Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1996/01/08 00:00

EL HOMBRE DEL AÑO

Con su nadadito de perro, Alfonso Valdivieso puede haber cambiado en 1995 la historia política y judicial de Colombia.

EL HOMBRE DEL AÑO

'ESGUERRA Y ARRIETA POR LA FISCAlía': con ese titular de primera página del diario El Tiempo del 26 de julio de año pasado, el periódico de los Santos anunciaba a sus lectores la elección ese día, por la Corte Suprema de Justicia, del hombre que habría de reemplazar a Gustavo de Greiff como Fiscal General de la Nación. El Tiempo descartaba en su artículo que Alfonso Valdivieso, el otro miembro de la terna enviada por el entonces presidente César Gaviria a la Corte, tuviera alguna posibilidad de ganar la votación y solo le otorgaba opción al jurista Juan Carlos Esguerra y al saliente procurador Carlos Gustavo Arrieta.
Año y medio después de esta votación, lo increíble no es tanto que ese día Valdivieso derrotara todos los pronósticos y barriera a sus contendores al obtener 15 de los 20 votos posibles. Lo verdaderamente sorprendente es que con el paso del tiempo el hombre que en ese momento fue considerado como el comodín de la terna se haya convertido en el colombiano que según todas las encuestas despierta más simpatía, respaldo y confiabilidad, a tal punto que en medio de la grave crisis institucional y de credibilidad que vive el país, casi nadie discute que es el hombre del año que está por terminar.
Con sus escasos 160 centímetros de estatura, su voz monótona y apagada y un cierto estilo de hacer las cosas sin querer queriendo, es posible que Alfonso Valdivieso haya cambiado en 1995 la historia judicial y política de Colombia. Bajo su mando, la Fiscalía General de la Nación tomó y consolidó decisiones que hasta este año resultaban inimaginables. En escasos ocho meses contados a partir de abril y por cuenta de las investigaciones de la Fiscalía sobre la financiación por parte del narcotráfico de la campaña presidencial, un Ministro de Defensa renunció y fue detenido días después; el ex tesorero y el ex director administrativo de la campaña electoral del actual Presidente de la República también han sido objeto de detención preventiva; un ex senador y ex embajador, y un representante a la Cámara en funciones también están tras las rejas; una docena de congresistas más han sido llamados a declarar; y como si fuera poco el propio presidente Ernesto Samper se encuentra en la mitad de un debate nacional e internacional sobre su responsabilidad política e incluso penal en lo sucedido, como resultado de lo cual su permanencia en el poder está en discusión.
Paralelamente la Fiscalía de Valdivieso está a punto de llevar a juicio y obtener condenas de hasta 40 años contra algunos de los principales cabecillas del narcotráfico en Colombia y el mundo, algo que de llegar a confirmarse rescataría en gran medida el prestigio, perdido desde hace décadas, de la justicia colombiana, pues en este país, considerado como uno de los principales productores de drogas ilícitas del mundo, los capos de la droga suelen andar libres o morir en sangrientos operativos policiales, pero ninguno de ellos ha sido nunca sentenciado a pagar una larga condena.

