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| 7/11/2012 12:00:00 AM

El memorial de agravios del Congreso al Gobierno, tras el escándalo de la reforma

A pocos de días que el Congreso vuelva a trabajar, SEMANA llamó a más de 50 congresistas de todos los partidos para indagar sobre el estado de las relaciones entre Legislativo y Ejecutivo. Hay calentura, reclamos y exigencias. La mayoría prefirió el anonimato para descargar sus sentimientos frente al Gobierno.

Dicen que el tiempo es el mejor antídoto contra peleas y discusiones. Y si bien las dos semanas que han transcurrido desde el hundimiento de la reforma a la justicia han servido para calmar los ánimos de los congresistas, los reclamos persisten. Sienten que el Gobierno los dejó tirados, que crucificó a los buenos y que generalizó la culpa en todo el Congreso y no en los verdaderos responsables. “Aquí no todos somos hampones”, dice una senadora de la Unidad Nacional, mientras otro afirma que “el Gobierno nos echó la culpa de forma hipócrita.”

Otro grupo de congresistas siente recelo e indignación hacia el Gobierno, pues después de apoyar sus iniciativas de manera incondicional, los dejaron colgados de la brocha. “No nos trataron con la misma solidaridad”, dicen. Un senador liberal dice que con este trato, el Gobierno desaprovechó la oportunidad de tener un amigo en el Congreso. “Al caído caerle, o del ahogado el sombrero parece ser la forma de pensar del Gobierno. “

También sienten que el Gobierno no le ha contado la verdad al país, pues, según los congresistas, el Gobierno sabía todo lo que estaba ocurriendo. “El Gobierno sabía de varios micos y aun así nos dieron la orden de votar el proyecto y acompañarlos”, dice un senador. Otro hace una pregunta hipotética: “¿Qué tal que no hubiéramos acompañado al ministro? Eso habría sido una señal de alejamiento, indisciplina y resquebrajamiento de la Unidad Nacional”.

Los congresistas están impresionados con la falta de manejo político que tienen los inquilinos del Palacio de Nariño. “El Gobierno se desentendió del proyecto hace rato”, dice un congresista, mientras otro añade que “el principal error fue cambiar al ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, en la mitad de la legislatura”. Y otros dicen que en Palacio, varios asesores alejan al presidente y no tienen claro qué rumbo tomar en cuanto al Congreso.

Hay quienes aprovechan esta coyuntura para quejarse del gabinete presidencial. Dicen que los ministros son técnicos sin cancha política y que no representan a nadie diferente al presidente Juan Manuel Santos. “A los ministros se les nota un desprecio por el Congreso y por el tema político”, dice un senador de la U.

Los congresistas, sin embargo, entienden que sí tuvieron culpa y que ellos también cometieron errores. Según un congresista del Partido Verde, “lo que pasó fue terrible. Se debatía un tema muy importante, la impunidad. No era un tema menor. Ahora todo el mundo le está atribuyendo a alguien más la responsabilidad, cuando todos tuvieron que ver”.

En conclusión, hay un sentimiento de responsabilidad compartida, un sentimiento de abandono y, en pocas palabras, “el Congreso quedó muy sentido”. Sin embargo, al consultar a los decanos del Congreso –los congresistas que más tiempo llevan en el recinto– se hace evidente que esta no es ni la primera ni la última crisis que vivirá el matrimonio entre el Capitolio y la Casa de Nariño. Un representante conservador de antaño dice, con la tranquilidad que dan los años de experiencia: “He vivido muchas coyunturas parecidas y al final, la relación nunca se rompe, siempre seguimos trabajando”.

Y tal vez el reclamo más repetido –y el más fácil de atender– es uno de dignidad: “Nadie nos ha llamado a ver cómo nos sentimos y cómo vamos a trabajar”. En otras palabras, alguien en el ministerio del Interior o en la Alta Consejería de Palacio debería dedicarse al directorio telefónico antes del 20 de julio para poder medir el ambiente y así definir la estrategia a seguir.

