Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/08/10 00:00

EL GUERRILLERO POETA

El comandante del ELN, Antonio García, ha decidido alternar el lenguaje del fusil con el de la poesía.

EL GUERRILLERO POETA

La reciente apertura del ELN, a raíz de las conversaciones de Mainz que se realizan esta semana, no sólo ha generado expectativas sobre un eventual proceso del paz con uno de los grupos más radicales de la guerrilla colombiana, sino que ha sacado a la luz facetas desconocidas de algunos de sus comandantes. Hace poco los colombianos pudieron ver a Nicolás Rodríguez, Gabino, acompañado de guitarra, entonar varias melodías en un noticiero de televisión. Ahora el turno es para Antonio García, comandante político del grupo, quien ha hecho descubrir sus inclinaciones literarias. Hace unos cinco años Antonio García decidió que era hora de dejar descansar el fusil de tanto en tanto para echarse la pluma al hombro y comenzar a disparar desde otros frentes: los de la poesía. Ni siquiera sus compañeros lo sabían entonces, pero el comandante había firmado un acuerdo tácito con las musas mucho tiempo atrás, cuando era apenas un colegial y entretenía a sus amigos recitando poemas de Pablo Neruda. Aunque su vena de escritor se había hecho notar, desde aquella época su más cercana relación con la poesía tenía que ver sólo con la interpretación y la lectura. Leía de todo un poco, pero cuando decidió irse al monte seleccionó entre sus autores favoritos a Neruda, a Gonzalo Arango y, por supuesto, a algunos clásicos, para luego alimentar su morral con poetas tan contemporáneos como el irlandés Seamus Heaney y el antillano Derek Walcott, ambos premiados con el Nobel. Curiosamente el uruguayo Mario Benedetti, cuyos poemas se convirtieron en una biblia para cualquier seguidor de la causa revolucionaria, quedó desplazado a un segundo plano. Dos libros y uno en caminoConvencido de que el destino le anunciaría el instante de comenzar a escribir, García fue tomando notas durante las campañas en papelitos que guardaba con sigilo en los bolsillos y que luego leía una y otra vez durante las noches. Hasta que llegó la ocasión de cumplirle a las musas un buen día de enero de 1994 y sin que ninguna circunstancia en particular le sirviera de sustancia catalizadora. "Fue un momento de reflexión prolongado y profundo durante el cual me pregunté primero lo que significaba para mí la poesía y luego lo que quería escribir, dijo Antonio García a SEMANA. Me di cuenta de que la poesía era para mí ese idioma del silencio que todos llevamos dentro pero que nos cuesta trabajo sacar, y de que lo que yo quería plasmar en versos era un diálogo permanente con el hombre con la duda como método y por medio de una poesía abierta y nunca concluyente". De esta reflexión nació el libro Poemas imperfectos, una serie de 47 versos que terminó en agosto de 1995 tras año y medio de trabajo. Sin embargo, lejos de abandonar el entusiasmo, García emprendió inmediatamente la tarea de escribir un segundo volumen, el cual concluyó cinco meses después en 40 poemas con el título de Desiertos. "Ahora estoy dedicado al tercero, pero me ha costado un trabajo enorme porque llevo dos años en mis propias búsquedas existenciales y temáticas", comenta. En el monte los únicos interlocutores de su naciente poesía no podían ser otros que los propios guerrilleros del ELN. Sin embargo hace poco apareció un nuevo lector que lo tiene padeciendo por la espera de sus comentarios. Se trata de Gabriel García Márquez. "En los últimos años he tenido la oportunidad de dialogar en varias ocasiones con él, dice el comandante, y en una de las conversaciones el tema salió a colación. Entonces decidí enviárselos para ver qué opinión le merecían. Se los mandé hace unos dos años, pero por un sinnúmero de obstáculos creo que apenas los alcanzó a recibir en enero".
El Dalton colombiano
La mayoría de los poetas militantes de la revolución han terminado mamertizándose, limitando sus versos a promover su causa política y guerrillera. Sin embargo los poemas de Antonio García, aunque se nutren de sus vivencias en el monte, son universales, desprendidos de cualquier connotación politizante. En pocas palabras, su poesía está distante de ser un panfleto, algo que no deja de sorprender en un hombre comprometido de pies y cabeza con la insurgencia. El caso de García hace recordar al del poeta Roque Dalton, militante salvadoreño que murió asesinado a manos de sus propios compañeros en 1975 y cuyos versos fueron suficientes para ganarse un lugar preponderante en la historia de la poesía latinoamericana contemporánea. Sin embargo los versos de Antonio García están cruzados más por la melancolía que por la denuncia. Incluidos los títulos, sus poemas están escritos en letras minúsculas y sin signos de puntuación. "Por una parte, creo que todavía no ha llegado el momento de escribir en mayúsculas. Por el otro, quise liberarme del obstáculo de la puntuación por la razón que enuncio en uno de mis versos: 'no quiero que mi voz se canse en los silencios de las pausas obligadas". Son poemas que hablan de amor, pero también de la soledad y de la angustia del hombre por el futuro incierto y de la despersonalización de la humanidad. Y, por supuesto, también de su propia causa, como lo demuestra el poema que cierra su primer libro y que se titula Territorio confidente (ver recuadro). "La mentira de la que yo hablo ahí es la que se viene mostrando, que ahora sí la paz... que ahora sí el cambio... que ahora sí la desmovilización... que todo va a cambiar. Es una tremenda mentira, nada ha cambiado. Por eso prefiero habitar estos territorios, los confidentes". En mitad de la selva, ese 'territorio confidente', García ha tomado por costumbre abandonarse a la pluma casi siempre de noche, a la luz de una vela y guarecido en su cambuche, unas veces acechado por los zancudos y otras por la lluvia, para sacar de una vez y para siempre toda la nostalgia que lleva encima. En ocasiones él mismo se sorprende al verse escribiendo en mitad de un operativo. Sin embargo son solo borradores que luego madura en la soledad de su tienda. "Por el momento mi poesía es triste, dice García, pero es que la historia de nuestro país ha sido triste y uno no puede apartarse a un lado y cerrar los ojos para escribir cosas alegres... Aunque también aspiro a que ocurra el milagro de que todo cambie y entonces pueda sentarme a escribir sobre la alegría". Ante la avidez de su pluma sólo resta esperar que, descubierto el escritor, su fusil termine por fin archivado. Algunos de sus poemas
llegar primeronos detuvimos
aquí
en el último recodo de un instante
en la noche transparente
del destiempo
en la lenta densidad
de la ironíao en el eco marginal del viento
en su partida
nos detuvimos
aquípara preguntarnos
si la suerte
estará
de nuestro lado
para saber
si llegaremos primero
que el camino

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