Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2000/11/13 00:00

El gran debate

El mano a mano entre el ‘profe’ y la ‘monita’ deleitó, desconcertó y dividió aún más.

El gran debate

Lo primero que hay que decir sobre el gran debate entre Antanas Mockus y María Emma Mejía es que no fue un debate. A lo que más se pareció fue a un examen final. Concretamente un examen oral. No hubo intercambio alguno de posiciones entre los dos participantes. Cada uno se limitaba a contestar las preguntas de un panel de profesores integrado por María Teresa Ronderos, editora general de SEMANA; Juan Lozano, director de Citytv, y Rafael Santos, director de El Tiempo. María Emma dejó la imagen de que había estudiado muchísimo para el examen y Mockus la de que había sido tan buen estudiante todo el año que no tenía porqué clavarse para los finales.

Al terminar el debate los dos bandos quedaron igual de eufóricos, pensando cada uno que había ganado. Los staffs de María Emma y de Mockus se lanzaron a abrazar a sus candidatos como al final de un match de boxeo. Sin embargo tocaba esperar el puntaje del jurado para saber a cuál de los dos contrincantes le iba a levantar el juez la mano en la mitad del cuadrilátero. El auditorio creía que había presenciado una pelea muy pareja y que cualquiera de los dos podría haber ganado. Cuál no sería el desconcierto cuando se pronunció el jurado —es decir la primera encuesta— y comunicó que Mockus había ganado por knock out (53 contra 33 por ciento, según Napoleón Franco). Cuatro días más tarde otra encuesta del Centro Nacional de Consultoría desvirtuó el resultado anterior, dándole a María Emma una estrecha victoria por puntos.

En términos generales se anticipaba que Mockus, el gran maestro con su impresionante inteligencia y su gran facilidad de expresión, iba a pulverizar a la monita del suéter en los hombros. El balance final fue que Mockus estuvo menos bien de lo que se esperaba y María Emma menos mal. De María Emma se oyeron dos elogios y dos críticas. Lo positivo fue su conocimiento de la problemática del Distrito y lo concreto de sus respuestas. Lo malo, su estilo algo postizo y su contenido demagógico. Queriendo decir por esto último que sus respuestas eran eminentemente políticas y diseñadas para satisfacer a su electorado.

A Mockus se le calificó en una forma diferente. Hubo un gran elogio y una gran crítica. El primero, fue que no trató de complacer a nadie sino que fue totalmente honesto y espontáneo en la forma de expresar su pensamiento. La crítica fue que, fuera de la honestidad, nadie entendió cuál era ese pensamiento. En otras palabras, fue tan abstracto y etéreo, tan pedagógico y didáctico, que no dijo nada.

En el debate hubo un poco de todo. La sección en que se requería contestar múltiples preguntas con un escueto sí o no la ganó María Emma. Se veía espontánea, ágil e informada. Mockus, quien por haber sido alcalde tenía que dominar los temas más que ella, titubeaba de vez en cuando. Tal vez tenía razón pues al fin y al cabo es muy difícil poner en blanco o negro algo que muchas veces es gris. Pero su escepticismo registró menos bien en televisión que la ametralladora mental y verbal de María Emma.

En cuanto al tema espinoso del Country Club, fue uno de los pocos en que estuvieron en desacuerdo. María Emma afirmó que es un asunto que no puede ser considerado prioritario por las limitaciones presupuestales. Fue una actitud valerosa si se tiene en cuenta el valor simbólico que ha adquirido la bandera de ‘expropiar’ el Country. Mockus, quien en el pasado se había mostrado reticente, apoyó la iniciativa sumándose a la fórmula de Enrique Peñalosa de pagar, no en efectivo sino modificando la normatividad de los terrenos para que una parte de estos sean urbanizables.

Como era de esperarse, cada uno hizo por lo menos una vez el oso. María Emma, cuando se le preguntó cuáles eran los callos que iba a pisar para sacar adelante la ciudad. Dio la impresión de confundir callos con problemas y contestó que iban a ser el empleo, la educación, la seguridad, etc. Y a Mockus cuando se le preguntó cuáles serían los cuatro proyectos del POT que consideraba prioritarios, contestó que el Transmilenio, la planeación y que había que educar a la gente. Probablemente hubiera quedado mejor con la teleaudiencia simplemente reconociendo que no se había leído el documento.

Dos días después del debate en CityTv se llevó a cabo otro en El Espectador con Carlos Lleras de la Fuente como moderador. En esta ocasión los candidatos no fueron dos sino cuatro, para que quedaran incluidos Claudia de Castellanos y William Vinasco. Este acto de democracia hizo que el evento fuera algo aburrido a pesar de los apuntes del moderador y de que los cuatro candidatos estuvieron muy bien. Cuatro personas contestando la misma pregunta son muchas. Si a esto se suma que la transmisión comenzó a las 11 y media de la noche y que duraba hora y media, habría que llegar a la conclusión de que el impacto de este segundo debate fue marginal.

Al cierre de esta edición se estaban esperando las primeras encuestas después de los debates para ver si habían alterado el empate técnico entre María Emma y Mockus a que se había llegado hace 15 días. La encuesta del Centro Nacional de Consultoría, publicada el domingo en El Espectador, parecía indicar que no (36-34 ganando Mockus, lo cual constituye un empate técnico pues el margen de error es de 3 por ciento). Es la primera vez desde que hay elección popular de alcaldes en Bogotá en que nadie sabe quién va a ganar a 10 días de las elecciones. Estos días que faltan prometen ser muy emocionantes.

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