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| 2/17/2012 12:00:00 AM

El médico que se convirtió en uno de los delincuentes más buscados de Cúcuta

Esta semana el médico Juan Carlos Zabala Sierra entró en el radar de las autoridades de Norte de Santander. Una madre lo denunció por haber violado a su hija de 18 años en su consultorio. Ahora vive huyendo de la justicia. Ésta es la historia.

Bertha* no puede olvidar el día en que acudió con su hija de 18 años a la Clínica San José de Cúcuta, para que un médico le tratara una dolencia estomacal, después de una rabieta. La joven se retorcía en un asiento cuando escuchó su nombre desde el consultorio. Había llegado su turno y, con él, su desgracia.

 

Juan Carlos Zabala Sierra tiene título de médico general. Cuando se presentó a buscar trabajo en la clínica, en septiembre de 2009, fueron verificados sus antecedentes penales y la legalidad de su tarjeta profesional emitida por el Departamento de Vigilancia y Control del Instituto Departamental de Salud. También fueron comprobadas las referencias personales.

 

Cuando las dos mujeres entraron a la sala de urgencias intercambiaron algunas palabras con el galeno, explicándole el motivo de la consulta.

 

-¿Qué edad tiene la niña? -preguntó el médico.

- Acaba de cumplir 18 años -dijo la madre.

- Entonces usted salga que ella ya es mayor de edad –le indicó sin vacilar.


Después de 45 minutos, la tardanza comenzaba a inquietar a Bertha. Nadie salía ni entraba del consultorio. Peor aún, nadie le daba noticias sobre el estado de salud de su hija. Ella optó por regresar a buscar a su hija pero al tratar de abrir la puerta, se encontró con que tenía llave. Se extrañó. De hecho, se desesperó. Pidió ayuda a una enfermera y enseguida el médico abrió la puerta.


“Encontré a la niña acostada en una camilla con un suero pasándole por la vena. Inconsciente. Él, nervioso, me pidió que me tranquilizara. Pero yo sabía que algo andaba mal. La niña tenía un poco de sangre en la pierna. Sangre que él justificó diciendo que ella se había lastimado con el aluminio de la camilla. No le creí. Salí muy asustada, sin saber qué hacer. Impotente. Traicionada”, cuenta Bertha en la conversación telefónica.

 

La tardanza


En Medicina Legal comprobaron que la joven había sido víctima de abuso sexual con penetración, después de haberle aplicado una dosis de escopolamina por vía indovenosa. Había suficientes elementos de comprobación, en su cuerpo y en su ropa íntima. Luego vino la denuncia ante la Policía, el 12 de enero, un día después de la violación. Pero por recomendación del investigador del caso, el asunto se manejó en secreto, supuestamente para no alertar al victimario. Finalmente se hizo público exactamente un mes después.


“No podíamos hacer nada hasta que un juez emitiera una orden de captura. Cuando fuimos a buscarlo no estaba en su casa, ni en la clínica, ni en ningún otro lugar del que tengamos referencia. De inmediato se notificó a Interpol porque tememos que se haya fugado del país, tal vez con destino a Venezuela. Ahora pesa sobre él una circular azul de Interpol –que implica la búsqueda y localización de la persona en 180 países, pero no su captura- y fue incluido en la lista de los 20 más buscados de la Policía”, detalló el comandante de la Policía Metropolitana de Cúcuta, Álvaro Pico Malaver.


El alto funcionario policial explica que la inclusión del médico en la lista de los más buscados tiene como principal argumento el hecho de que este sujeto tiene una licencia profesional que le permite tener contacto con gente inocente, y eso lo convierte en altamente peligroso.

 

“Mi experiencia me dice que este tipo de conductas no son fortuitas. Él tenía esa aberración y lamentablemente la manifestó con esta muchacha. Nos han dicho que hay otras personas que también han manifestado haber sido víctimas del médico Zabala, pero si no hay denuncias formales, pasan a ser sólo chismes”, comentó el comandante.


El Juzgado Octavo Penal Municipal con función de Control de Garantías de Cúcuta emitió la orden de captura contra Juan Carlos Zabala Sierra por el delito de acceso carnal abusivo con víctima incapaz de resistir. Pero eso ocurrió tan tarde, que se supone que el agresor tuvo tiempo de escapar a la ciudad fronteriza de San Cristóbal, en Venezuela.


A la víctima y a su madre les ofrecieron asistencia psicológica en la clínica donde ocurrió el hecho y también en la universidad donde la joven estudia Fisioterapia. Pero ellas no quieren relacionarse de ninguna manera con la gente del centro asistencial: “Yo lo que quiero es que lo encuentren para que se haga justicia. Que lo encierren porque tememos por nuestra seguridad, y que Dios haga su voluntad con este bandido que me malogró a la muchacha”, dice Bertha, a gritos.

 

El padre del médico, un concejal de Bochalema, no quiso hacer ningún comentario sobre el asunto. Alguien cercano a su entorno contó: “Esa familia está destrozada. Tanto como los parientes de la víctima. Ellos perdieron un hijo al que levantaron con mucho sacrificio”.

 

*Nombre cambiado 

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