Sábado, 25 de octubre de 2014

| 1992/10/26 00:00

EL HOMBRE DE SANTO DOMINGO

Así ha sido la vida de este paisa que tanto está dando de qué hablar en los últimos días.

EL HOMBRE DE SANTO DOMINGO


EN EL MUNICIPIO DE SANTO DOMINGO, A 92 KIlómetros de Medellín, hasta hace pocos años el hijo más famoso del pueblo era el escritor Tomás Carrasquilla. Hoy ha quedado en segundo lugar reemplazado por un hombre más de números que de letras: Augusto López Valencia. Que su lugar de nacimiento se llamara Santo Domingo no deja de ser una curiosa paradoja de la vida para el hoy presidente del Grupo que lleva ese nombre.
El presidente de Bavaria nació el 15 de mayo de 1935 en Santo Domingo, municipio cafetero y azucarero. Quinto de 12 hermanos, es hijo de Roberto López y Magdalena Valencia. La familia López había llegado el siglo pasado a Santo Domingo, procedente de otro municipio antioqueño: Don Matías. El abuelo Alfredo López fue el alma educativa de Santo Domingo a comienzos de este siglo y también fue concejal. Hoy la escuela pública primaria lleva su nombre. En cambio Roberto López Gómez, padre de Augusto López, fue el alma política y de control municipal. Durante mucho tiempo se desempeñó como personero y fue concejal laureanista por el Partido Conservador en los 40 y 50. Vehemente en sus actuaciones y sus discursos fue llamado por sus opositores como "Cachón" López porque arrasaba con quien quisiera oponerse a las obras que favorecían al pueblo. Fue diputado a la Asamblea Departamental de Antioquia y terminó su carrera como jubilado siempre aliado a la política.
Todo ese ambiente forjó la personalidad de Augusto López. Sus primeros cuatro años de primaria los realizó en la escuela municipal que lleva el nombre de su abuelo, quien de primaria y primero de bachillerato los adelantó en el Colegio Tomás Carrasquilla y culminó su bachillerato en 1953 en el Colegio de San José de Medellín. Sobresalió en todas las materias con excepción de educación fisica.
Por coincidencia el deporte se convetiría después en un asunto esencial en sus intereses. Practicó el ciclismo casi que a diario, es un aficionado a la pesca náutica y es fanático a morir del fútbol. Prestó el servicio militar en el Batallón Miguel Antonio Caro, en donde se ganó el mote de "Tierrafría" debido al color rosado permanente de sus mejillas, algo típico en la gente nacida en tierra alta. En 1959 se graduó como ingeniero eléctrico de la Universidad Pontificia Bolivariana. De 16 compañeros de la facultad, ocho habrían de sobresalir en los campos empresarial y político: Gilberto Echeverri Mejía, William Jaramillo Gómez, Jaime Calle Garcés, Iván Zuluaga Posada, Luis Miguel Toro, Diego Piedrahita y Augusto López Valencia. Un año después de egresar tomó una de las dos grandes decisiones que le ha tocado tomar. Gracias a la influencia política de su padre, en esos momentos diputado a la Asamblea Departamental, le resultaron dos puestos: uno como ingeniero en la planta de la Cervecería Unión y otro para trabajar para Ecopetrol en Barrancabermeja. Decidió quedarse en la cervecera bajo el patrocinio de Gabriel Fernández, directivo de la conocida "Pilsen" en ese entonces.
De allí en adelante su carrera fue meteórica. Dos años después, cuando era jefe del Departamento Eléctrico de la compañía, le llegó la segunda y difícil elección de su futuro: la empresa lo iba a enviar para que se especializara en Suiza durante dos años, pero al mismo tiempo resultó úna vacante en ventas y le fue ofrecida. Pidió consejo a Raimundo y todo el mundo y aunque la balanza se inclinaba por Suiza, él se decidió por un nuevo mundo. "Podía seguir siendo técnico toda la vida, o si me decidía por la parte administrativa, me enfrentaba a un cargo totalmente nuevo para mí, en el cual me tendría que seguir desempeñando", recordaría 25 años después.
