Miércoles, 26 de noviembre de 2014

| 2013/07/27 04:00

El marine (r) gringo que se fue selva adentro

Kevin Sutay protagoniza una insólita aventura que lo tiene entre la manigua y en manos de las Farc.

Estos son algunos de los documentos del exmarine Kevin Sutay. A la derecha la última foto del estadounidense antes de ser secuestrado. Estaba en compañía del pastor evangélico Norberto Mendoza en San José del Guaviare.

El pasado 22 de julio el país quedó sorprendido por cuenta de una revelación hecha por las Farc. Ese día, a través de un comunicado, ese grupo guerrillero informó que desde el 20 de junio tenía en su poder a un “militar” de Estados Unidos. La noticia cayó como una bomba. No era para menos. Hasta ese momento, nadie, ni las autoridades, sabía que un ciudadano estadounidense había sido secuestrado en las selvas colombianas. 


“El Secretariado del Estado Mayor Central de las Farc-EP informa a la opinión pública nacional e internacional que el día 20 de junio de 2013 en el municipio del Retorno, departamento del Guaviare, fue capturado el soldado norteamericano Kevin Scott Sutay”, decía uno de los apartes del comunicado, dando su número de pasaporte y alegando que se trataba de un militar estadounidense que “según su propia versión participó en la guerra de Afganistán entre los años 2010 y 2011”.


La guerrilla anunció su decisión de entregarlo, como muestra de “buena voluntad” en el marco de las conversaciones de La Habana, a una comisión en la que pidió que estuvieran el Comité Internacional de la Cruz Roja Internacional, la exsenadora Piedad Córdoba y una comunidad religiosa. 


El presidente Juan Manuel Santos, el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, y el embajador de Estados Unidos en Colombia, Michael McKinley, entre muchos otros, exigieron la liberación. A mediados de la semana pasada, Santos declaró el secuestro un incumplimiento flagrante del compromiso que hicieron las Farc al comienzo de las conversaciones de que no volverían a secuestrar y dijo que solo autorizaba al Comité Internacional de la Cruz Roja a organizar la liberación. 


La tensión por este incidente seguramente se sentirá en las conversaciones en Cuba que se retoman este domingo 27, aunque está acordado que en la Mesa no se habla de estos temas. 


Sutay es un joven exmarine de 27 años. Hace dos se retiró de ese cuerpo armado tras estar en servicio durante tres años, la mayor parte de los cuales estuvo en Afganistán. A comienzos de 2013 decidió embarcarse en una aventura para recorrer Centro y Suramérica. 


Comenzó su viaje en México. El 8 de junio estaba en Panamá desde donde tomó un avión a Bogotá. En la capital permaneció dos días y desde allí tomó un bus que lo llevó a San José de Guaviare, en donde se hospedó en el hotel Las Palmas. Equipado con un morral con poca ropa y una cámara fotográfica, se quedó una semana visitando los alrededores de la capital de Guaviare.


Su presencia no pasó desapercibida y a pesar de su escaso español logró hacerse entender por los lugareños. Allí conoció  al pastor evangélico Norberto Mendoza quien lo hospedó durante dos días en su vivienda. Sutay le contó que quería viajar hasta algunos de los resguardos indígenas y que planeaba caminar hacia el municipio de El Retorno. 


El pastor, así como las autoridades locales, le informaron que esa travesía era extremadamente peligrosa no solo por las complejidades propias de la selva, sino porque en la zona había presencia de dos frentes de las Farc. El joven le respondió que por haber sido marine estaba entrenado en técnicas de supervivencia y que lo único que necesitaba era un machete, que procedió a comprar en el pueblo. 


Los policías del lugar hablaron con él, al igual que el personero, entre otros, para intentar persuadirlo. Todo fue en vano. A lo único que accedió fue a firmar y a poner su huella en un documento en el que consta que fue ampliamente advertido de los riesgos. 


En la mañana del 20 de junio se despidió de su amigo el pastor y se tomó algunas fotos, las cuales fueron reveladas en exclusiva el jueves pasado por Semana.com. Unas horas más tarde, cuando caminaba cerca de la vereda Puente Tabla se encontró con la guerrilla y hasta ahí llegó la aventura de este joven e ingenuo exmarine. 


Con la mala fortuna de que su suerte queda en manos de que las Farc acepten liberarlo sin contraprestaciones ni visibilidad mediática, como deben hacerlo con urgencia si no quieren añadir argumentos a los contradictores del proceso de paz. 

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