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| 7/9/2011 12:00:00 AM

"El gobierno abrió el espacio para esta entrega"

El obispo de Montería, monseñor Julio César Vidal, habló con SEMANA sobre cómo consiguió que unos cinco mil miembros de bandas criminales propusieran ante el país someterse a la justicia.

¿Es realista pensar que lo más selecto del crimen organizado en Colombia se someta a la justicia? Aunque existen algunos incentivos para que los sucesores de los paramilitares, las llamadas bandas criminales, intenten negociar su entrega, las razones para el escepticismo sobran. No es claro si detrás hay una estrategia para eludir la acción de las autoridades, que tienen acorralado a más de uno de esas organizaciones. O si, como ocurrió con los paramilitares, buscan conservar tierras y bienes por medio de la negociación. Y, tal vez, lo más incierto es que no existe certeza de que al ocurrir esa entrega masiva el fenómeno no termine reciclándose y cambiando simplemente de jefes. La sola 'negociación' con personajes como Los Comba, 'el Loco' Barrera, 'Cucaracho', 'Diego Rastrojo' y otra lista de individuos cuyos solos alias son todo un prontuario es una papa caliente para el gobierno. Darles la garantía de no extraditarlos sería sembrar una carga de profundidad en las relaciones con Estados Unidos, con los cuales algunos de estos nuevos capos ya han empezado también a negociar su entrega en caso de que la iniciativa en Colombia fracase. En fin, aunque el runrún de estas semanas es que esa negociación está avanzada, aún está por verse lo que puede arrojar al final del día. Sin embargo, hay una persona que sí cree firmemente en esa posibilidad: monseñor Julio César Vidal, obispo de Montería, quien ha sido el interlocutor de los jefes de las bacrim para su posible sometimiento. Dice que no conoce a ninguno y que solo se comunica con ellos por mensajes escritos. Y afirma que podrían entregarse hasta cinco mil hombres. SEMANA lo entrevistó.

SEMANA: ¿Hace cuánto comenzaron los contactos con los jefes de las bacrim?

Monseñor Julio César Vidal: Esto tiene ya más de dos años. Entonces yo lancé una idea por los medios de que había que buscar conversar con esta gente, porque presenciaba mucho asesinato. Esto trajo como consecuencia que ellos respondieran, agradeciendo la tendida de mano de parte de un obispo de la Iglesia. Allí me dijeron que ellos empezarían un proceso que terminaría en el sometimiento al gobierno. Ese deseo de llegar a un sometimiento me lo manifestaron, separadamente, cuatro grupos: Los Rastrojos, Las Águilas Negras, Los Urabeños y Los Paisas.

SEMANA: En febrero de este año, usted se volvió a referir a la propuesta de ellos ya más en firme.

 J.C.V.: Exactamente. Ellos en estos dos años iban confirmándome su propósito de someterse al gobierno e iban haciendo consultas internas entre ellos, cosa que supe por las cartas que me enviaban. En febrero ya lancé públicamente la propuesta. Ellos querían entregarse, entregar armas, rutas y cultivos. En ese momento no hubo una respuesta plena del gobierno, pero sí hubo apertura. El señor presidente (Juan Manuel Santos) y el ministro (de Defensa, Rodrigo Rivera) me dijeron que continuaríamos hablando.

La semana pasada, en un foro durante un Consejo de Seguridad en Tierra Alta, Córdoba, mi pueblo, conversé de nuevo con el presidente y el ministro y allí ellos me expresaron públicamente que si los de las bandas cumplían, el gobierno estaba dispuesto a acogerlos y a darles lo que por ley ellos tenían derecho. Es decir, una rebaja de pena y otras cosas.

Y este martes 5 de julio, en la Biblioteca Luis Ángel Arango, en un homenaje al beato Juan Pablo II, el presidente expresó otra vez públicamente qué era lo que el gobierno estaba esperando de ellos. Ahora hay que esperar a ver cuál es la reacción de ellos (los de las bacrim) y cómo concretarían ya la cosa. El gobierno públicamente abrió el espacio para esta entrega.

SEMANA: Concretamente, ¿qué jefes de esas bandas harían parte del sometimiento?

J.C.V.: No sé nombres. Me escriben por alias, pero sí sé que son Los Rastrojos, Los Urabeños, Los Paisas y Las Águilas Negras, además de otros grupos menores que ellos han vinculado de cierto modo a esta propuesta. No tengo conocimiento de nombres propios ya que nunca me he reunido personalmente con ellos.

SEMANA: Dentro de lo que se ha tejido en estas semanas, también se oye una posibilidad de que, por ejemplo, Martín Llanos, que no entró a la negociación anterior con las AUC, también se someta a la justicia. ¿Sabe usted algo de esto en particular?

