Sábado, 29 de noviembre de 2014

| 2008/06/14 00:00

El gran encarte

DMG, la firma más grande de las que ofrecen exorbitantes beneficios a sus clientes, tiene en jaque al Estado. A pesar de las sospechas de lavado de dinero y captación ilegal, nada se ha probado aún, y el gobierno considera la posibilidad de regular sus actividades.

David Murcia Guzmán, dueño de la empresa DMG, cuyo nombre está inspirado en sus iniciales, inició en Internet una cruzada de respaldo. En menos de una semana logró que 10.000 personas se solidarizaran con él. “Crean en ustedes mismos, en Dios, en DMG y en David Murcia Guzmán”. Y “Sólo Dios puede acabar con nuestro grupo”, son frases de la convocatoria

Hace algunos días, cuando los ministros rindieron cuentas sobre sus gestiones al Presidente, se presentó un episodio muy particular. En el momento en que pasaron al tablero las entidades relacionadas con la cartera de Hacienda, se discutieron los grandes temas macroeconómicos que inquietan al país: el régimen cambiario, la inversión y la deuda externa. Pero sorprendió a todos que se destinara parte del tiempo a hablar de las 'empresas de dinero fácil' (como las ha tildado el gobierno). Y sobre todo de una que preocupa especialmente: DMG.

A través de varias diapositivas en Power Point, un alto funcionario explicó lo que llamó la "supervisión preventiva" de dicha empresa y explicó cómo la Dian, la Unidad de Inteligencia y Análisis Financiero del ministerio de Hacienda, la Fiscalía, el DAS y la Policía Judicial trabajan en conjunto para desentrañar la fórmula mágica de esta empresa para multiplicar el dinero. No es la primera vez que el tema se trata en el alto gobierno. En febrero, la presidencia convocó a las cabezas de las entidades antes mencionadas para tratar el tema, y en el Ministerio de Hacienda ha habido al menos dos sesiones con el mismo fin.

Todo indica que las actividades de las captadoras ilegales, de las llamadas pirámides y de empresas como DMG se está "convirtiendo en un verdadero problema de Estado", como lo pronosticó en enero pasado César Prado, el superintendente financiero, cuando una investigación de SEMANA destapó el tamaño que estaban alcanzando estos negocios.

Por esta razón causaron sorpresa las declaraciones del mismo Superintendente hace pocos días en el Congreso, cuando sugirió que el país debía sincerarse frente a la actividad de estas empresas. Dijo: "la idea es que colectivamente se defina qué tipo de actividad pueden o no realizar esas empresas". El estupor no sólo fue porque la autoridad financiera sea la que plantee esta posibilidad frente a una actividad vista con recelo, sino porque, además, Prado es el único funcionario que ha tomado medidas contra estas empresas. Por ejemplo, obligó a DMG a devolver los dineros que, según la entidad, había captado ilegalmente. Esta empresa obedeció y trasladó con algunos ajustes su operación a una empresa nueva con un nombre similar

David Murcia Guzmán, dueño de la controvertida empresa cuyo nombre está inspirado en sus iniciales (DMG), ha dicho a esta revista que su actividad es comercial, que lo que hace es vender bienes y servicios a través de tarjetas prepago y que no capta dinero.

Las declaraciones del Superfinan-ciero habrían sido simples palabras, de no ser porque la semana pasada en el proyecto de ley marco de la Reforma Financiera presentado por el gobierno, se incluyó al menos un aspecto que tiene que ver con la actividad de DMG. Se trata del artículo 83 de la mencionada reforma, que habla sobre regularizar la venta de tarjetas prepago, que es lo que DMG dice hacer. De aprobarse la ley como está, sería el gobierno quien definiría los alcances de la regulación. SEMANA confirmó que al menos tres congresistas se refirieron al tema de las empresas de dinero fácil en las discusiones previas a la presentación del proyecto.

