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| 10/20/2014 6:40:00 PM

El hombre que tiene en ‘jaque’ a Bogotá

Alfonso Pérez, el líder de los transportadores: ¿será capaz de sostenerle el pulso a Petro?

Entrar a su oficina es retroceder en el tiempo. Hay dos computadores arrumados, un equipo de sonido setentero, muebles abandonados hace rato por la pintura y un televisor que funciona a medias. En la mesa que sirve de escritorio está él: Alfonso Pérez, el hombre que coordina el paro de transportadores tradicionales que tiene bloqueada la capital.

Mientras este curtido líder de cerca de 10.000 transportadores tradicionales del servicio público recibe informes de lo que ocurre en los diferentes puntos de la ciudad, el dueño de la casa baja para reclamarle por dos meses de arriendo que la Asociación de Pequeños Transportadores (Apetrans), la empresa que lidera Pérez, le debe.

“No tenemos ni cuenta de ahorros… esto parece una casa de beneficencia”, dice este hombre de 70 años, que fue uno de los fundadores de Apetrans en 1995, gremio que nació en el salón comunal en el barrio Molinos Primera Etapa, ubicado en el extremo sur de la ciudad.

Pérez es un hombre obstinado, tal vez en eso se parezca al alcalde Petro. Así lo deja ver cuando fuma cigarrillo a pesar de tener asma y luego se manda a la boca un inhalador para detener la furia de la tos.

Pero también su obstinación queda al descubierto cuando sin pudor dice que no está dispuesto a ceder y prefiere que los buses queden guardados, antes de mandarlos a las calles. Para él, solo hay una solución: que el alcalde se reúna con ellos y tras el diálogo y acuerdos se restablezca el servicio de transporte. “No nos interesa que Petro venga, nos dé un besito y hasta luego”, dice.

El paro tiene una lógica para los transportadores. No quieren que se establezca el pico y placa para 1.700  buses tradicionales ya que, según ellos, eso los condenaría a la miseria. Tampoco quieren que sus vehículos sean parte del Sistema Integrado de Transporte (SITP) ya que para ellos ese servicio está desahuciado. “Si el alcalde quiere, pues que nos compre los buses y asunto arreglado”.

Desde la única ventana que da a la calle, este hombre de estatura baja ve pasar lo buses del SITP y recuerda que el Distrito no ha querido pagar las rentas por el servicio y la cancelación de los automotores entregados por los propietarios y que aún les adeudan a los transportadores. Alega que ya entregaron 4.000 vehículos.

Jaque al transporte

El hombre que puso en jaque una parte de la ciudad ha tenido una vida dura y por eso ceder no es una palabra que esté en su vocabulario. Nació en Sogamoso (Boyacá) y su primer oficio fue el de hacer ladrillos al lado de su mamá. A los cinco años y junto a dos hermanos, lo enviaron para Bogotá para que viviera con su madrina.  

Más tarde se vinculó al Banco Popular. Allí fue dirigente sindical y lideró la huelga de hambre más larga de la historia del país. Con el ahorro de parte del sueldo y primas en la entidad Gran Financiera compró su primer bus. Lo hizo al ver que sus vecinos de barrio Molinos invertían en el negocio y al encontrar la rentabilidad que hoy reclama. En 1995 ayudó a fundar Apetrans y sólo diez años después fue su presidente.     

En su trasegar por la vida este hombre de origen humilde ayudó a escribir un libro de denuncia que tituló El Zarpazo del Siglo, editado por la Universidad Inca de Colombia y en el cual narró el presunto lavado de activos del grupo Grancolombiano.

El transporte público le ha dado y le ha quitado. Le dio la posibilidad de sobrevivir de este servicio, pero también le quitó dos dedos de su mano derecha: los perdió cuando la correa del motor del carro se los molió.

A pesar de que este dirigente tiene en vilo la ciudad, dice que no ha tenido fortuna con el transporte público. Al accidente se suma el robo de un bus que no tenía asegurado y la mala suerte al comprar vehículos de segunda que, según él, no lo dejaron surgir.

Desde la oficina y mientras se fuma otro cigarrillo, niega que sea un transportador con varios buses y dice que sólo tiene un microbús, el cual conduce uno de sus tres hijos. Para este transportador y el gremio que dirige, no hay vuelta de hoja, prefieren el paro a tener que salir del mercado.

Una frase concluye lo que viene en la negociación con la Alcaldía: “Soy un defensor de los pequeños propietarios que está dispuesto a pelear hasta donde Dios me dé la salud porque siempre los pequeños transportadores son humillados”.

A pesar de la escasez del servicio, que existan 52 vehículos afectados, 14 personas detenidas por obstrucción en la vía y daños en bien ajeno, Pérez y los demás transportadores tradicionales insisten en la validez de su paro.
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