Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1997/12/01 00:00

EL FISCAL RESPONDE

Alfonso Gómez Méndez se defiende de sus detractores y se compromete a que el proceso 8.000 irá hasta sus últimas consecuencias.

EL FISCAL RESPONDE

Han pasado escasamente tres meses desde que Alfonso Gómez Méndez tomó posesión de la Fiscalía y ya ha quedado ubicado en el ojo del huracán. Ni más ni menos, se le está acusando de querer sepultar el proceso 8.000, y como prueba se enumeran los distintos tropiezos judiciales que ha tenido recientemente: el más grave, la liberación de quienes se consideran las piezas claves del 8.000,el ex senador Eduardo Mestre y el periodista Alberto Giraldo. Pero hay más: al actual Fiscal se le reclama que el CTI _Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía_, en una especie de allanamiento, se tomó las oficinas de la comisión del 8.000 y le ordenó a los fiscales sin rostro la entrega de toda la documentación pertinente: cheques, expedientes, pruebas, etc. Esta circunstancia fue aprovechada por el ex vicefiscal Adolfo Salamanca para lanzar a finales de la semana la delicada acusación de que las pruebas fundamentales de la investigación del 8.000 desaparecieron.
El pasado en Chaparral
Esta acusación enfureció al Fiscal, que no se caracteriza precisamente por tener paciencia de sastre, aunque debería tenerla: aprendió ese oficio de su padre cuando era un niño, en la Sastrería Americana de Chaparral, Tolima, donde transcurrió toda su infancia. Desde pequeño, cortando pantalones en la sastrería, ya manifestaba las características de su personalidad que en pocos años lo lanzarían hacia una carrera política meteórica: incansable lector, ambicioso, beligerante, arrogante y muy seguro de sí mismo, asegura que supo desde muy chiquito que su futuro no estaba en la sastrería. Aprendió a leer en una pizarra con ayuda de su mamá. Y como en la escuela pública de Chaparral no recibían a los niños menores de siete años, cuenta que se fue a hablar personalmente con una profesora que le ayudó para que lo recibieran a los seis. Muchos años después esa profesora sería su secretaria en la Procuraduría. Admite que su gran defecto como estudiante era su mala letra, que todavía conserva. Por eso no llevaba cuadernos, sino que tuvo que depender de su memoria para salir de bachiller: aún conserva esa buena memoria, y por eso a Alfonso Gómez Méndez no se le olvida nada, ni nadie. Lo primero que hizo al graduarse, a los 16 años, fue llevar a Chaparral a Camilo Torres, y recuerda con algo de celos que el pueblo quedó prendado de la buena mozura de Torres: "Que dijeran eso delante de uno es como si nombraran la soga en casa del ahorcado", dice con resignación. Hizo de Alberto Lleras y de Darío Echandía sus personajes inolvidables de la política. A los 13 años se había leído todos los discursos de Gaitán. Mientras tanto abría la sastrería a las cinco de la mañana, seguía cortando pantalones y continuaba soñando con que algún día vendría a estudiar derecho a Bogotá. Cuando llegó la hora se le hizo tarde: el dinero para matricularse en la universidad se lo consiguieron con mucha dificultad entre su hermana mayor y unos amigos, pero ya habían cerrado las inscripciones en la Libre, donde planeaba estudiar al tiempo derecho y economía. "Por ese motivo me salvé de ser mamerto institucional", asegura. A los pocos días se encontró con un amigo en la carrera sexta de Bogotá, que le recomendó probar suerte en otra universidad, el Externado, y con un profesor, Alfonso Reyes Echandía, para que le palanqueara la llegada tarde a matrículas. El amigo no le cumplió la cita, pero Gómez Méndez no se desanimó: buscó a Reyes en la biblioteca de la universidad. Este lo trató hoscamente (era tremendamente tímido, recuerda Gómez Méndez), pero, reconociendo en el muchacho tolimense que tenía al frente a alguien con muchas ganas de estudiar, lo ayudó para que fuera recibido como asistente. Qué se iba a imaginar el profesor Reyes que algunos años después moriría incinerado en el Palacio de Justicia. Y que ese estudiante al que le estaba tendiendo la mano sería el procurador que pediría la destitución del general del Ejército que condujo el operativo militar. Cuando la universidad decidió matricularlo formalmente por sus méritos como estudiante se presentó un nuevo problema: la matrícula costaba 2.200 pesos y Gómez Méndez solo había logrado ahorrar 800 pesos, dictando clases de historia y geografía en un colegio al lado de La Hortúa. El Externado aceptó hacerle la rebaja. "Fue la universidad la que me abrió las puertas de la vida", recuerda. Con los contactos que adquirió consiguió puesto de notificador en un juzgado civil, y luego de juez. Jaime Castro lo llevó a la secretaría jurídica de la Presidencia cuando Misael Pastrana, y con él terminaría abriendo su primera oficina de abogado. Luego se ganó una beca para hacer estudios de especialización en Francia, después otra para Alemania, y de regreso a Colombia se hizo elegir representante a la Cámara, donde lideró un célebre debate a favor de la extradición. Luego Procurador, embajador, otro breve lapso ejerciendo el derecho penal, y finalmente Fiscal, cargo en el que la semana pasada, mientras se entrevistaba con la procuradora Janet Reno en Washington, lo sorprendió la polémica acerca del 8.000, acusado de intentar sepultarlo a escondidas del país. Habla Gomez Mendez.
