Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1991/09/30 00:00

EL HIJO DE ISAAC

Quién es el industrial de 33 años que acaba de comprar el BCC.

EL HIJO DE ISAAC

EL ESCANDALO DEL BANCO de Credito y Comercio, BCC, fué muy grande. Y en uno de los pocos lugares donde tuvo un final felíz fué en Colombia. El banco no se quebró, ni fué intervenido, y en cambio fué comprado y convertido en el Banco Andino. Pero la expectativa que el caso BCC despertó hizo que muchos colombianos se fijaran en los líos del pasado y no en quién fue el empresario que llevó a cabo la adquisión del establecimiento financiero. Pero si no se ha hablado de él, ahora se comenzará a hablar.
Cuando comenzaron las ofertas para comprar el BCC de Colombia, seis nombres se oyeron como posibles nuevos propietarios: De Lima, la Corporación Financiera de Santander, Diners, Prodeco, Bolsa de Bogotá y los Gilinski. El último, el más desconocido de todos, fué el que le ganó la jugada a los demás. Un caleño de 33 años, Jaime Gilinski, se instaló durante tres semanas en el Hotel Intercontinental de Londres y, asesorado por la prestigiosa firma de abogados Baker Mackenzie, consiguió quedarse con la propiedad mayoritaria del que se convirtió en Banco Andino. La negociación la adelantó con la Touche Ross, multinacional de la auditoría, encargada por la Corte de Luxemburgo de vender los activos del BCC. Aunque sus competidores lo vieron como un aparecido con cara de niño, lo cierto es que un vistazo a su hoja de vida les hubiera evitado dolores de cabeza. Estudió primaria y bachillerato en Cali, en el colegio hebreo Jorge Isaacs. Luego fue ingeniero industrial de la Georgia Tech, en Atlanta, Estados Unidos; máster en Administración de Empresas, en Harvard, en 1980, y empleado por más de un año del Morgan Stanley de Nueva York, la encopetada escuela élite de banqueros, especializada en adquisión y fusión de empresas.
A pesar de su corta edad, lo que no hay duda es que Gilinski es un poder económico. Es hijo de Isaac Gilinski Sragovicz, de 64 años, descendiente de inmigrantes lituanos que llegaron a Barranquilla a finales de los años 20, y quien mantiene inversiones en compañías como Atila de Colombia, Productos Yupi, Bon Bril, Colcurtidos, Curtiembres de Itaguí y la Companía Financiera Internacional, de financiamiento comercial. Padre e hijo han estado ligados al sector financiero a través de las juntas directivas del Banco Sudameris y la financiera Jaime Gilinski está vinculado por matrimonio a una de las familias más prominentes y pudientes de Panamá.
Pero Jaime Gilinski, casado, con tres hijos y jugador de golf y de tenis, está lejos de sólo ser un heredero, aunque su padre le haya soltado las riendas en el nuevo frente de negocios. Toda su vida ha sido un trabajador de tiempo completo. En 1987 hizo lo que considera su obra de arte: trajo a Colombia, específicamente a Medellín, a Protect Gamble, la número uno del mundo en productos del hogar, en una operación que concluyó con la adquisición de Inextra S.A.
No aspiro a tener el banco más grande del país, sino el más rentable y sólido, asegura con toda la firmeza que le da el haberse formado en Wall Street. Y su trabajo en los últimos días ha sido agitado. El próximo miércoles los clientes de su banco tendrán chequeras nuevas. A mediados de la semana pasada logró instalar a Guillermo Villaveces Medina, ex presidente del Banco de Colombia y del Banco Sudameris, como nuevo presidente del Banco Andino, y ya convocó para el próximo 24 de septiembre a una asamblea de accionistas en donde instalará una nueva junta directiva, compuesta por nombres sin tacha en el mundo empresarial y financiero nacional.
Mientras tanto se culminan los detalles de la negociación con los antiguos accionistas del BCC. Por ahora se trata de conseguir las firmas de jeques y príncipes que se encuentran en islas Cayman, Pekín, Luxemburgo y Abu Dhabi, para lograr consolidar una operación que, aunque confidencial, se cree que no pudo haber pasado de los 10 millones de dólares. Lo cierto es que en principio la desaparición del BCC y el nacimiento del Banco Andino han logrado recuperar la liquidez perdida con retiros por unos 18 mil millones de pesos durante mes y medio de escándalo. Es el comienzo de un nuevo banquero que tiene tras de sí la herencia de un lituano que, a comienzos de los años 30, empezó a curtir pieles con un tambor de 55 galones en Piedecuesta, Santander, y formó una empresa que se llamó Minski y Gilinski: la conocida y de éxito Curtiembres Bufalo.

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