Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1995/07/10 00:00

EL GOLPE

Historia secreta de la captura que tiene feliz a Colombia.

EL GOLPE

ERAN LAS 3:30 DE LA TARDE DEL PASADO viernes cuando el presidente de la República, Ernesto Samper, bajó a su despacho en el segundo piso de la Casa de Nariño, después de almorzar en la casa privada con el vicepresidente de España, Narcis Serra. El jefe del Estado se acababa de sentar en su escritorio para iniciar la jornada de la tarde cuando su secretaria le anunció que el general Rosso José Serrano Cadena, director de la Policía, lo llamaba desde Cali de manera urgente. Samper contestó de inmediato, y al otro lado de la línea, atropelladamente, Serrano le dijo: "Señor Presidente, ¿se acuerda de lo que le prometí ayer? Misión cumplida, ya lo llevo en el carro". Samper le preguntó impaciente: "¿A quién, general?". Serrano finalizó diciendo: "Pues a Gilberto Rodríguez Orejuela. Lo acabamos de capturar".
El espectacular golpe al cartel de Cali, propinado por un puñado de hombres del Comando Especial Conjunto -CEC-, conjuró la incertidumbre que tres días atrás había expresado el propio presidente Samper, quien en una sesión del comité de seguimiento a las actividades del Bloque de Búsqueda se mostró decepcionado por los insuficientes resultados obtenidos en la persecución de los cabecillas del cartel. En tono sereno pero enérgico, el primer mandatario advirtió que el actual gobierno no podía cumplir un año sin que se produjera un golpe contundente en ese campo. Agregó que el taxímetro estaba andando y que si antes del 7 de agosto no había resultados, iba a producir un remezón en la línea de mando de las Fuerzas Armadas. Al finalizar la reunión, Serrano se acercó al primer mandatario y le dijo que no se preocupara, que las cosas estaban bien y que sus hombres habían enfilado sus baterías contra un objetivo bueno, pero no le especificó de qué se trataba.
Al salir del palacio presidencial, Serrano fue quizás uno de los pocos miembros del comité que no salió preocupado. Y tenía motivos para no estarlo. Hacia las cuatro de la tarde del lunes de la semana pasada, poco antes de desplazarse para la Casa de Nariño, uno de los hombres del CEC que tenía la misión específica de buscar a Gilberto Rodríguez Orejuela, llamó a Serrano y le dijo que ese día habían localizado al presunto jefe del cartel en algún lugar a 500 metros a la redonda de la avenida 8a. N con calle 28, al norte de la capital vallecaucana. El oficial del CEC le manifestó a Serrano que él creía que ese lunes 5 de junio se había iniciado la cuenta regresiva y que estaba tan seguro de lo que tenían entre manos que era posible que en los siguientes días estrecharan el cerco y cayera su presa.
SEMANA dialogó largamente con el oficial del Bloque de Búsqueda que capturó a Rodríguez y logró reconstruir los pormenores de lo que ocurrió en las 96 horas que precedieron al primer gran golpe contra la cúpula del cartel de Cali.

