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| 2/20/2005 12:00:00 AM

El hombre aguanta

La imagen de Álvaro Uribe sigue muy sólida, a pesar de que acaba de pasar el momento más difícil de su Presidencia.

El año 2005 no empezó bien para el presidente Álvaro Uribe. La semana pasada explotó un desacuerdo público entre sus más cercanos colaboradores -nada menos que el Vicepresidente, el Ministro del Interior y el Alto Consejero para la Paz- sobre el proyecto de ley que regulará la negociación con las AUC. La guerrilla de las Farc ha dado golpes militares que suscitaron toda una controversia pública sobre los verdaderos resultados de la política de seguridad democrática. Y en el frente internacional hubo desacuerdos con la ONU que terminaron con el retiro de los buenos oficios de paz, y el grave incidente con Venezuela que, si bien culminó el martes con un amistoso abrazo entre Uribe y Hugo Chávez en Caracas, suscitó interrogantes -planteados en editoriales de El Tiempo y de El Nuevo Siglo- sobre hasta qué punto se habían solucionado las diferencias de fondo.

La enfermedad del oído que afectó al primer mandatario (laberintitis) y que lo obligó a suspender por unos días, en Cartagena, su estilo de presidencia itinerante y hasta su famoso lema de trabajar, trabajar y trabajar, dejó evidentes huellas en su aspecto físico. Más pronto que en los cuatrienios de sus antecesores, ya empezaron a salir fotos que lo comparan con su apariencia en el momento de la toma de posesión y muestran un visible cansancio.

¿Le llegó la hora difícil a la exitosa y popular administración de Álvaro Uribe? ¿Cómo serán los próximos meses en los que se verá si su candidatura para la reelección, en el momento en que los electores vayan a las urnas, será tan fuerte como parece hoy? SEMANA contrató con la firma Invamer-Gallup una encuesta -realizada entre el martes y el jueves pasados en las cuatro principales ciudades del país- para medir el impacto de los últimos sucesos sobre la imagen del Presidente y su gobierno. La conclusión, en síntesis, es que lo han afectado pero en una magnitud que, a menos que se consolide en los próximos meses, no es significativa. Hay una dosis de pesimismo en el corto plazo que no afecta la visión positiva de los meses venideros.

Una amplia mayoría de los colombianos en las cuatro ciudades principales mantiene altísimos índices de aprobación a la gestión presidencial. La cual ha perdido 6 puntos en lo corrido de 2005, pero se mantiene en 71 por ciento, un nivel casi idéntico al de septiembre del año pasado. Lo anterior significa que se decantó la euforia propia de la temporada decembrina, que había incrementado la popularidad de Uribe. Sin embargo, entre enero y la primera mitad de febrero hubo una baja notable en el clima general, y la cantidad de colombianos que considera que las cosas en el país están mejorando se desplomó de 52 a 35 por ciento, mientras que la de quienes juzgan que están empeorando se trepó de 26 a 39 por ciento. Un deterioro considerable, sobre todo para un plazo tan breve.

De la lista de preocupaciones que ha mantenido congestionada la agenda del presidente Uribe en las últimas semanas, la que tiene más nuevos críticos es el manejo del proceso con los paramilitares. La aprobación a la gestión en esta área cayó de 73 a 58 por ciento, y la desaprobación creció en 7 puntos. Y ante la pregunta de si prefieren que el gobierno haga énfasis en que los paramilitares paguen adecuadamente sus delitos ante la justicia, o que haga concesiones en las penas para asegurar el éxito de la negociación, un poco más de la mitad -54 por ciento- se inclina por la primera alternativa y 34 por ciento por la mano blanda.

La crisis con Venezuela, según esta encuesta, también perjudicó la imagen del gobierno. La aprobación de la política exterior, que se había mantenido muy alta en los dos años y medio que lleva, cayó 10 puntos, y la desaprobación creció en 4. Tampoco hay demasiado optimismo sobre la manera como evolucionará esta relación bilateral después del incidente causado por la captura de Granda: sólo 10 por ciento prevé que será excelente. Si se suman estos últimos con los que la califican de 'buena', y se comparan con quienes creen que será pésima, mala o regular, se concluye que la opinión está divida por mitades en este asunto.

Estos resultados muestran un quiebre que, sin embargo, por no ser muy marcado no podría catalogarse como un cambio de tendencia. Además, la investigación tiene buenas noticias para el Palacio de Nariño. La más importante es que la gestión gubernamental sobre un problema tan grave como el desempleo tuvo un repunte muy apreciable. Por segunda vez desde que se inició la administración Uribe la aprobación -que se trepó de 43 a 48 puntos- es mayor que la desaprobación, que se desplomó en 15.

La calificación sobre un asunto tan sensible desde el punto de vista social, como el desempleo, es crucial. Más aún cuando otras investigaciones han mostrado que en la actualidad este es un tema que preocupa más a los colombianos que incluso la inseguridad. Este no es el único hallazgo positivo para el gobierno. La gente considera que, en términos generales, el presidente Uribe ha cumplido sus promesas en los principales temas, aunque hay más satisfacción en el combate contra las Farc (la mayoría cree que el Ejército les está ganando la guerra) y en la lucha contra la corrupción, que en acabar la politiquería.

Si el Presidente ha pasado por un mal momento, puede enderezar su camino para los meses que le faltan de su cuatrienio. Esa parece ser la votación de los ciudadanos de las cuatro principales ciudades. Casi la mitad, 48 por ciento, piensa que dentro de un año las cosas estarán mejor que hoy, contra sólo 30 por ciento que opina lo contrario.

Inclusive, algunos aspectos muy polémicos del estilo gerencial de Uribe no suscitan un rechazo evidente. Una mayoría sólida de 47 por ciento considera que el manejo del Congreso -a pesar de las frecuentes críticas que han hecho los medios por los escasos avances en el trabajo legislativo- ha sido efectivo. Y en una semana en la que los enfrentamientos entre altos funcionarios sobre el proyecto de ley de justicia y reparación dieron una imagen de división e incoherencia -"un circo", según el propio ministro del Interior, Sabas Pretel- la opinión de estos centros urbanos no considera que debería haber un cambio de gabinete: 44 por ciento (contra 41 por ciento) afirma que no es necesario que el primer mandatario cambie de equipo para que le vaya mejor en el año y medio que le falta. Si bien este índice significa que el jefe del gobierno no les traslada toda su popularidad (de 77 por ciento) a sus colaboradores, es muy alto si se considera que la opinión pública normalmente tiene un sesgo favorable al cambio de los empleados públicos.

La imagen de Álvaro Uribe, en síntesis, se mantiene sólida, sobre todo si se tiene en cuenta que ha pasado por el momento más difícil de su presidencia hasta ahora. Aunque hay mucho camino por recorrer, la hipótesis según la cual el primer mandatario está hecho de teflón -y que, en consecuencia, no se le pegan los problemas- cada día se fortalece más.

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