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| 3/8/2008 12:00:00 AM

El frío de la muerte

El cuerpo de Raúl Reyes pasó largos días de soledad en el anfiteatro de Bogotá. Luego de que fue trasladado a la capital, una extraña mujer quiso reclamarlo, pero al final apareció su ex esposa.

Fue uno de los hombres  más poderosos de la guerrilla más antigua del mundo. Pero a la hora de su muerte, quedó convertido en un cadáver que nadie quería. En casos normales, después de la necropsia las autoridades entregan un cuerpo en cuestión de horas. Pero, claro, el caso de Raúl Reyes no era común y corriente.

El domingo nadie apareció a reclamar el cuerpo. Sólo hicieron presencia grupos de muchachos eufóricos (o alicorados) que vivaban a las Fuerzas Armadas al frente del Instituto de Medicina Legal, en Bogotá. El lunes, a las 3 de la tarde, apareció una misteriosa mujer -Martha Lucía Correa de Kaufmann-, quien dijo pertenecer al 'movimiento jesusiano'. Ella explicó que si bien no era familiar de Reyes, sí estaba unida con él por cosas que están por encima de lo terrenal. "Es que Raúl Reyes también era jesusiano, y lo era desde los 10 años. Los jesusianos seguimos a Cristo", explicó la extraña mujer. Los funcionarios, al final, le dijeron que la prioridad para la entrega del cadáver empezaba con los familiares.

Después llegaron otros personajes parecidos a la dama jesusiana y obtuvieron la misma respuesta. Pero al caer la noche de ese lunes, por fin, hizo presencia alguien en serio. Se trataba de Ilda María Collazos Claros, ex esposa de Raúl Reyes y madre de los dos hijos del guerrillero abatido: Lida y Robert Pierre. La mujer presentó un acta de matrimonio, pero las autoridades la instaron a que llevara más documentos para hacerle entrega formal del cadáver. El martes y el miércoles se siguió con la tramitología, y el jueves las autoridades cerraron filas para no entregar el cuerpo porque ese día se celebraba la marcha en memoria de las víctimas de los paramilitares y se temía que pudiera haber problemas de orden público en Bogotá. El viernes pasado, finalmente, la Fiscalía le dio luz verde a la ex esposa de Reyes para que reclamara el cadáver y le diera sepultura.

Las causas

El cadáver del jefe guerrillero de las Farc Luis Édgar Devia Silva (Raúl Reyes) llegó al Instituto de Medicina Legal el sábado primero de marzo a las 9 de la noche. El cuerpo procedía de Puerto Asís y no tenía acta de levantamiento. Esto era entendible si se tiene en cuenta que las autoridades militares de Colombia lo recogieron en territorio ecuatoriano ese mismo sábado al amanecer y, de afán, lo transportaron a este país en un helicóptero.

Cuarenta minutos después de llegar a la morgue, cuatro médicos forenses empezaron a practicarle la necropsia. El cuerpo, según el documento de autopsia firmado por el galeno Emilio Morales Martínez, pesaba 85 kilogramos y medía 1, 56 centímetros. Estaba cubierto con un pantaloncillo y una camiseta blanca de algodón (talla XL) en la que se destacaba un logo de las Farc.

De lo primero que dejaron constancia los galenos en la necropsia fue de las lesiones que se notaban a simple vista en el cadáver: amputación traumática del pie izquierdo; lesiones múltiples en el tórax por explosión; lesiones por proyectil de arma de fuego en la cara (un balazo en la nariz, otro en el mentón); fractura en la columna vertebral; y lesiones por explosivo en la aorta, el hígado, el riñón izquierdo y los intestinos. En conclusión, causa de la muerte: "lesiones por elemento explosivo convencional y no artesanal". Y más adelante se anotó que las mencionadas heridas le produjeron al otrora segundo hombre de las Farc un "shock hipovolémico" (afección de emergencia en la cual la pérdida severa de sangre y líquido hace que el corazón sea incapaz de bombear suficiente sangre al cuerpo).

En el documento de necropsia, finalmente, se dejó constancia de que en la espalda del cadáver de Reyes se contaron 64 heridas por explosión; que el guerrillero abatido padecía de arteriosclerosis y de una ligera inflamación en la próstata; y que el balazo que tenía en el mentón no había dejado rastros de pólvora y que había sido perimortem. "Es decir, que lo había recibido antes de morir la persona o en el momento en que está agonizando. Si las heridas son como usted me las está relatando, la persona (Reyes) debió haber muerto al instante o pocos segundos después de haberlas recibido", le explicó a SEMANA el médico Armando Vargas Pérez. Raúl Reyes murió en su ley.
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