Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1999/11/15 00:00

EL GRAN GOLPE

SEMANA revela detalles desconocidos de la operación milenio, en la que cayeron 30 <BR>extraditables, y entrevista a Fabio Ochoa, el más importante de los detenidos.

EL GRAN GOLPE

Durante dos semanas empezaron a circular en Medellín y Cali unos volantes que
invitaban al Seminario Interinstitucional de Derechos Humanos y Policía Judicial para los días 12 y 13
de octubre. La información se publicó en varios medios y los carteles se leían en distintas calles
de las ciudades mencionadas. Aparentemente todo estaba listo pa-ra recibir a los conferencistas y
participantes al seminario que tenía como propósito reflexionar sobre los derechos humanos. Con ese
propósito el pasado martes en las horas de la tarde viajaron a Medellín y Cali cerca de 200 personas
entre fiscales, procuradores y agentes especiales de la Policía. Ninguno de ellos tenía idea de lo que
les esperaba.
Mientras el grupo se desplazaba de Bogotá hacia Medellín y Cali, en el Palacio de Nariño el presidente
Andrés Pastrana ultimaba los detalles del desayuno de trabajo que tendría el miércoles con los
ministros de Defensa, Luis Fernando Ramírez; Interior, Néstor Humberto Martínez, y los generales
Fernando Tapias, comandante de las Fuerzas Armadas; Jorge Mora, comandante del Ejército, y el
general Rosso José Serrano, director de la Policía Nacional, para definir los cambios que se
realizarían en las Fuerzas Militares a partir de noviembre. Antes de programar su agenda para las ocho
de la mañana del miércoles Pastrana sabía que le esperaba una reunión muy tensa.
Entretanto los asistentes al Seminario sobre Derechos Humanos ya se encontraban reunidos en dos
grandes salones de importantes hoteles de las ciudades de Medellín y Cali. A las nueve de la
noche estaban listos para oír la primera conferencia sobre terrorismo. Pero todos se quedaron con
sus lápices y libretas en la mano. Los fiscales encargados del seminario les anunciaron el verdadero
motivo de la reunión: "No hay conferencia, estamos en una operación secreta. A la una de la mañana
empieza el operativo. A las tres deben estar organizados por grupos para recibir las instrucciones para
comenzar a operar y a las 4:30 de la mañana se dará, simultáneamente, el golpe en varias ciudades".
El seminario era la fachada de la operación secreta contra el narcotráfico más importante de fin de
siglo y por eso se llamó operación Milenio.
El trabajo de los investigadores de la Fiscalía comenzó en febrero de este año cuando el embajador de
Estados Unidos, Kurtis Kamman, se reunió en el bunker de la Fiscalía General con el fiscal Alfonso
Gómez Méndez para darle a conocer un mensaje del presidente estadounidense Bill Clinton y de la
procuradora Janet Reno, en el que pedían su colaboración para iniciar la operación conjunta más
importante después de la caída del cartel de Cali.
Luego de escuchar el mensaje Gómez Méndez reunió a su gente de confianza y después se puso
en contacto con el general Rosso José Serrano para iniciar las labores de investigación. El 19 de
febrero el fiscal Gómez Méndez tuvo en sus manos la solicitud formal del Departamento de Justicia
de Estados Unidos. La petición era una sola: asistencia judicial _con fundamento en el artículo 7 de la
Convención de Viena_ para desmantelar una organización internacional muy poderosa con vínculos con
los carteles de México y con contactos en Ecuador, Estados Unidos, Europa y Asia.
En la primera reunión de fiscales, investigadores y agentes de la DEA las autoridades
norteamericanas suministraron una sola prueba: la identificación de Alejandro Bernal Madrigal. Al
grupo de Inteligencia de la Policía y la Dijin no le sorprendió el anuncio. Muerto Pablo Escobar, en el
mundo de la mafia se comenzó a hablar de su sucesor y los investigadores comenzaron a escuchar
de fuentes de Inteligencia el nombre de Bernal. Pero necesitaron cerca de tres años para saber a
ciencia cierta de quién se trataba. Lo primero que establecieron fue que su alías era 'Juvenal'. Los
informantes de las autoridades daban fe de que los cargamentos de droga que salían de los puertos
colombianos con destino a México y Europa tenían como único dueño a este hombre que todavía no
tenía rostro para los investigadores.
A mediados de noviembre de 1997 el grupo Elite de Inteligencia de la Policía logró atar los primeros
cabos para lograr la identificación de 'Juvenal'. Una operación encubierta, que duró cerca de tres
meses, permitió conocer las primeras pruebas sobre la identidad del nuevo jefe de los cargamentos de
coca. "A partir de ese momento y durante 730 días, un grupo de investigadores se acostó y se
levantó con Juvenal en la mente", dijo a SEMANA uno de los oficiales que participó en la operación
Milenio.
Durante los tres años de seguimiento ininterrumpido los agentes investigadores lograron recopilar una
buena cantidad de información que se tradujo en videos y fotos sobre los movimientos de Bernal. Ese
material llegó a manos de la DEA, la CIA y el FBI, que de inmediato las repartió a sus filiales en
México, Ecuador y 10 países europeos.
Poco conocían los investigadores, hasta ese momento, sobre la organización de Bernal. "Sólo
teníamos dos alternativas: lograr infiltrar gente nuestra en su grupo de trabajadores o conseguir que
algunos de ellos se convirtieran en informantes. Obtuvimos lo segundo. Toda la información que
comenzaron a suministrar lo hicieron directamente con agentes estadounidenses", agregó el oficial.