Semana: ¿Usted se siente un Fiscal incomprendido?
Alfonso Gómez Mendez: Solo sé que tengo una idea para ejercer la Fiscalía, que tiene que ver con la concepción de Echandía del ejercicio de la función pública: lo importante es ser y no parecer.
Semana: Pero usted no era amigo de la figura de la Fiscalía...
A.G.M.: Paradójicamente no. Pero está ahí, y ya no se puede echar marcha atrás. Lo que hay que hacer ahora es que funcione bien. Por eso considero que De Greiff y Valdivieso hicieron lo que tenían que hacer.
Semana: ¿Los aprueba totalmente en sus respectivas gestiones?
A.G.M.: Bueno, a ellos les tocó hacer la presentación social de la Fiscalía. Pero como dice mi antecesor, Alfonso Valdivieso, aquí lo que se necesita es más Fiscalía que Fiscal.

Semana: Pero usted ha sido un crítico permanente de una Fiscalía complaciente con los medios de comunicación...
A.G.M.: Los medios de comunicación se acostumbraron a que la Fiscalía les diera noticias permanentemente. Mi estilo es diferente: yo no filtro noticias. Mi único interés es desarrollar mi discurso de posesión, creando un verdadero cuerpo de investigación criminal. Yo no persigo solamente la corrupción creada por el narcotráfico, sino la corrupción administrativa, que considero peor que la subversión armada. También me ocuparé intensivamente de los derechos humanos y pondré especial empeño en hacer efectiva esa quimera que hoy por hoy es la ley de extinción de dominio.
Semana: Pasemos a la polémica que ha creado su actuación en el proceso 8.000. Sus principales críticos dicen que hay algo muy raro: que durante la fiscalía de Valdivieso no se vencían los términos y que durante la suya sí...
A.G.M.: Quienes así piensan no conocen la realidad. Estos procesos vienen de atrás. Se están venciendo los términos ahora, y no antes, porque estos procesos comenzaron atrás. Pero no quiero hacerle inculpaciones a mi antecesor. Lo único que puedo decir es que la Fiscalía es un engranaje. Y quiero mencionarle unos ejemplos: los procesos contra el coronel Osorio y la 'Monita retrechera' ya estaban varados cuando yo llegué a la Fiscalía. Los procesos contra Mestre y Giraldo fueron iniciados en la Fiscalía anterior, y un juez que no depende de la Fiscalía dejó vencer los términos.
Semana: ¿Por qué la Fiscalía no hizo ningún pronunciamiento frente a la decisión del Tribunal Nacional de dejar en libertad a Mestre y a Giraldo?
A.G.M.: La Fiscalía sí emitió un comunicado expresando su desacuerdo, pero admitiendo su impotencia desde el punto de vista procesal frente al hecho de que hubiera sido un juez el que dejó vencer los términos. A raíz de eso he enviado circulares a todos los fiscales y a los jueces poniendo de presente el tema de los términos procesales. Porque ese es el gran problema de la Fiscalía: los jueces toman decisiones independientemente pero el costo político lo asume el Fiscal General.
Semana: ¿Cómo son sus relaciones con su antecesor, Alfonso Valdivieso? ¿Es cierto que han tenido sus encontrones fuertes?
