Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1995/09/11 00:00

EL HOMBRE QUE DIJO SI

Cuando se creía que nadie se le iba a medir al Ministerio de Defensa, el mejor candidato posible aceptó el cargo.

EL HOMBRE QUE DIJO SI

CUANDO SONO EL TELEFONO, EL LUNES FEStivo a las 9:30 de la mañana, a Juan Carlos Esguerra se le acabaron los sueños de trabajar como su padre lo había hecho, estudiando y revisando casos y sentencias en la biblioteca de su casa. Llevaba varios años postergándolo. Su vertiginosa carrera como jurista, decano de la facultad de derecho de la Universidad Javeriana, abogado privado y hombre público, le había dejado poco tiempo para dedicarse a los libros en la tranquilidad de su hogar, pero su reciente elección para el Consejo de Estado le abría las posibilidades de iniciar la anhelada etapa de magistrado que estudia precedentes y cambia jurisprudencias.
Prepararse para ello era justamente lo que estaba haciendo cuando sonó el teléfono y la llamada del director del DAS, Ramiro Bejarano, interrumpió su mañana de festivo y sus planes. Juan Carlos Esguerra estaba dedicado a analizar el pensamiento de Bolívar sobre la construcción jurídica del Estado con el fin de aportar ideas para un seminario al cual asistía, cuando Bejarano lo dejó de una pieza. Le preguntó si estaría de acuerdo en que su nombre fuera considerado para ocupar la cartera de Defensa que había dejado vacía seis días antes Fernando Botero Zea. La propuesta cogió corto a este jurista que cuando niño soñaba con ser ministro, "pero -según sus propias palabras- de cualquier cosa menos de Defensa". Sólo alcanzó a responderle a su interlocutor que lo dejara meditar y consultarlo con Julia Miranda, su esposa, y que tendría noticias suyas antes de caer la noche.
Y las tuvo. Pero en el intermedio pasaron muchas cosas. Cuando colgó el teléfono, Esguerra le contó a su señora. Como en efecto sucedió, a ella también se le acabarían los planes y la tranquilidad. Ahora tendría que hacer mercado en compañía de un sargento que empujara el carrito de las compras. El andén de su casa se haría intransitable por cuenta de los carros, los escoltas y las motos. El teléfono de su casa no pararía de sonar. Ya no habría tiempo suficiente para la vida familiar serena y tranquila que tuvieron hasta ese lunes de fiesta.
Para ese mismo día estaba previsto un almuerzo de Esguerra con sus familiares en el Country Club. Desde su madre, Ana Portocarrero, hasta Leonor, la menor de sus hermanas, todos estuvieron de acuerdo en una sola cosa: debía aceptar la postulación y, de llegar a concretarse, el nombramiento. Sin embargo, él no podía evitar sentirse huérfano de consejeros: las dos personas que siempre le habían ayudado a tomar decisiones difíciles eran su padre, el jurista José María Esguerra Samper, y el padre Gabriel Giraldo, quien fuera durante décadas el decano de la facultad de derecho de la Javeriana y la guía espiritual de varias generaciones de dirigentes nacionales. Pero es ta vez, ellos ya no estaban.
Sin embargo, en el comedor del Country Club, Esguerra sintió que sus consejeros le habían enviado unos emisarios. En medio de la discusión familiar, alcanzó a divisar a dos grandes amigos de su padre. A ambos, por separado, les contó sus inquietudes, y ambos estuvieron de acuerdo con su familia: no podía negarse a ocupar el cargo si la cosa llegaba a pasar de ser una postulación.
Cuando regresó a su casa, decidió que lo único que podía ayudarle a tomar la decisión eran unos 'nocturnos' de Chopin, que escuchó por horas encerrado en su biblioteca. No pudo evitar hacer analogías con su tatarabuelo, don Nicolás Esguerra, con cuya vida cada día encuentra más parecidos. Don Nicolás, al igual que Juan Carlos Esguerra, fue un gran jurista y magistrado en los tiempos de los Estados Unidos de Colombia. También fue constituyente en el año 1910, como lo fue el ahora Ministro de Defensa en 1991. Y al igual que su tataranieto, a don Nicolás le había tocado ser secretario de guerra en tres ocasiones, en tiempos del Olimpo Radical, épocas no menos difíciles de las que tendrá que enfrentar el nuevo Ministro.

