Jueves, 19 de enero de 2017

| 2005/05/09 00:00

El juego del rey

El mejor ajedrecista de la historia, Garry Kasparov, estará pronto en Colombia. SEMANA habló en exclusiva con él sobre su inigualable carrera y su futuro después del retiro.

Los enfrentamierntos contra Anatoli Karpov en la década de los 80 fueron inolvidables, no solo por su intensidad sino por su significado político. "Los dos tuvimos que utilizar recursos que jamás se habían pensado. Y esta forma de jugar es el punto de partida, la base, para el juego que están haciendo las nuevas generaciones", le dijo Kasparov a SEMANA desde Moscú.

Garry Kasparov sabe que las grandes batallas no se ganan por suerte. Detrás de cada triunfo hay una estrategia, y cada movimiento debe estar sujeto a un profundo análisis. Por eso se ganó la fama de ajedrecista invencible y de hombre despiadado. Sus oponentes lo llaman 'El ogro de Bakú' y temen enfrentarse a él. Porque más que un ajedrecista, Kasparov parece un soldado: su instinto es acabar con sus rivales, no importa quiénes sean. Nació en Bakú, Azerbaiján, en 1963 y a los 5 años se convirtió en un prodigio del ajedrez. A los 17 ya era Gran Maestro Internacional. En 1985 se convirtió en campeón mundial. Sin embargo lograrlo no fue fácil: Anatoli Karpov, su oponente, era el protegido del Partido Comunista, que hizo todo lo posible por detenerlo. Pero desde su juventud Kasparov demostró que no les temía a los grandes rivales: derrotó a Karpov y se convirtió así en el campeón del mundo más joven de la historia. Después de eso buscó acabar con toda clase de rivales: el comunismo, la Asociación Mundial de Ajedrez -a la que califica de corrupta-, los computadores y, últimamente, el gobierno de su país. Después de permanecer por 15 años en la cima del deporte -una hazaña inédita- Kasparov anunció a principios del año que se retiraba. La noticia sorprendió a todo el mundo pues aún es el jugador mejor calificado. En todo caso su prolongada carrera partió en dos la historia del juego. Kasparov habló con SEMANA desde su casa en Moscú, donde prepara dos nuevos libros. Además viajará la próxima semana a Colombia, un país del que confiesa saber poco. SEMANA: ¿Qué enseñanzas le han dejado sus batallas? Garry Kasparov: La mayoría de mis enfrentamientos han sido personales y relacionados con el ajedrez. Primero porque tenía un interés personal en encontrar nuevos caminos y también porque quería llegar muy lejos en el análisis del juego. Ahora estoy luchando contra la injusticia en mi país, que es una causa general. Ya no estoy actuando en el mundo del ajedrez: sé que fui el mejor y que mi autoridad en ese campo no se puede cuestionar. Pero mi situación ha cambiando y en este momento soy uno más entre muchos que quieren que las cosas cambien. Sé además que en esta nueva situación mi opinión no es tan relevante, pero aun así creo que puedo ayudar en algo. Y si hay algo que he aprendido en todos los enfrentamiento es que los resultados son impredecibles: no importa qué tan fuerte seas, siempre hay sorpresas. SEMANA: Pero a pesar de lo impredecible de las situaciones, usted casi siempre terminaba ganando. ¿Cree que esta vez pasará lo mismo? G.K.: La definición de éxito en este nuevo enfrentamiento es muy relativa. Aquí no puede suceder lo mismo que en un juego de ajedrez porque las reglas cambian todo el tiempo. Creo que si tenemos unas elecciones democráticas en 2008 en Rusia, podría considerarlo como un triunfo. SEMANA: Usted ha dicho que los partidos que jugó contra Karpov en la década de los 80 son el punto de partida para el ajedrez moderno, ¿podría explicar por qué? G.K.: Cada uno de esos partidos aportó algo nuevo. Su nivel era muy alto y dudo de que se logre igualar en mucho tiempo. Tuvimos cuatro enfrentamientos en cuatro años y cada vez el nivel de competición era mejor. Los dos tuvimos que utilizar nuevos recursos que no se habían pensado jamás. Y esta forma de jugar es el punto de partida, la base, para el juego que están haciendo las nuevas