'EL FLACO' Y LAS MUCHACHAS
En la mañana de ese lunes, y después de una paciente labor de ocho días, cuatro miembros del Bloque de Búsqueda, dos mujeres y dos hombres, lograron localizar nuevamente a un hombre al que le habían perdido la pista y quien se desempeñaba como mensajero de Rodríguez. Se trataba de Alberto Madrid Mayor, alias 'El Flaco', o 'Jorge', una persona de unos 35 años de edad, bien vestido y de 1,78 metros de estatura.
El Bloque de Búsqueda supo de la existencia de 'El Flaco' a mediados del mes pasado, después de verificar los datos que le suministraron algunos informantes y luego de encontrar que su nombre aparecía mencionado en documentos decomisados en numerosos allanamientos. Además, confirmaron que este hombre aparecía mencionado en los llamados narcocasetes, pues dialogó en dos ocasiones con el periodista Alberto Giraldo cuando éste llamaba a Gilberto Rodríguez a Cali. Por esa razón los miembros del CEC tuvieron la certeza de que si querían llegar a Gilberto Rodríguez tenían que seguir pacientemente a Madrid y esperar. A los oficiales del Bloque no les quedó difícil establecer que el sospechoso vivía en una moderna casa del barrio Ciudad Jardín, al sur de Cali, no muy lejos de las lujosas residencias donde tradicionalmente habitaban los cabecillas del cartel.
Tras determinar la importancia de 'El Flaco', los miembros del Bloque de Búsqueda decidieron no capturarlo y pusieron a dos mujeres a que lo siguieran. "Ellas se vestían deportivamente y fingiendo que trotaban, durante muchas mañanas pasaron frente a la casa de 'El Flaco'. Así lograron conocer exactamente su fisonomía. Pero ocurrió que en numerosas ocasiones lo siguieron hasta el otro extremo de la ciudad, pero de pronto se nos perdía", relató el oficial del CEC consultado por SEMANA. Así, el sospechoso desaparecía y aparecía como por encanto y los oficiales del bloque de busqueda se sorprendieron al descubrir que Madrid utilizaba un sencillo pero muy eficiente sistema para escabullirse.
Por eso los agentes del CEC se sintieron satisfechos porque aunque ese lunes 'El Flaco' se les volvió a perder, esa vez tuvieron la certeza de que el sospechoso había ingresado a alguna residencia o edificio de esa zona del norte de Cali. Además, por otros documentos obtenidos en un allanamiento, el Bloque supo que en esa parte de la capital vallecaucana Gilberto Rodríguez tenía, simultáneamente, su casa y una oficina provisional. '¿Nosotros sabíamos que un perímetro de 500 metros es poco, pero en una zona tan densamente poblada como esa era imposible pensar en hacer una operación. Había que precisar un sitio exacto para no fallar", sostuvo la fuente del Bloque de Búsqueda.
El día siguiente, el martes 6 de junio, la incertidumbre volvió al seno del Bloque de Búsqueda. Ese día, según recuerda el oficial del CEC, hubo mal tiempo en Cali, los teléfonos celulares no funcionaban y las señales de radio con los demás miembros del Bloque eran muy deficientes. Y lo peor, 'El Flaco' no apareció por ninguna parte y tampoco fue a su residencia en Ciudad Jardín. Pero las cosas empezaron a cambiar radicalmente el miércoles cuando las dos mujeres del Bloque que hacían ejercicios cerca a la casa del sospechoso vieron que éste entró y salió nuevamente. A partir de entonces, y aunque 'El Flaco' desapareció por momentos, los miembros del Bloque de Búsqueda ya no le perdieron más el rastro y se limitaron a esperar a que este los llevara al sitio donde debía reunirse con su jefe. El CEC montó un sistema de vigilancia escalonado, con agentes que iban a pie o en taxi, o que simplemente se paraban en una calle. Alberto Madrid regresó normalmente a su casa esa noche del miércoles y repitió la rutina durante el jueves. Los miembros del Bloque sabían que era cuestión de esperar. Y así ocurrió.