EL SI
Al caer la noche, tal y como se lo había dicho horas antes, Esguerra llamó a Bejarano. Le dijo que aceptaba ser postulado para el cargo, y el director del DAS dijo que llamaría al Presidente. A los 15 minutos, Bejarano volvió a llamarlo. Dijo que Samper los esperaba en Palacio, y que pasaría a recogerlo enseguida.
Cuando llegaron a la Casa de Nariño, Esguerra y Bejarano se encerraron durante dos horas con el Presidente y su secretario general, Juan Manuel Turbay, a discutir los problemas de defensa, guerrilla, lucha contra el narcotráfico y proceso de paz. Cuando iban en mitad de conversación, el Presidente le preguntó si aceptaba. El no dudó en responder que sí, pero con la sola condición de que llamaran antes al presidente del Consejo de Estado para explicarle por qué Esguerra no podría posesionarse como consejero, cargo para el cual había sido elegido el 11 de julio. Así lo hicieron para calmar la conciencia de quien no tuvo tiempo de firmar la primera sentencia.
Con esa decisión, Esguerra aplazó indefinidamente la vida tranquila que tanto añoraba y el sueño de convertirse en magistrado. De eso terminó de caer en cuenta cuando, ya nombrado, habló con el ministro de Justicia Néstor Humberto Martínez, con varios funcionarios del gobierno y con el comandante de las Fuerzas Militares, el general Camilo Zúñiga, quien estaba al frente del Ministerio desde la renuncia de Fernando Botero. Llamó por último a su esposa, con quien lleva 13 años de matrimonio, y le contó la noticia oficial. Ella habló también con el Presidente. No sin algo de preocupación, prometió prestarle a su marido por el tiempo necesario, siempre y cuando se lo devolviera igual.
Pero Esguerra realmente cayó en cuenta de lo que hacía cuando volvió a su casa y les explicó a su hijos, Juan Carlos, Cristina y Nicolás, que sería el nuevo Ministro de Defensa. Juan Carlos -el mayor-, que a pesar de sus escasos 11 años lee atentamente revistas y periódicos y no se pierde un noticiero, fue el primero en darse cuenta de lo que estaba sucediendo. Y ahí fue Troya. No fue fácil calmar la angustia de los niños y cuando lo logró, le costó calmar la suya.
Pero si bien la situación era más manejable al amanecer del martes, la prensa no lo parecía. Su residencia se inundó de cámaras y micrófonos, como no sucedía ni en sus mejores épocas en la Asamblea Nacional Constituyente. Por esos días la prensa siempre lo buscaba a él. Y era apenas lógico. Era uno de los que llevaba la batuta en los debates, de los que mejor dominaba el tema y -gracias a sus años de profesor- quien mejor explicaba la jerigonza jurídica a la cual se tuvieron que acostumbrar los medios en aquella época.