A.G.M.: No es cierto. Tanto cuando él era Fiscal, como ahora, nos reunimos con frecuencia en mi apartamento a desayunar porque yo le doy lechona o calentado, y a él le encantan. Una de esas veces lo invité a desayunar para convencerlo de que no renunciara. Incluso desayunamos lechona hace tres días: discutimos la forma de evitar los malos entendidos, como los que produjeron sus declaraciones sobre la labor de la Fiscalía a su regreso de España. Y acordamos tratar esos posibles malos entendidos directamente. En ese desayuno yo le hablé muy claro. Le dije que estaba equivocado si pensaba que yo iba a permitir que personas vinculadas a su administración me acusaran de estarle echando tierra al proceso 8.000. Eso sí que no me lo voy a aguantar.
Semana: ¿Y qué le dijo Valdivieso?
A.G.M.: Que él no participaba en eso. Que él tenía confianza en lo que yo estaba haciendo, e incluso me dijo que eso lo había dicho a un medio de comunicación pero que no se lo habían publicado.
Semana: ¿Por qué destituyó a la funcionaria que investigaba el asesinato de Alvaro Gómez?
A.G.M.: No la destituí. La declaré insubsistente. No puedo dar explicaciones, pero tengo mis razones.
Semana: ¿Pero no implica eso un retroceso grave en esa investigación?
A.G.M.: La investigación no la estaba llevando una sola fiscal: son varios los fiscales que trabajan en ella. La fiscal solo estuvo a cargo de una etapa. Yo hice uso de mi facultad de libre nombramiento y remoción. No entiendo porqué el escándalo, si De Greiff y Valdivieso hicieron lo mismo y no se les armó ningún debate público.
Semana: ¿Por qué razón el CTI, en una especie de allanamiento, según se ha dicho, decomisó las pruebas del proceso 8.000 a los fiscales sin rostro encargados de la investigación?
A.G.M.: No fue un allanamiento, por Dios. Lo que hice fue recopilar las pruebas, porque no puede haber información privilegiada en manos de unos pocos. Los documentos del 8.000 no pueden tener un uso personal, sino institucional. No puede haber un monopolio de la información sobre esa documentación. La orden que di es que si se habían decomisado 1.000, o 10.000 cheques del narcotráfico, no podían aparecer en los medios publicados solo uno o dos. Tampoco me podía exponer a que la información fuera borrada. Por eso la recuperé, y respondo por ella.
Semana: ¿Entonces no es cierto, como lo afirmó el ex vicefiscal Salamanca, que las pruebas del 8.000 hayan desaparecido?
A.G.M.: Salamanca estaba sin tema para su campaña al Congreso. Pero yo si no le voy a crear las condiciones para que haga su campaña a costa mía. Lo que parece es que anda molesto porque desde que salió de la Fiscalía los medios no lo han vuelto a llamar.
Semana: ¿Por qué razón los fiscales que tenían a su cargo la investigación del testigo español en el caso Serpa, y que habían solicitado una comisión para viajar a España a una nueva diligencia judicial, fueron a última hora informados de que ellos no viajarían pero sí otros funcionarios que no conocían el proceso a fondo?
A.G.M.: Eso es falso. Quien viajó en este caso fue una funcionaria de la administración anterior, tal vez una de las más calificadas del equipo de la Fiscalía, a quien yo no nombré. El testigo español se abstuvo de declarar, eso sí es cierto, porque sostiene que la Fiscalía anterior le filtró sus declaraciones a un periodista, y perdió la confianza.
Semana: ¿Eso significa que la Fiscalía va a absolver a Horacio Serpa?
A.G.M.: No. Hay una fiscal que viene de la administración anterior que está haciendo las evaluaciones correspondientes, y ella es la única que tiene en sus manos la decisión.
Semana: ¿Es cierto que el proceso contra el ex secretario de la Presidencia Juan Fernando Cristo está varado?
A.G.M.: Esa investigación se abrió pocos días antes de que yo llegara a este cargo. Se comisionó a un grupo de fiscales para recibir la indagatoria. Cuando llegó a mi despacho yo me declaré impedido porque Cristo, en compañía de su padre, me pidió consejo sobre el caso cuando yo no era Fiscal. Entonces el caso ha pasado a la Corte para que nombre un fiscal ad hoc. Ese es un proceso engorroso. Por eso he presentado un proyecto de ley para que en esos casos sea el vicefiscal el que pueda encargarse del caso.
