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| 7/16/2001 12:00:00 AM

El hablador

La desaparición de un importante dirigente embera-katío ha causado un revuelo nacional e internacional sin precedentes.

El lider embera-katio Kimy Pernía Domicó incomoda a muchas personas porque sabe hablar. Sus palabras en su lengua o en español fluyen con facilidad y despiertan el espíritu de quienes las oyen. Por eso, para silenciarlo, tres hombres armados, al parecer pertenecientes a las autodefensas, se lo llevaron esposado el pasado 2 de junio de las oficinas del resguardo indígena en Tierralta, Córdoba. Pero fracasaron en su misión porque al secuestrarlo liberaron su mensaje, lo enviaron más allá de las tierras de los cabildos del río Sinú y el río Verde.

Kimy, que en embera significa “vara delgada y larga”, era uno más en su comunidad hasta que empezó a hablar. En los cabildos la gente se reunía para oírlo contar la historia antigua que le había enseñado su abuelo o exponer los problemas que tendrían con la construcción del megaproyecto hidroeléctrico de Urrá. Se convirtió en una figura respetada por los 2.800 indígenas embera de su región y hasta por sus contradictores del Ministerio del Medio Ambiente, uno de los cuales lo definió como “un hombre de principios, claro en sus ideas, lógico, consecuente, uno de los mejores líderes indígenas que hay en el país”. Su desaparición ha provocado un revuelo nacional e internacional sin precedentes. Nadie quiere que Kimy se sume a la lista de 18 dirigentes embera que han sido asesinados en los últimos dos años, con lo cual se ha desarticulado el tejido social de esta comunidad de ‘hombres de río’.

La semana pasada 700 indígenas, en representación de los 72.000 embera que viven en el país, se movilizaron a Córdoba con el único propósito de rescatar vivo a su hermano de sangre. Al mismo tiempo, a miles de kilómetros de distancia, en Toronto, Canadá, un grupo de amigos de Kimy encendió una llama que sólo va a ser apagada cuando el dirigente vuelva con los suyos al alto Sinú. “El es un amigo, un gran líder, un sabio, una persona muy respetada aquí en Canadá. Nos duele muchísimo que esté en manos de gente asesina y brutal”, dijo a SEMANA la periodista Kathy Price, del Comité Inter-Iglesias Canadienses Pro-Derechos Humanos en América Latina.

Esta entidad y la organización no gubernamental Rights and Democracy también aportaron 29.000 dólares para apoyar a los indígenas que se desplazaron a Córdoba. Días antes un grupo de 58 parlamentarios canadienses habían firmado una carta, en la que le pedían al presidente Andrés Pastrana “realizar todo lo que esté a su alcance para garantizar el retorno seguro de este líder valeroso”. En el Festival de Cine de Montreal, donde se exhibió el documental Nuestro río, nuestra vida, la lucha de los embera-katío, la premio Nobel Rigoberta Menchú pidió que el dirigente indígena fuera liberado.



Kimy vs Urra

En Canadá la desaparición de Kimy ha causado tanto revuelo porque en ciertos sectores de ese país sienten su causa como propia. En noviembre de 1999, cuando Urrá I ya había entrado en operación, Kimy denunció el drama de su pueblo ante el Parlamento canadiense: “La represa trajo la muerte a nuestra gente; muerte de los pescados, muerte de los miembros de nuestra comunidad, que han sentido la pérdida de proteínas, debilitando su salud, y la muerte de nuestros líderes que han protestado y desafiado este proyecto. La represa Urrá I es como una pared que corta el río Sinú e impide la subienda de los pescados. En este momento peces como el bocachico, yulupa, charua, barbule y otros, han sido prácticamente acabados. El impacto sobre mi pueblo es muy, pero muy triste”.

Su testimonio impresionó a los parlamentarios porque Kimy dijo que parte del proyecto había sido financiado con 18,2 millones de dólares entregados por la empresa semiestatal canadiense Export Development Corporation. En el mismo escenario el líder indígena enfatizó que los embera se oponían en forma rotunda a Urra II, la segunda etapa de la hidroeléctrica, porque “causará mayores e irreparables daños a la Madre Tierra y a quienes vivimos en ella. Déjenme aclarar: diciendo esto, como lo digo hoy, mi vida corre peligro”. De regreso a Colombia encabezó una marcha desde Tierralta hasta Bogotá. El 11 de diciembre de 1999 se tomó, junto con 167 miembros de su comunidad, los jardines del Ministerio del Medio Ambiente. En ‘Kurazandrúa’, como bautizaron en su lengua los indígenas a la capital, los embera permanecieron 136 días, hasta el 25 de abril de 2000, cuando llegaron a un acuerdo con los representantes del gobierno.

Por esta época el pueblo de Kimy ya se encontraba dividido entre los que se oponían al proyecto y los que habían decidido aceptar dinero a cambio de un acuerdo con la represa. El siempre se había opuesto a recibir cualquier cantidad porque “no comemos plata, y nuestros ancianos nos han prevenido y nos han dicho que el dinero trae consigo problemas como la prostitución, el alcoholismo, la delincuencia, la pérdida de la cultura y profundas divisiones dentro de nuestras comunidades”. Un día las autodefensas intentaron llevarse a algunos miembros de esta última fracción. El dirigente lo impidió, aunque algunos de sus hermanos no estaban convencidos de hacerlo, porque cree que “un embera es un embera y nadie tiene derecho a llevárselos”.

Después de la sonada toma de los jardines del Ministerio Kimy continuó hablando. Lo hizo en Ginebra ante los organismos de Naciones Unidas y en abril de este año participó en la Cumbre de los Pueblos de América que se llevó a cabo en Quebec, Canadá. Dos días antes de su secuestro se había reunido con una delegación de las Primeras Naciones y con representantes de Rights and Democracy para denunciar el exterminio al que viene siendo sometido su pueblo por parte de las autodefensas y la guerrilla. Hasta ahora ningún grupo o persona ha reivindicado o reconocido su participación en la desaparición del líder indígena. Del caso lo único que se ha hecho público es un comunicado de los cabildos de los ríos Verde y Sinú en el que informaban de la captura de un sospechoso, por parte de tropas del Batallón Junín, horas después del secuestro de Kimy. Los embera, los ‘hombres de río’, no van a cesar en su búsqueda, lo necesitan. Al fin y al cabo no todos los días aparece un guía que gracias a su trabajo logre darle un nuevo sentido a su nombre. Desde hace un tiempo Kimy significa en embera “hombre sabio”.
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