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| 9/6/2014 10:00:00 PM

El falso embajador del Líbano

Durante meses, Jeyson Jahir Puello, oriundo de Valledupar, se hizo pasar por excanciller y diplomático de ese país árabe, lo que le permitió engañar a las autoridades, a rectores de universidades y a alcaldes en todo Santander. Esta es su asombrosa historia.

El pasado miércoles 3 de septiembre, los guardias del Gaula del Ejército en Santander recibieron a un invitado muy especial: Jason Ali Hakim Abdullaziz Al Nayb. Al entrar, lo saludaron como todo un diplomático, le dieron respetuosamente la mano y, como en ocasiones anteriores, lo llamaron “honorable embajador”. Pero la visita tuvo un final abrupto. Cuando el supuesto árabe fue al encuentro del nuevo jefe, sus anfitriones le pusieron unas esposas, lo montaron en un carro y se lo llevaron a la Fiscalía.

Así, los miembros del Gaula, del grupo de inteligencia de la Quinta Brigada y de investigación de la Policía dieron con un hombre que llevaban persiguiendo desde hacía seis meses. El libanés del largo nombre se llama, en realidad, Jeyson Jahir Puello, un costeño de pura cepa nacido en Valledupar, que llevaba seis años viviendo en Bucaramanga y tenía a todo el mundo convencido de que había nacido en el Oriente Medio. Con el tiempo empezó a refinar su mentira y a presentarse con credenciales absurdas como las de exministro de Relaciones Exteriores de Líbano, ministro interino de Relaciones Exteriores de la embajada de ese país en Colombia y miembro de un equipo de expertos en derechos humanos contratados por la Presidencia de la República de Colombia. Lo asombroso es que todo el mundo le creyó.

La historia recuerda la del seminarista opita Jaime Torres Ortiz, que en los años sesenta convenció a los habitantes de Neiva de que era embajador de la India y así se aprovechó de la ignorancia de muchos para disfrutar durante un buen tiempo de diversas invitaciones, banquetes y honores. El caso inspiró incluso una de las películas más famosas del cine nacional y, probablemente al nuevo impostor, cuya historia da para reír y, a la vez, para llorar. 

En vista de que su mentira le estaba dando buenos resultados, decidió a comienzos de este año emprender una estrategia más agresiva: presentarse como diplomático libanés. Aunque hablaba un español con un marcado acento costeño y vistiendo pantalones y camiseta casuales como cualquier paisano, logró engañar a miembros del Ejército, a rectores de universidades y a alcaldes. Para comenzar su nueva estrategia, Puello se enteró de que al Gaula de Bucaramanga había llegado un nuevo comandante, el coronel Alejandro López, y decidió visitarlo. Se presentó como Jason Ali Hakim Abdullaziz Al Nayb, ministro interino de Relaciones Exteriores de la República de Líbano, y le ofreció su ayuda, pues decía ser experto en derechos humanos. “Vino, se puso a mi disposición y me dijo que estaría ahí para lo que necesitara”, cuenta López, que en ese momento sintió cierta desconfianza. “La apariencia no daba para ser un árabe (…), pero era necesario tener prudencia, pues si de verdad era un diplomático merecía respeto”. Así terminó el primer encuentro, y el honorable diplomático empezó a hacer de las suyas.
Según investigaciones posteriores, Puello empezó a dar charlas por todo Santander. Sus temas predilectos eran el Derecho Internacional Humanitario y, cómo no, las guerras del Oriente Medio. Andaba con un carné de papel forrado en plástico ordinario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, que supuestamente lo acreditaba como miembro de la embajada libanesa, y con un papel de color rosa con el escudo de las Naciones Unidas que, en tres idiomas, certificaba su supuesta carrera diplomática: “Diplomatic Diplomatique Diplomático”.

En marzo volvió al Gaula. Según el coronel López, “solo vino a saludar”. Y esa vez alimentó las sospechas hasta el punto de que cuando se despidió las autoridades decidieron investigar. “Siempre llegaba a pie y decía que había dejado el carro afuera”, cuenta López, quien admitió que a pesar de la falta de un vehículo diplomático y el perfecto español del supuesto canciller en ningún momento se atrevió a interrogarlo. De inmediato, mandó una carta a la embajada libanesa en Bogotá y solicitó información a la Presidencia de la República. No tardó en recibir una respuesta. El 27 de marzo, un funcionario libanés le escribió que “no existe ningún diplomático (…) con ese nombre” y que “la persona mencionada es un estafador y falsificador (…) que está haciendo mala fama al Líbano en Colombia”. Por lo que pedían “investigarlo y juzgarlo”.

López y su equipo procedieron. Se enteraron de que, un día después de la visita en el Gaula, el impostor iría al municipio de Gámbita a una reunión de seguridad. Decidieron seguirle el paso. Allí, en la vereda El Palmar, Puello habló sobre conflicto armado y derechos humanos, sentado a una mesa con el propio alcalde, William Herrera, y otros funcionarios. “El señor se hacía pasar por garante de derechos humanos y que lo había enviado la Presidencia”, le dijo Herrera a SEMANA, quien solo se vino a enterar de la impostura cuando esta revista lo llamó a preguntarle sobre el caso.

El falso diplomático siguió viajando por el departamento. Por esa época ya incluso entregaba tarjetas de presentación que decían que era “Sub Jefe de Misión / Ministro Interino de Relaciones Exteriores” y que traían dos números de celular, una dirección en Bogotá y una curiosísima dirección de e-mail: “Embajadarepublicadelibano@colombia.com”. También hacía circular comunicados a nombre del gobierno libanés en los que expresaba su indignación por los bombardeos israelíes en Gaza. A través de cartas oficiales y selladas, pedía ambulancias para eventos que él organizaba al cuerpo de bomberos de Bucaramanga. Incluso a la empresa de Virgin Mobile Colombia le escribió una misiva a nombre del embajador del Líbano para pedir que le otorgaran una línea privada por razones de seguridad y porque, según él, es mejor “prevenir que lamentar”.

Así pasó como Pedro por su casa por municipios e instituciones educativas. Según el Gaula del Ejército, llegó incluso a dictar conferencias en la Universidad Industrial de Santander (UIS), y en el campus de la Universidad Santo Tomás de Floridablanca. Durante todo este tiempo las autoridades lo habían seguido, pero no lograban contactarlo justamente porque había cambiado de celular. Finalmente, dieron con su nuevo número y el 3 de septiembre le prepararon una redada. Lo llamaron y le dijeron que le querían presentar a un nuevo comandante del Gaula. Y así cayó.

Puello fue puesto a disposición de la Fiscalía, que  lo dejó libre por falta de un peritaje técnico que justificara la apertura de una investigación. El viernes pasado, el periódico Vanguardia lo contactó, y en una entrevista, el desenmascarado estafador reconoció que sí había dado charlas sobre el Oriente Medio, pues al ser musulmán y tener raíces libanesas, dominaba el tema. Y admitió que se hizo pasar por diplomático. Frente a los documentos falsos y toda la parafernalia que había armado a su alrededor, simplemente dijo: “Fueron una broma”. 
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