LA CLAVE
Alfonso Valdivieso se demoró en conquistar a la opinión. La impresión generalizada de que a pesar de haber sido senador y ministro, y uno de los hombres de confianza de Luis Carlos Galán -su primo hermano-, nunca había pronunciado un gran discurso, ni había sacado adelante un gran proyecto de ley, ni había dicho alguna frase memorable, perduró durante sus primeros meses al frente de la Fiscalía. Su parentesco con Galán era percibido más bien negativamente, pues muchos colombianos lo asociaban con cierto nepotismo póstumo del que se beneficiaban algunos parientes del líder asesinado. A las tres semanas de haberse posesionado, no solo seguía siendo. bastante desconocido sino que su figura era relativamente impopular. En las encuestas solo el 40 por ciento de los interrogados decía conocerlo y la relación de favorabilidad de su imagen era de 21 contra 17. Es decir, que no muchos lo conocían y entre ellos casi la mitad no gustaba de él. Año y medio después el contraste no puede ser mayor: Valdivieso es conocido por más del 95 por ciento de los colombianos y su imagen favorable supera la cota mágica del 70 por ciento.
¿Cuál ha sido la clave de este éxito? Este año no se ha distinguido precisamente por la claridad en el panorama de opinión pública en Colombia. A pesar del bombardeo informativo de las revelaciones sobre la financiación de la campaña, la popularidad del presidente Samper ha resistido y en vez de caer en picada como hubiera sido previsible después de lo que ha pasado, su figura ha logrado dividir y polarizar a los colombianos. Las encuestas sobre la situación política arrojan conclusiones complejas e incluso contradictorias, a tal punto que si bien más del 50 por ciento de los encuestados dice estar convencido de que Samper sabía cómo se estaba financiando su campaña, un porcentaje similar rechaza a toda costa la posibilidad de que renuncie. En medio de este panorama de confusión y polarización, la figura de Valdivieso es prácticamente la única en torno de la cual existe un consenso de respaldo y admiración.
Decir que todo esto se debe simple y llanamente a que se convirtió en un símbolo de la lucha contra la corrupción, sería inexacto o cuando menos insuficiente. Hay algo más en el perfil de este hombre que parece haberle caído definitivamente en gracia a la gente. Lo curioso es que su manera de ser no ha cambiado fundamentalmente en este año y medio. A pesar de que casi siempre las cámaras y los micrófonos están sobre él, sigue sin distinguirse por declaraciones brillantes o frases impactantes. Su oratoria, sometida a examen una y otra vez en el Congreso y en numerosos foros y seminarios, sigue sin coincidir en lo más mínimo con la imagen de elocuencia que los colombianos han tenido tradicionalmente de sus grandes líderes y tribunos. En resumen, su personalidad es todo menos arrolladora, su sello es antes que nada la prudencia y la discreción y su conversación, tanto en público como en privado, llega por momentos a ser francamente aburrida.
Curiosamente estas características de antihéroe pueden tener mucho que ver con el secreto de su éxito. El contraste que se genera entre la impresión que Valdivieso da siempre de no estar haciendo nada extraordinario, y la evidencia contundente de que sí lo está haciendo, en vez de opacar su imagen, ha terminado por engrandecerla, por teñirla de un aura de humildad, que según uno de sus asesores se parece en algo a la que generaba Gandhi, con quien entre otras cosas Valdivieso comparte la fecha de cumpleaños. Compararlo con Gandhi es sin duda un exceso, pero resulta indiscutible que entre las cosas del Fiscal que le han gustado a la gente hay algo que bien podría llamarse resistencia pacífica, en especial en eso de no contestar los feroces ataques verbales que le han hecho algunos de sus adversarios en el Congreso y en algunos medios de comunicación.
La crítica más frecuente es una que suele hacerse en privado y no en público en el sentido de que Valdivieso es el único y gran culpable de la crisis actual. Pues -dicen sus críticos- si hubiera mantenido la mano tendida que caracterizó el último año de gestión de su antecesor, quizás el cartel de Cali se habría entregado y el país no se habría desestabilizado. El Fiscal ha respondido a estos ataques de manera bastante sencilla y sin caer en la tentación de posicionarse como Mesías. -"La Fiscalía no creó la crisis actual -dijo hace pocas semanas a periodistas venezolanos-. Si acaso, la puso en evidencia".


