Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/12/04 00:00

El fantasma de Heriberto

Qué tan auténtico es el cuento de hadas del embolador que encarnó el personaje de Jaime Garzón para convertirse en el gran palo en las elecciones.

El fantasma de Heriberto

Hace dos semanas Luis Eduardo Díaz tuvo la certeza de que su suerte iba a cambiar. Lo supo después de comprobar que, después de cuatro años de gastar 3.000 pesos diarios en lotería, se había ganado un chance con el número 237 de la Lotería de Santander. Con los 220.000 pesos del premio compró cosas para la casa, les regaló ropa a sus dos hijas e invitó a tomar cerveza a sus hermanos. Al calor de las ‘polas’ y alentado por el efecto supersticioso de haberse ganado el chance ‘Lucho’, como lo llaman la mayoría de sus amigos y conocidos, quien encabezaba una lista al Concejo por el Partido Popular Colombiano y aparecía registrado en el tarjetón con el número 426, le dijo a uno de sus hermanos: “Ya despegamos. Voy a ser concejal de Bogotá”.

Es probable que Díaz, un humilde lustrabotas con 20 años en el oficio, fuera el único que se tuviera tanta fe. Lo cierto es que el domingo 29 de octubre sorprendió a todo el mundo al obtener 18.382 votos, la undécima votación más alta para esta corporación pública. Fue el palo electoral de la jornada en la capital del país. “Se dio la habichuela”, dice ‘Lucho’ en su jerga callejera. En el camino dejó por fuera a figuras tan reconocidas como Luz María Zapata o tan bien respaldadas como Carlos Fonseca, quien estaba avalado por Oxígeno Verde, el movimiento de la senadora Ingrid Betancourt. ‘Lucho’ se enteró de su triunfo mientras veía El Arracadas, una película protagonizada por Vicente Fernández. A partir de ese instante su vida comenzó a cambiar a un ritmo vertiginoso para la que él no estaba preparado y lo llevó a cuestionarse sobre su repentino estrellato en los siguientes términos: “El jueves Luis no era importante. El lunes llega Luis y ya era importante. Diosito qué pasa, ¿será que se están volviendo locos o mi fama es grande?”.

El lunes de la semana pasada un edil de su localidad le llevó una serenata con mariachis hasta la casa donde vive en arriendo en una cuesta del barrio Diana Turbay y le ofreció de regalo un carro. El martes lo entrevistó Yamid Amat en la televisión y lo comprometió para casarse, después de 20 años de unión libre, con su compañera Gloria. El miércoles lo llamó Horacio Serpa para ofrecerse como padrino de matrimonio. El jueves Arturo Calle le regaló un vestido completo. El viernes continuó atendiendo a los medios de comunicación, que querían conocer su vida, obra y milagros. Y, como si fuera un político de carrera, al término de estos cinco días ya había recibido por lo menos 30 hojas de vida de personas que querían ser contratadas por el novel concejal. “Antes sólo lo llamaba mi papá a la casa, ahora el teléfono no para de sonar”, dice Víctor Fabio, uno de los dos hermanos que no se le despega ni a sol ni a sombra desde el día de la victoria en las urnas.

Este mare mágnum es sólo el comienzo. El próximo 3 de enero celebrará su cumpleaños número 38 sentado en una de las curules del Concejo Distrital. Es de esperar que quienes votaron por él o que se han maravillado con su historia deseen que este cuento de hadas moderno tenga un feliz desarrollo. Pero sería imposible aventurar vaticinio alguno sin antes preguntarse cómo fue que este lustrabotas con quinto de primaria se convirtió en un fenómeno electoral.