Semana: ¿Cómo le fue con la señora Reno? ¿Es tan antipática como dicen?
A.G.M.: Yo la encontré muy amable. Conocía mis posiciones sobre la extradición, y las aprobaba. Supo qué hice como Procurador y ahora sabe qué estoy haciendo como Fiscal. Aunque no logré descongelar totalmente el intercambio de pruebas con Estados Unidos la señora Reno me prometió iniciarlo.
Semana: ¿Hablaron de las supuestas pruebas del gobierno norteamericano contra Horacio Serpa?
A.G.M.: Se habló tangencialmente. De los 45 minutos que duró la entrevista hablamos sólo un minuto de ese tema. Yo le dije que la filosofía del intercambio de pruebas debe ser que cuando Estados Unidos tenga pruebas se las entregue a las autoridades colombianas. Le dije que ese tipo de anuncios, como el de Newsweek, no son útiles si no están respaldados por pruebas. Pero cuando le dije que me gustaría saber si existen pruebas contra Serpa, no me dijo que las tuviera, pero tampoco que no. Yo no quise insistirle más porque no me pareció prudente en ese momento. En cuanto a lo de antipática, me pareció, por el contrario, casi dulce, hasta cálida. Al final me dijo que producíamos buenos beisbolistas como Rentería...
Semana: ¿Se siente satisfecho con su labor en la Fiscalía hasta el momento?
A.G.M.: Mucho. Logré revocar el auto inhibitorio contra Henao Montoya y le dicté orden de captura. Adelanté el proceso contra el ex alcalde de Cali, Mauricio Guzmán, que va camino a sentencia anticipada. Dicté medida de aseguramiento contra el cuñado del contralor, Pedro Malaver, y estoy en proceso de recibir indagatoria de su hermano, Félix Turbay. He dictado las primeras medidas de aseguramiento en el sector financiero, encontré a los asesinos de los investigadores del Cinep, dicté resolución acusatoria contra el asesino de Manuel Cepeda, estoy adelantando la investigación por el caso de Diomedes Díaz...
Semana: ¿Qué compromiso hace usted entonces con el país en el caso del proceso 8.000? ¿Qué le contesta a quienes dicen que usted lo está sepultando?
A.G.M.: Quienes eso dicen, o no me conocen, o son de una abrumadora mala fe. Mi compromiso es continuar el proceso 8.000 con bases firmes, sólidas, en todas las direcciones y hasta sus últimas consecuencias. n¿Qué piensa Valdivieso?
Semana: El Fiscal dice que en un reciente desayuno en su casa le advirtió a usted que no aguantaría que ex funcionarios de la Fiscalía hicieran política a costa suya. ¿Usted qué le contestó?
Alfonso Valdivieso: Una advertencia en esos términos no existió. Ambos hicimos referencia a lo que había sucedido la semana anterior a raíz de mis declaraciones al regreso de España. El no hizo ningún reparo sobre mi actitud. Alfonso sólo se refirió a otras personas de la Fiscalía. El me conoce y sabe que nunca he utilizado políticamente la posición de ex fiscal, como tampoco lo hice de Fiscal. De manera que no es cierto que me haya hecho advertencias específicas.
Semana: ¿Pero usted avalalas críticas de su ex vicefiscal?
A.V.: Yo no entro en esa polémica. Eso sí sería politizar mi situación de ex fiscal.
Semana: ¿Aprueba usted la labor de Alfonso Gómez en la Fiscalía?
A.V.: Me parece interesante porque las investigaciones han continuado, lo que demuestra que venían por buen camino. Las relaciones con Alfonso son buenas, lo considero un profesional idóneo. Ha hecho un gran prestigio a punta de acogerse a la legalidad. No veo porqué ahora vaya a arriesgarlo entrando a modificar esta actitud.
Semana: ¿Se considera responsable de las fallas recientes del proceso 8.000, como la liberación de Mestre y Giraldo?
A.V.: Los resultados de los procesos están judicialmente demostrados. Lo que sucede es que hay mecanismos jurídicos que se salen del control y acción de la Fiscalía. Y yo ahí no puedo responder.

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