Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1996/11/11 00:00

EL LIO DE LAS COMISIONES

EL LIO DE LAS COMISIONES

El lío de las comisiones Desde que explotó el escándalo de la venta del Banco Comercial Antioqueño siempre se había hablado en privado de comisiones. La semana pasada por primera vez ese tema salió a flote en público. Como el negocio fue tan complejo en su momento, para entender el problema de las comisiones es necesario hacer un resumen de cómo fue la transacción, que se convirtió en uno de los epicentros de la crisis financiera de 1982. En ese año Julio Mario Santo Domingo, entonces el mayor accionista del Banco Comercial Antioqueño, decidió vendérselo al Banco del Estado, cuyo presidente era Jaime Mosquera. Santo Domingo controlaba el 46,68 por ciento de las acciones, en poder de media docena de empresas del Grupo. Mosquera aspiraba a fusionar el Comercial Antioqueño con el Banco del Estado para crear el banco más grande del país y competir con Jaime Michelsen, mandamás del mundo financiero en ese momento. Según informes de las Superintendencias Bancaria y de Control de Cambios, los representantes del Grupo habrían acordado una fórmula para que, del precio acordado de 170 pesos por acción, se pagara una parte, 60 pesos, en Colombia por encima de la mesa y el resto, 110 pesos, por debajo en dólares fuera del país. En ese momento el presidente de Bavaria era Carlos Cure, quien en compañía de Santo Domingo habría diseñado la transacción. Sin embargo Francisco Posada de la Peña, quien durante años había sido el consejero más importante de la familia Santo Domingo, estaba en total desacuerdo con esa negociación. Tal como estaba diseñada la venta del Comercial Antioqueño había tres problemas. En primer lugar, se iba a producir una evasión de impuestos gigantesca, pues de los 170 pesos por acción sólo se iban a declarar 60. Segundo, se incurriría en una infracción cambiaria de varios millones de dólares pues el pago en divisas era ilegal en ese momento. Tercero, como el banco era propiedad de Bavaria, sociedad anónima con miles de accionistas, estos serían objeto de un desfalco porque los giros en dólares en el exterior no eran para la empresa sino para particulares. Francisco Posada le expuso todos estos argumentos a Santo Domingo, quien reconoció la gravedad del tercer punto. Una cosa era evadir impuestos y sacar dólares al exterior y otra brincarse a los accionistas. Santo Domingo propuso entonces que él compraría los 7.596.233 acciones del banco en poder de Bavaria y Cervunión a través de sus empresas familiares Colinsa y Valores del Norte por el precio real (170 pesos) para que los accionistas de las cervecerías no se vieran perjudicados. Una vez realizada esta transacción él podría vendérselas a Jaime Mosquera por el precio ficticio de 60 pesos por acción y sacar el saldo a Suiza. Esa fue la decisión final, pero no alcanzó a evitar la renuncia de Francisco Posada de la Peña, quien se sentía incómodo por la alianza Santo Domingo-Cure. La operación se llevó a cabo. Las empresas familiares de Santo Domingo compraron las 7.596.233 acciones por un poco más de 20 millones de dólares de la época. A los pocos días Julio Mario Santo Domingo se las vendió a Mosquera por alrededor de siete millones de dólares declarados. Eso le representaba a Santo Domingo una pérdida en libros de alrededor de 13 millones de dólares que, según la Superintendencia de Control de Cambios, fueron girados a la cuenta número 32517 del banco suizo Henstch & Cie. cuyo titular era un misterioso personaje de nombre J.J. Boissier. Hasta ese momento el negocio era redondo. Santo Domingo, quien estaba liquidando su sociedad familiar Colinsa, aprovechaba una pérdida ficticia de 13 millones de dólares para arreglar su balance. Al mismo tiempo recibiría a través de la cuenta de Boissier 13 millones de dólares en Ginebra. Todo se complicó cuando denuncias por autopréstamos de Mosquera produjeron retiros y el banco tuvo que ser intervenido. Todos los elementos de la negociación secreta entre Santo Domingo y Mosquera quedaron al descubierto. Durante ocho años hubo múltiples investigaciones por parte de la Superintendencia Bancaria, la Comisión Nacional de Valores y la Administración Nacional de Impuestos. Todos esos procesos prescribieron, menos uno en la Superintendencia de Control de Cambios, que fue objeto de gran controversia antes de ser archivado. Pero los 13 millones de dólares no fueron el único giro del Banco del Estado a la cuenta de Boissier. En ese mismo mes entraron otros 22 millones de dólares que no se sabe si tenían que ver con este negocio. En total, esa cuenta recibió 35 millones de dólares. Carlos Cure, por su parte, salió de Bavaria dos años después. Según lo dicho la semana pasada por Edgar Lenis, entonces miembro de la junta de Bavaria, la salida de Cure tuvo que ver con este asunto. La semana pasada Jaime Mosquera, quien estuvo varios años en la cárcel y ahora reside en Puerto Rico y que giró el dinero a Suiza, habló por primera vez en público del tema. Señaló a Caracol que Cure le había pedido una comisión de cerca de ocho millones de dólares afirmando que era para Julio Mario Santo Domingo. En la operación, parte de la comisión habría sido para el financista Byron López. El dinero habría sido consignado en una cuenta cifrada en Suiza, que no era la de J.J. Boissier, porque si se trataba de comisiones a espaldas de Santo Domingo, mal podrían haber ido a parar a la cuenta que él mismo utilizaba. Según Mosquera, los archivos sobre esta operación desaparecieron. Cure negó todo lo anterior. Manifestó que en la exhaustiva investigación de la Supercambios, que duró más de dos años , él nunca fue llamado a declarar. Las comisiones que se le atribuyen no salen citadas en ninguna parte de los 3.000 folios del expediente. Lo que aparece son los 13 millones de Santo Domingo, pero éstos no son comisiones sino una parte del pago de la transacción . Cure afirma enfáticamente que nunca ha utilizado el nombre de Julio Mario Santo Domingo para pedir comisiones y que no logra entender por qué están sacando acusaciones sin fundamento 14 años después de los episodios en cuestión. En todo caso es muy probable que después de la resurrección de la semana pasada, el tema muera y esta vez para siempre ya que ni a Cure ni a Santo Domingo les conviene echarle más leña a la hoguera. Estas historias de cuentas en Suiza no dejan bien parado a ninguno de los dos.

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