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| 4/10/1995 12:00:00 AM

EL HOMBRE QUE SABIA DEMASIADO

El conocimiento que Hernando Pizarro tenia sobre la masacre de Tacueyó sería el móvil de su asesinato, al parecer ejecutado por funcionarios de la Fiscalía.

EN LAS PELICULAS DE SUSpenso del famoso investigador inglés Sherlock Holmes se hizo célebre la frase de que el asesino siempre regresaba a la escena del crimen. Eso es lo que parece haber ocurrido en el extraño asesinato del guerrillero Hernando Pizarro Leongómez en la noche del pasado 26 de febrero al norte de Bogotá.
Ese día Pizarro llegó a una residencia situada en el barrio San Cristóbal. Iba a visitar a su amigo Carlos Julio Celis, un reinsertado del M-19. Los dos hombres dialogaron por espacio de media hora y en el transcurso de la conversación Pizarro le dijo que tenía el presentimiento de que algo malo le iba a suceder. Pero no alcanzó a especificar el motivo de su temor porque de repente irrumpieron en el lugar cuatro hombres que se identificaron como miembros del Cuerpo Técnico de Investigaciones -CTI- de la Fiscalía, que lo iban a capturar porque era requerido por la justicia. Los agentes de la Fiscalía esposaron al delincuente y lo sacaron a la calle para subirlo a una camioneta. Este, sin embargo, empezó a gritar que él era Hernando Pizarro, que lo iban a matar y que llamaran a la Policía. Entonces los hombres que decían ser del CTI optaron por matarlo y huir.
Alertados por el escándalo, numerosos vecinos observaron el momento en que se producía el asesinato. La semana pasada esos testigos se convirtieron en pieza fundamental para desenredar la madeja de la confusa investigación llevada hasta ese momento. Varias personas, que declararon bajo la reserva de identidad, le contaron a la Fiscalía que al menos dos de los cuatro hombres que intervinieron en la frustrada captura y en el posterior asesinato de Pizarro regresaron más tarde para participar en las diligencias del levantamiento del cadáver.
La versión de los testigos sirvió para que la Fiscalía llamara a indagatoria a Gustavo Sastoque Alfonso, funcionario administrativo del CTI, y a otros tres investigadores de la Fiscalía por su presunta participación en el hecho.
¿Por qué matar a Pizarro empleando un método tan sofisticado como la contratación de funcionarios de la propia Fiscalía para que fingieran un operativo de captura que en realidad era un secuestro?
Investigadores consultados por SEMANA aseguraron que necesariamente tiene que haber una relación directa entre la captura de José Fedor Rey, alias 'Javier Delgado', ocurrida en febrero, y la muerte de Pizarro. Las autoridades han empezado a considerar la posibilidad de que personas cercanas a Delgado hayan estado detrás del crimen, porque en su calidad de cómplice Pizarro era la única persona que podía corroborar que el jefe del entonces grupo disidente Ricardo Franco fue el hombre que dio la orden de ejecutar a por lo menos 164 guerrilleros acusados de ser informantes del Ejército. "Muerto el principal testigo de las masacres de Tacueyó, Delgado podría alegar ahora que quien descubrió a los que denominó sapos y quien los ejecutó fue Pizarro", dijo una fuente judicial.
Esta tesis, aunque parezca increíble, puede abrirse paso porque han empezado a surgir algunas dudas jurídicas sobre la validez de la confesión que Delgado hizo a través de al gunos medios de comunicación cuando dio a conocer la purga al interior de su célula guerrillera. Además Delgado tiene otro elemento a su favor: sólo se le podrán aplicar las penas de prisión contempladas en los códigos en la época en que ocurrió la masacre. La sanción máxima por homicidio en 1985 era de 15 años de cárcel. Si se acoge a la política de sometimiento a la justicia -como ya se lo hizo saber a la Fiscalía- podría obtener beneficios por confesión y colaboración eficaz.
Y si fue Delgado quien ordenó la muerte de Pizarro, cómo lo hizo desde la cárcel en tan sólo 18 días? Fuentes de los servicios de inteligencia creen que el guerrillero pudo haber contado con la colaboración de algunos narcotraficantes de Cali interesados en favorecerlo.
El reto de la justicia, que tiene en el ojo del huracán a cuatro de sus servidores, es conocer la verdad de este episodio, en el que coincidencialmente están involucrados dos hombres que durante una década huyeron de la justicia y vinieron a caer, uno muerto y otro capturado, en menos de tres semanas.
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