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| 6/29/1987 12:00:00 AM

EL GOLPE AVISA

Las tensiones entre civiles y militares de los últimos días han vuelto a sacar a flote la serpiente de mar del golpe de estado

En todos los cuatrienios presidenciales, por estas mismas épocas --después de la primera ola y escandola de alzas, de los primeros paros cívicos, de las primeras crisis ministeriales--se celebra otro de los ritos inmutables de la democracia colombiana: la incitación al golpe militar. Un grupo de industriales, ganaderos, políticos necesitados de redorar imagen, se reúne para ir a golpear a la puerta de los cuarteles con el argumento de que la situación esta vez sí, es intolerable. Siempre ha sido igual. El general retirado Luis Carlos Camacho Leyva confiaba en reciente entrevista a la periodista Patricia Lara que a él, cuando estaba en activo, "más de un civil, de ambos partidos, gente que empezaba a sentir nostalgia del poder, se me acercó para enseñarme por cuál camino se llegaba a la casa de gobierno".

En esta ocasión los rumores empezaron a raíz de una reunión celebrada en el Hotel Royal de Bogotá, el 24 de mayo. Los asistentes eran un conjunto más heteróclito que otras veces.
Estaban juntos, compartiendo pasabocas en los salones del Hotel, el poderoso industrial Carlos Ardila Lulle y el dirigente revolucionario del MOIR Marcelo Torres; el presidente de la ANDI, Fabio Echeverri Correa, y el parlamentario ex santofimista Ernesto Lucena, el mismo que hace unos años adelantó, codo con codo con el principal de Pablo Escobar, el debate de los "dineros calientes" contra el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, asesinado luego; el presidente de Fedegan, Raimundo Sojo Zambrano, y sindicalistas de la UTC y la CTC. Una ojeada superficial hubiera podido encontrar como punto de convergencia el que la mayoría de los reunidos son colaboradores habituales de el diario El Tiempo: articuIistas como los ex ministros Abelarda Forero Benavides y Hugo Escobal Sierra, o anunciadores frecuentes como el industrial Jaime Carvajal y el MOIR. Sin embargo, en tanto que los periodistas propiamente dichos solo asistían los del semanario turbayista Hoy por Hoy: su directora, Diana Turbay, y su subdirectora, Marta Montoya. Según supo SEMANA, la reunión aspiraba a ser más amplia.
Pero otros políticos y dirigentes gremiales invitados lo pensaron dos veces en vista de la poca seriedad del convocante Ernesto Lucena.

Del convite salió algo cuyos objetivos y cuyo nombre no quedaron muy claros. "Frente de Salvación Nacional Antisoviético " lo llamó Lucena. Pero El Siglo y El Tiempo, los dos medios que más eco dieron al "trascendental encuentro" (como lo llamó el segundo), discrepaban en sus titulares al respecto: "Frente común para salvar la democracia", decía el diario liberal, y "Frente democrático contra las guerrillas", precisaba el conservador. Se trataba, según explicaron Lucena y el moirista Marcelo Torres, defender a Colombia "contra la agresión patrocinada por la Unión Soviética". Agresión representada por las FARC, señaló el ganadero Sojo Zambrano. Y por la UP, añadió el sindicalista José Corredor. Por la FARC y la UP, resumió el ex ministro alvarista Escobar Sierra. De los proyectos concretos que se decidieron en el Hotel Royal no trascendió mucho solamente la creación de un comité organizador de unas nebulosas "jornadas de reafirmación de la democracia", con delegados en todos los departamentos del país. Lucena, entre vistado por Hoy por Hoy, se quejó de "no haber contado con el menor apoyo de los medios informativos", pues en su opinión "toda la prensa es vocera de los otros" (los extremistas de izquierda). Pero tampoco la información del semanario invitado a la reunión da muchos detalles de lo tratado: "Se hizo una evaluación de la situación real del país y se acordó promover nuevas reuniones que conduzcan a la creación de una declaración de principios auténticamente libres que demuestre que las fuerzas que representan el sistema no son doblegadas ".

A los pocos días, sin embargo, el cocktail del Hotel Royal tuvo una repercusión inesperadamente enfática.
Un largo comunicado de apoyo a la iniciativa (tal vez con más elementos de juicio al respecto que los conocidos por la opinión) firmado conjuntamente por todas las asociaciones de militares en retiro, encabezadas por Confecore, Acore, Asorfac, Acorpol, Acolsure, Acopore, Acsurponal, Asopecol: desde generales retirados hasta soldados pensionados, pasando por mayores y sargentos viceprimeros. El comunicado expresaba su "solidaridad en torno a la necesidad de constituir un Frente Común de Salvación Nacional que en defensa de la libertad y la democracia detenga ese desangre infructuoso", y su consiguiente adhesión "a las manifestaciones que en este mismo sentido han venido haciendo de tiempo atrás dirigentes políticos, empresariales y sindicales".