EL DIA FINAL
En la mañana del viernes, como de costumbre, las dos mujeres del CEC que hacían ejercicios en los alrededores vieron a 'El Flaco' cuando salió de su casa a las siete de la mañana. El hombre avanzó a pie desprevenidamente. Debajo del brazo llevaba un fólder amarillo y parecía disfrutar del día, que era soleado. Sin embargo, cuando ya había caminado unas cuatro cuadras, Madrid regreso y saco del garaje un automóvil Renault 9. Unas 10 cuadras más adelante parqueó el carro, lo dejó bien cerrado y empezó a caminar nuevamente. Para ese entonces las dos mujeres del CEC salieron de la escena y el seguimiento lo continuaron otros agentes encubiertos.
El oficial del Bloque que estaba al frente de la operación, y quien finalmente capturó a Rodríguez, también participó en el seguimiento a 'El Flaco'. Según le contó a SEMANA, en una de esas calles se encontró de frente con el sospechoso, pero obviamente éste siguió de largo. "Yo no dejé de sorprenderme y en un momento creí que podía quedar quemado para la operación dijo el oficial-. Pero rápidamente fui a un o de los carros del Bloque, me cambié de camisa, me mojé el pelo y continué el seguimiento".
Ocho cuadras más adelante Madrid tomó un bus y detrás de él se subió un miembro del CEC vestido de albañil. Diez cuadras más adelante el hombre bajó del automotor y empezó a caminar nuevamente. Muy frecuentemente 'El Flaco' miraba para atrás y de vez en cuando hablaba con alguna persona.
"Nosotros creemos que él tenía personas que le decían si lo estaban siguiendo, es decir, campaneros, porque las veces anteriores en que se nos perdió fue porque minutos antes había hablado con alguien. Y así era muy difícil seguirlo. Uno tenía que hacerse a no menos de 50 metros de distancia", relató un oficial del CEC.
La persecución parecía interminable, pero los miembros del CEC descubrieron que poco a poco el sospechoso se acercaba a la zona en donde había desaparecido los días anteriores. Tras caminar por más de media hora, 'El Flaco' volvió a tomar un bus y finalmente se bajó a pocas cuadras del sitio donde finalmente caería su jefe. Los agentes del Bloque de Búsqueda lo siguieron y se quedaron a una distancia prudencial cuando vieron que ingresó al cruce de la calle 28 entre las avenidas octava y novena, en el elegante barrio Santa Mónica, al norte de Cali, que limita con el cerro de las Tres Cruces y la ciudadela Chipichape. La calle estaba casi vacía y por ello ninguno de los agentes se arriesgó a que lo descubrieran. Pocos minutos después un miembro del Bloque caminó por la calle y observó que solamente había dos casas a las cuales 'El Flaco' habría podido entrar. Además, los dos sitios coincidían con las coordenadas de una llamada telefónica detectada días atrás. Eran las 10 de la mañana del viernes 9 de junio.

De inmediato los agentes del CEC se replegaron y se comunicaron con su comandante, quien acababa de llegar al barrio Santa Mónica. Entonces, a través de un sofisticado aparato de comunicaciones satelital, proporcionado por la agencia antidrogas de Estados Unidos DEA, el oficial se comunicó con el general Serrano, quien a esa hora asistía en Cali al sepelio del jefe de inteligencia de la Policía en Buga, que fue asesinado por sicarios. Serrano acababa de pronunciar un duro discurso contra el narcotráfico y de invitar a los vallecaucanos a denunciar a los cabecillas del cartel cuando el oficial del Bloque de Búsqueda le dijo: "Mi general, puede ser hoy. ¿Por qué no planeamos la operación?". De inmediato el director de la Policía le dijo que sí y se dirigió al cuartel central del CEC.
Hacia las 11:30 de la mañana, Serrano, el oficial y un pequeño grupo de 10 miembros del CEC, en presencia de algunos agentes de la DEA, se sentaron a diseñar el plan para allanar los dos lugares donde podía estar Rodríguez. El plan consistió en colocar hombres del Bloque en cinco puntos críticos de fuga y ocupar algunas viviendas del sector. La estrategia era sencilla, pero difícil de ejecutar porque se podía filtrar la información. Además, en ese momento en la sede del CEC había por lo menos 500 hombres y eso, según concluyeron, era muy peligroso para el éxito de la operación porque allí todo se sabe muy rápidamente. Hasta ese momento sólo 15 personas de absoluta confianza de Serrano conocían lo que estaba ocurriendo.

