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| 4/26/2014 12:00:00 AM

El gran desafío de Reconciliación Colombia

Sin enfrentar la desigualdad y sin generar empleo, es imposible construir una sociedad armoniosa. Esta fue la conclusión del cuarto encuentro en Bucaramanga.

El pasado miércoles 23, en Bucaramanga, se cerró un ciclo. Ese día tuvo lugar el cuarto y último encuentro regional del proyecto Reconciliación Colombia, en cada uno de los cuales autoridades locales, empresarios y líderes sociales de regiones muy distintas, han compartido ideas acerca de cómo puede el país marchar hacia la reconciliación.

La reunión de Bucaramanga fue la última antes del encuentro nacional, que se hará el 15 de mayo en Bogotá. A diferencia de reuniones anteriores, el énfasis de buena parte de los 60 participantes, que venían de los santanderes y el Eje Cafetero, fue que generar empleo y combatir en serio la desigualdad con planes adaptados a cada territorio y cada vereda es un paso indispensable para que la violencia ceda su lugar a mecanismos civilizados, institucionales, de manejo de los conflictos locales, sin lo cual hablar de reconciliación es una palabra vacía.

Lo dijo, de manera sentida, Cecilia Zuluaga, de una asociación de víctimas de Puerto Berrío, en el Magdalena Medio antioqueño: “Dicen reconciliación y perdón pero si no tienen ni trabajo las víctimas, por Dios, ¿de qué reconciliación se puede hablar?”. Planteó el desafío en toda su dimensión Gloria Serrano, de la Unidad de Víctimas: “el conflicto armado ha profundizado la pobreza”.

Lo ratificó el senador electo Horacio Serpa, quien afirmó que, además de una pedagogía de la paz y una cultura de no violencia para sensibilizar a los “muchos sectores que creen que ya no hay guerra”, es indispensable superar el miedo de la sociedad colombiana al cambio, para modificar el modelo económico y enfrentar la inequidad, una de las grandes barreras en el camino de la reconciliación.

Y lo dijeron representantes de grandes empresas, como Margarita Obregón, de Ecopetrol. Dijo que la petrolera está haciendo una autocrítica a su trabajo en los territorios, para “pasar de los sellos y los reconocimientos a la acción” e invitó a las empresas a hacer lo mismo. Contó que está haciendo trabajo con las víctimas, promoviendo una cultura de paz y que ha emprendido un proyecto para un centro de la memoria en el Magdalena Medio.

“Un proyecto exitoso de reconciliación exige construir confianza, presencia continua en el territorio y sostenibilidad”, sostuvo Luis Fernando Samper, de la Federación de Cafeteros, mostrando los proyectos en los que está involucrada por todo el país la agremiación. Ana Certuche, de Acopi, enfatizó en la necesidad de proyectos adecuados y de calidad para atender a las víctimas o reintegrar excombatientes: “somos felices invirtiendo en tiendas para población víctima o desmovilizada, pero esas tiendas a veces duran tres meses”. 

Se oyeron fuertes críticas a las autoridades locales por la lentitud en el trabajo con las víctimas y por no asistir al evento. Se señalaron las dificultades de la reconciliación. Ana María Díaz, de la Asociación de Familiares de Desaparecidos de Santander, con la foto de uno de sus familiares colgada al cuello, dijo: “No tenemos ni los muertos para velarlos. ¿Cómo vamos a reconciliarnos?”.

Se pidió compromiso al Estado: “El gran desafío del Estado es recuperar la confianza de las víctimas”, dijo Ana Guatame, de la organización Equitas, de Risaralda. Y se llamó a las empresas a vencer las prevenciones y “cambiar de mentalidad, generar oportunidades de empleo o reintegración para las víctimas y quienes han participado en el conflicto”, como concluyó Diana Giraldo, subdirectora del diario Vanguardia Liberal.

Se presentaron dos historias, emblemáticas de los cerca de 500 casos, de individuos, comunidades u organizaciones que promueven la reconciliación en muchos lugares del país y que el proyecto Reconciliación Colombia ha detectado. Miguel Solano, que pasó de la Policía a las autodefensas y se reintegró para convertirse en abogado de las víctimas, y Jeny Castañeda, que perdió a su madre a manos de Ramón Isaza, jefe de las autodefensas del Magdalena Medio, y terminó perdonándolo, protagonizaron los momentos más emotivos del encuentro de Bucaramanga.

Con este, se da fin a la fase de los encuentros regionales y se entra en la etapa preparatoria del encuentro nacional, en Bogotá. Como lo mostraron estos cuatro amplios escenarios de diálogo y crítica donde son las regiones las protagonistas, hablar de reconciliación no es fácil (hasta para definirla hay debate), pero es indispensable. Ese es el gran desafío que tiene Colombia.
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