Para los investigadores el éxito de la operación Milenio radicó en la penetración que se logró
hacer de la organización de Alejandro Bernal. Los informantes aportaron las pruebas a los agentes
gringos de todas las operaciones de narcotráfico que adelantó el capo en los últimos tres años, así
como sus contactos con los carteles mexicanos, que se convirtieron en sus socios para el tráfico de
drogas hacia Estados Unidos.
"En el último año de investigación se empezó a construir el proceso judicial en Estados Unidos. Aquí
en Colombia iniciamos el desarrollo de la operación de inteligencia. Nosotros sólo actuamos con
base en las pruebas que fueron recopilando las autoridades estadounidenses", señaló uno de los
oficiales que participó desde el comienzo en el montaje de la operación Milenio.

Los 30 del patíbulo
Después de la paciente labor de seguimiento y recolección de información la operación Milenio entró
en su fase final a comienzos de febrero pasado. Se conformaron tres grupos élites: uno de la
Policía, otro de la Dijin y un tercero de la Fiscalía. En total fueron seleccionados 50 hombres, a
quienes se les entregó la responsabilidad de mantener una estricta vigilancia sobre un grupo de 30
personas, entre las que estaban Alejandro Bernal y Fabio Ochoa Vásquez. El objetivo final de la
operación era lograr su captura y ponerlos a disposición de las autoridades con el fin de adelantar
los trámites pertinentes para su extradición. Para que la operación no fuera permeable el fiscal
Alfonso Gómez Méndez, el director de la Policía, general Rosso José Serrano, y el director de la Dijin,
general Ismael Trujillo, decidieron aislar a los investigadores del resto de sus compañeros y montar
un 'cuartel' de operaciones en el que ninguna persona ajena a la investigación pudiera asomar sus
narices.
"Todo el trabajo de seguimiento se hizo con los más modernos equipos satelitales, con
interceptaciones telefónicas, con personal camuflado en los sitios que frecuentaban. Además se
realizaron videos y se tomaron fotos, es decir, no quedó nada por fuera", señalaron a SEMANA
varios de los agentes que participaron en la operación Milenio. Todo este material reveló que Bernal
era el jefe de la organización y que se había convertido en el reemplazo del capo mexicano Amado
Carrillo Fuentes, después de su trágica muerte en un quirófano _mientras le practicaban una cirugía
plástica_ y de la caída de los carteles de Medellín, Cali y la Costa.
Una vez muerto el jefe del cartel de Juárez, Bernal se convirtió en el principal proveedor de
estupefacientes para los mercados de Estados Unidos y Europa, utilizando rutas por Ecuador,
Venezuela, Guatemala y México. Los investigadores de la Fiscalía concluyeron que Bernal "alcanzó a
tener la capacidad de poder almacenar grandes cantidades de droga para disponer de ella en cualquier
momento, es decir, para armar un embarque en poco tiempo y enviarlo". Según los fiscales, el capo
logró un promedio de exportación de cocaína de 15 toneladas mensuales y unas ganancias diarias de
casi un millón de dólares.

Aparece Fabio Ochoa
Los fiscales que estuvieron al frente de la investigación aseguraron que para que esa empresa
funcionara se necesitaba gente que tuviera la capacidad económica de invertir rápidamente en el envío
de turno. Así fue como llegaron a Fabio Ochoa. Para la Fiscalía, Ochoa no fue más que un socio
capitalista, una persona que invertía, eventualmente, grandes sumas de dinero en cargamentos.
"Durante la investigación se logró confirmar que Fabio Ochoa mantenía una vieja amistad con Bernal.
Lo contactó en el bajo mundo del negocios de la droga, le suministró rutas y le presentó una serie de
personajes que decidieron confiar en él por el respaldo que les garantizó Ochoa. Pero además Ochoa
invirtió en los envíos de droga que hizo 'Juvenal' a México y que tenían como destino Estados
Unidos. Todas esas pruebas las tienen las autoridades norteamericanas. Por esa razón se ordenó su
detención con fines de extradición", señaló a SEMANA uno de los investigadores de la operación
Milenio.
Al igual que Ochoa, cayeron otras 29 personas. Para las autoridades, tanto colombianas como
estadounidenses, no hay duda de la complicidad de todos los capturados en el delito de tráfico de
estupefacientes y del liderazgo de Bernal como nuevo capo de la organización.