Dentro de la vaguedad de las mayúsculas utilizadas en los pronunciamientos (Libertad, Democracia, Salvación Pública, etc.) existe un punto concreto común: el respaldo a las Fuerzas Armadas frente a las tentativas de desacreditarlas ante la opinión y de debilitarlas frente a la subversión. Se subraya--como en el documento de los militares en retiro--la fragilidad de "la estabilidad de nuestras instituciones democráticas".
Y en ese mismo sentido van también otras declaraciones de estos días, venidas de distintos sectores. El discurso del miembro de la DLN Hernando Durán Dussán durante su banquete de homenaje, señalando el peligro de que las fuerzas subversivas intenten conformar una república independiente "que sería reconocida por los No Alineados". Las intervenciones de dirigentes liberales y conservadores sobre el debilitamiento --o la "evaporación" en palabra de Alvara Gómez--del fuero militar por la recusación aceptada por el procurador.
La entrevista radial del ex ministro de Defensa, general Fernando Landazábal, advirtiendo que se viene "el caos de una revolución armada" y que se necesita para detenerla "asumir una política superior", y acusando de paso a "jueces, magistrados y procuradores" de "inclinar abiertamente la balanza en beneficio de la subversión ".

Nada de todo eso, sin embargo, implica la amenaza, ni siquiera lejana, de la posibilidad de un golpe de estado, cuyo síndrome--según dice el mismo general Landazábal--atemoriza a la clase dirigente. Uno de cuyos representantes, el subdirector de El Tiempo Juan Manuel Santos, pareció darle la razón al general durante una conferencia pronunciada ante la Cámara de Comercio colombo-americana en Miami, diciendo que "elpeligro de un golpe militar--o algo por el estilo--no es tan remoto". Así lo cita El Tiempo, pero Santos se desdijo casi inmediatamente asegurando que había citado fuera de contexto: "En ningún momento dije que estábamos al borde de un golpe militar ni nada por el estilo" rectificó el subdirector de El Tiempo, quien aprovechó la ocasión para lamentar la "superficialidad" de la prensa colombiana en su ausencia.
Lo que sí revelan las declaraciones e intervenciones de políticos, dirigentes gremiales, militares en retiro, etc. de los últimos días, es el creciente desasosiego que reina con respecto al proceso de paz y sus tropiezos. "El proceso de paz está a punto de fracasar", decía Santos en Miami, haciendo eco casi con las mismas palabras a la declaración del representante de la Unión Patriótica, Braulio Herrera, hecha en París unos días antes. Landazábal no es el único que denuncia el "derrumbamiento de la democracia y la claudicación de la autoridad ", sino que su diagnóstico lo comparten, en artículos y cartas abiertas cada día más torrenciales, numerosos colegas suyos. Como el general (también retirado) Alvaro Valencia Tovar, quien denuncia, que "frente a la arremetida de minorías vociferantes la República de las mayorías se halia a la defensiva, amilanada, poseida de complejo de culpa, dispuesta a transigir, a doblegarse, a conceder como válida la dialéctica de quienes la agrietan con palabras y fusiles". Sin embargo, lo único que hay de verdaderamente novedoso en las denuncias sobre el "agotamiento" de la tregua es que en esta ocasión vengan también de generales en activo y extranjeros: nada menos que el nuevo comandante de la OTAN, el general norteamericano John R. Galvin, quien durante una breve visita a Bogotá no vaciló en intervenir en los asuntos internos colombianos para opinar que al gobierno "no le conviene" mantener la tregua con las FARC.

El desasosiego es explicable a la vista de las cifras crecientes de muertos de la tregua. Pero esta está de nuevo empezando a ser atacada con un argumento que desde hacía años no se utilizaba: el de la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas para hallar una salida exclusivamente militar, y no políticá, al problema de la subversión. En su entrevista de prensa, el general Camacho Leyva afirma: "No creo que la terapia utilizada contra la guerrilla en los últimos veinticinco años haya sido infructuosa sino intermitente: Soy testigo de que, en un sinnúmero de ocasiones, las Fuerzas Armadas han estado listas a terminar el problema guerrillero. Pero casi siempre, entonces, un ministro, el propio Presidente, o algún parlamentario, piden otra solución..." (...) "Entonces vienen las amnistías y la distribución de bienes. Y, cuando ello fracasa, vuelven a decir: Fuerzas Militares, tienen que comprometerse a terminar esto". El Comité de Ganaderos del Tolima comparte el análisis, y declara--el 28 de mayo--que ante la "complicidad de.una democracia débil, tolerante y contemporizadora" es necesario "hoy más que nunca" reforzar a las Fuerzas Armadas. "La sola presencia transitoria de nuestro Ejército en las zonas de conflicto no es la solución", concluyen los ganaderos. Y los militares en retiro, por su parte, son enfáticos: "Impugnamos por inverídica la tesis de que las Fuerzas Armadas han sido incapaces de derrotar la subversión en el pasado, porque infortunadamente factores de diversa índole han frenado su acción para buscar la vía de las negociaciones políticas, que ha resultado infructuosa".

Dentro de todo eso, sobresale en cambio por su ecuanimidad la posición de la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, que también intervino en estos días con su propio comunicado en la discusión. En él, en vez de sumarse a los guerreristas de otros gremios, la SAC "invita a todos los ciudadanos a rechazar la tendencia a polarizar la sociedad colombiana en campos irreconciliables cuyo único camino es la violencia". Y denuncia que los creadores de esta situación son "oscuras fuerzas sociales que van desde la extrema izquierda a la extrema derecha, y desde la delincuencia común a la corrupción y el narcotráfico".
En fin de cuentas, debe tener razón el ya citado subdirector de El Tiempo cuando dice, sin duda con conocimiento de causa, que "la prensa colombiana a veces crea tormentas en un vaso de agua". --
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