UNA PARED FALSA
Entonces Serrano dijo que para mover a los hombres que iban a cooperar en la acción y para que él pudiera estar más cerca del sitio de los hechos, era necesario montar una fachada. Así, se les ocurrió decirles a los hombres que estaban en la sede del Bloque que había información sobre un posible atentado contra el general y que era necesario que todos los agentes le hicieran una escolta para que el oficial se desplazara al cuartel de la, Policía Metropolitana de Cali este plan fue ejecutado inmediatamente, y los miembros de la Policía se colocaron muy cerca uno del otro para escoltar la caravana que se desplazó en pocos minutos por la ciudad.
Con el plan en marcha y con la certidumbre de que Rodríguez Orejuela se encontraba en uno de los dos lugares seleccionados, el oficial al mando llegó a una de las dos viviendas, pero encontró que estaba vacía. Eso facilitó las cosas porque la otra no podía fallar. En efecto, hacia las tres de la tarde unos 17 hombres del CEC llegaron a la puerta demarcada con el número 28-97 de la avenida novena norte. Se trataba de una casa con fachada común y corriente, típica de clase media, y cuya pintura estaba algo deteriorada.
Los oficiales del CEC golpearon y de inmediato salió una joven bien vestida, que preguntó qué querían. El hombre al mando de la operación le dijo que se trataba de un registro rutinario y que iban a revisar el inmueble. Acto seguido, a la puerta se asomaron Alberto Madrid, 'El Flaco', dos muchachas del servicio y otro hombre de aspecto corpulento. Los ocupantes de la vivienda no opusieron resistencia y permitieron el ingreso de los miembros del Bloque de Búsqueda.
El interior de la casa contrastaba enormemente con la fachada: los pisos eran de mármol, había grandes congeladores y era muy confortable. En pocos minutos los investigadores requisaron el inmueble, donde hallaron algunos dólares, dos millones de pesos en efectivo, un radio de comunicación y algunos documentos. Pero no había rastro de Gilberto Rodríguez.
Entonces empezó una labor mucho más dispendiosa, que consistió en buscar un escondite. Media hora después el resultado seguía siendo negativo. Sin embargo un oficial del CEC se acercó a una enorme biblioteca colocada en la sala de la casa y observó que en el pisó había vidrios en pedazos pequeños. Al miembro del Bloque le llamó la atención que esos residuos estuvieran allí si la casa estaba impecablemente arreglada. El investigador pensó que la causa podía ser que alguien se hubiera escondido precipitadamente. Sin dudarlo alertó a sus compañeros y dio orden de que dos agentes golpearan la pared posterior del mueble. En efecto, era hueca. Entonces todos alistaron sus armas y cuatro hombres del CEC corrieron el mueble.
Para su sorpresa, de un hueco de escasos dos metros de alto por uno y medio de ancho, salió Gilberto Rodríguez Orejuela. El cabecilla del cartel de Cali salió con las manos en alto y con una pistola en su cintura. Con media docena de fusiles apuntándole al cuerpo, Rodríguez, en tono nervioso pero no asustado, le dijo al comandante de la operación: "Hombre, hicieron su trabajo bien. Los felicito porque ganaron".
Instantes después y con Rodríguez esposado en una de las esquinas de la sala, el oficial que comandó la operación llamó al general Serrano y le dijo: "Mi general, le cumplimos. La misión fue positiva, tenemos a Gilberto". Serrano le dijo que lo esperara, que ya iba para allá. Mientras tanto, al lugar llegó un fiscal sin rostro, quien inició la revisión de los elementos decomisados. De repente, en una esquina de la caleta sonó un teléfono celular que estaba tapado por una camiseta. Era de Rodríguez. El fiscal contestó y al otro lado de la línea un hombre, creyendo que Rodríguez le contestaba, dijo: "Hola señor, le habla Lalo". El fiscal trató de continuar la charla pero su interlocutor descubrió el engaño y colgó.