generaciones. Además teníamos estilos muy diferentes, y este choque de conceptos generó algo nuevo. SEMANA: La política fue un elemento decisivo en sus partidos contra Karpov, y luego lo fue en muchos otros de sus partidos. ¿Por qué siempre fue un jugador tan político? G.K.: Nunca fue mi intención politizar el ajedrez, pero la realidad es que éste ya era muy político en la Unión Soviética cuando yo llegué. Karpov estaba protegido por el poder del sistema comunista y ganarle era para mí un triunfo deportivo e ideológico. Como digo, nunca quise instigar una lucha política, pero era imposible que fuera de otra forma. La rebelión de las máquinas El primer partido de ajedrez entre un hombre y una máquina sucedió en 1809 en Viena. En ese entonces unos científicos crearon a 'Turk', un autómata que podía mover las fichas y, según sus creadores, jugar como un humano. El primer invitado a competir en su contra fue Napoleón , que después de un largo enfrentamiento perdió. El Emperador de Francia acusó a los científicos de tener un jugador escondido dentro de la máquina. Algo similar le sucedió a Kasparov cuando enfrentó al computador Deep Blue en 1997. Aunque ya había jugado contra algunos programas similares, éste era el más avanzado de todos: podía calcular 200 millones de movimientos por segundo. Kasparov llegó muy confiado al juego y afirmó en la inauguración que faltaban años para que un programa lo pudiera derrotar. Sin embargo, el computador respondió a sus jugadas de una manera poco convencional. El campeón acusó a IBM de tener a grandes maestros apoyando las decisiones de Deep Blue. Su acusación nunca se pudo demostrar, pero Kasparov perdió el encuentro al final. SEMANA: ¿Cree que la inteligencia artificial será imbatible en un futuro próximo? G.K.: Teóricamente, sí. Pero, en la práctica, no creo que suceda pronto. No porque la ciencia no esté avanzando, sino porque se le ha dado el tratamiento de un show. Nunca hemos tenido un reglamento claro sobre la participación de las máquinas a nivel profesional. Creo que se deben crear unas reglas muy precisas en los enfrentamientos entre los hombres y las máquinas. La superioridad de una máquina no se puede juzgar por una serie de enfrentamientos, porque el humano no puede garantizar un rendimiento regular. Estoy convencido de que mientras un humano pueda derrotar a una máquina en un solo partido, eso demuestra que somos superiores. SEMANA: Y eso fue lo que le sucedió contra Deep Blue: su juego se vio afectado por elementos externos. G.K.: El problema con Deep Blue fue que nunca tuvimos una información confiable sobre su forma de jugar. La mayor parte del tiempo jugó como lo haría un computador, pero en otras fue impredecible. Siempre he tenido la sospecha de que ese extraño comportamiento tuvo un origen humano. SEMANA: ¿Cree que el nivel del ajedrez profesional hoy en día es el más alto que se ha visto en la historia, que los jugadores son mucho más efectivos que antes? G.K.: No creo que sea justo hacer comparaciones de este estilo. Hoy en día los jugadores saben más porque tiene más información y más puntos de vista: tienen acceso a computadores, a bases de datos y a registros de grandes partidos. Pero no creo que tengan una comprensión del juego o un nivel de análisis superior al que ya existía hace 15 ó 20 años. Tampoco estoy seguro de que los mejores jugadores tengan hoy una noción del juego más refinada a la que tenía Robert Fischer, por sólo dar un nombre. Pero, por supuesto, tienen herramientas de trabajo más sofisticadas y esto les permite tener ideas más arriesgadas. Sólo contra el mundo Poco tiempo después de su derrota contra Deep Blue, Kasparov, cansado de jugar contra humanos y máquinas, decidió buscar un rival un poco más amplio: el mundo. En un gesto un poco soberbio, retó a todos los jugadores que se quisieran enfrentar a él: algo así como la simultánea de ajedrez más grande de la historia. Microsoft habilitó una página de Internet para que cualquiera pudiera participar. La