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| 8/4/2012 12:00:00 AM

El gobierno de Santos, parte II

El presidente busca reconquistar a las mayorías con una nueva imagen y un liderazgo más descomplicado. ¿Lo logrará?

En las últimas semanas, la colorida colección de corbatas de Juan Manuel Santos está relegada al clóset. Desde hace algunas semanas, el presidente optó por un nuevo look y ahora es más fácil verlo en mangas de camisa y chaleco que con traje y corbata. Su oficina también cambió de lugar: pasó de despachar desde el segundo piso de Palacio al avión presidencial, pues ahora pasa más tiempo fuera de Bogotá que en ella.

Pero no se trata de las giras internacionales tan comunes de sus primeros dos años. Santos, quien no sale del país desde la Cumbre de Río +20, está dedicado a 'correrías' políticas en las regiones al mejor estilo de un candidato en campaña. Este año optó por presentar sus mayores logros a través de la denominada 'Vuelta a Colombia' y ya ha visitado Ibagué, Pereira, Cartagena, Valledupar, Bucaramanga, Medellín, Socorro, Pasto, Cali, Buenaventura, Chivolo, Tenerife y Santa Marta. Y por último, parece que ahora sí es él mismo quien está escribiendo en su cuenta de Twitter. Hace poco hasta invitó a un soldado a la Casa de Nariño y le preguntó qué día le quedaba bien ir.

En Palacio afirman que lo que buscan es "conectar con la gente". Están tratando de transformar la imagen del Santos con perfil de estadista y distante, al de un Santos de carne y hueso, mucho más cercano a los ciudadanos. En este proceso han eliminado barreras, tanto de seguridad como de protocolo, para acercar a las personas del común con el presidente. En las giras a las regiones, donde las visitas presidenciales siempre tienen su encanto, ahora hay tiempo para saludar a los locales, tomarse fotos con ellos y conversar. En Toribío, por ejemplo, en medio de un ambiente tenso, Santos posó para fotos casuales tomadas con los celulares de los habitantes. "Antes, el presidente llegaba por la puerta de atrás, se sentaba en una tarima, leía del telepromter y se iba con su comitiva. Eso está cambiando", dice otro asesor presidencial.

También se han sentido los cambios en los discursos del presidente y en el manejo de las redes sociales. Poco a poco, los discursos tienen menos cifras y son más sencillos, sin tantas arandelas. Las palabras que usa también han cambiado. En la reciente visita a una fábrica textilera en Dosquebradas, Risaralda, empezó su intervención con esta frase "Esto es hacer patria. Hacer empresa es hacer patria". Y en cuanto a las nuevas tecnologías el viraje es evidente. El presidente ahora está encargado de su cuenta de Twitter personal @JuanManSantos, donde adelanta sus visitas a municipios, anuncia que ya felicitó a los medallistas olímpicos y sube fotos bailando cumbia en Cartagena, mientras que la cuenta @infopresidencia se encarga de las noticias más institucionales.

Para expertos en imagen y comunicación , la nueva actitud de Santos es una reacción a la crisis que desencadenó la fallida reforma a la Justicia y el descenso de la popularidad presidencial registrada en las últimas encuestas. Las interpretaciones de esta caída se resumen en dos corrientes: una que la explica por la falta de resultados y la lenta ejecución y otra por la falta de 'comunicación' de los resultados del gobierno. Evidentemente, la Casa de Nariño le apuesta a la segunda y ha diseñado este viraje para llenar ese vacío de información sobre los logros oficiales que según ellos no se ven.

En palabras del semiólogo Armando Silva, "Santos se está rehaciendo, ha perdido seguridad frente al espejo". En esto concuerda con el publicista Carlos Duque, quien afirma que el bajonazo en las encuestas y el lanzamiento de la oposición oficial de Álvaro Uribe llevaron a Santos a cambiar su estrategia, y al hacer esto perdió credibilidad. "Se dejó sacar de su película" dice, mientras explica que la política es el arte de la actuación pública. "Si uno adopta el papel que no le corresponde, produce desconfianza", concluye Duque.

Otros columnistas van más allá y afirman que Santos se está 'uribizando' para lograr conectar con la base popular. Por ejemplo, en dos etapas de la 'Vuelta a Colombia' tuvo comportamientos que a más de uno le recordaron la era Uribe, donde nadie se salvaba de los regaños en público. En Bucaramanga, por ejemplo, le llamó la atención al ministro de Comunicaciones, Diego Molano, uno de los más eficientes del gabinete, por no comunicar bien sus logros. Y pocos días después, en Itagüí, le dio un ultimátum al director del Inpec, el general Gustavo Adolfo Ricaurte. "Yo ya me estoy aburriendo de pedir que bloqueen las cárceles. Pongamos una fecha límite entonces o están bloqueadas o sale el director del Inpec", declaró Santos. ¿Qué tan exitosa será la nueva estrategia de Santos? Es evidente que hay un esfuerzo por acercarse a las personas, por conquistar a la prensa local y por transmitir un calor humano que antes, si bien lo tenía, no era visible. Sin embargo, expertos consultados por esta revista afirman que esto no garantiza el éxito. En palabras de Miguel García, profesor de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, el presidente debe "reconciliarse con su propio estilo y no emular a Uribe". Otro analista consultado añade que lo más útil para Santos sería marcar aún más distancia con Uribe, como hizo al inicio de su gobierno. Solo volviendo a los papeles en los cuales él se siente cómodo podrá transmitir confianza y autenticidad. Los analistas también coinciden en afirmar que Santos debe entender que lo que está en juego no es solamente su puntaje en las encuestas, sino su liderazgo político.

Para los expertos la clave radica en lo más básico: el mensaje. Mientras Álvaro Uribe fue monotemático durante ocho años y solo habló de la seguridad, Santos abrió la agenda, incluyó un abanico de temas y, salvo el tema de tierras y víctimas, aún no es claro cuáles son las tres prioridades a las que le apuesta el presidente. Además, en más de una ocasión ha cambiado la agenda pública y los titulares han oscilado entre las relaciones con Venezuela, la Ley de Víctimas, la educación superior, el TLC, la reforma a la Justicia, la competitividad, la pobreza, la infraestructura, la Cumbre de las Américas, por citar algunos ejemplos. Esta visión amplia y demasiado ambiciosa, que le da a la plataforma santista su toque de modernidad, es la misma que impide la claridad de su mensaje y conspira contra el arte de saber cuáles son los pilares que conformarán el legado del mandatario. En palabras de García, "Santos es un presidente ambiguo, el mensaje es complejo y puede ser confuso". Confusión que termina marcando una distancia automática con el electorado.

El peligro de terminar pareciéndose a Uribe es un espejismo en el que no se puede caer. Tras ocho años en el poder, los consejos comunitarios, la microgerencia y el tono coloquial se convirtieron en 'marca registrada' del estilo de liderazgo del expresidente. Sea de manera consciente o inconsciente, muchos de los gestos y las actitudes de Santos en sus recorridos serán inevitablemente comparadas con ese 'estándar' uribista. No obstante, el formato de Uribe no es la única manera para que una ciudadanía se sienta tranquila o entusiasmada frente a su gobernante independientemente de sus realizaciones (que en el gobierno anterior se concentraron en la seguridad). El desafío del equipo político y de comunicaciones de la Casa de Nariño es encontrar la perfecta combinación de forma y fondo, de estilo y ejecución, de sintonía popular y políticas públicas, de morcilla y Conpes, siempre manteniendo una simpleza en el mensaje, una coherencia en el discurso, y una naturalidad en el liderazgo. Santos debe saber ser Santos.
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