RUMBO A BOGOTA
Inmediatamente después llegó Serrano y montó a Rodríguez a su lado en el automóvil blindado de la Policía Metropolitana de Cali. Dio la orden de que se trasladaran de inmediato a la base aérea Marco Fidel Suárez, donde estaba parqueado el avión que lo había llevado en la mañana a la capital vallecaucana. El director de la Policía recuerda que el trayecto entre la casa y el aeropuerto fue muy tensionante porque imaginó miles de cosas que les podían pasar. Pensó, por ejemplo, que un francotirador les iba a disparar o que decenas de taxis le iban a cerrar el paso al vehículo. Por eso dio la orden perentoria de que nadie podía contarle a los periodistas lo que estaba ocurriendo.
Cuando abordaron el avión de la Policía, Serrano descansó y aunque fue un tortuoso vuelo de una hora, intercambió algunas palabras con el detenido. Rodríguez le dijo al comandante de la Policía que las conversaciones con la Fiscalía para su sometimiento a la justicia iban muy avanzadas y que a él le habían dicho que Serrano era un enemigo de la entrega de los jefes del cartel. Rodríguez también le dijo al oficial que en realidad estaban muy presionados por el Bloque de Búsqueda y le aclaró que su amistad con José Santacruz y Pacho Herrera nació en la necesidad de tener aliados para pelear contra Pablo Escobar. También le contó que ese viernes fue muy especial porque se sintió muy deprimido y llegó a tener el presentimiento de que algo iba a pasar ese día. El diálogo terminó cuando Rodríguez le dijo a Serrano que la pelea ahora es en los estrados judiciales.
Hacia las 5:15 de la tarde, cuando llegaron al aeropuerto de Bogotá, Rodríguez fue introducido en un helicóptero y llevado a la Dirección General de la Policía, donde lo esperaban dos centenares de periodistas. Serrano voló en helicóptero a la Casa de Nariño. El oficial, todavía vestido con su uniforme de clima caliente, ingresó al despacho presidencial por una puerta grande, por la que solamente entra el jefe del Estado. Allí lo esperaban, además de Samper, el vicepresidente, Humberto de la Calle; el canciller, Rodrigo Pardo; el director del DAS, Ramiro Bejarano; el ministro de Defensa, Fernando Botero; el ministro de Justicia, Néstor Humberto Martínez; Juan Manuel Turbay, secretario general de la Presidencia, y el secretario privado del Presidente, José Antonio Vargas Lleras.
Serrano se dirigió a Samper y volvió a repetir la frase que había pronunciado dos horas atrás: "Señor Presidente, misión cumplida". Entonces, todos aplaudieron.

SE CIERRA EL CIRCULO
LA SOFISTICADA ESTRATEgia de seguridad de los hermanos Rodríguez Orejuela y de los demás cabecillas del cartel de Cali se basaba hasta hace pocas semanas en la teoría de los anillos concéntricos. Es decir, cada uno de los jefes de la organización tenía a su alrededor cuatro o cinco anillos compuestos por 20 ó 25 hombres cada uno, que se movían hacia donde se desplazara el cabecilla. Esto significaba, ni más ni menos, que cerca de 100 personas se encargaban de informar sobre cualquier movimiento extraño.
Esa. estructura, hasta entonces impenetrable por los organismos de inteligencia, fue vulnerada cuando el gobierno ofreció jugosas recompensas a cambio de la información necesaria que condujera al paradero de los jefes del cartel. Por eso fue inmediata la reacción de los abogados de los cabecillas -que se encargaron de decir que la divulgación de las fotografías de sus jefes era inconstitucional- y de algunos congresistas, que alegaron que esa masiva divulgación iba a frustrar la entrega de los jefes de la organización del Valle del Cauca
No obstante, las propagandas con las recompensas no fueron sacadas del aire y fue así como de la noche a la mañana los 100 hombres que conformaban cada anillo se convirtieron en potenciales enemigos porque todos sabían los movimientos de los cabecillas.
Y se trataba de una jugosa suma de dinero -1.8 millones de dólares, una cifra cercana a la que el gobierno de E.U: ofrece por los terroristas del edificio de Oklahoma- y la posibilidad de viajar al exterior en el plan de protección de testigos. Ese peligro, que ellos empezaron a ver como inminente, obligó a que los Rodríguez cambiaran de estrategia. No en vano la Policía contabilizó en el último mes 72 asesinatos cometidos presuntamente por gentes del cartel interesadas en eliminar potenciales denunciantes.
Hace tres semanas las autoridades interceptaron una llamada móvil de Gilberto Rodríguez, quien viajaba en un taxi, en la que le explicaba a su interlocutor que su seguridad dependía ahora de andar con la menor cantidad de gente posible.

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