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| 1/10/2000 12:00:00 AM

El hombre del siglo

Hace unos meses un canal de televisión de Estados Unidos reunió un panel de académicos para que escogiera al Personaje de la Historia. Luego de semanas de deliberaciones el panel escogió a Mahoma.

Hace unos meses un canal de televisión de Estados Unidos reunió un panel de académicos para que escogiera al Personaje de la Historia. Luego de semanas de deliberaciones el panel escogió a Mahoma. La derrota de Cristo se debió con seguridad a motivos de censo. Al fin y al cabo los musulmanes superan con creces en número a los católicos. Una decisión igual de arbitraria llevó al mismo panel a señalar a Gutenberg como el Hombre del Milenio. Evidentemente, sin la imprenta ninguno de los otros candidatos posibles habría clasificado como finalista.

Un reto similar enfrenta quien intente seleccionar el Hombre del Siglo en el mundo.

El candidato obvio podría ser Lenin. La revolución bolchevique triunfó en 1917 y desde entonces el mapa mundial se llenó de banderas rojas para horror de Occidente y sobre todo de Estados Unidos. Basado en las ideas marxistas, Lenin diseñó el sistema político bajo el cual vivieron, hasta fines de la década de los 80, centenares de millones de seres humanos. Es un candidato poderoso, sin duda.

Similares razones llevarían a pensar que Mao Zedong podría ser el personaje del siglo. O quizás, en la medida en que derrotó desde el interior del sistema impuesto en China al propio Mao, podría también serlo Deng Xiao Ping.

Winston Churchill es otro candidato importante. Fueron los soviéticos y los norteamericanos los que ganaron la Segunda Guerra Mundial, pero nadie como Churchill se cubrió tanto de gloria en este siglo. El fue el símbolo de la resistencia frente al mal, el hombre solitario que resistió con decisión y paciencia la soberbia del Tercer Reich. Fue en últimas quien derrotó a Hitler, aunque las divisiones fueran soviéticas o norteamericanas.

Hitler también es un candidato. Por las razones equivocadas, por supuesto. Pero hay quienes argumentan que el pequeño y resentido cabo austríaco convertido en Führer debería ser el hombre del siglo en la medida en que encarnó la crueldad y la capacidad de arrastrar masas enteras a la locura colectiva como ninguno otro.

Pero el mundo se caracterizó en este siglo también por la manera como cambió la relación entre el hombre y el mundo. La revolución científica de este tiempo no tiene paralelo en la historia de la humanidad. En estos 100 años la población del mundo creció más que en los 10 siglos anteriores y la expectativa de vida del ser humano pasó de poco menos de 50 a cerca de 80 años. El hombre que nació a comienzos de siglo alcanzó a ver el poder de transformación de inventos prodigiosos: el teléfono, el automóvil, el televisor, el avión, la píldora anticonceptiva, los cohetes, los submarinos, la energía nuclear, los satélites, el computador personal, el teléfono satelital, Internet. Henry Ford, los hermanos Wright, Wernher Von Braun, Albert Einstein, y hasta los Beatles son, todos, buenos candidatos. Sobre todo Einstein.

Pero el mundo del siglo XX se caracterizó en buena medida por el enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética y el colapso del bloque soviético puso en evidencia el triunfo de un poderoso sistema unipolar, dominado por la influencia creciente de Estados Unidos.

El Papa Juan Pablo II jugó un papel definitivo en ese proceso. De manera activa enfrentó a los líderes polacos y llevó a cabo una revolución silenciosa en su país que puso a temblar, primero, y luego derrumbó los cimientos del sistema soviético.

El próximo siglo estará determinado por los aciertos y errores de la primera potencia mundial y por las consecuencias desestabilizantes de la bancarrota de la Federación Rusa, la segunda potencia nuclear. El papel protagónico del Papa en la derrota del comunismo y en la definición del mundo de comienzos del tercer milenio lo convierte a juicio de SEMANA en el hombre del siglo.

Carl Bernstein, el famoso periodista de Watergate, hace un análisis para esta revista del papel que jugó el Papa en el colapso del sistema que caracterizó al mundo en el siglo XX.
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