Prado explicó a SEMANA que para controlar las actividades de estas empresas hay dos mecanismos: el primero es administrativo cuyas medidas y alcances son, según él, "relativamente débiles". De ahí que lo que se buscará con la reglamentación de las tarjetas prepago es evitar que tras este instrumento comercial se esté escondiendo el delito de captación ilegal. El otro es el penal. En la Fiscalía hay nueve denuncias vigentes contra DMG. Aunque no se conoce ningún proceso en su contra por haber incumplido sus ofrecimientos, hay indagaciones por los posibles delitos de captación ilegal y lavado de activos.

La empresa, que comenzó actividades hace cinco años en La Hormiga, Putumayo, ha tenido un excepcional crecimiento. De la noche a la mañana se posicionó entre las 600 con más ingresos del país. Además de una treintena de puntos de venta en el país y una telaraña de otras empresas asociadas con la holding que ha conformado, tiene proyectos en México, Perú, y operaciones en Venezuela, Ecuador y Panamá.

Cada día son cientos de personas los que se involucran con esta empresa. La reflexión de mucha gente es que mientras las autoridades permitan su funcionamiento, significa que es legal. Además, en ningún otro lado obtienen los beneficios que allí se consiguen. Por ejemplo, si usted tiene 50 millones de pesos en efectivo para comprar un vehículo, adquiere una de las tarjetas prepago de DMG, reclama el carro, y a la vuelta de seis meses le pueden devolver la totalidad de lo invertido. Con tales ganancias hoy son muchos que dicen que DMG traduce "Dios Mío, Gracias".

El problema es que es un misterio de dónde sale tal cantidad de dinero para soportar esta actividad. En una extensa entrevista de David Murcia con SEMANA, las explicaciones que busca dar sobre su "toque de Midas" son insuficientes.

Buscar que avance en paralelo lo penal, mientras se discute la regulación, pareciera ser la forma del gobierno para salir del aparente punto muerto en que están sus actuaciones frente a esta empresa.

El riesgo está en llevar la discusión a foros como el Congreso, sin haber resuelto antes varios interrogantes clave para saber que es lo que se está aprobando. Las autoridades primero deben definir si hay o no riesgo de perder de dinero para quienes dejan allí sus capitales. También es clave despejar cualquier duda sobre si es una actividad de captación ilegal. Y es importante aclarar si tras estas empresas de dinero fácil se oculta otro tipo de actividades delincuenciales de mayor calado como un posible lavado de dinero, hipótesis en la que trabajan algunos investigadores.

Sin resolver estos interrogantes, la estrategia para controlar esta actividad se puede convertir en una fórmula para legitimar y legalizar algo a lo que no se le conoce su verdadero alcance. Buscar que colectivamente se defina qué hacer, como lo planteó el Superfinanciero, es no tener en cuenta el daño que negocios ilegales, como el narcotráfico, le han hecho a la sociedad colombiana en sus valores. El culto al dinero fácil, sin preguntar su origen, ha corrido muchas fronteras en la sociedad. Y esto también ha sucedido en el Congreso.

Mientras tanto, David Murcia ha logrado en torno a sí un masivo respaldo. Cuando la Superfinanciera lo sancionó, convocó a más de 2.000 personas que marcharon hasta el Congreso. Y ahora su estrategia es en Internet. En Facebook hay una decena de grupos de apoyo de lo que ellos llaman la familia DMG, que se defiende, según ellos, de los ataques del sector financiero (que le tienen cerradas las puertas a las actividades de esta empresa) y los medios de comunicación. Con el ofrecimiento de puntos para sus tarjetas y sus rifas, Murcia ha logrado gran solidaridad. En menos de una semana más de 10.000 personas se inscribieron en uno de estos grupos. Anuncia que su primera meta es lograr el respaldo de 100.000 personas y luego el de tres millones. "Crean en ustedes mismos, en Dios, en DMG y en David Murcia Guzmán", dice uno de los mensajes publicados para iniciar la convocatoria. Y sin importar las dudas que hay sobre su actividad, y las respuestas que aún están pendientes por parte de los entes de control, el mensaje en uno de los apartes concluye: "Sólo Dios puede acabar con nuestro grupo".

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