UN GANADOR
Pero aparte de que este estilo haya terminado sorprendentemente por encarretar a la gente, de manera aún más sorprendente le ha servido para ganar batallas. Cuando Gaviria incluyó su nombre en la terna para la Fiscalía, a diferencia de lo que hicieron sus contendores, Valdivieso visitó calladamente a cada uno de los magistrados de la Corte Suprema para llevarles su hoja de vida y exponerles lo que pensaba hacer si lo elegían Fiscal.
De hecho su hoja de vida tiene algunas sorpresas. Aparte de su bachillerato clásico, Valdivieso obtuvo en 1966 un bachillerato técnico del Instituto Tecnológico Santandereano que le dio el título de experto en electricidad. Además de su título de derecho de la Javeriana con especialidad en ciencias socioeconómicas, el Fiscal obtuvo un master en Desarrollo Económico en la Universidad de Boston, en una época que curiosamente le permitió ser testigo día por día del escándalo de Watergate y la caída de Richard Nixon. Su poco conocido perfil académico se consolidó con un curso en desarrollo urbano en la Universidad de Toronto y uno sobre la constitución estadounidense en la Universidad de Stanford.
Pero si su perfil académico era desconocido para los magistrados de la Corte, su labor política tampoco era muy recordada. Solo uno de los magistrados le preguntó por un episodio legislativo de finales de 1989 en el que Valdivieso desempeñó un papel importante. En medio de los peores momentos del narcoterrorismo, la Comisión Primera del Senado, a la que Valdivieso pertenecía pero de la que se había retirado temporalmente para darle una palomita a su suplente, abordó a principios de diciembre de ese año el estudio de la reforma constitucional que el gobierno tramitaba en el Congreso. Días antes, la Cámara de Representantes le había colgado un 'mico' al proyecto para prohibir la extradición. Cuando Valdivieso fue informado de que la Comisión tendría que votar el 'mico', recupera su curul y fue uno de los pocos senadores que votó en contra de la iniciativa. A la postre el 'mico' llegó hasta la plenaria donde un bloque de senadores que incluía a Valdivieso se puso de acuerdo con el ministro de Gobierno Carlos Lemos para hundir definitivamente la reforma y evitar esta victoria de los carteles. En aquel entonces, tanto el gobierno de Virgilio Barco como el jefe único del partido Liberal, Julio César Turbay Ayala, reconocieron que Valdivieso había jugado un papel discreto pero definitivo en esta tarea.
Con ese mismo estilo el Fiscal parece haberse movido para ganar su más reciente y sin duda más importante batalla: conseguir que el Consejo de Estado definiera que su período no debía terminar en marzo próximo sino en agosto de 1998. Valdivieso triunfó en esa pelea contra muchos adversarios, entre ellos los carteles de la droga, docenas de congresistas, el procurador general Orlando Vásquez, los involucrados en el proceso 8.000 y, según la percepción de muchos colombianos, el propio gobierno.

LO QUE VIENE
Como suele suceder en estos casos, resulta inevitable que una persona que se ha ubicado en semejante sitial de privilegio ante la opinión empiece a ser considerada como presidenciable. Numerosas encuestas lo incluyen ya en el abanico para 1998 y antes de que el Consejo de Estado definiera la prolongación de su período, muchos especularon con la idea de que el Fiscal quería retirarse para no inhabilitar su nombre en la campaña de 1998. En vista de que nadie le cree cuando dice que no está pensando en eso, Valdivieso ha resuelto colgar un pequeño aviso de cartón de la biblioteca de su oficina. "Me lo regaló un buen amigo", cuenta, cuando sus visitantes se acercan a leer el aviso que dice: "Tengo proyectos más importantes que ser el presidente".
Y es que el Fiscal parece muy consciente de la fragilidad de los fenómenos de opinión. Su antecesor Gustavo de Greiff es uno de los mejores ejemplos de lo volátil que puede ser el apoyo popular. Para empezar, Valdivieso sabe que su tarea en la Fiscalía aún no está consolidada, pues entre otras cosas falta ver si los jueces le dan la razón al ente acusador en los procesos más importantes como el 8.000 y los juicios contra los grandes capos. Además, la Fiscalía sigue siendo una entidad en muchos aspectos precaria, ahogada bajo cientos de miles de expedientes acumulados tras décadas de ineficiencia del sistema judicial colombiano. Finalmente su amplio liderazgo en materia de opinión es una posición tan envidiable como peligrosa, pues los numerosos enemigos que se ha ganado en este año y medio no perderán ocasión de saltar sobre él si comete un solo error.
Valdivieso habla con frecuencia ,sobre lo fortuito y azaroso de estas situaciones y, en general, de la vida. Cuando lo hace, recuerda que a los 21 años estuvo entre la vida y la muerte durante varias semanas después de que una flota lo atropelló en la autopista norte de Bogotá mientras montaba en bicicleta. El bus, que viajaba a gran velocidad, lo golpeó por detrás y Valdivieso saltó de la bicicleta, voló varios metros y cayó al asfalto con graves heridas. Gracias a su corta estatura, la flota pasó sobre él sin que sus llantas lo tocaran. Ahora, 25 años después, resulta inevitable pensar en la cantidad de cosas que hubieran sido diferentes en este agitado y tormentoso 1995 si el ciclista de la autopista del norte no hubiera sobrevivido a la embestida de la flota.

