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| 5/7/2015 6:17:00 AM

El lánguido regreso de Petro al Congreso

Apenas una veintena de congresistas se quedaron a escuchar al alcalde de Bogotá en un debate por debajo de las expectativas.

El Salón Elíptico, el más importante del Capitolio, donde Horacio Serpa gritó mamola, donde se absolvió a Ernesto Samper, donde todo un Congreso escuchó a tres jefes paramilitares, es el lugar donde Gustavo Petro se hizo célebre.

Allí, hace diez años, cuando Petro apenas empezaba a ser referenciado por la opinión pública, se destapó con un debate que aún se sigue viendo en Youtube y que en su momento estremeció a todo el país. Denunció, con pruebas en la mano, con nombres y apellidos, a un puñado de congresistas que tenían vínculos con paramilitares. Varios de ellos lo estaban oyendo, y años después terminaron en la cárcel, condenados por las pruebas que había destapado el entonces representante del Polo Democrático.

Desde entonces, cada vez que Gustavo Petro citaba a un debate contra el gobierno de Álvaro Uribe, estos se hacían con curules y tribunas llenas, con todos los medios de comunicación volcados en él.
En la noche de este miércoles, Petro, alcalde de Bogotá, regresó a esa caldera. Los 18 representantes a la Cámara lo habían citado para que respondiera por la cada vez más crítica movilización en la ciudad. Eran 18 representantes, en su mayoría primíparos, jóvenes, y sin la curtida experiencia de Petro en el parlamento, que a la postre resultaron inofensivos para el alcalde, que los supo despachar sin despeinarse.

Aunque en sus intervenciones la mayoría de congresistas coincidían en que si bien la crisis de movilidad en la ciudad no se le puede atribuir a la saliente administración, cuestionaron a Petro en que sus promesas en la materia no se cumplirán o se han quedado muy rezagadas.

Rodrigo Lara, de Cambio Radical, afirmó que en la Bogotá Humana a los ciudadanos se les está yendo la vida metidos en automóviles. Que la ciudad no ha respondido al crecimiento del parque automotor y que desde el año 2003 no se ha construido una sola troncal.

Al revisar el programa de gobierno de Petro encontró que el alcalde se comprometió con la construcción de 34 kilómetros en la Avenida Boyacá, que debería estar hecha, pero apenas está en los estudios de prefactibilidad. Se comprometió con una solución para la Avenida 68 y hoy apenas está en diseños y sin estudios. Y así mencionó otros cuatro casos más. Todo a pesar de que el Concejo le aprobó el cupo de endeudamiento. Se cuestionó la ejecución del alcalde, que en materia de movilidad, según Lara, no supera el 60 %.

El congresista también dijo que alcalde prometió tener en pleno funcionamiento el SITP, que debería haber quedado listo en el 2011, y que sólo el 79 % está en funcionamiento. También cuestionó los costos del metro.

El uribismo, con Édward Rodríguez y María Fernanda Cabal, presentó cifras de hurtos para soportar su tesis de que el transporte público de Bogotá es el más inseguro del mundo, y cuestionó los días sin carro al señalar que los perjudicados son la gente de menos recursos.

El liberal Juan Carlos Lozada, quien confesó que se metió en la política inspirado en los debates de Petro, cuestionó que la bandera del Cambio Climático de la Bogotá Humana se haya quedado en el papel, entre otras por los asuntos de movilidad.

Dijo que el 40 % de contaminación ambiental en la ciudad proviene del SITP y que la Organización Mundial de la Salud, en reciente informe, advirtió que el Diesel utilizado en la ciudad es de la peor calidad. Le dijo al alcalde que los buses del SITP no eran más que un reencauche de buses en mal estado que barnizaban de azul, y le pidió que en lo que le queda de administración no hiciera más retórica con el tema ambiental y que se convirtiera en una realidad, como lo prometió en su plan de desarrollo.

Quizás el más curtido de los citantes, Germán Navas Talero, compañero de curul de Petro en sus épocas de congresista del Polo, prefirió enrostrarle al alcalde las veces que lo ha dejado metido en citaciones para hablar temas de corrupción. “A mí sí me queda esta duda, por qué sí vino a este debate y no al que íbamos a hablar de corrupción”.

En suma, congresistas de todos los partidos unidos para cuestionar al alcalde de Bogotá. Gustavo Petro, en su escenario natural, se desenvolvió con solvencia. De entrada, les dijo que en sus épocas de congresista los debates eran con cifras correctas y muy bien preparados.

Responsabilizó la crisis de movilidad en un mal diseño urbanístico, y hasta insinuó que el debate había sido ‘libreteado’ por Enrique Peñalosa.

Petro dijo que en su administración por primera vez se hizo un estudio de metro en 70 años, que ha reparchado más de 30.000 huecos, y justificó que no hiciera la obras que prometió en que la Nación no ha girado la plata.

A medida que hablaba, el recinto se vaciaba. Tan solo terminaron oyéndolo 18 congresistas. Terminada su intervención, y cuando los citantes podrían controvertirla, Petro se marchó del recinto; el representante Inti Asprilla, hijo del exsecretario de gobierno Guillermo Asprilla, pidió la verificación del quórum. El debate terminó intempestivamente. Con habilidad, Petro resolvió la papeleta, en un debate que tanto del lado del Congreso como del alcalde se podría calificar como lánguido.  Así, en medio de esa indiferencia, Petro volvió al Congreso.
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