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| 10/9/2000 12:00:00 AM

El malestar europeo

Pascal Drouhaud, comentarista de ‘Le Monde Diplomatique’, analiza para SEMANA la posición de la Unión Europea frente al Plan Colombia.

Malestar. Tal es, resumido en una palabra, el sentimiento generalizado que corre actualmente por las capitales europeas a propósito del Plan Colombia. Más que un programa general para “la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado” el Plan Colombia aparece como “un plan integral de lucha antidroga” de los norteamericanos, tal como lo calificó el diario francés Le Monde el primero de septiembre pasado.

Para los europeos a esta posición le colocó el colofón la visita de Bill Clinton a Cartagena: desde París, Berlín, Londres, incluso Madrid, Estados Unidos parece haber tomado el control de la lucha contra el tráfico de drogas con el acuerdo de las autoridades colombianas. Garantizar, como lo hizo Bill Clinton, un apoyo sin reservas al proceso de paz, al afirmar que el riesgo de “vietnamización” de Colombia era un mito, provocó úlceras en el Viejo Continente.

Por cierto, la dimensión internacional de la financiación del Plan Colombia pone en relieve diferencias en las percepciones de la problemática actual en Colombia. Coinciden con una realidad geoestratégica, tanto como con una visión política, socioeconómica y cultural diferentes en América del Norte o en Europa. Colombia parece haber reemplazado en el subconsciente de los norteamericanos el papel estratégico que tenía Centroamérica en los años 80, apareciendo como una puerta de entrada mal controlada en el sur de sus fronteras geográficas. Con la devolución del Canal de Panamá a las autoridades de este país se ha vuelto urgente para Washington mantener una presencia política y militar en la región andina, que se ha vuelto inestable para la capital norteamericana: la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela y su discurso neorrevolucionario fundido sobre el bolivarianismo; la debilidad del Estado ecuatoriano, revelada con la caída del presidente Mahuad; la persistencia del conflicto interno en Colombia; el aspecto ‘poroso’ de la frontera brasileña y tantos elementos que refuerzan esta inquietud.

Por cierto, para Estados Unidos la lucha contra el narcotráfico es un tema de prioridad nacional. Lo es también para Europa. En la manera de abordarlo es que ésta se diferencia. El 80 por ciento de la cocaína consumida en Estados Unidos proviene de Colombia. Se calculó que 3.000 millones de dólares son gastados anualmente por Estados Unidos en prevención, tratamientos de salud y en presencia de cuerpos de seguridad sobre su propio territorio nacional.

Para los europeos la lucha contra el uso de droga también produce gastos financieros importantes. Pero, ante la situación presente en Colombia, ellos consideran que la interacción del narcotráfico con el funcionamiento de los movimientos de guerrilla refuerza la idea de que Estados Unidos con las guerrillas no podrá hacer economía en un ataque directo . Sin duda los movimientos de insurgencia tienen la capacidad de defenderse: para los 15 miembros de la Unión Europea la forma de ayudar de Estados Unidos al Plan Colombia hace correr el riesgo de una escalada militar.

Cuando Bill Clinton quiere tranquilizar a la comunidad internacional al afirmar que no habrá vietnamización quiere decir que no existe ninguna voluntad política de Estados Unidos en mandar soldados a Colombia, declarando directamente la guerra contra los narcotraficantes y la guerrilla. ¿Pero quién puede afirmar que la evolución de la situación no obligará a Estados Unidos a mandar oficialmente personal militar combatiente? Estados Unidos quiere poner un cordón sanitario para evitar una posible expansión del conflicto en la región, volviendo a Colombia un santuario bajo control. Es una visión que corresponde a la actuación tradicional de Estados Unidos en el escenario internacional. Para los europeos las consecuencias de una participación agresiva de Estados Unidos al Plan Colombia son exactamente contrarias: no puede haber ninguna santuarización. Llevar a cabo el Plan Colombia tiene el mérito de presentar una visión global para el porvenir de Colombia, exige dinero. Mucho dinero. Pero más preocupante que la búsqueda de dinero parece ser la impresión de una dinámica quebrada alrededor de este proyecto.