Se dedicó a las ventas y en un par de meses era jefe Nacional de Ventas cuando el gerente de Cervunión era Jorge Botero Ospina. En 1966 se convirtió en gerente de Mercadeo, en 1971 fue vicepresidente de Ventas y desde 1972 hasta 1980 fue vicepresidente ejecutivo de la compañía. El 17 de marzo de 1980 fue designado presidente de Cervunión en reemplazo de Alfonso Mora de la Hoz. En esos momentos la cervecería ya era controlada por la familia Santo Domingo y el de la batuta en el Grupo era Carlos Cure, el presidente de Bavaria, quien por esa época y con escasos 37 años tenía fama de ser el niño prodigio en el mundo de los negocios.
Cure cayó en desgracia con Julio Mario Santo Domingo y fue reemplazado por Augusto López, de quien se pensó inicialmente que el puesto le podía quedar grande. Allí pasó de ser "Augusto" a ser el "doctor López" y su personalidad, siempre accesible y campechana, fue adquiriendo, por lo menos con sus subalternos, algunos de esos rasgos casi despóticos que produce el poder. Hoy en sociedad y en el Congreso todo el mundo lo quiere, pero por dentro del Grupo todo el mundo le teme. Es un jefe implacable que no perdona los errores. Y a sus ojos hay muchos errores, pues pocos se le pueden medir a su ritmo de trabajo y a su velocidad en la toma de decisiones.
Augusto López es quizás el colombiano que más decisiones toma en una jomada de trabajo. Una de las responsabilidades de su cargo es dejar a todo el mundo contento y esto requiere mucho menudeo.
También requiere mucho desplazamiento. Es el único ejecutivo en Colombia con jet privado y éste se mantiene casi más en el aire que en tierra. Con frecuencia le toca ir a los países donde el Grupo tiene negocios como Ecuador, Costa Rica, Panamá, Portugal, España y ahora Rusia, asistir a una junta y devolverse al día siguiente.
A pesar de que es muy cercano a los suyos, su vida familiar en téminos de disponibilidad de tiempo, prácticamente no existe porque su familia es el Grupo Santo Domingo.
En cumplimiento de su trabajo todos los días tiene que comunicarse con su jefe a las 10 de la mañana, esté donde esté. No es imposible que hablen varias horas en un día sobre los múltiples temas que atañen al conglomerado. Pero por esa cercanía con el Grupo Santo Domingo ha tenido que enfrentar algunas dificultades, especialmente por parte de los empresarios antioqueños, muchos de los cuales lo han visto con recelo. Para los paisas que son tan regionalistas, un hombre al servicio de un barranquillero representa intereses extranjeros. El Grupo Santo Domingo ha tenido muchos roces con el "Sindicato Antioqueño" y Augusto López entre lealtad con su tierra y lealtad con su jefe, se ha ido por lo segundo. Hoy por hoy Augusto López tiene menos resistencias en Bogotá que en su tierra natal.
Pero situaciones como esas siempre las maneja con gran tacto político. Porque la política hace parte de su vida diaria. Fue concejal de su pueblo natal y vicepresidente del Concejo de Medellín.
Fue miembro de las Juventudes Conservadoras desde bachillerato, se considera laureanista de corazón como su padre, fue detenido por hacer oposición a Gustavo Rojas e hizo parte del Directorio Belisarista de Antioquia. Estuvo, detras de todas las campañas presidenciales de Belisario Betancur y luegó fue promotor y coordinador del movimiento Nueva Colombia en la campaña de Alvaro Gómez.
Para un hombre que nació en un municipio pequeño, sin mayores recursos, López Valencia ha llegado muy lejos.
Hoy no necesita ser empleado de nadie y lo es porque le gusta lo que hace. Es lo suficientemente acomodado económicamente como para poder retirarse. Sus inversiones particulares en diversas sociedades propias le garantizarían lo que Belisario llamaría "un buen pasar" . Pero un buen pasar es tal vez lo que no le interesa a este Supermán del mundo de los negocios cuyo retiro, a juzgar por todos los indicios,está todavía muy lejos.

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