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| 12/28/1987 12:00:00 AM

EL LLANERO SOLITARIO

En manos de Durán Dussán estaría la decisión final sobre tercería para unir al liberalismo en Bogotá.


La descolgada de Eduardo Aldana de la candidatura a la alcaldía de Bogotá, dejó al Partido Liberal prácticamente en la línea de salida. Y al tiempo que se planteaba nuevamente la posibilidad de la unión, los protagonistas de esta contienda se lanzaban en la búsqueda de un candidato en torno al cual todos pudieran ponerse de acuerdo, sin que ninguno abandonara su posición inicial.

Y eso era lo verdaderamente complicado. Samper y Galán examinaban posibilidades que no implicaran darle gusto a Durán, sumándose a Caicedo. Durán, conciente de que tiene la sartén por el mango, sopesaba aquellas alternativas que no implicaran dejar colgado de la brocha a Juan Martín Caicedo, para no darle gusto a Galán y a Samper. Y en medio de los dos grupos, Alberto Santofimio jugaba al conciliador, el Alcalde al imparcial, el Presidente al que observa desde la barrera, mientras los ex presidentes parecían hacer "mutis por e] foro" .

El principal argumento a favor de la unión liberal es el que en frias cifras arrojan las encuestas, que alegremente han puesto a circular las diferentes compañías encuestadoras que el Partido Liberal no gana dividido, a juzgar por las excelentes perspectivas que están demostrando María Eugenia Rojas y Andrés Pastrana. El propio Galán, reconociendo estas dificultades, envió un documento afirmando que era partidario de candidato único.

Este argumento es el que permitiríá pensar que cada uno, a su manera podría terminar entregando parte del terreno ganado, para apostarle, en la carrera a la Alcaldía de Bogotá, a un sólo caballo. El problema, claro, es cuál. Lo que si había quedado establecido al final de la semana era que ese caballo no podía ser Juan Martín Caicedo. Galán y Samper sobre esto no habían dejado duda.

En esta decisión, según algunos observadores políticos, tendría que jugar un papel fundamental el propio Presidente de la República.

Aunque Barco declaró oficialmente que no lo hará, los observadores se niegan a creer que un sanedrín que se ha metido en todo, desde el 7 de agosto, no se vaya a meter en la decisión política más importante hasta ahora. Lo que nadie sabe es cual será la modalidad de la señal, para no dejar engrampado al Presidente con la responsabilidad de una división definitiva, si fracasa esta última fórmula de acuerdo.

Como nombres posibles de consenso, se barajaron, la semana pasada, los de Rodrigo Escobar Navia, Jaime Castro, Jaime Pinzón López, Rafael Rivas, Enrique Vargas, Enrique Peñalosa, Carlos Lemos Simmons, Carlos Ossa Escobar y Alfonso Palacio Rudas. Pero al final de la semana, el cedazo político había dejado cuatro nombres sobre el tapete: Castro, Peñalosa, Ossa y Vargas Ramírez.

Si alguna lección dejó el episodio Aldana-Caicedo, fue la de que un candidato que carezca de entidad política, difícilmente puede movilizar un electorado independiente como el de Bogotá. Pero la división del partido también ha dejado otra. La de que un candidato con demasiada identidad política, difícilmente pone a los distintos grupos liberales de acuerdo.

Podría decirse que de los cuatro nombres de la nueva baraja, Jaime Castro sería el de mayor entidad política y Enrique Peñalosa el de menor, con las ventajas y desventajas que implica el ranquearse en uno u otro extremo.

Pero todas estas especulaciones son inútiles, porque el único requisito real que podría tener el nuevo candidato es dejar satisfecho a Durán Dussán, quien es, finalmente, de quien depende el retiro de Juan Martín Caicedo.

Ante la posición de Durán, ni siquiera una llamada del Presidente es segura. Un coronel del duranismo le dijo a SEMANA: "El único que no puede exigirle nada a Durán es el Presidente, porque le ha dado garrote sin piedad: primero le quitó la designatura, y ahora le quitó las gobernaciones de Cundinamarca y del Meta".

Aunque la situación parece un callejón sin salida, muchos creen que Durán Dussán, que se ha caracterizado toda la vida por ser un hombre de partido, difícilmente se jugará su última carta, como el Llanero Solitario, en una aventura divisionista suicida.

En cualquier caso, la esperada fórmula de unión requiere tratar bien a Durán, una buena reubicación de Juan Martín Caicedo y muchos rezos al Sagrado Corazón,--
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