Cuando se esperan de la Unión Europea 1.000 millones de dólares se pudo obtener en la reunión de países donantes en julio pasado la promesa de unos 120 millones de dólares (España 100, Noruega, 20). Además los europeos han tachado la organización de esta reunión en la capital española de “inoportuna” por la costumbre de Madrid de considerar como suyos los fondos europeos para América Latina, aumentando la irritación de los demás miembros de la Unión.

Aun más grave: Francia, que preside actualmente la Unión Europea, tiene la impresión de que el Plan Colombia se estableció bajo una relación “estricta y exclusiva” con Washington. Emite dudas sobre el carácter voluntario y “gratuito” de la contribución norteamericana cuando 70 por ciento de esta misma corresponde a la parte militar. Novecientos millones de dólares de dicha ayuda regresarán a Estados Unidos a las empresas de armamento o a los órganos oficiales de formación de personal de seguridad. Por cierto Francia, igual que la mayoría de países miembros de la Unión, no quieren repetir en Colombia lo que se vive en los territorios palestinos, donde la Unión Europea es el principal aportante y Estados Unidos saca todo el beneficio político.

Los europeos escuchan bien el discurso oficial, que afirma que la ayuda internacional servirá para “combatir el narcotráfico y para conseguir la paz”. Lo traducen diciendo que el fondo del problema está escondido: una ayuda sin precedentes en material militar permitirá debilitar a los grupos guerrilleros y paramilitares que combaten el Estado actualmente. Mientras tanto se negocia. Es decir, que además de un malestar existe un malentendimiento sobre el Plan Colombia. Es una lástima. Cuando fue elegido en junio de 1998 con el tema del cambio Andrés Pastrana consiguió inmediatamente una buena imagen en Europa.

Nadie dudó de su determinación de lograr poner en marcha un proceso irreversible en favor de la paz. El presidente Jacques Chirac lo recibió en marzo de 1998 cuando era candidato. Lo vio en julio de 1998 cuando era Presidente electo. Los vínculos de amistad con José María Aznar son conocidos. Pero no es suficiente. Desde entonces se vieron como jefes de Estado y el diálogo no produjo los resultados que se podían esperar. Hoy en día el presidente Pastrana está confrontando una meta: convencer a los europeos de que su voluntad de atacar las estructuras del conflicto colombiano es válida, llevando a cabo reformas sociales y económicas antes de 2002. Una diplomacia de explicación ante los Estados, los órganos de la Unión Europea y la sociedad civil (asociaciones, ONG) parece necesaria. Por cierto, Andrés Pastrana tiene una visión, una motivación claras. Sus adversarios harán lo posible para desacreditar su acción.

Es por esta razón que en todo tiene que actuar manteniendo un equilibrio entre varias entidades para lograr una forma de consenso hacia un objetivo que él habrá definido. Quizá fue lo que faltó con la relación establecida con la Unión Europea, que tiene la impresión de que fue engañada y las relaciones de confianza fueron reservadas para Estados Unidos. Además, no sólo será necesario convencer a la Unión, también tendrá que proponer programas socioeconómicos como prioritarios al mismo grado que la lucha contra el narcotráfico, cuando hoy día están percibidos como los huesos que se le tiran a la Unión para darle gusto.

Bajo este punto de vista se entiende mejor la reacción de Javier Solana, alto representante de la Unión para la política exterior y de seguridad común, quien afirmó en julio pasado que el monto de la ayuda europea a Colombia no será anunciado, en el mejor de los casos, antes de este mes. Diplomaticos europeos consideran esta declaracion como prematura. La nocion de corresponsabilidad entre paises productores y consumidores de droga, debe permitir un reforzamiento de cooperacion sobre todos los temas que animan el espiritu del Plan Colombia. El malestar en Europa es fuerte. Hoy le toca a Andres Pastrana evitar que se vuelva permanente. Es un desafio que le corresponde, le conviene y seguramente le gusta.
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