J.C.V.:
Así en concreto de ese caso, no. Sí sé que los de las bacrim han estado haciendo unas consultas a través de todo el país para llegar a la conclusión de la palabra que ellos me empeñaron desde el principio: que ellos querían una entrega integral. Cuando yo les pregunté qué significaba, me dijeron que se sometieran todos los grupos. Parece que al principio había grupos o personajes que no se habían decidido a someterse bajo unas condiciones, pero después fueron decidiéndose en la medida en que ellos iban como conversando entre ellos mismos.

SEMANA: ¿Los Urabeños, el grupo cuyos jefes son los hermanos Usuga, entrarían también en ese sometimiento?

J.C.V.: Como le digo, solo sé el nombre de los grupos que entrarían, pero no sé apellidos o nombres de jefes. Si ustedes saben que esos son los jefes de estos grupos, entonces sí.

SEMANA: En la propuesta se supone que se comprometen a entregar rutas, cultivos y laboratorios, entre otras cosas. ¿Qué tan aterrizada está? ¿Destruirían cultivos ilícitos?

J.C.V.:
Ellos plantean erradicación de cultivos también desde el principio. Por eso creo que si este sometimiento se logra, si se llega realmente a esta entrega, habremos dado un paso muy significativo hacia la paz y la reconciliación del país, pues este es un grupo que dejaría de aportar ese combustible para la guerra. Por eso estamos en esto. No son cosas fáciles porque indudablemente es un diálogo que deberá hacer el gobierno. Yo no estoy autorizado; me lo permiten porque soy obispo y tengo unos diálogos pastorales con otros obispos, y nosotros dialogamos con todas las personas.

SEMANA: ¿Cómo garantizan ellos que pueden erradicar los cultivos, por ejemplo?

J.C.V.: No sé. Eso sería ya en conversaciones con el gobierno. Yo he aclimatado el ambiente para que haya confianza de parte de ellos, a través de uno. Ellos han confiado en que nosotros estamos haciendo este trabajo con mucha limpieza y con el deseo de hacerle bien a Colombia. Tienen confianza en la Iglesia, en este servidor, para que yo trabaje en abrirles este espacio con el gobierno.

SEMANA: ¿Qué personas del gobierno saben o estaban enteradas de esta propuesta?

J.C.V.: Deben estar enterados el señor presidente y el ministro. Aquí debe haber personas que nos están iluminando, debe haber abogados, pero eso son imaginaciones mías. Yo creo que ellos (las bacrim) han debido tomar contacto con algún organismo internacional también. Esto no solo lo vamos a hacer nosotros. Además de lo que Dios ha movido en sus corazones y de lo que nosotros como Iglesia podemos hacer a favor de que se les respeten a ellos la vida y otras garantías, tiene que haber otro grupo de personas que a ellos les vayan dando cierta seguridad para dar este paso.

SEMANA: ¿Sabe si hubo contactos con el gobierno estadounidense?

J.C.V.: No sé, eso sí lo sabrán allá. Yo apenas me he limitado a invitarles a que respondan, a que se den cuenta de toda esta cantidad de muertes, a que eso no es vida, a que ellos contribuyan al bien del país. Y que eso los mueva a dar el paso. Pero uno sabe que estas cosas no se hacen de la noche a la mañana y sin tener en cuenta ciertas garantías, ¿cierto? Yo no he estado en ninguna reunión, no he conversado con ninguna institución internacional, pero uno se imagina que alguno de esos está.

SEMANA: ¿Planteó usted que una condición de la entrega podría ser no extraditarlos? ¿Lo ve viable?

J.C.V.: Yo no propuse la no extradición. Sencillamente cuando me preguntaron qué otras cosas podría ofrecerles el gobierno para que ellos dieran paso, hablé de eso. Pero contemplarlo ya depende del gobierno, cuando a través de sus abogados pacten las condiciones de entrega, los lugares, cómo se les respetará la vida, a qué cárceles van a ir. Estamos hablando de más o menos cinco mil personas.

SEMANA: En el eventual caso de que se sometan, ¿no cree que es muy probable que, como pasó con la negociación de los paramilitares, el fenómeno se recicle y salgan nuevos grupos?

J.C.V.: Si ellos entregan rutas y cultivos, le va a quedar muy difícil a una generación que venga volver a adquirir todo ese poder que tienen.

SEMANA: ¿Usted cree que no se reciclan?

J.C.V.: Creo que no. Tal como están las cosas ahora, considero que si esta gente entrega cultivos y rutas y dice con quiénes contratan, le quedaría muy pesado a un nuevo grupo retomar esos contactos. Ahí actuaría el gobierno, y me imagino que la DEA y Estados Unidos, y cerrarían todas esas posibilidades.
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