En memoria de Garzón

El triunfo del lustrabotas Díaz es el sueño cumplido del abogado César Rosas. Desde comienzos del año a este profesor de derecho público, de 40 años, casado con una colega y padre de dos hijos, se le metió en la cabeza una idea extraña, por decir lo menos. Quería inscribir en una elección popular a un embolador que tuviera las características de Heriberto de la Calle, el último de los personajes que representó Jaime Garzón. De esta manera quería rendirle un homenaje póstumo al humorista. Y aunque también dijo que pretendía “expresar su inconformidad con la clase política capitalina”, paradójicamente buscó el aval de un político tradicional de la ciudad. En un principio pensó en inscribir a su candidato en las próximas elecciones para el Congreso. Luego recapacitó, juzgó su proyecto demasiado ambicioso, y decidió hacer el experimento en los comicios para el Concejo.

Durante varios meses el litigante Rosas recorrió los puntos en los cuales se concentran los lustrabotas en el centro de Bogotá. Todos los días se esmeraba por tener los zapatos sucios, se mandaba a embolar hasta dos y tres veces, y así tenía la excusa perfecta para entablar conversación con profesionales del betún y el cepillo. Con esta estrategia conoció a por lo menos 40 emboladores pero consideró que ninguno reunía los requisitos que él buscaba. El tiempo se agotaba, Rosas comenzaba a perder la esperanza de encontrar a su candidato y no dejaba de pensar que era “imposible que en Bogotá no hubiera un Heriberto de la Calle con esas características morfológicas, sicológicas, intelectuales, morales y con esa forma de expresarse”.

Un día cualquiera, cuando estaba a punto de tirar la toalla, fue a lustrarse los zapatos con Eugenio Díaz, su lustrabotas de confianza desde hace cinco años, quien comparte un puesto con sus hermanos en la calle 38 con carrera 13, un lugar céntrico de la capital. Por casualidad comenzó a hablar con Luis Eduardo, el hermano de Eugenio, y se dio cuenta de que su búsqueda había terminado. Rosas no podía creerlo: “El finalista estaba a una cuadra de mi oficina, irreverente, sincero, de buen corazón, pobre, humilde y descomplicado”. El siguiente paso fue conseguir el aval de un movimiento o partido con personería jurídica. El abogado logró que el concejal Hipólito Moreno, amigo personal suyo, lo dejara presentar una lista al Concejo por el Partido Popular Colombiano. Rosas se inscribió como primer renglón, en el segundo anotó a un cuñado y en el tercero al lustrabotas Luis Eduardo Díaz, pero no le avisó que lo había incluido en la lista.



Vida y lustre

Mientras Rosas ponía en marcha su ‘experimento’ ‘Lucho’ seguía como si nada, tan ajeno a la política como había sido toda la vida. Se levantaba temprano, se vestía con los jeans y los tenis de rigor y escogía una de las 11 cachuchas de su colección para protegerse de las inclemencias del clima y darse un toque de distinción. Partía desde su hogar, en una loma más cerca de las estrellas que el resto de la ciudad y más al sur del sur conocido por la mayoría de bogotanos. Una hora después llegaba a su puesto de trabajo en un andén de Teusaquillo. En el trayecto pasaba por el barrio Las Lomas, donde creció y donde viven su padre, el lotero, y su hermana Sonia, la única mujer entre 11 hermanos.

En su esquina, porque así la siente después de 20 años de instalarse en ella, la cuestión era tener paciencia para esperar los clientes mientras calentaba el banco. Los días buenos hacía por lo menos 20 emboladas, los malos sólo 12 y tenía que hacer estirar los 14.000 pesos que se ganaba para el diario. En esas ocasiones su almuerzo se reducía a un pan francés, una Colombiana y un aguacate. Los viernes, por lo general, se iba a tomar cerveza con los hermanos o los amigos. Asegura que el fin de semana se lo dedicaba a la familia, su esposa, Gloria, y sus hijas Marcela, de 19 años, y Leidy, de 17. Así transcurría la vida de ‘Lucho’, sin mayores sobresaltos. Pero un día —cuenta sin sonrojarse—, mientras oraba, tuvo una visión en la cual contempló una multitud y sintió que “de pronto Dios me iba a regalar algo”.

