiscientos millones de pesos. Delgado era un mago para el secuestro explican sus allegados. Las FARC, entonces, lo condenaron a muerte .
Es entonces-principios de 1982 cuando Delgado crea el Ricardo Franco, tomando el nombre de un comandante del IV Frente de las FARC en el Magdalena Medio. ( Un hombre muy querido en la región
dicen de él los actuales militantes de la Unión Patriótica. "Muy temido", corrigen otros testimonios, según los cuales Ricardo Franco fue primero bandolero en Yacopí en los años finales de la Violencia, y luego se in(egro a las FARC, pero su descomposición llegó a tal extremo que las propias FARC decidieron "ajusticiarlo", aunque hoy lo niegan. El nuevo Frente arrastró consigo a buena parte de la Juventud Comunista de Bogotá, no sólo por su radicalismo, que contrastaba con la política de tregua impulsada por las FARC, sino también por su poder económico. El Franco soborna a la militancia dicen en el PC. Y al parecer es cierto que aqui se toca un punto sensible: el de los sueldos de los militantes y funcionarios de las FARC y del partido, que tradicionalmente han sido muy bajos, lo cual se presta a que existan casos de corrupción. El Franco paga sueldos elevadísimos para lo que es la izquierda colombiana: hasta de cuarenta mil pesos .
Desde entonces, las relaciones del Ricardo Franco con las FARC han sido de enfrentamiento abierto. Este empezó, según algunas versiones, cuando nueve miembros del comité ejecutivo del Ricardo Franco fueron a entrevistarse con Jacobo Arenas y éste los sometió a un "juicio revolucionario", condenándolos a ser fusilados. Al saberlo, Javier Delgado organizó en Bogotá un asalto a la sede del PC. en la calle 18, y tomó como rehenes a los miembros del comité central, incluido Gilberto Vieira, cuyas vidas fueron entonces canjeadas por las del Franco. Según los militantes de este grupo, las FARC empezaron, a partir de ahí, a matarlos a ellos. La Unión Patriótica tiene otra versión: son los "francos" los que empezaron a asesinar a miembros de las FARC y a comunistas, encabezados por el comité central del partido: atentados (fallidos) contra Hernando Hurtado, Jaime Caicedo, Alvaro Vásquez. Entretanto en el campo, los choques armados entre FARC y " francos" han dejado ya varias docenas de muertos, especialmente en el Cauca (ver recuadro). Todo esto ha ido formando un crescendo de violencia sazonado de acusaciones mutuas sobre infiltración militar y salpicado, por el lado del Franco, de alianzas y rupturas con otras organizaciones guerrilleras, en particular el M-19 .
Para terminar -por ahora en el paroxismo genocida de la matanza de los 164 "infiltrados" de que se jacta Delgado.
De los últimos seis, sin embargo, dijo en el Cauca a los periodistas que estaba dispuesto a dejarlos con vida.
"Es que ya estoy cansado de matar tanto hijueputa explicó en presencia de sus prisioneros encadenados.

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