MUCHAS MALAS NOCHES
En un país como Colombia no es difícil imaginar que un recién designado Ministro de Defensa pase mala noche el día en que acepta el cargo. Son tantos y tan inmanejables los problemas de orden público, que son suficiente motivo de desvelo. Y esto en tiempos más o menos normales. Ahora que se habla de una grave crisis institucional y que algunos columnistas se atreven incluso a colocar al Presidente de la República en la cuerda floja, los motivos de desvelo se multiplican. De ahí que haya que reconocer un valor especial en la aceptación que Esguerra, un hombre que de seguro iba a estar entre los ministeriables de los próximos gobiernos, hizo de la cartera.
Y ese no es el único valor que tuvo. Además de la grave crisis, son muchos los retos que le quedan por delante al nuevo ministro de Defensa. En primer lugar, aceptó el cargo cuando los intentos del gobierno por establecer una negociación con la insurgencia parecen agotados, y una semana después de que el alto comisionado para la Paz, Carlos Holmes Trujillo, renunciara a su cargo, dejando tras de sí un amargo sabor a impotencia. Si bien la labor de Trujillo en el intento de construir la paz fue indiscutible, su tarea carecía de sentido en momentos en los cuales la guerrilla llevaba un año dado muestras de no tener voluntad de llegar a una solución negociada. Adicionalmente, el mismo día en que Esguerra aceptó, la guerrilla destruyó la población de Miraflores en el departamento del Guaviare, asesinó a seis civiles e hirió a 30 más. Durante toda la semana las Farc aislaron la población y llegaron incluso a atacar un avión de la Cruz Roja que salía de la zona y que llevaba una treintena de refugiados.
En la población de Choachí, en las goteras de Bogotá, una cuadrilla de las Farc asesinó a seis soldados que viajaban en un camión e hirió a varios civiles y militares. En el transcurso de la semana, la situación pareció empeorar y todo indica que la guerrilla va a ser uno de los temas más calientes y difíciles de manejar para el titular de la cartera de Defensa.
Adicionalmente, tras el exitoso desmantelamiento del cartel de Cali llevado a cabo durante el ejercicio de Fernando Botero, y la decidida lucha sin cuartel que libró contra el narcotráfico, es obvio que, como lo reconoce el nuevo ministro, "mi antecesor puso en estos campos un punto muy alto". Pero además, a Esguerra y a sus hombres les tocará comenzar desde cero a combatir organizaciones menos conocidas e identificadas que las que ahora están tras las rejas, y es de prever que eso vaya a ser una tarea mucho más lenta y menos espectacular que la que llevó a cabo su predecesor.
Quizás uno de los mayores retos que esperan a Esguerra es lograr ganarse la aceptación del estamento militar, que en cuestión de ministros civiles no traga automáticamente entero. En este aspecto tampoco va a ser fácil emular a Botero quien, independientemente de las razones que condujeron a su salida, había logrado granjearse no sólo el respeto sino también el afecto de varios generales.
Sin embargo, el nuevo ministro tiene todas las credenciales para lograrlo. Es un hombre independiente e incansable. Quienes lo conocen no dudan de su verticalidad, su rigor, su carácter serio y disciplinado. Las primeras impresiones que causó en la cúpula militar parecen ser buenas, y las declaraciones que los generales del Ejército y la Policía han dado a los medios de comunicación han sido muy elogiosas. Por todas estas razones, es previsible que sea bien recibido, y que pase a la historia como el hombre que se atrevió a decir que sí.-

"COMBATIR A LOS CARTELES HASTA QUE NO QUEDE PIEDRA SOBRE PIEDRA"

POCAS HORAS DESPUES DE que aceptara el Ministerio de Defensa, Juan Carlos Esguerra fue entrevistado en su residencia al norte de Bogotá por SEMANA. Estos son los apartes principales de la conversación:

SEMANA: ¿Qué lo llevó a aceptar, en medio de la crisis y la incertidumbre, el Ministerio de Defensa?
JUAN CARLOS ESGUERRA: Justamente eso: la crisis y la incertidumbre, el tamaño de los problemas. Esas son circunstancias en las cuales uno no puede decir que no.
SEMANA: Después del éxito obtenido por su antecesor Fernando Botero en la lucha contra el cartel de Cali ¿qué sigue con ese y con los otros carteles?
J.C.E.: No estoy seguro de que pueda decirse que hay otros carteles. En cuanto al narcotráfico, se llame cartel de Cali, Medellín o Facatativá -si es que hay-, lo que sigue es una lucha frontal, absoluta y sin cuartel que no cesará hasta que no quede piedra sobre piedra de esas organizaciones delincuenciales.
SEMANA: ¿Qué opina usted de la legalización de la droga?
J.C.E.: Creo que están demostrados los gravísimos males que la droga causa tanto a la sociedad como a los individuos que la consumen. Sé, además, que los países que han despenalizado el consumo de drogas han seguido enfrentando los mismos problemas: el consumo no baja, sólo baja un poco la violencia derivada del tráfico ilegal. Pero la solución no es esa.
SEMANA: ¿Cómo valora la ayuda de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico?
J.C.E.: En términos generales, pienso que la ayuda en este campo es buena. En la medida en que las organizaciones criminales sigan siendo transnacionales es absurdo ponerse en el plan de 'sálvese quien pueda' y pensar que las fronteras son unas cortinas de hierro dentro de las cuales cada país debe ver cómo soluciona sus problemas, que además no son sólo suyos. Mientras la cooperación sea útil, bienvenida, venga del país que venga. Y mejor aún si viniera de una organización como la ONU.
SEMANA: Algunos sectores veían en Fernando Botero a un representante de la derecha que le hacía contrapeso al ala izquierda del gobierno liderada por Horacio Serpa. Usted no es visto como un hombre de derecha. ¿Será que con su designación se rompió ese equilibrio?
J.C.E.: Para hablar en términos deportivos, no creo que en el gobierno del presidente Samper hubiera una decisión deliberada de cambiar un alero derecho por otro alero derecho. En el fútbol moderno se juega con delanteros que rotan por las alas, así como por el centro. En cuanto a la paz, como abogado sé que son mejores los arreglos que los pleitos. Pero a veces la medicina preventiva no funciona y hay que usar el bisturí. La Constitución y las leyes dicen claramente cómo emplear ese bisturí, y le encomiendan esa tarea, entre otras, a las Fuerzas Armadas.
SEMANA: Aún existe un debate acerca de la inconstitucionalidad de desmilitarizar Uribe. Quién mejor que usted para despejar esa duda...
J.C.E.: Desmilitarizar Uribe no es inconstitucional, si por eso se entiende el retiro temporal y voluntario de la fuerza pública en aras de ambientar un acuerdo de paz, de hacerle la carpintería a una negociación. En ese caso, que las tropas se retiren de Uribe no es otra cosa que el cumplimiento de un deber constitucional, que es la obligación de agotar los instrumentos que puedan conducir a la paz. Ahora bien, si por desmilitarizar ese sector se entiende un abandono de la fuerza pública y una entrega de la región a los grupos subversivos, si no se ejerce la soberanía plena de todo el territorio nacional, entonces sí sería inconstitucional.
SEMANA: ¿Cuál es su opinión sobre las cooperativas de seguridad?
J.C.E.: Es un tema que aún conozco muy poco. Pero a primera vista, creo que depende de cómo se las enfoque. Si se trata de institucionalizar y regularizar la ayuda que el país nacional le da al Estado en su labor de mantener el orden y la seguridad, pueden ser positivas. Pero si se trata de fomentar la creación de manadas de locos sin Dios ni ley, no.
SEMANA: Muchos ciudadanos sienten que por andar ocupado con los carteles y la guerrilla, el Estado ha abandonado su deber de preservar la seguridad ciudadana. ¿Qué hará a ese respecto?
J.C.E.: Creo que ahora que se hizo ya la parte más dura de la labor para desmantelar al cartel de Cali, podemos pasar de lo urgente a lo importante, y en ese campo la seguridad ciudadana es la prioridad. Estamos examinando la forma de aprovechar la experiencia de los bloques de búsqueda para usarla en la lucha contra las organizaciones que atentan contra la tranquilidad de la ciudadanía.
SEMANA: El lunar tradicional en el ministerio que usted está por asumir siempre ha sido el de los derechos humanos. ¿Cómo cambiar esa tradición?
J.C.E.: Esa es una de mis preocupaciones permanentes. El tema de los derechos humanos no se puede tratar aisladamente, no es un tema puntual, sino que está involucrado en todas las áreas de la seguridad y la defensa. No lo podemos disociar de la lucha contra la guerrilla, ni del combate contra el narcotráfico, ni contra la delincuencia común. Sólo en la medida en que se respeten la Constitución, las leyes y los tratados internacionales en todas las actividades que desempeñan las fuerzas del orden, se logrará un resultado real. Y los haremos respetar.
SEMANA: Además de los temas relacionados con el orden público, uno de los problemas que tuvo que enfrentar su antecesor fue el debate acerca del fuero militar. ¿Cuál es su posición al respecto?
J.C.E.: Por definición, las Fuerzas Armadas y la Policía tienen unas funciones, unos instrumentos y una organización muy particulares. Del mismo modo, las reglas que los rigen tienen que tener, en algunos casos, sus particularidades. Pero es o no debe confundirse con la impunidad. El fuero militar no es la ausencia de normas, sino unas reglas y un régimen disciplinario especiales, características de una organización que no funciona igual que otras en la sociedad. Ahora hay una gran oportunidad para trabajar en esa materia. Voy a ocuparme a fondo de ese tema, y a trabajar en asuntos como el Código de Policía y del Código Penal Militar.-

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