LOS HOMBRES DEL FISCAL
Todo líder político o empresarial que se respete tiene siempre unos hombres de confianza. Es costumbre que se trate de viejos amigos que trabajan con el personaje y lo asesoran en las decisiones más trascendentales. El caso de Alfonso Valdivieso no es la excepción aunque hay una diferencia grande: el vicefiscal Adolfo Salamanca y el director nacional de Fiscalías Armando Sarmiento, número dos y número tres respectivamente de la Fiscalía e indiscutiblemente las dos personas más cercanas al Fiscal, no eran amigos suyos cuando Valdivieso llegó a su cargo. Además, políticamente hablando, ninguno de los dos había sido galanista.
Valdivieso conocía más o menos a Sarmiento porque ambos son de Bucaramanga, pero no habían tenido mayores relaciones políticas ni personales. En cuanto a Salamanca, el Fiscal solo había oído hablar de él por su labor como alto comisionado para la Policía en el último año de la administración de César Gaviria.
Salamanca nació en Manizales en 1950 pero se trasladó a Bogotá siendo muy niño. Terminó sus estudios de bachillerato en la Universidad Nacional, en la que luego estudió la carrera de derecho, con una permanente inclinación hacia el área penal. Desde muy joven se dedicó a la docencia y en ninguna de las etapas de su vida la ha abandonado. Ha sido juez municipal, jefe de la oficina jurídica del ICBF, asesor jurídico del ICEL y conjuez de la Corte Suprema.
Sarmiento es un poco mayor -nació en Bucaramanga hace 53 años- y también tiene una larga carrera en el sector público. Fue juez promiscuo en Curití, juez de instrucción en San Gil y socorro y juez superior en Bucaramanga. El gusanillo de la política lo picó a principios de la década pasada y lo llevó a ser concejal de Bucaramanga, diputado de Santander y luego secretario jurídico y de Gobierno en ese departamento en la administración de Alvaro Cala. Fue asesor del Ministerio de Justicia en tiempos de José Manuel Arias Carrizosa y Enrique Low Murtra. Este último lo envió como delegado de Colombia a la convención de la ONU sobre drogas en Viena. Hizo después carrera en la Procuraduría en las administraciones de Horacio Serpa, Alfonso Gómez Méndez y Carlos Gustavo Arrieta, con quien trabajaba en 1994 cuando Valdivieso lo llevó para la Fiscalía.
Ambos representan de una u otra manera la línea dura de la Fiscalía. Pero lo hacen de modo muy diferente el uno del otro. Mientras Salamanca ha mantenido una alta exposición en los medios de comunicación y sus declaraciones demasiados francas por momentos para provenir de un funcionario judicial, le han traído más de un dolor de cabeza. Sarmiento casi nunca da entrevistas y escasamente habla en privado con los periodistas.
Comparten eso sí convicciones muy radicales en temas como el narcotráfico y la corrupción, pero políticamente se criaron en orillas opuestas. Mientras Salamanca no escapó al virus izquierdoso y revolucionario de la Universidad Nacional, Sarmiento se formó políticamente bajo la influencia más bien de derecha del dirigente santandereano José Manuel Arias Carrizosa.
Es frecuente que sus temperamentos fogosos choquen con la serenidad de su jefe. Pero así como éste suele frenarles los ímpetus, en más de una ocasión son ellos los que han convencido al Fiscal de llegar hasta el final de algunas decisiones.-

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