23 noviembre 2012

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"El fallo de la Corte es nefasto para el orden marítimo del Caribe"

ENTREVISTAAntonio José Rengifo, profesor de la Universidad Nacional y doctor en derecho internacional del mar de la Universidad de Londres dice que la sentencia de CIJ "sentó un pésimo precedente a nivel mundial".

"El fallo de la Corte es nefasto para el orden marítimo del Caribe".

Foto: Juan Carlos Sierra / SEMANA

SEMANA: ¿Por qué dice que este fallo es nefasto para todo el mundo?

Antonio José Rengifo: Porque el fallo sentó un pésimo precedente a nivel mundial. En este momento hay cerca de 450 conflictos fronterizos no resueltos en
los seis continentes y lo que hizo la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el caso Nicaragua-Colombia abre la puerta para todo tipo de futuras reclamaciones, conflictos y guerras. Nicaragua anuló de forma unilateral el tratado vigente que tenía con Colombia desde 1928, llevó su caso a La Haya e hizo que Colombia compareciera, ingenuamente, ante la misma corte.

Fuera de que Nicaragua violó el derecho internacional, la Corte le otorga como premio más de 70.000 kilómetros de espacio marítimo. Con este antecedente, ¿Cuántos países estarán hacer lo mismo, es decir, ponerle fin de manera unilateral a los tratados para pedir a la Corte que estudie, falle y trace nuevas fronteras, tal y como lo hizo Nicaragua?.

SEMANA: ¿Y por qué dice que el fallo es también nefasto para el Caribe?

A. J .R.: El Caribe es una de las regiones más frágiles y complejas del planeta, en la cual coexisten estados de todas extensiones territoriales, estructuras, formas de gobierno y niveles de desarrollo. Coexisten allí varias potencias del mundo (algunas como potencias coloniales o metrópolis) con países subdesarrollados y menos avanzados; hay tráficos de todo tipo, legales e ilegales; flujos migratorios; turismo intenso; navegación en aumento, un paso estratégico de importancia mundial como es el Canal de Panamá y sobre todo, unos ecosistemas frágiles, reconocidos como de importancia planetaria. Al afectar tratados consolidados por Colombia con otros Estados ajenos a la controversia, la Corte decidió alterar ese orden construido pacientemente durante muchos años. Poco a poco irá apareciendo que los tratados irán cayendo afectados como fichas de dominó. Es algo sin precedentes. La Corte ha tomado decisiones en varios casos relacionados con el Mediterráneo y el Mar del Norte, pero nunca afectando tan drásticamente el orden de esos mares.

SEMANA: ¿Cuáles otros aspectos son criticables en ese fallo?

A. J. R.: Hay dos aspectos centrales, además de otros aspectos técnicos que no es necesario evocar ahora. Uno, que el fallo evidencia aspectos subjetivos ajenos a los métodos clásicos para trazado de fronteras marítimas, a saber, la línea equidistante y las circunstancias relevantes. Otro, la Corte impidió arbitrariamente la intervención de Honduras y Costa Rica, países que pudieron haber apoyado la posición de Colombia. Creo que son aspectos sustentables, que permiten a Colombia fundamentar su inconformidad con ese fallo. Pareciera como si en ese caso todo hubiese complotado a favor de Nicaragua.

SEMANA: ¿Pero la corte tenía o no jurisdicción para asumir el caso?

A. J. R.: Sobre esto existe algo de confusión. En el sistema judicial internacional, los estados son libres para aceptar o no la competencia de la corte, pudiendo sustraer la competencia de la misma para una controversia especifica. Esto no es una trampa ni un “conejo” que un Estado le pone a otro Estado, sino una facultad que otorga el derecho internacional a los Estados y desde luego el retiro de competencia debe estar bien y seriamente fundamentado. Colombia pudo sustentar que no iba a la corte manteniendo para ello la vigencia de la frontera general y básica establecida por los dos Estados, constituida por el Meridiano 82, conforme quedó establecido por el Tratado Esguerra-Barcenas y la Nota de Canje de 1930. En 1995 Canadá se negó a comparecer ante la corte frente a una demanda de España y al final, ambos solucionaron sus diferencias. Algo similar debió seguir Colombia

Al aceptar Colombia comparecer, la Corte adquirió competencia para decidir. Estas son cosas que hay que clarificar, no para juzgar a nadie sino para que no vuelvan a repetirse. Algunos consideran que la historia es cíclica; ahí está Panamá para confirmárnoslo.