Las pruebas de Estados Unidos
Una de las pruebas reina que tienen los norteamericanos contra los 30 colombianos solicitados
en extradición son precisamente dos cargamentos de droga que fueron incautados por las autoridades
a mediados de agosto.
El primero cayó en Quito en desarrollo de la operación Atahualpa. Los narcotraficantes
pretendían llegar con la droga a Estados Unidos pero fue incautada en Ecuador. Iban 2.872 kilos
de cocaína camuflada en cloro líquido dentro de unos cilindros metálicos. Las autoridades lograron
comprobar que era la organización de Bernal la que estaba detrás de todo. Además de las labores de
interceptación de comunicaciones los agentes de la DEA obtuvieron las confesiones de los capturados
con el cargamento. En este momento, según las autoridades, están colaborando con la justicia
norteamericana Hernán Jaramillo, Luis Bernardo Valencia, Ana Cristina Mesa y los hermanos Hugo y
Parmenio Ramírez Rodríguez, todos detenidos el día del operativo.
El otro golpe se dio en la operación Houston, el 30 de agosto. La droga fue incautada cerca de las
costas de Estados Unidos. Las autoridades dejaron salir el cargamento y asaltaron el embarque en
altamar. Los agentes se encontraron con centenares de paquetes de pulpa de fruta fresca. Después de
unas horas, cuando la pulpa se descongeló, los fiscales estadounidenses pudieron comprobar que la
mezcla no era otra cosa que cocaína.
En este caso también hubo capturas y nuevos datos que involucraban a 'Juvenal' y a sus socios. Toda
esa información empezó a engrosar los expedientes de los jueces de tribunales en los estados de la
Florida y Texas. Con esa información en la mano y con la identidad de los participantes en la
organización el gobierno de Estados Unidos pidió al gobierno colombiano que la Fiscalía General de la
Nación expidiera las capturas con fines de extradición. Así se hizo.
El fiscal encargado, Jaime Córdoba Triviño, aclaró que, hasta ahora, las 30 personas capturadas el
pasado miércoles no tienen procesos pendientes con la justicia colombiana y que el éxito de la
operación había sido el resultado de la cooperación judicial entre Colombia, Estados Unidos, Ecuador
y México. Córdoba Triviño resaltó también la manera coordinada como se realizó el trabajo entre las
distintas entidades y dijo que parte del logro obtenido había sido el manejo de la información. "La
información estuvo compartimentada todo el tiempo, no obstante que todas las entidades sabían que
había un solo objetivo". La Fiscalía explicó, además, que la entidad lo único que hizo fue cumplir con
una solicitud de asistencia judicial, amparada en el artículo 563 del Código de Procedimiento Penal. Así
lo explicó un funcionario: "Nosotros cumplimos con la petición de la asistencia, es decir, que
estábamos trabajando o colaborando para una autoridad judicial de Estados Unidos, que son los que
tienen las pruebas contra todos ellos. Y como las capturas fueron con solicitud de extradición aquí no
podemos evaluar las pruebas y no nos podemos quedar con ellas. No las podemos manipular. Todo
eso se va para Estados Unidos".

El día D
La hora final de la operación Milenio llegó el miércoles a la madrugada. A las cuatro de la mañana los
200 hombres invitados al Seminario sobre Derechos Humanos estaban a la espera de la orden para
iniciar los allanamientos en Bogotá, Medellín y Cali. Fue un trabajo sincronizado en el que no se dejó
nada al azar. Para la captura de Fabio Ochoa la Policía desplegó un grupo de 40 agentes que
custodiaron su casa en Medellín 48 horas antes de su arresto. Fueron conformados otros ocho grupos,
de 20 agentes, que cubrieron ocho sitios adicionales en la capital antioqueña que eran frecuentados
por Ochoa. Otro grupo fue desplazado a Cartagena donde el hermano menor de la familia Ochoa tiene
varias propiedades.
El control de su casa se hizo desde un observatorio que se instaló a 15 kilómetros de su finca en
las afueras de Medellín. Allí los agentes montaron un telescopio que les permitió seguir cada paso de
Ochoa. Un avión, dotado con un cañón infrarrojo, sirvió de guía a los 40 agentes que tenían a su
cargo la detención.
En Cartagena se acondicionaron tres lanchas rápidas y un helicóptero para evitar cualquier intento de
fuga. Y se montó un puesto de mando en la capital antioqueña que dirigió toda la operación a
través de telefonía satelital para evitar cualquier intercepción.
No menos espectacular fue la captura de Alejandro Bernal en Bogotá. Para ella se destinaron 50
agentes operativos que controlaron los pasos del capo durante tres días. Los agentes tendieron un
cerco de un kilómetro alrededor de su casa y cerraron las principales salidas de la capital. Hacia las
5:30 de la mañana los allanamientos y las detenciones habían finalizado con éxito.
Dos horas y media después el general Serrano llegó a su cita al Palacio de Nariño. A esa hora
también acudieron puntuales los ministros y los generales Tapias y Mora. El presidente Pastrana
también estaba listo para dar comienzo a la reunión. Pero el tema del día _los cambios y ascensos
militares_ pasaron a un segundo plano. Serrano entregó su parte de victoria y un mensaje de Janet
Reno al Presidente. Durante tres horas Pastrana y sus invitados conocieron de primera mano lo que
había ocurrido la noche anterior.

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