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| 3/15/2008 12:00:00 AM

El gringo y las Farc

Las autoridades colombianas y extranjeras están desconcertadas por la correspondencia entre Raúl Reyes y Jim Jones, un académico norteamericano, encontrada en el computador jefe guerrillero.

En los centenares de correos electrónicos que han sido descubiertos en el computador del miembro del Secretariado Raúl Reyes, uno ha llamado la atención de las autoridades colombianas y extranjeras. Es un mensaje de Reyes a Manuel Marulanda, alias 'Tirofijo', del 26 de octubre de 2007. Dice: "Saludos del profesor. Según su visión, Uribe acrecienta su desprestigio en Estados Unidos, fuera de serias contradicciones al interior del uribismo y del gobierno. Considera que el despeje de los municipios puede darse por las causas mencionadas. Congresistas demócratas lo invitaron a Washington para unas entrevistas sobre la crisis colombiana, donde el tema principal es el canje".

Así mismo, Reyes le remite una carta del 'profesor', un tal Jim. SEMANA ha podido confirmar que Jim es James C. Jones, un académico norteamericano y ex consultor de Naciones Unidas.

En la carta, Jones dice: "recibe mis saludos cálidos de siempre desde Washington. Gracias por la carta del 18 de octubre, la cual leí con mucho interés. Esta vez me da un gusto especial, no sólo la ocasión de saludarle y responder a su carta, sino ofrecer mi ayuda en forma más tangible de lo que deseamos: el intercambio humanitario".

"La gran noticia es que conversé el jueves 18 varias horas con el congresistas demócrata James McGovern. En la reunión, el señor McGovern y yo tuvimos la oportunidad de intercambiar unas ideas que serán, creo, del interés de las Farc-Ep". La oficina de McGovern confirmó a SEMANA la realización de la reunión y explicó que formaba parte de los esfuerzos del congresista por lograr el intercambio humanitario.

En conversación con SEMANA, Jones reconoció la veracidad de la carta y explicó que su contacto con Reyes sólo tenía un objetivo: la liberación de los 'prisioneros' en poder las Farc y del gobierno.

En su misiva, Jones resume a Reyes los pormenores de su reunión con el congresista y se lamenta que "a mi juicio, un problema de fondo es que las Farc-EP no tienen un vocero estratégicamente que puede comunicarse directamente con personas de influencia de mi país como el señor McGovern". En otro aparte, Jones se descarta como vocero, pero se ofrece como un "puente" de comunicaciones entre el congresista y las Farc. El académico, quien profesa su amor por Colombia, le dijo a SEMANA que hizo el ofrecimiento porque la guerrilla necesita interlocutores si se quiere lograr la paz, y que es un error aislarla.

En el momento de escribir la carta, aún estaba activa la mediación de la senadora Piedad Córdoba y del presidente venezolano Hugo Chávez. De Córdoba dice que "a pesar de sus buenas intenciones, no es vocera de las Farc... Se me hace que como política es muy hábil, pero le falta experiencia en manejar temas relacionados con la paz".

Les plantea a las Farc unas ideas para lograr el intercambio humanitario, entre ellas una reunión en Caracas con representantes de Venezuela, Colombia, Farc, países vecinos, congresistas (McGovern) y la Iglesia Católica. "Será casi imposible que Uribe niegue tal encuentro, sin quemarse mucho a nivel nacional como internacional -dice Jones-. Si persiste en negarlo, tengo entendido que hay formas para presionarle desde mi país".

Agrega que "el encuentro en Caracas será una forma idónea para internacionalizar a las Farc y les dará reconocimiento internacional (cosa que Uribe no quiere). También le dará la oportunidad de mostrar al mundo, que uno puede negociar con las Farc".

Termina la misiva con un saludo a los "compañeros y compañeras. Un abrazo bolivariano - Jim. Estoy listo para visitarlo aunque me falta el dinero". En otro correo electrónico del 11 de diciembre enviado por el comandante guerrillero Iván Márquez a todos los del Secretariado (incluido Reyes), Márquez ofrece reunirse con Jones y un abogado de 'Simón Trinidad'. El académico le reconoció a SEMANA que en los últimos cuatro años se ha visto con Reyes y otros miembros del Secretariado.

Según Jones, sus gestiones humanitarias eran conocidas por miembros del gobierno de Estados Unidos. Su embajada en Bogotá le dijo a SEMANA que "no hemos visto documentos del computador de Reyes que corroboren esa información y por eso no podemos comentar".

Jones afirma que todos sus contactos con las Farc siempre han sido de carácter profesional y académico. Él vino por primera vez al país en los años 60, cuando la Alianza para el Progreso estaba en auge. Fue profesor de un colegio en la Costa Caribe. Regresó a Colombia a finales de los 80 como consultor de Naciones Unidad para el desarrollo alternativo. Trabajó en Guaviare, Putumayo, Caquetá, Valle y Cauca. Cuando arrancó el proceso de paz del presidente Andrés Pastrana, Jones era un asesor para la región andina de la ONU. Allí fue donde conoció a varios jefes de las Farc.

Unos años después, ya en Washington, se ganó la beca MacArthur de la Fundación Carter para hacer una investigación de dos años sobre el conflicto colombiano, donde restableció contactos con Reyes y otros comandantes guerrilleros. Dice que estuvo en Caquetá cuando arrancó el Plan Patriota.

Desde entonces, reconoce haber mantenido un contacto fluido con las Farc, en especial con Reyes, con el fin de avanzar hacia un acuerdo humanitario y una negociación de paz. Según él, es el único norteamericano que ha trabajado con ellos y que los conoce como ninguno. Preguntado sobre el tono cordial y amistoso que emplea en su carta a Reyes, Jones dice que era necesario para generar confianza. Lamenta la muerte de Reyes porque dice que ocurrió en un momento crucial: "había un optimismo moderado" sobre la posible liberación de más secuestrados, incluidos Íngrid Betancourt y los tres norteamericanos. Es la misma apreciación que tenía el gobierno ecuatoriano, según lo ha dicho el ministro Gustavo Larrea.

Para el analista Adam Isackson, del Centro de Política Internacional de Washington, "Jones obra con buen corazón". Otras personas consultadas por SEMANA, que conocen al académico desde hace años, creen que él es como esos europeos que mantienen una visión romántica de la guerrilla.

Jones está convencido de que no ha hecho nada mal. Que las ideas que exponía a las Farc eran apenas eso -ideas- y no consejos. Pero en el mundo pos-11 de septiembre mantener contactos con una organización que su mismo país considera terrorista genera inquietudes y hasta suspicacias. Y más en Colombia, donde las Farc han demostrado ser todo menos ángeles de la guarda y combatientes por la paz. Cuando se opera en un mundo clandestino, hay un alto riesgo de terminar salpicado en una investigación judicial. Ahora Jones, posiblemente, tendrá que explicarle a la justicia cuál era su papel.
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