dinámica era simple: todos los días el campeón hacía un movimiento y el mundo tenía 24 horas para contestar. Cada usuario tenía derecho a proponer una jugada, y la que tuviera más votos era la que se hacía. Sin embargo, después de cuatro meses el equipo conformado por el mundo se desmoronó y Kasparov ganó. Por esa misma época comenzó uno de sus proyectos más ambiciosos: escribir una historia del ajedrez en 10 tomos. En Mis grandes predecesores, Kasparov examina la evolución del juego desde sus inicios hasta llegar a él. También piensa publicar este año un libro llamado Cómo la vida imita al ajedrez. SEMANA: ¿Podría explicar la tesis que defiende en su libro, ¿por qué piensa que la vida imita al ajedrez? G.K.: En este libro intento estudiar el proceso analítico que se hace a la hora de tomar decisiones. Quiero utilizar mi experiencia personal en el campo del ajedrez y proyectarla hacia los procesos de pensamiento que utiliza cualquier persona a la hora de escoger algo: desde los más complejo hasta lo que parece más simple. Creo que la forma como se desarrolla una estrategia para tomar una decisión en el tablero es muy similar a la manera como se decide algo en la vida. Aunque parezca que todos los días tomamos decisiones al azar, siempre hay un proceso lógico detrás de ellas. Lo que sucede es que, a diferencia de un ajedrecista, una persona no tiene sistematizado una forma de análisis que lo lleve a tomar una decisión acertada. SEMANA: ¿Y cómo funciona ese sistema? G.K.: Cada uno tiene diferentes escalas para evaluar una situación: algunos se apoyan en la intuición, mientras que otros sólo se fijan en los hechos. Pero muy pocos se esfuerzan en reconocer la naturaleza de su propio mecanismo de toma de decisiones. SEMANA: ¿Hasta qué punto se puede hacer una analogía entre la vida y el tablero de ajedrez? G.K.: No creo que se pueda hacer una analogía directa, pero sí creo que se puede utilizar el ajedrez como una herramienta. Es obvio que no puedo hacer un paralelo entre cómo se mueve una pieza en un juego profesional a cómo se toma una decisión en la vida. Pero sí puedo encontrar los elementos análogos que tienen estas dos formas de pensar. La caída del ogro Desde 2000 Kasparov ya no es el mismo. Ese año perdió frente a Vladimir Kramnick el título mundial que había logrado mantener por casi 15 años y desde entonces se ha visto envuelto en extrañas situaciones. Por ejemplo, en el último torneo de Linares fue sancionado por ausentarse sin permiso de la sala de juego. Él se disculpó y alegó problemas de salud, pero la mayoría cree que fue a estudiar una posición en un computador que tenía en su habitación. SEMANA: ¿Se retira porque se aburrió del ajedrez o porque ya no gana tanto como antes? G.K.: Ya he explicado en muchos medios, en largas entrevistas e incluso en un artículo mío en el Wall Street Journal mi decisión. Creo que las razones están suficientemente bien expuestas allí y no tengo mucho más que agregar. Podría seguir hablando al respecto, pero al final terminaría repitiendo todo lo que ya he dicho. Sólo quisiera decir que ahora busco estar en un lugar en el que pueda ayudar a cambiar las cosas. He conseguido todo cuanto puede lograrse en el campo del ajedrez y estoy buscando nuevos horizontes. SEMANA: ¿Cómo definiría el ajedrez: como un deporte, como una ciencia o como una batalla? G.K.: El ajedrez es una combinación única y si no fuera así, no habría sobrevivido durante tanto tiempo. Si fuera un juego simple, de una sola dimensión, se hubiera perdido muy rápido. El ajedrez ha pasado de generación en generación y creo que se debe al misterio que lo rodea. Por supuesto que tiene una parte de ciencia y otra de arte, pero ante todo es un deporte, o mejor un juego indescifrable. Y esta mezcla tan compleja permite encontrar cosas nuevas cada vez que se juega. Este misterio le permitirá sobrevivir en el tiempo. *Kasparov se presentará en Bogotá, en el marco de Expogestión el 26 de mayo

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