“Me da pena ser congresista”

Algunos congresistas consultados por SEMANA también revelaron que tras el hundimiento de la reforma a la justicia, les da pena ser congresistas. “Queda claro que no tenemos el poder, este lo tienen los medios y las redes sociales”, dice un senador de la U. Otros dicen que es difícil salir a la calle, que no han podido disfrutar las vacaciones y que lo más duro son los ataques en Twitter y Facebook que, aunque pasajeros, son muy hirientes.

Dos congresistas le contaron a este portal sus experiencias en la calle. Una senadora fue a un supermercado y, por pena, caminaba con la cabeza abajo mientras hacía mercado. A otro representante le pasó lo mismo en una empresa de telefonía celular, donde no reveló su condición de “honorable congresista” sino que hizo la fila como todos los mortales para hacer la reposición de su equipo.

El estado de salud de la Unidad Nacional

SEMANA también indagó sobre la situación actual y el posible futuro de la Unidad Nacional. Si bien ninguna fisura es evidente, los congresistas reclaman cambios urgentes en la dinámica de la mesa.

Los parlamentarios reconocen que no hay vientos fuertes de quebrantamiento pero le reclaman al presidente Santos un trato más directo con los partidos políticos.

“Solo habla con los jefes de los partidos y debe reunirse con las bancadas”, se queja un senador liberal. El presidente debe involucrarse más en los proyectos de ley y sentar su posición, pues, según los congresistas, ya no escucharán a los ministros, solo al jefe de Estado. Otros más fatalistas dicen que la mesa de unidad se reventó y que nadie hará caso a las decisiones que se tomen en esta. “Las decisiones de la mesa deberán ser refrendadas por las bancadas, no solo adoptadas porque sí”, dice un senador liberal. Otro representante de Cambio Radical no le augura mucho futuro a la Unidad Nacional y se atreve a decir que “la van a dinamitar por dentro con pequeños actos de rebeldía.”

Para otra senadora de la coalición de Gobierno, “la Unidad Nacional debe tener reglas de juego muy claras y debe operar sin transacciones. El que quiera quedarse, que se quede. La coalición de pronto será más chiquita, pero sin extorsión“.

Para los senadores y representantes de la oposición, es claro que el esquema de la unidad nacional no le sirve a la democracia, pues los proyectos se debaten poco, “solo hay tiempo para proyectos del Gobierno y estos vienen con aprobación previa. El Congreso está más conectado al Gobierno que a la ciudadanía y eso debe cambiar”, dice un senador del Polo Democrático.

Un senador independiente, que no hace parte de la Unidad Nacional pero que tampoco se considera en la oposición, dice que se debe “replantear la unidad nacional. El presidente debe reunirse con todos los movimientos, pues no ha querido recibir a algunos”. Y añade que hay que trabajar el estatuto de la oposición no solo para el Polo Democrático, sino para movimientos independientes.

Mirando hacia el futuro

En vísperas de la próxima legislatura, que empieza el viernes 20 de julio, algunos senadores están prefiriendo la calma a la furia. Según un representante de La U, “debemos mantener la cabeza fría, no podemos ser conejillo de indias para quienes quieren generar anarquía. Hay que hacer respetar las instituciones”.

Aunque no hay duda de que el ambiente al inicio de la legislatura será duro, la mayoría de los congresistas prometen que no habrá retaliación. Sin embargo, les parece justo y necesario incrementar los debates de control político y examinar más en detalle la ejecución de los ministros del presidente Santos.

Otros congresistas dicen que la Unidad Nacional seguirá siendo un apoyo para el gobierno Santos, pero ya no será incondicional ni exprés. “Los proyectos serán estudiados con lupa y habrá objeciones. El compromiso ya no es solo atender el llamado del Gobierno, sino estudiarlos más de fondo y votar más a conciencia”. Según otro experimentado senador de La U, “habrá más independencia, lo cual no es síntoma de alejamiento”, a lo cual añade que “reaccionaremos sin emociones, pero tampoco estamos dispuestos a ser apéndices”.

