Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1988/08/29 00:00

EL LEHDER BOLIVIANO

La caída de Roberto Suárez, otro duro golpe a los reyes de la coca.

EL LEHDER BOLIVIANO

Al día siguiente de conocerse la noticia sobre la condena a cadena perpetua más 135 años de cárcel para el narcotraficante colombiano Carlos Lehder Rivas, otra noticia relacionada con el negocio de las drogas le dio la vuelta al mundo. El rey de la coca de Bolivia, Roberto Suárez, caía en una finca de la región selvática del departamento de Beni.
Aunque en Bolivia rápidamente se descartó la posibilidad de que Suárez corriera la misma suerte de Lehder -la extradición-, su caso es el más parecido al del narcotraficante colombiano. Suárez se dio a conocer en julio de 1983, en una desconcertante rueda de prensa convocada por él en las selvas de Bolivia. Fue justamente en la misma semana en que se produjo el famoso destape de Lehder ante las emisoras colombianas. Con el mismo toque de frescura y desfachatez con que Lehder respondía a los periodistas sobre su innegable participación en "la bonanza colombiana", Suárez les dijo a los periodistas que la DEA mentía cuando afirmaba que él poseía una fortuna de 600 millones de dólares. "No es así, tengo 400 y muy bien ganados", afirmó ante los atónitos reporteros bolivianos. Con la tranquilidad con que Lehder confesaba haber vendido aviones a "los muchachos de la bonanza", Suárez corregía a la DEA sobre las acusaciones de que tenía 15 aviones privados. "Eso hay que desmentirlo porque tengo 40 aviones y entre ellos, 12 cazas. Tengo 'tusanos' y algunos con misiles, pero esto no es para pelear con bolivianos, sino para los de la DEA". Suárez se jactó en esa época de tener 117 hombres altamente entrenados por dos libios, además de otro contingente en preparación. "Ellos pueden saltar por encima de 4 vacas, disparar su arma a los cuatro puntos cardinales y caer parados. Yo mismo me mantengo en forma para manejar a mis hombres. Tengo que demostrarles que soy mejor que ellos", afirmó en ese momento. Este tipo de ostentaciones también las hizo Lehder cuando entró en la clandestinidad y se hizo fotografiar armado hasta los dientes, para anunciar que había conformado un ejército para luchar "por la independencia latinoamericana desde las montañas colombianas".
Pero a diferencia de Lehder, que era considerado como un loco que ponía en problemas a sus narcosocios, Suárez es considerado en Bolivia como el "más macho" y se afirma que los narcotraficantes bolivianos, más que respeto le tienen miedo. En lo que sí parece haber coincidencias con el caso Lehder es en el hecho de que Suárez hoy es más leyenda que otra cosa. Según los entendidos en asuntos de narcotráfico en ese país, el otrora rey de la coca de un tiempo para acá viene en franca decadencia. De acuerdo con las versiones más generalizadas en Bolivia, la detención en Suiza de su hijo "Roby" y su posterior extradición hacia los Estados Unidos, "le costaron un ojo de la cara a Don Roberto". Su hijo, declarado inocente en una corte federal de Miami, al parecer logró la libertad a un precio tal, que su padre quedó "arruinado". Pero la ruina es un decir porque, al igual que Lehder que cayó cuando supuestamente había venido a menos, se trata de hombres que pertenecen a una categoría según la cual tener menos de 100 millones de dólares es ser pobre.
Suárez, lo mismo que Lehder, sonrió ante las cámaras después de su captura. Pero al contrario de lo que se afirma de Lehder, se ha dedicado a darle punto final a su leyenda, entregado no al consumo de drogas, sino al de alcohol.
El protagonismo de Suárez en el concierto internacional de la droga se circunscribe más al cultivo, producción y procesamiento de coca que al transporte, renglón en el cual Ledher logró ganar millones en sus buenas épocas. Pero sus fincas en medio de las selvas bolivianas y sus propiedades en casi todo el territorio de ese país, no tenían nada que envidiarle al Cayo Norman de Lehder, en sus momentos de apogeo.
Ostentoso, lenguaraz y ofensivo, Suárez se había convertido en Bolivia en una especie de Papá Noel para algunas poblaciones donde hacía su aparición cada diciembre cargado de regalos. Sus fiestas y sus exhibiciones de poder hacen parte de la leyenda que envuelve a los grandes narcotraficantes. La boda de su hija, Heidi Suárez, se realizó en 1984 en medio de 500 botellas de champaña con la concurrencia del Cartel de Medellín, y al son de la voz del cantante español Manolo Otero, que cantó el "Ave María". Pero la felicidad de la pareja duró poco: el novio fue arrestado pocos meses después en Estados Unidos, cuando intentaba ingresar un gran cargamento de cocaína. Hoy paga una condena de 20 años de prisión.
El último escándalo antes de su captura lo protagonizó Suárez hace un par de meses, cuando, no se sabe cómo, hizo llegar a la televisión boliviana un casete en el que se le veía hablando v desartiendo con un diputado de Acción Democrática Nacionalista (el partido de derecha), un general de la República y un alto industrial de ese país. Desde ese momento no se había vuelto a tener noticias del capo suramericano y hoy en Bolivia lo único que se espera es que, lo mismo que Lehder, pase el resto de sus días en la cárcel. Pero no propiamente por la condena que tiene que pagar, que es de 15 años, sino porque Suárez ya tiene casi 60 años y está en precarias condiciones de salud.

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