En agosto ‘el regalo’ le llegó por medio de otro creyente, el abogado Rosas, quien no se cansa de repetir: “Yo fui un mero intermediario de Dios para su obra”. Rosas y su segundo renglón renunciaron y Luis Eduardo quedó como cabeza de lista. Cuando el abogado le dio la noticia el embolador se emocionó con el ofrecimiento y le respondió: “Pa’lante doctor porque para atrás ni pa’coger impulso, dice el disco”. Rosas sabía que debía hacer la campaña a través de los medios de comunicación porque no tenían recursos “para visitar los barrios ni ofrecer lechona”. Sin embargo sus obligaciones profesionales no le dejaron tiempo para pensar en el candidato. Así que lo dejó actuar solo. Lo que sucedió a continuación fue para muchos una demostración de suerte nunca vista y, para ‘Lucho’, una prueba del poder divino.

Rosas le había hecho tomar al lustrabotas una foto para el tarjetón en la que se viera lo más feo posible y lo más parecido a Heriberto de la Calle. ‘Lucho’ en persona, con todo y caja de embolar, fue a entregarla a la Registraduría. En la entrada le dijeron que no necesitaban lustrabotas. El candidato aclaró que no iba a trabajar sino a entregar su fotografía. Un guardia lo increpó: “Usted está loco, está borracho, cuidado que hay gente”. Después Luis Eduardo le confesó a su hermano Eugenio, mordiéndose los labios para no llorar de la rabia, que sintió ganas de romperle la caja en la cabeza al guardia. Eugenio, un cristiano devoto que ha impulsado la lectura de la Biblia entre sus hermanos, lo tranquilizó y le dijo: “Fresco que vamos a ganar”. Por iniciativa suya fue que visitó los medios de comunicación para entregarles dos boletines elaborados por el abogado Rosas y contarles la discriminación a la que había sido sometido.



El futuro

Lo que pasó el domingo 29 de octubre, día de las elecciones, ya es historia. Un desconocido Luis Eduardo Díaz, que no pudo votar porque perdió la cédula, no gastó más de 80.000 pesos en fotocopias para promocionar su campaña y quedó registrado sin foto en el tarjetón, sorprendió a propios y extraños. El mismo Rosas reconoció que nunca se imaginó que ‘Lucho’ fuera a obtener esa votación.

Sin duda tener la imagen de Heriberto y haber podido salir en televisión explican parte de sus casi 20.000 votos. Sus expresiones divertidas y populares también le ganaron adeptos. Pero además el hecho de no haber podido aparecer su foto en el tarjetón lo pudo haber favorecido a la postre. Pues al ser el último del tarjetón el espacio de su foto en blanco quedó al lado de la casilla para votar en blanco y muchos electores pudieron haberse confundido. O simplemente, al no tener foto, llamó más la atención. Lo cierto es que la suerte estuvo de su lado y se convirtió en un símbolo de reivindicación social.

Ahora, después de la euforia, el abogado gestor de este fenómeno está preocupado: “Siento temor de lo que venga para Luis Eduardo”. Ya comenzaron a aparecer los detractores del concejal electo y, dada su historia de marginalidad, no sería raro que encuentren motivos para criticarlo. Aunque vale la pena informar que, según las autoridades, no tiene antecedente judicial alguno.

Hacia el futuro corre el riesgo de sucumbir ante la fama, el poder y unos ingresos mensuales 20 veces mayores a los que recibe hoy. La elección lo disparó a un mundo ajeno y nada fácil, y ni él ni el inventor de su aspiración política parecen tener un discurso lo suficientemente elaborado como para que realmente se conviertan en representantes de los lustrabotas, los indigentes, los vendedores ambulantes y otros marginados y puedan hacer algo por ellos desde el Concejo. Si no encuentran un norte claro hacia dónde encaminar su recién estrenado poder no será difícil pronosticar que pueden ser presa fácil de cuanto oportunista quiera utilizarlos. Y en la política éstos abundan.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.