Otro senador liberal dice que el Congreso y el Gobierno se necesitan mutuamente, por lo cual es mejor manejar la relación con serenidad y paciencia. “Hay un proceso de reelección y ya se vienen las elecciones regionales”, por lo cual una relación fluida resulta importante para ambas partes.
Sin embargo, aunque el apoyo seguirá, hay un llamado del Congreso a que el presidente estudie qué proyectos radicará. Mientras algunos sienten que ya no hay margen para otras leyes, otros congresistas dicen que si los proyectos son buenos y necesarios, el Congreso no les cerrará la puerta.

También hacen un llamado a los medios de comunicación en el sentido de que el balance del Congreso debe ir más allá del número de leyes aprobadas”. Según una senadora consultada por SEMANA, lo importante no es el número de leyes aprobadas ni lograr un récord imbatible cada legislatura, sino aprobar leyes de fondo, que les lleguen a los ciudadanos y que no se queden en papel.

En conclusión, es muy probable que el Gobierno siga teniendo el apoyo del Congreso, sobre todo si radica reformas necesarias, justas y coherentes. Sin embargo, la aplanadora de los votos no se encenderá de manera automática. La sumisión total se acabó y los congresistas votarán más a conciencia. El Congreso tendrá más responsabilidad con cada proyecto que estudien, lo que es sano para el país.

¿Cuestión de puestos?

Cuando SEMANA indagó cómo se podría reconstruir la confianza entre el Gobierno y el Legislativo, la mayoría de los congresistas dijo que no es cuestión de puestos. Por ejemplo, un representante del Partido Verde dice: “No es cuestión de puestos, a la larga, todo eso se sabe y deslegitima mucho más el ejercicio de la política. Se trata de gestos para llegar al honor y el orgullo de los congresistas”. También dijeron que hay que tener mucho cuidado con los puestos, pues “estas crisis cotizan al Congreso. El que valía un peso, ahora vale tres, y el Gobierno no se puede desbordar en la ‘puestomanía’”, dice un senador costeño.

Otros sí admitieron que hay que lograr una “combinación de formas de lucha”. Los puestos y contratos son necesarios, pero no suficientes, dicen congresistas veteranos. También afirman que puede ser más útil acudir a las soluciones institucionales como citar reuniones con las distintas bancadas y lograr que el presidente tenga algunos gestos con el Congreso.

Algunos congresistas de la oposición hablaron de un matrimonio distinto, con los ciudadanos. “El Congreso no se puede entregar por puestos, la ciudadanía nunca se lo perdonaría” dice. Y otros se quejaron de que el Gobierno siempre quiera arreglar todo con puestos. En palabras de un senador independiente, “el patrón es que cada vez que hay hostilidad o fisura, negocian puestos. ¿Cómo les tapa usted la boca a los senadores y representantes? Puestos. Estamos hablando de seguir en lo mismo y arreglar esto con curitas, o lograr un cambio de fondo”, afirma.

¿Qué opinan del ministro del Interior?

Los senadores y representantes mostraron mesura al comentar sobre el ministro del Interior, Federico Renjifo. Dicen que hay que darle tiempo, que entró a la fiesta en el peor momento y solo le tocó el guayabo. Algunos partidos de la Unidad Nacional también afirmaron que apenas está comenzando, que se destaca por sus buenas maneras y que está tratando de acercarse a las bancadas. “Hay que darle 100 días por lo menos”, dice un conservador.

Otros, sin embargo, fueron menos neutrales. Dicen que es distante y aún no tiene el manejo del Congreso. “Es un buen hombre, pero no comunica, no tiene muñeca política y le falta cercanía con nosotros”, dicen. Le aconsejan ser más activo, conocer a cada uno de los congresistas y mostrarse más accesible y amable. También reconocen que es el hombre que el presidente eligió para el ministerio del Interior, que cuenta con su confianza y que seguramente superará esta transición difícil.

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