SEMANA: Pero se ha dicho que si no hubiésemos comparecido ante la Corte nos hubiese ido peor.

A. J. R.: No puede ser que si comparecimos ante la Corte nos fue como nos fue y si no hubiésemos comparecido nos hubiera ido peor. Es decir, el desastre o la catástrofe. Ese escenario apocalíptico no existe para ningún Estado en el mundo, menos para un Estado como Colombia, comprometido por su Constitución Política a respetar el derecho internacional. El derecho internacional ofrece mecanismos variados a los Estados; unos gobiernos los utilizan más eficazmente que otros. ¡Y en qué forma! La prudencia aconsejaba a Colombia abstenerse de comparecer; sobraban las razones jurídicas y geográficas para fundamentar esa decisión.

SEMANA: Pero ese fallo es irreversible.

A. J. R.: La Corte no va a dar un paso atrás, y si bien hay que agotar todas las instancias que ella misma permite, las aclaraciones no serán más que 10 ó 20 páginas explicando lo que ya fue decidido en el fallo. Por eso Colombia debe ir a todas las instancias internacionales, a la ONU, al Consejo de Seguridad y a los vecinos afectados, entre otras, para demostrar las extralimitaciones de la Corte, porque un Estado no puede decir, en una actitud casi infantil, que un tratado que firmó y está vigente, de un momento a otro ya no le gusta. Y como retribución a esa posición, violatoria del derecho internacional, la corte termina premiándolo. El mundo debe saber que la corte se extralimitó y que está promoviendo una inseguridad jurídica mundial y regional que debe ser corregida.

No tendría precedentes en la historia que un Estado permanezca impasible frente a una amputación considerable de su territorio. Tampoco podrá hacerlo Colombia.

SEMANA: ¿Considera prudente desacatar el fallo?

A. J. R.: Pues Colombia tendría pretextos para desacatar una sentencia en un caso promovido por un Estado, Nicaragua, que declaró nulo un tratado en violación del derecho internacional, proferida por una corte que se excede en la decisión contrariando una tradición de décadas de ecuanimidad y equidad, sentencia que, paradójicamente, finalmente reconoció a ese tratado como valido y conforme al derecho internacional. Podría ser la idea para un cuento de Borges.

Ya más seriamente, los fallos de la corte deben ser acatados obligatoriamente por las partes. Un acatamiento crítico de ese fallo, sustentado como corresponde, ante las autoridades que corresponde, contribuiría a contener el expansionismo jurídico-territorial de Nicaragua, que ya comienza a preocupar en el Caribe y con toda razón. Esto no es una exageración.

SEMANA: ¿Usted, como experto en derecho del mar, que otras salidas ve?

A. J. R.: Creo que la Cancillería y el Gobierno deben exponer la inseguridad jurídica que genera ese fallo para la comunidad internacional. Y si a ello se suma que la Corte decidió de manera unilateral afectar fronteras con otros Estados que ni siquiera estaban involucrados y que tienen tratados vigentes, sobre los que no tiene jurisdicción, va a generar todo tipo de conflictos. Creo que en poco tiempo la corte va a colapsar frente a los casos de 10, 15 o 20 estados que van a demandar siguiendo el camino de Nicaragua. Eso podría ser una bomba de tiempo.

En cuanto a salidas, lo primero, hay que mantener serenidad. Se nota confusión frente al fallo y propuestas, se me excusará, algunas disparatadas. El fallo tomó por sorpresa al gobierno actual que es el menos responsable por esa pérdida. Lo segundo, aunque parezca elemental, hay que cambiar de metodología para ponerle más estudio al problema. Durante años, en este caso, hubo un corte tajante e impenetrable. Aparte un coloquio aquí y un seminario allá, nadie podía saber nada porque se informaba muy poco o nada. Ni siquiera a los raizales, los más concernidos.

La Canciller tiene razón al manifestar que abrirá la discusión, incluso a las academias. Es un paso en la buena dirección. En 2007, la Universidad Nacional ofreció a la Cancillería, en convenio con uno de los centros de fronteras más reconocidos del mundo, en una universidad inglesa, el estudio del problema y el apoyo a la tarea defensiva de Colombia. No pretendo que se hubiera ganado el caso, porque Colombia ya estaba ante la Corte pero, una cosa sí es segura, estaríamos mejor informados y mejor equipados para asumir un fallo que tomó a todo mundo por sorpresa, a unos en mayor grado que a otros. A pesar de la insistencia del rector de la UN, esa propuesta no tuvo acogida.

Buscar apoyos internacionales, es lo que hay que hacer ahora, para consolidar una propuesta. Propuestas y salidas existen, pero una vez más, nada sacamos con lamentarnos por ese fallo. Hay que salir a sustentar los yerros de la Corte ante las instancias que corresponde. Los abogados y agentes de Colombia deberían también dejar oír sus argumentos. Por lo menos.

SEMANA: ¿Entonces usted cree que no se pueda llevar a la corte a revisar el fallo?

A. J. R.: No he dicho eso. Con una sola prueba sólida que se entregue que ponga a tambalear la argumentación del fallo o moviendo las claves precisas, se podría lograr. El problema es que por la forma como ha reaccionado el gobierno se puede ver que no tenían claro lo que podía pasar. O los habían convencido de que todo iba por lo mejor en el mejor de los mundos posibles.

SEMANA: ¿Y usted qué piensa de retirarse del Pacto de Bogotá y de la Corte?

A. J. R.: Otra confusión. Respecto de esas instituciones, es preciso señalar que lo que menos le conviene a Colombia es retirarse. En el derecho internacional operan las reciprocidades, en diversos órdenes y niveles, por lo cual, de retirarse Colombia de ellas, en caso de un conflicto, no tendríamos instancias judiciales ante las cuales hacer valer nuestros derechos. No hay necesidad de retirarse. Creo que hay que estudiar la forma más eficaz para hacer declaraciones, como manifestaciones oficiales del estado colombiano, en las cuales se deje claro y definitivo que Colombia no aceptará competencias judiciales internacionales relacionadas con conflictos de fronteras –terrestres y marítimas- que hayan sido solucionados mediante tratados celebrados en debida forma y ratificados por las partes. Para esto se requiere de una diplomacia proactiva. Diplomacia aquí no significa dejar el asunto en manos de los abogados, por eficaces que sean o se les considere, ni tampoco improvisar.

SEMANA: ¿Está de acuerdo con que el fallo deja a Colombia vulnerable frente a otros casos?

A. J. R.: A Colombia y a todos los países que tengan diferencias limítrofes. Como no sabemos lo que va a pasar dentro de 20 ó 30 años, o quien vaya a gobernar a nuestros vecinos, este descalabro debe servir para aprender lecciones sobre lo que hicimos mal y blindarnos hacia el futuro, porque dígase lo que se quiera decir, nos fue mal. Y es mejor mentalizarnos, estudiar y prepararnos bien para que no nos pueda ir peor. Ahora hay que remontar la pendiente.

No es solo evocando retóricamente a la Patria como avanzaremos. Considerar a la patria sí, desde luego, pero a la patria hay que buscarle apoyos, no enemigos internacionales. Aislados, discutiendo solo entre nosotros, no avanzaremos mucho.
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